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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.490 Concepción  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622004049000010 

 

Atenea 490 - II Sem. 2004: 158-173

PLASTICA

Pinacoteca de la Universidad de Concepción

Albino Echeverría

Artista plástico. Curador Pinacoteca Universidad de Concepción. Concepción, Chile.

 

Desde los momentos en que se establecían las bases institucionales que fundamentaron la creación de la Universidad de Concepción, se pensó en la necesidad de contar con un centro que vinculara y difundiera las manifestaciones artísticas en la región, y así tímidamente en sus inicios, se fueron adquiriendo obras a los distintos artistas que exponían en la ciudad, sin un criterio muy estricto, pero ya animados por la voluntad de contar con una colección de arte.

En 1954 llega a Concepción como director y profesor de la Academia Libre de Bellas Artes el pintor Tole Peralta, quien dará el impulso definitivo para la creación de lo que será la Pinacoteca de la Universidad de Concepción. Contando con el apoyo entusiasta del rector David Stitchkin, inicia las gestiones para adquirir la colección del señor Julio Vásquez Cortés, quien poseía entonces el más importante conjunto de obras pertenecientes a la llamada Generación del 13. La gestión se define en diciembre de 1958 y la valiosa colección de 542 obras de diversas técnicas y variados formatos e integrada por 40 artistas pasa a la Universidad, siendo el soporte más firme y valioso de lo que más tarde sería la Pinacoteca. El conjunto se había mostrado parcialmente en diversas ocasiones, siendo la más relevante la realizada en 1946 en la Sala de Exposiciones de la Universidad de Chile, la que motivo valiosos trabajos monográficos de Carlos Isamitt, integrante activo del grupo y de Pablo Neruda, admirador y amigo de varios de sus integrantes, quien entonces acuñó el nombre de Heroica Capitanía de Pintores, muy usado en múltiples trabajos alusivos al tema. Estos autores fueron también quienes primero definieron y resaltaron el valioso rol que cumple este grupo de artistas en la transición y evolución posterior de nuestra historia plástica.

El cuantioso número de obras que forman la Generación del 13 es el núcleo que se irá incrementando con un lento y seguro proceso de adquisiciones de artistas chilenos o de autores extranjeros que hubieran trabajado y creado en Chile, y así, se compra a los más destacados pintores o coleccionistas de la época: se adquiere parte de la colección Bascuñán, e igual de Néstor Montecinos como algunas obras del vasto conjunto de Fernando Lobo Parga, o de quienes teniendo obras que estimaban valiosas deseaban que quedaran en un museo que día a día acrecentaba su prestigio y su caudal de adquisiciones.

En 1960, contando con un respaldo importante de pintura chilena, se acoge una invitación para llevar una selección de obras de la Colección Universitaria a Buenos Aires, presentándose en las Salas del Colegio Deliberante, obteniendo un éxito notable no sólo por la calidad de lo expuesto, sino también por la lucidez y hondura de las disertaciones de Tole Peralta, encargado de la muestra. Fue la primera salida al exterior.

Las nuevas adquisiciones, junto a aquellas que permanecían colgadas en los muros de las distintas oficinas, aumentaron en tal número que hubo que guardarlas en espacios habilitados para tal fin, pero se hacía necesario contar con un lugar propio, sueño de gestores y autoridades universitarias comprometidas con esta maravillosa aventura.

En 1963 se dan por iniciados los trabajos en la que sería la Casa del Arte, los que fueron terminados en 1965. El nuevo edificio que albergaría las colecciones se levantó sobre los cimientos de la antigua Escuela Dental, destruida por el terremoto de 1960 y luego devastada por un incendio. En el hall de la imponente construcción, que fue un proyecto realizado por los arquitectos Osvaldo Cáceres y Alejandro Rodríguez, se levanta el gran mural que acoge a los visitantes. El mural "Presencia de América Latina" fue realizado por el artista mexicano Jorge González Camarena, monumental obra donada a la Universidad de Concepción por el gobierno mexicano.

En 1967, ya convertida en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción, se abre al público en forma permanente, recibiendo cada vez una corriente mayor de visitantes que divulgan los méritos y valores de la colección de pintura que ha crecido y llega a los 1.740 originales, convirtiéndose –dicen– en la más importante y completa del país.

Un recorrido por las salas y fondos de la Pinacoteca permite una visión panorámica de la evolución de la pintura chilena, desde los anónimos coloniales hasta los artistas más representativos de las tendencias y movimientos actuales.

Desde sus inicios en la Pinacoteca se ha privilegiado la adquisición de las obras más importantes y señeras de autores, períodos o tendencias, procurando que no existan vacíos que rompan el sentido y la comprensión en la evolución o tránsito de nuestra historia plástica, pero es difícil cubrir todo el proceso de la historia de nuestra pintura y así existen algunas lagunas –principalmente entre las tendencias actuales que no han sido en su totalidad cubiertas– lentamente se han ido completando en forma parcial gracias a la generosa solicitud de algunos artistas que han hecho valiosas donaciones de sus obras.

La Pinacoteca cuenta con espacios para almacenaje y cinco salas de exhibiciones: dos para muestras permanentes con obras de los Fondos de la Pinacoteca y las restantes para exposiciones transitorias de artistas invitados o salas que pueden también ser solicitadas y concedidas, según las nuevas políticas artísticas para la Pinacoteca establecidas a partir del año 2004.

Aparte de las muestras presentadas en sus salas, la Pinacoteca tiene un completo y amplio proyecto de intercambios y exposiciones con instituciones que cumplen o tienen objetivos parecidos.

En las siguientes páginas se incluye una muestra de obras de los Fondos de la Pinacoteca, cuya riqueza, variedad y belleza plásticas parecen ser inigualables dentro de las colecciones chilenas más conocidas.

José Prida y Solares. La terraza. Oleo sobre tela en madera, 20 x 25 cm
Abelardo Bustamante (1888-1934). Casa de Mimi Pinzón. Oleo sobre tela, 37 x 37 cm

 

Alfredo Lobos (1890-1917). La Alhambra. Oleo sobre tela, 78 x 95 cm
Enrique Moya (1892-1918). Retrato de su madre. Oleo sobre tela, 51 x 41 cm

 

Andrés Madariaga (1878-1953). La fuente del Santa Lucía. Oleo sobre tela, 73 x 55 cm
Jaime Torrent (1894-1925). La muchacha de la cerámica. Oleo sobre tela, 82 x 61 cm

Pedro Luna (1892-1956). Molino de Osorno. Oleo sobre tela, 66 x 73 cm
Ezequiel Plaza (1891-1947). El pintor bohemio. Oleo sobre tela, 100 x 65 cm

 

Arturo Gordon (1884-1944). El velorio del angelito. Oleo sobre tela, 69 x 98 cm
Ulises Vásquez (1893-1949). Viento puelche. Oleo sobre tela, 54 x 78 cm

 

Guillermo Vergara (1890-1956). El ternero. Oleo sobre tela, 58 x 80 cm
Alberto Lobos (1892-1925). Iglesia de Lourdes. Oleo sobre tela, 72 x 60 cm
 

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