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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.42 n.3 Santiago jul. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272004000300001 

 

Rev Chil Neuro-Psiquiat 2004; 42(3): 159-162

EDITORIAL

Investigación en Neurociencias Clínicas

Clinical Neurosciences Research

Ricardo Fadic

Departamento de Neurología, Hospital Clínico. Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile.


Being an academic neurosurgeon or neurologist is difficult everywhere. In Chile this is getting harder for several reasons. We review the process behind research grant applications for funding in Fondecyt, the Chilean government research funding agency. The number of grants proposals submitted and approved by academic neurologist and neurosurgeons has decreased dramatically in the last few years. The main cause for this decline is we compete with basic scientists who present their projects to the Neurology-Neurosurgery category instead of their own kind. This unequal competition does not occur for the majority of other medical specialties. Research done by clinicians is of the paramount importance for maintaining and developing academic Neurology and Neurosurgery in Chile. We should be allowed to compete with other clinical peers for research funding. We are optimistic that we will be able to follow the tradition of academic excellence of our predecessors.

Key words: clinical research, academic neurociences, clinical research funding


La medicina en Chile ha tenido como una de sus características definitorias en su desarrollo el buscar la excelencia académica. Un indicador de este hecho se refleja en que en la primera década en que se comenzó a dar Premios Nacionales de Ciencia, la década de los años 1970, cinco de los siete galardonados, los profesores Alejandro Lipschutz, Alfonso Asenjo, Joaquín Luco, Jorge Mardones y Héctor Croxatto, eran médicos y académicos. Es interesante recordar lo que dice la Ley No 16.746, creadora de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) y del premio, que en lo referente a éste dice: "Crea el Premio Nacional de Ciencia, consistente en una recompensa equivalente a € 20.000, que se concederá a un científico o equipo de científicos chilenos, cuya obra en el campo de las ciencias puras o aplicadas se haga acreedora de tal distinción. El Premio se otorgara anualmente, alternándose en las diversas áreas del conocimiento científico del Hombre o de la Naturaleza...". Es evidente entonces que en la vida universitaria chilena de la mitad del siglo pasado las ciencias básicas de la medicina tuvieron un desarrollo muy superior a las otras áreas del conocimiento. Esto ha cambiado recientemente, pero no es motivo de este comentario.

En relación a Neurología y Neurocirugía, estábamos muy bien representados por el premio al Dr. Alfonso Asenjo. Se podría argumentar también que el interés del profesor Joaquín Luco en Neurofisiología, y el del profesor Jorge Mardones en alcoholismo, motivaron a muchos a orientar sus carreras en áreas clínicas como las nuestras, relacionadas con esos temas. Pero el principal interés de esta editorial es tratar de describir algunas de las dificultades que actualmente encuentran los académicos de las neurociencias clínicas en el área de la investigación, parte sin duda importante de su desarrollo integral. Es difícil hoy ser un neurólogo o neurocirujano académico en Chile. Hay varios problemas a enfrentar, entre ellos la crisis de financiamiento de la educación universitaria. El libertinaje en la creación de instituciones de enseñanza superior, algunas meritorias, pero la mayoría no merecedoras del nombre de Facultades de Medicina, con la consiguiente depreciación del concepto de médico académico. La indefinición del financiamiento de la salud en el país, y su consecuencia en la vida de las escuelas de medicina, con la triste predominancia de la visión del rendimiento económico como único valor respetado. El considerar la investigación clínica como no merecedora del apoyo que recibe la investigación básica. Y finalmente la dificultad en conseguir financiamiento para investigación en entes públicos, lo que comentaremos en esta editorial en forma especial.

Participé como integrante del "Grupo de estudio de medicina I" en Fondecyt en representación de neurología durante los años 2000 y 2004. En este corto período pude apreciar cómo ha disminuido abruptamente el interés de neurólogos y neurocirujanos académicos por enviar proyectos a concurso. Creo que la razón fundamental es que piensan que independiente del trabajo que pongan en preparar un buen proyecto no hay posibilidades reales de obtener una aprobación.

Me parece pertinente esbozar cómo funciona Fondecyt (Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico) en su proceso de evaluación de proyectos. Esta es la dependencia de Conicyt a cargo de administrar los fondos concursables disponibles para investigación científica. Está dividido en 23 grupos de estudio, de los cuales hay dos de medicina y tres de biología. La idea de mantener grupos de estudios separados es contribuir a un desarrollo armónico de distintas facetas del conocimiento. Cada grupo de estudio tiene un presupuesto asignado. Cuando se manda un proyecto a "Neurología y Neurocirugía" éste es asignado al Grupo de Estudio Medicina I. Esos proyectos van a competir solamente con los otros proyectos asignados a ese grupo de estudio. Los miembros de los grupos de estudio participan en la designación de revisores para los proyectos y en la evaluación de los currículos de los investigadores. Una vez recibidas las evaluaciones de los revisores de los proyectos, en los grupos de estudio se discute si éstas son apropiadas. La única opción ahí es descartar evaluaciones no justificadas argumentalmente, o si hay alguna que muestre no corresponder en absoluto al proyecto en cuestión. Si no se reciben suficientes evaluaciones, el grupo de estudio tiene que emitir una, la que generalmente prepara el miembro que representa la especialidad, y luego se llega a un acuerdo en una discusión grupal. En el proceso de asignación de puntaje total no participa el grupo de estudio. Sólo en aquellos proyectos que son competitivos se revisa su presupuesto. Esta revisión no tiene ningún mérito en el resultado final de la puntuación del proyecto.

Entre las áreas asignadas a Medicina I, no siendo exhaustivo, están cardiología, gastroenterología, nefrología, ginecología y obstetricia, reumatología e inmunología, enfermedades respiratorias. Anecdóticamente Psiquiatría está en Medicina 2. Sin embargo no es de las otras especialidades mencionadas de donde surge una inequidad estructural en el concurso, que nos afecta crucialmente. Paradójicamente es el gran desarrollo y tradición de la neurobiología en Chile lo que resulta perjudicial para la neurología y neurocirugía académica clínica, en este particular ámbito. La neurobiología genera en este espacio dos problemas: primero determina un distinto nivel de exigencia en la evaluación de los proyectos, y luego una competencia asimétrica por los fondos al concitar la participación de "investigadores profesionales", lo que no es comparable con la realidad de otras áreas de la medicina. Todo proyecto de neurología y neurocirugía va a tener asignados al menos dos, si no tres revisores, que son formalmente neurobiólogos. Y uno, con suerte dos, clínicos académicos. No ocurre lo mismo con otras de las áreas de la medicina, en que no existe tanto desarrollo en biología experimental relacionada, y sus revisores son otros clínicos de la especialidad. En forma paralela nos enfrentamos a la tendencia de algunos biólogos a mandar sus proyectos a los grupos de medicina en vez de a los de biología, con la idea de que la competencia será menor. Argumentan que su línea experimental podría tener consecuencia en patología del sistema nervioso, y la asignan al grupo de medicina. Esto es medible: Fondecyt se creó en 1981: desde el primer concurso en 1982 hasta el último concurso 2004, se han aprobado 42 proyectos en Neurología y Neurocirugía. De ellos, 16 (38%) son liderados por médicos clínicos académicos (2 por neurocirujanos, 14 por neurólogos). De los 16 proyectos, 9 corresponden a profesores de la Facultad de Medicina de la P. Universidad Católica y 7 a profesores de Facultades de Medicina de la Universidad de Chile, reflejando la importancia de las universidades integrales y complejas en el desarrollo y mantenimiento de la excelencia académica en el país. Al hacer un análisis temporal, y arbitrariamente tomar los cinco primeros años con proyectos ganados en el área (1987-1991) y compararlos con los cinco últimos (2000-2004) se ve que en el primer período, de 12 proyectos aprobados, 7 (58%) eran liderados por académicos clínicos. En cambio en el segundo período, de 17 aprobados sólo 4 (24%) de los investigadores principales son neurólogos clínicos (1). Los títulos de los tres proyectos aprobados en neurología y neurocirugía en el último concurso son: "Marcadores moleculares como elementos predictivos tempranos de la eficacia del tratamiento con antidepresivos"; "Efecto de la dosis génica en la disfunción colinérgica y glutaminérgica en líneas neuronales inmortalizadas del ratón con trisomía 16, un modelo animal del síndrome de Down"; "Bases cerebrales de la adquisición de la lengua materna en niños nacidos de término y prematuros. De lo universal a lo particular". Ninguno de ellos es liderado por un neurólogo o neurocirujano académico. Ninguno de estos proyectos tiene co-investigadores con esa formación. No son realizados en servicios clínicos relacionados, ni con pacientes. Cada lector puede juzgar su pertinencia e impacto en los principales problemas clínicos nacionales de nuestras especialidades. Debemos admitir que los clínicos académicos aparecemos como menos competitivos en el área de la investigación fundamentalmente porque no podemos competir en currículo con académicos dedicados tiempo completo a la investigación. Hay factores de corrección del impacto de las publicaciones que se introducen para intentar comparar las distintas especialidades, que perjudican a las neurociencias clínicas al agruparlas sin distinguirlas de las de neurobiología.

La importancia de mantener un espacio para la investigación clínica en neurología y neurocirugía es indiscutible, es una necesidad no sólo académica sino una manera de optimizar las decisiones de salud en el campo. El imperativo de desarrollar investigadores clínicos en neurología encuentra sentido también en otras latitudes y realidades (2).

El sistema es posible de mejorar. Si aunamos esfuerzos en sincerar la asignación de los proyectos en los grupos de estudio competiremos en mejores condiciones por financiamiento. No parece justo que médicos académicos clínicos compitan con investigadores de tiempo completo. Éstos argumentan que la ciencia es una sola. Yo pregunto entonces, ¿para qué organizar el sistema en grupos de estudio? Puede que la solución pase por crear más grupos de biología, si hay tanta presión por el crecimiento de éstas. No se puede condenar a las neurociencias académicas clínicas a una mediocridad creciente por una omisión anunciada. Las sociedades científicas y las agrupaciones académicas clínicas deberían hacer presente esta inquietud a nivel de Conicyt, Ministerios de Salud y Educación, y Universidades.

Sin embargo, hay motivos para estar optimistas, ya que aún en estas condiciones hay personas que están en etapa de especialización que expresan interés por integrarse a esta labor quijotesca de la vida académica clínica. Aspiramos a que un día no lejano se reposicione en los centros de decisión del país un pensar más académico en la asignación de recursos y organización de nuestras universidades, así como que en lo particular de nuestras especialidades se organice una competencia menos asimétrica. La iniciativa Fonis, que está en una fase de definición, es un paso en la dirección correcta. Los neurólogos y neurocirujanos clínicos somos herederos de una tradición de búsqueda de excelencia académica y estamos convocados a seguir en ello.

Referencias

1. Disponible en URL http://www.conicyt.cl/bases/fondecyt/disciplina/index.html        [ Links ]

2. Ringel SP, Steiner JF, Vickrey BG, Spencer SS. Training clinical researchers in neurology: we must do better. Neurology 2001; 57: 388-92        [ Links ]

Nota del Editor: Como comité editorial nos motivó explorar el tema de las dificultades del financiamiento de la investigación de la neurología y neurocirugía clínica en entes públicos. Determinamos abordarlo desde la dinámica de un editorial en cuanto nos pareció más provocador y dinámico. En la búsqueda de una mirada interiorizada respecto del principal ente estatal en esta materia, el Fondecyt, solicitamos al Dr. Ricardo Fadic que participara como editorialista invitado.