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vol.33 número1PATRÓN FUNERARIO PRE CHINCHORRO EN UN CONTEXTO DE SEMI SEDENTARISMO Y COMPLEMENTARIEDAD ECOLÓGICA: EL SITIO ACHA-2, EXTREMO NORTE DE CHILE CA. 9.500 - 10.000 AÑOS A.P.BONE CUTTING, PLACEMENT, AND CANNIBALISM?: MIDDLE PRECERAMIC MORTUARY PATTERNS OF NANCHOC, NORTHERN PERU índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.33 n.1 Arica ene. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562001000100009 

MODALIDADES DE ENTERRAMIENTOS HUMANOS
ARCAICOS EN EL NORTE DE CHILE1

Maria Antonietta Costa-Junqueira*

* Universidad Católica del Norte, Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo San Pedro de Atacama, San Pedro de Atacama, Chile. E-mail: macosta@entelchile.net.
Recibido: enero 1999. Aceptado: diciembre 2000.

Este artículo presenta las modalidades de enterramiento de tres grupos humanos pertenecientes a la Cultura Huentelauquén, la que se desarrolló en el territorio árido del norte de Chile, buscando establecer posibles patrones mortuorios entre esas poblaciones. Estos enterratorios pertenecen a los sitios arqueológicos de La Chimba 13 (II Región), La Fundición 1 y Huentelauquén (IV Región), los que se ubican cronológicamente entre 9.700 y 8.100 años A.P. Siendo un patrón compartido la posición del cuerpo en decúbito dorsal, con las extremidades inferiores vueltas hacia el lado izquierdo y las manos vueltas hacia la cara, se advierte las siguientes particularidades: enterramientos primarios individuales aislados, enterramiento primario en tumba colectiva, enterramiento secundario y disposición de fragmentos óseos en fogón.

Palabras claves: Prácticas Funerarias, Bioarqueología, Ideología.

This article presents the burial methods of three human groups belonging to the Huentelauquén Culture, a culture which developed in the arid lands of northern Chile, in an attempt to establish possible mortuary patterns of these peoples. The burials belong to the archaeological sites of La Chimba 13 (Region II), La Fundición and Huentelauquén (Region IV) which are chronologically situated between 9700 and 8100 years B.P. A common trait is the face up body position, with the inferior extremities turned to the left and the hands turned towards the face. Some of the particularities include: primary burial of isolated individuals, primary burial of collective tomb, secondary burial and charred bone fragments.

Key words: Mortuary Practices, Bioarchaeology, Ideology.

Los hallazgos de enterramientos humanos pertenecientes al Período Arcaico Temprano son escasos en el territorio norte de Chile. El más antiguo encontrado hasta el momento había sido el del sitio de Acha 2, en Arica, con fecha de 8.970 años A.P., del cual se ha recuperado los restos de un adulto masculino (Muñoz et al. 1993). Los siguientes restos humanos más tempranos corresponden a tiempos posteriores: Camarones 14 (Schippacasse y Niemeyer 1984), Camarones 17 (Aufderheide et al. 1993), Morro 1 (Allison 1984), se ubican entre 7.810 y 5.560 años A.P., adentrándose ya al Arcaico Medio.

En tres de los sitios arqueológicos más antiguos de la costa norte de Chile, asociados a la Cultura Huentelauquén (La Chimba 13, en el litoral de Antofagasta; Huentelauquén, en la costa de Los Vilos, IV Región y La Fundición 1, al interior de La Serena, también en la IV Región (Figura 1), entre 1995 y 1998 fueron excavados cuatro enterratorios. En cada uno de los primeros sitios fue exhumado un enterramiento y dos en La Fundición 1, los que son descritos a continuación, juntamente con algunos restos humanos encontrados en ese último sitio, por Castillo y Rodríguez (1977-78), consistentes en fragmentos óseos ubicados bajo una estructura de fogón. El objetivo de este trabajo es el de examinar las modalidades de enterramiento que presentan los mencionados sitios.


Figura 1. Ubicación de los sitios asignados al Complejo Huentelauquén, donde fueron encotrados encontrados enterratorios humanos.

Aunque el número de tumbas y de individuos es muy bajo, se considera interesante tratar de establecer algún posible patrón de comportamiento mortuorio de las poblaciones arcaicas tempranas, en este territorio.

En la Tabla 1 se muestra la batería de fechados radiocarbónicos obtenidos para estos los sitios. Los correspondientes a La Chimba 13 ubican este sitio entre los 10.000 y 9.000 años A.P.; el fechado que se indica corresponde al evento ocupacional donde fue hallado el enterratorio. Las fechas obtenidas para Huentelauquén sitúan el sitio entre 9.300 y 8.700 años A.P. y la que aquí se indica fue tomada directamente sobre hueso humano proveniente del enterratorio. De acuerdo a las dos fechaciones obtenidas para La Fundición 1, el sitio se encuadra entre 9.500 y 9.000 años A.P. y la fecha indicada corresponde al nivel de excavación 30-40, el mismo donde fue encontrado el enterratorio 1 (Llagostera et al. 1997).


La Chimba 13

La Chimba 13 se ubica en la desembocadura de la pequeña quebrada de Las Conchas, en el sector norte de la ciudad de Antofagasta. Se emplaza en una pendiente en las laderas occidentales de la Cordillera de la Costa; en ese plan inclinado se han depositado formaciones dunarias, actualmente activas. Las evidencias arqueológicas se encuentran diseminadas en superficie y ocupan, en forma continua, tanto la parte alta de esa gran duna, como la parte baja, la que parece corresponder a una pequeña terraza. Los restos ecofactuales están representados principalmente por una abundante fauna malacológica e ictiológica y, en muy escasa frecuencia, por restos óseos de aves y mamíferos (camélidos, pinnípedos, cánidos, roedores), demostrando una alta dependencia del grupo humano hacia los recursos marinos, a través de toda la ocupación del sitio. Aparentemente, el recurso proveniente de la captura de animales mamíferos se destinaba más a la elaboración de artefactos de hueso que a la alimentación. El material cultural es reducido, con relación a la extensión de las excavaciones y se caracteriza por abundantes desechos de talla, escasos artefactos líticos -entre los cuales se incluyen unas pocas puntas- y óseos, así como litos geométricos hechos en arenisca, y astillas de hueso animal. La alejada ubicación de este sitio en relación al mar (3 km), la numerosa presencia en él de objetos "simbólicos", como litos geométricos y puntas de proyectil hechas en arenisca, los extensos fogones y la escasez de restos de camélidos, hace pensar que éste era un campamento ocasional de carácter ceremonial, por donde los cazadores transitaban desde sus campamentos residenciales (hipotéticamente ubicados en franja costera) hacia los cotos de caza de la Cordillera de la Costa y viceversa (Llagostera et al. 1998).

En este asentamiento fue descubierto un enterratorio humano, a 75 cm de profundidad. Se trata de un enterramiento primario, ocupado por un solo individuo adulto masculino, cuyo cuerpo incompleto y en malas condiciones de preservación, se orientaba en sentido este-oeste; el individuo fue colocado en la tumba con el pecho y la cara vueltos hacia el suelo, el tórax fuertemente retorcido hacia la izquierda y hacia abajo. Las piernas, muy flectadas, se dirigían hacia la izquierda, con las rodillas juntas. El brazo derecho estaba paralelo al cuerpo, mientras que el izquierdo se encontraba algo alejado, con el antebrazo doblado debajo del tórax, la mano junto a la mandíbula. Los pies y el codo izquierdo se hallaban en un nivel ligeramente superior al resto del cuerpo. La posición en decúbito ventral del cuerpo recuerda la encontrada en Camarones 14, con la diferencia que aquellos cuerpos se encontraban extendidos, mientras que éste presentaba la posición flectada de las piernas (Figura 2).


Figura 2. Enterratorio de La Chimba 13.

Quince conchas de Concholepas concholepas, cuidadosamente amontonadas junto a una piedra de 20 cm de alto fueron encontradas a un lado del cráneo del individuo. Sobre el cuerpo, sobrepasando los límites del mismo, se extendía una capa de esqueletos de pescado y de conchas, muy bien preservados y enteros, lo que contrasta con la fragmentariedad del material malacológico e ictiológico que rodea el enterratorio. Parte de ese material se presentaba quemada (no se advierte signos de que el esqueleto mismo hubiese sufrido exposición a altas temperaturas). A nivel del cráneo había pequeños fragmentos de pigmento rojo. En las cercanías del cuerpo, y sin que se pueda establecer una asociación directa con el mismo, se encontró fragmentos de instrumentos hechos en arenisca, como el de una lima y el de un objeto de forma cilíndrica, no identificado.

La impresión que pueda causar la posición del cuerpo, con relación a un tratamiento descuidado al momento de la inhumación, queda neutralizada por la presencia de los objetos que podrían constituir ofrendas funerarias.

Huentelauquén

Este asentamiento se emplaza en el margen norte del río Choapa, distante dos kilómetros de la costa, sobre cuya superficie se ha encontrado un gran número de litos geométricos. Sobre una matriz arcillosa y compacta se desarrolla una estructura dunaria activa, con escasa vegetación tipo arbustiva, complementada por una cubierta herbácea estacional y dispersa. El material arqueológico está representado básicamente por litos geométricos, instrumentos líticos, derivados de talla, y pequeños lentes de conchas de moluscos muy fragmentadas. El patrón de subsistencia es ecléctico, en el que no se verifica la predominancia de ninguno de los recursos consumidos sobre los demás: se explota por igual, camélidos, moluscos, peces, aves, roedores, pinnípedos y algunos vegetales; la casi totalidad de los recursos provenía del entorno próximo. La excepción constituye el camélido, el que llegaría ya destazado al sitio; las puntas líticas enteras encontradas ahí posiblemente sugieren que las mismas no estaban siendo usadas en el lugar. Se considera que Huentelauquén constituye un campamento-base residencial que concentraba, por lo menos estacionalmente, a toda la población: hombres, mujeres y niños (Llagostera et al. 1998).

A una profundidad entre 18 y 21 cm se encontró un enterratorio humano. Se trata de un enterramiento múltiple, compuesto por tres individuos adultos (dos hombres y una mujer) y por los fragmentos de cuatro esqueletos infantiles. Los cuerpos adultos fueron depositados en el suelo de la paleoduna que constituye la base del yacimiento, muy próximos entre sí y alineados en sentido norte-sur. Los huesos infantiles se hallaban diseminados y entremezclados en diferentes puntos del enterratorio, junto a los cuerpos adultos. Estos últimos se encontraban en posición supina, con las piernas hiperflectadas hacia el lado izquierdo y ambos brazos doblados frente al cuerpo, con las manos a los lados de la cara, por lo menos en dos de los casos; el tercer cuerpo carecía de las extremidades superiores. Todos los esqueletos se encontraban incompletos y con mala preservación (Figura 3).


Figura 3. Enterratorio de Huentelauquén. Restos óseos infantiles

Por la dispersión de sus partes, es evidente que los cuerpos infantiles fueron disturbados y dos de los cuerpos adultos mostraban también leves alteraciones, lo que hace suponer que los entierros no fueron simultáneos, sino que los ocupantes anteriores eran desplazados durante cada nuevo proceso de sepultamiento. Por las evidencias, cabe pensar que la secuencia fue la siguiente: el primer cuerpo a ser enterrado fue el número 3 (femenino); sobre su tórax fueron colocadas dos grandes piedras-molino superpuestas. Posteriormente, y a su lado izquierdo, se colocó el cuerpo número 2, cuya cabeza quedó ligeramente superpuesta a las rodillas del cuerpo anterior; a la altura de su cuello se halló una cuenta hecha en concha y, entre sus piernas, dos conchas enteras de molusco. Sobre el conjunto se colocó una importante capa de conchas de moluscos marinos. Tanto las conchas como los huesos de los dos esqueletos humanos mostraban evidencias de haber sido sometidos a intenso calor, lo que lleva a la suposición de que, en algún momento, fue encendida una fogata directamente sobre el cuerpo 2. Como consecuencia del calor, los huesos de este último cuerpo, correspondientes a la columna, costillas y extremidades superiores, fueron completamente destruidos; las partes que subsisten presentan diferentes grados de combustión; asimismo, las piezas dentarias de ambos esqueletos están quemadas y altamente fragmentadas. Por último, al lado derecho del cuerpo 3, se procedió a la inhumación del cuerpo número 1. Sobre él se colocó una nueva capa de conchas. Asociadas al individuo se encontró una placa grabada y cuentas de collar; entre sus piernas había, además, dos conchas enteras de moluscos. No se advirtió ninguna alteración por calor en este cuerpo, tampoco en las conchas que lo cubrían, aunque sí, la presencia de carboncillo mezclado en el relleno.

Las excavaciones del sitio se desarrollaron en una extensión considerable, no obstante lo cual no se identificó ninguna otra evidencia funeraria; hasta el momento, y a pesar de que las evidencia arqueológicas indican que el sitio fue reocupado en diferentes ocasiones, esta constituye una tumba aislada.

LA Fundición 1

La Fundición 1 se encuentra a 1200 msnm, en un sector comprendido entre los ríos Los Choros y Hualcuna, 60 km al interior de la ciudad de La Serena. Se emplaza en la confluencia de las quebradas San Pablo y El Durazno, en un ambiente con recursos estacionales, provisto de largas y expeditas vías de comunicación hacia otros ambientes interfluviales: valles, costa y cordillera. Presenta una superficie suavemente redondeada, con leve pendiente hacia el noroeste, de matriz areno-limosa, con presencia de clastos y rodados. El material arqueológico recuperado en el sitio muestra litos geométricos, instrumentos formatizados y gran cantidad de desechos líticos, artefactos hechos en hueso, cuentas de collar y sus preformas, pendientes, material colorante, restos óseos de fauna y, minoritariamente, restos malacológicos. La abundancia de puntas fracturadas asociadas a restos de macrofauna, indicaría que la actividad principal en el sitio era la cacería, caracterizando el sitio como un centro de captura especializada, donde la subsistencia está fuertemente orientada hacia el recurso camélido, cuyos restos son prácticamente los únicos vestigios de recursos alimenticios presentes en el yacimiento. En este campamento, sólo una pequeña parte de las presas era consumida, siendo el resto trasladado a otro(s) lugar(es) (Llagostera et al. 1998). Las tres ocurrencias de restos humanos fueron encontradas en diferentes sectores del yacimiento.

Entierro 1

El cráneo fue encontrado a 21 cm de profundidad, junto a la base de la pared sur de una estructura de piedras (aparentemente posterior) con la que no se advierte una relación contextual; una de las paredes cruza, 10 cm por encima del cuerpo, disturbando sus extremidades inferiores. Aunque en el sitio hay evidencias de la manufactura de instrumentos y de elementos de adorno, tales como cuentas de collar, ninguna ofrenda fue encontrada en este enterratorio. Entre el sedimento de relleno había lascas y microlascas, así como astillas de hueso animal.

Este individuo era el único ocupante de la tumba y se orientaba en sentido este-oeste. La cabeza se inclinaba sobre el hombro derecho, la cara vuelta hacia ese lado y hacia abajo. El tórax se encontraba en una posición un poco más elevada que el resto y ligeramente ladeado hacia la izquierda. Las piernas estaban hiperflectadas, ambas vueltas hacia la izquierda. El antebrazo derecho se doblaba hacia el pecho, mientras que el izquierdo se hallaba extendido frente al cuerpo, entre las piernas (Figura 4).


Figura 4. Enterratorio de La Fundición.

Entierro 2

Este enterramiento humano consistió en el conjunto de huesos largos de un individuo adulto, acomodado en una depresión excavada en la base compacta sobre la que se desarrolla el yacimiento, a una profundidad de 46 cm. El conjunto se orientaba en sentido noroeste-sudeste. Existen malas condiciones de preservación.

Están presentes los huesos de extremidades superiores e inferiores, que conservaban la posición hiperflectada, del omoplato derecho y algunos huesos de los pies. La tibia derecha se encontraba fuera de su posición anatómica.

Lo incompleto del esqueleto, el hecho de que está compuesto mayoritariamente por huesos largos, la inversión de posición de una de las tibias, así como la disposición de los huesos en forma de manojo, sugieren un entierro secundario. Impresiona como si las extremidades del cuerpo hubiesen sido recogidas y atadas, para luego ser enterradas. La presencia del omoplato y de huesos de los pies en su posición anatómica indica que, seguramente, venían adheridos al brazo y a las piernas, respectivamente; lo anterior hace pensar que, al momento de la manipulación de los restos, estos conservaban aún cierta cohesión.

Debajo del conjunto óseo había un canto rodado (posiblemente de río) llevado intencionalmente al sitio; sobre él, un fragmento de cuarzo y una preforma de instrumento, también hecha en cuarzo. La naturaleza de estos elementos, su disposición apilada y su ubicación justo debajo del atado de huesos, sugiere que podría tratarse de ofrendas mortuorias, las únicas en este contexto.

Entierro 3

Castillo y Rodríguez (1978) publicaron sobre restos óseos humanos encontrados en un fogón de este mismo sitio. Según lo informado por ellos, el fogón habría sido estructurado directamente sobre los restos humanos, por lo que los autores establecen una relación directa entre ambas evidencias.

El material óseo se encontraba inserto en un conglomerado de barro seco, en ocasiones muy compactado; parte de los restos se ubicaba en una pequeña depresión intencionalmente excavada en el piso. No se advirtió intención alguna de depositar ordenadamente los restos, ya que se encontraban "mezclados e inconexos", además de fragmentados e incompletos; faltan elementos anatómicos pertenecientes a manos y pies, por ejemplo.

Los autores citados identificaron fragmentos de calota craneana, de huesos largos y piezas dentarias que, al parecer, corresponderían a un individuo adulto y a un niño. El actual análisis identificó la presencia de, por lo menos, tres individuos adultos, aparentemente masculinos, además de uno infantil. No se encontró señales de intervención humana en los fragmentos, tales como cortes, astillamientos y otros, excepto las derivadas de exposición al calor del fogón.

Análisis Comparativo

Los restos estudiados se ubican geográficamente en la II y IV Regiones de Chile, en el Período Arcaico, en un lapso cronológico entre los 9.700 y los 8.100 años A.P.

Existen diferentes situaciones de enterramiento, desde la de un enterratorio colectivo cuyos ocupantes -por su composición y por haber sido enterrados en diferentes tiempos en la misma estructura funeraria- podrían ser considerados como un grupo familiar, hasta la de un entierro simbólico; desde las ocurrencias de entierros primarios hasta los fragmentos de huesos humanos en una estructura de fogón.

Fue una constante que los individuos eran colocados acostados; en Huentelauquén y en La Fundición 1, los cuerpos descansaban sobre su espalda, mientras que el de La Chimba 13 presentaba el tórax fuertemente retorcido hacia abajo, la cara contra el suelo. Sistemáticamente, las piernas estaban fuertemente flectadas contra el cuerpo y vueltas hacia la izquierda. Siempre que pudo ser observado, por lo menos una de las manos se ubicaba junto a la cara; el otro brazo podría estar extendido a lo largo del cuerpo o entre las piernas.

Las ofrendas eran escasas, pero se presentaban, en los enterratorios costeros, como la depositación en forma de camada de conchas de mariscos y/o de pescados sobre los cuerpos, o de conchas enteras junto a los cuerpos. En uno de los enterratorios (La Chimba 13) había, además, pigmento rojo. En Huentelauquén se colocó dos piedras de moler encima del único individuo femenino de todo el grupo; ahí mismo se registró una placa grabada y cuentas de collar. Entre los entierros mediterráneos de La Fundición 1, solamente el simbólico contaba con ofrendas consistentes en un conjunto de tres piedras especiales: un canto rodado y dos fragmentos de cuarzo, uno de ellos trabajado como preforma de instrumento.

En síntesis, se puede decir que las evidencias funerarias presentadas se ubican entre las más antiguas para el territorio norte de Chile y que indican una clara intencionalidad de estos grupos humanos de disponer los cuerpos de sus compañeros muertos, en enterratorios plenamente configurados.

Se advierten las siguientes modalidades de enterramiento: a) primario, de individuos solos (La Chimba 13, La Fundición 1); b) tumba colectiva de reocupación primaria (Huentelauquén); c) secundario (La Fundición 1); d) disposición de fragmentos óseos en fogón (La Fundición 1).

Buscando las recurrencias en las diferentes ocupaciones, se encuentra las siguientes: 1) Orientación del cuerpo: los cuerpos adultos de Huentelauquén se encontraban todos orientados de norte a sur, mientras que el de la Chimba 13 y el cuerpo número 1 de La Fundición 1 se encontraban de este a oeste; 2) Posición del cuerpo: todos se encontraban en posición supina, excepto el de La Chimba 13, el que fue colocado regirado desde el tórax y vuelto hacia abajo; 3) Posición de las piernas: en todos los casos observables, las piernas estaban fuertemente flectadas y vueltas hacia el lado izquierdo del cuerpo; 4) Posición de los brazos: por lo menos uno de los brazos se encontraba doblado, con la(s) mano(s) hacia la cara (en Huentelauquén, los dos brazos se encontraban en esa posición). El otro podría encontrarse extendido al costado o adelante del cuerpo, entre las piernas; 5) Ofrendas funerarias: las ofrendas no son abundantes pero, en la costa, aparecen en forma de conchas enteras junto al cuerpo y/o camada de conchas o de pescado sobre los cuerpos. En el sitio del interior solamente el entierro secundario presentaba ofrenda, en forma de dos piedras naturales y una trabajada. En Huentelauquén se concentran los elementos culturales de factura humana, como lo son las piedras-molino, placa grabada y cuentas de collar. Como parte del relleno de tumbas, se encuentra instrumentos y/o desechos líticos en casi todos los enterratorios; 6) Acción del fuego: En Huentelauquén y en La Chimba 13 hay claras evidencias de combustión en el material de cubierta de las tumbas y/o en los esqueletos humanos. En Huentelauquén, aunque se puede suponer que la fogata fue prendida como parte de los ritos funerarios, no hay manera de certificarlo; 7) Profundidad de los enterratorios: por lo general son poco profundos, entre 18 y 21 cm desde el nivel de superficie. La excepción es La Chimba 13, probablemente por la continua acumulación de dunas en la superficie del terreno.

Discusión y Conclusiones

Según Dillehay (1997), a los grupos humanos del Período Arcaico Temprano les preocupaba tanto la vida como la muerte, de manera que el tratamiento de sus muertos era generalmente muy cuidadoso y meditado; el autor sostiene, por otro lado, que las características de las prácticas funerarias en los sitios arcaicos sugieren que el enterramiento del individuo fue una actitud relativamente formalizada y sin mayores diferencias culturales al interior de cada región. Por las evidencias obtenidas en los entierros analizados en este trabajo, se advierte que la gente de la cultura Huentelauquén compartía la preocupación por la vida después de la vida, puesto que, a excepción de la ocurrencia de restos humanos en el fogón de La Fundición 1, en los demás casos, el cuerpo del individuo fallecido fue objeto del cuidado de sus compañeros de grupo.

En las poblaciones arcaicas de Chinchorro, y de acuerdo a Arriaza (1994), se observa una relación inversa entre la complejidad de las técnicas de momificación de los cuerpos y la cantidad de ofrendas funerarias, hecho que contradice la noción general de que la complejidad del ajuar funerario va a la par de la sofisticación de los ritos funerarios. En los sitios de la cultura Huentelauquén se observa también una baja cantidad de objetos de ofrenda o de ajuar mortuorio lo que, no obstante, se ve compensada por el simbolismo de los objetos que acompañan los cuerpos, los que se constituyen principalmente de productos alimenticios; la realidad ofrecida por el medioambiente árido en el que se insertaban estas poblaciones, ciertamente, debió reforzar el valor intrínseco del alimento. No obstante, y con relación a lo mismo, llama la atención la inexistencia en los contextos funerarios (excepción hecha de la mujer de Huentelauquén), de instrumentos relacionados con la producción de alimentos, como puntas, anzuelos, etc., así como la de los litos geométricos, tan abundantes en los sitios y relacionadas con el aspecto ideológico de la cultura.

Es sugerente la idea de que la tumba colectiva de Huentelauquén pueda corresponder a un grupo familiar que, posiblemente en forma estacional, ocupaba el mismo territorio, año tras año, idea que se ve reforzada por el hecho de que la inhumación de estos individuos no fue simultánea, indicando que se está frente a la reutilización de la tumba por el mismo grupo humano.

En ninguno de los tres sitios trabajados, y a pesar de la extensión de los mismos, fue encontrado un cementerio, sino que solamente tumbas aisladas. Cabe mencionar, además, que en El Obispito, en la costa de Copiapó (IV Región), sitio también trabajado por el proyecto, no fue ubicada ninguna de estas estructuras. Como posibles explicaciones para este hecho, se puede considerar la baja densidad poblacional de los grupos arcaicos, así como la estacionalidad de los sitios que implica en ocupaciones relativamente cortas cada año. Esto último significa que los entierros se distribuían en más de un asentamiento, disminuyendo notablemente las posibilidades de que se encuentren restos óseos humanos de esa antigüedad. Dillehay (1997) se refiere específicamente al esquivo comportamiento con los muertos de los habitantes americanos del Pleistoceno, el que parece replicarse en estas poblaciones arcaicas. Este autor presume que la falta de restos humanos podría deberse a prácticas tales como la antropofagia, posiblemente ritual, o a que pudieron cremar a los muertos, lanzando las cenizas lejos de los sitios de vivienda. El material óseo humano fragmentado y quemado en el fogón de La Fundición 1 es altamente sugerente con relación a estas dos prácticas; no obstante, la ausencia de señales de faenamiento en los fragmentos así como lo incompleto de la combustión del material óseo, en este caso, invalidaría tales suposiciones.

Notas

1 Este trabajo forma parte de los estudios realizados por el Proyecto FONDECYT 1950036 "Estudio del complejo arqueológico Huentelauquén, bajo una perspectiva macroespacial y multidisciplinaria".

Referencias Citadas

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Arriaza, B.
1994 Tipología de las Momias Chinchorro y Evolución de las Prácticas de Momificación. Chungara 26 (1): 11-24.

Aufderheide, A., I. Muñóz y B. Arriaza.
1993 Seven Chinchorro Mummies and the Prehistory of Northern Chile. American Journal of Physical Anthropology 91: 189-201.

Castillo, G. y A. Rodríguez
1978 Excavaciones Preliminares en el Sitio La Fundición 1: Una Industria del Tipo Cárcamo. Boletín del Museo Arqueológico de La Serena 16: 125-144.

Dillehay, T.
1997 ¿Dónde están los Restos Óseos Humanos del Período Pleistoceno Tardío? Boletín de Arqueología PUCP 1: 55-63.

Llagostera, A., R. Weisner, G. Castillo, M. Cervellino, M.A. Costa, L. Ortlieb y J. Vásquez.
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Muñoz, I., B. Arriaza y A. Aufderheide (editores)
1993 Acha-2 y los Orígenes del Poblamiento Humano en Arica. Universidad de Tarapacá, Arica.

Schiappacasse, V. y H. Niemeyer
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