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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.10 Santiago  1997

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58111997001000004 

FRESA Y CHOCOLATE: EL LENGUAJE

CARLOS PAZ nació en Ciego deAvila, Cuba. Cursó estudios correspondientes a la Licenciatura de Lengua y Literatura Inglesas, con especialidad en Lingüística en la Universidad de La Habana. A partir de 1974 comenzó a incursionar en el campo de la sociolingüística con el estudio del léxico marginal cubano y su extrapolación al habla vulgar y popular. Investigador del Instituto de Literatura y Lingüística dirige sus inquietudes profesionales hacia el tema Juventud y sociedad: análisis lingüístico. Se ha dedicado, además, a los estudios de la morfología derivativa del español de Cuba.

Autor de los libros De lo popular y lo vulgar en el habla cubana (La Habana, Edit. de Ciencias Sociales, 1988). Diccionario cubano de términos populares y vulgares (La Habana, Edit. de Ciencias Sociales, 1994 ; 1996), Sexo y jerga en las prisiones (en prensa) y Homosexualidad y jerga en Cuba (en prensa). Carlos Paz es miembro de La Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Asociación de Lingüistas de Cuba. Actualmente prepara el libro En Cuba la delincuencia habla así, una visión sincrónica y diacrónica de la jerga delincuencial.

 

Se analiza el léxico y fraseología utilizados por los personajes principales del filme: Diego, homosexual y cristiano entregado a la cultura; David, militante de la Juventud Comunista; Miguel, revolucionario extremista y homofóbico; y Nancy, mujer libertina que centra su supervivencia en el mercado negro.

El autor se detiene en el estudio de algunos parlamentos puestos por el guionista en boca de estos personajes para lograr una acertada caracterización e intenta darle interpretación lógica y coherente a las connotaciones presentes en dichos parlamentos.

 

Aunque ya la primera lectura de El lobo, el bosque y el hombre nuevo del escritor cubano Senel Paz me lo había sugerido, la observación y reflexión cuidadosa de Fresa y Chocolate, largometraje realizado por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío me lo vino a reafirmar: el nombre de David y su reacción ante su rival me hacían recordar aquel pasaje bíblico tan conocido del libro de Samuel en que el gigante de tres metros de estatura, Goliat, con un casco de bronce, y sobre su cuerpo una coraza, también de bronce, que pesaba cincuenta y cinco kilos con placas que le protegían las piernas, una jabalina de bronce y un asta cuya punta de hierro pesaba más de seis kilos, arrogantemente desafiaba a sus contrincantes para que eligieran a uno y bajara a luchar con él: Si es capaz de pelear conmigo y vencerme, nosotros seremos esclavos de ustedes; pero si yo lo venzo, ustedes serán nuestros esclavos. °Denme un hombre para que luche conmigo! Ese hombre era un chico llamado David, de piel sonrosada, agradable y bien parecido que se encargaría de dar muerte al gigante con sólo una honda y una piedra.

En Fresa y Chocolate la lucha entre el imberbe David, joven comunista, parco, tímido y asediado por todos los prejuicios y el antitético Diego, homosexual, fabulador y solitario parece sugerir —de alguna forma— el pasaje bíblico, aunque en este caso el chico, cual gigante prepotente, arremete con agresividad contra su marginado adversario.

Diego: Yo a ti te conozco. Te he visto muchísimas veces saliendo de la Universidad.

David: No soy yo.

Diego: Sí, niño, øcómo no vas a ser tú ?

David (molesto): No soy yo.

Los homosexuales, como grupo minoritario frente a los heterosexuales, y por tanto, en considerable desventaja, buscan incesantemente las vías para vencer los obstáculos que con tanta frecuencia se les presentan, así como sobrevivir a la discriminación, el desprecio, la burla, el lenguaje insultante, la humillación y la desconfianza que hacia ellos descarga la sociedad homofóbica, puesto que un grupo minoritario, desde un punto de vista sociológico, posee como característica la posición de inferioridad y de desigualdad dentro de la sociedad.

Es por esto que pienso en el pasaje del gigante cuando veo la actitud que en un principio asume David ante la presencia de Diego, y por supuesto el lenguaje agresivo acompañado de gestos que indican repulsión hacia su interlocutor, y que él mismo llega a reconocer cuando comienza a cobrar conciencia de su injusta actuación: Coño, øme estaré volviendo un hijoeputa? Creo que aquí está el momento climático de David, ha empezado a evolucionar, comienza su verdadera metamorfosis, puesto que empieza a darse cuenta de que la verdadera Revolución debe permitirle un espacio digno a una persona como Diego; aunque ya anteriormente, cuando ante una vidriera donde se exhibía un maniquí vestido de novia y recordaba su frustrado matrimonio con Vivian, acusándose frente al reflejo de su propio rostro, se decía:

David: DavidAlvarez, carajo, el superagente secreto, øno será que la estás cogiendo con el maricón para olvidar tu propio problema?

Muchos otros parlamentos dan crédito a la agresividad que ya he mencionado. Ante la mirada furtiva de David hacia los libros que Diego ha depositado sobre una mesa de la heladería Coppelia, entre los cuales resalta Conversación en la catedral del escritor peruano Mario Vargas Llosa, enemigo de la Revolución Cubana, Diego pregunta:

Diego: øTe interesa Vargas Llosa? Este está dedicado, pero en casa tengo otro ejemplar.

Además tengo a Severo Sarduy y a Goytisolo "completos". øVamos a buscarlos?

David: Yo no voy a casa de... gente que no conozco".

La oración truncada Yo no voy a casa de... es portadora de un agravio impronunciado, de un pensamiento homofóbico que el hablante reprime omitiendo la palabra injuriosa que estuvo a punto de pronunciar, pero que no es difícil de percibir. Hay en esta oración truncada una conducta agresiva hacia el interlocutor. "El lenguaje, en tanto semiótica social, casi siempre muestra las fisuras de su propia construcción ideológica, aunque no se lo proponga. De ahí que tengamos en nuestros días todo un aparato discursivo que va constantemente al acecho de los fonemas que enunciamos en nuestra conversación diaria. La agenda de lo políticamente correcto constituye un intento de revisionismo lingüístico, ya que no hay instrumento más fehaciente de los prejuicios que albergamos que el propio lenguaje que utilizamos para comunicarnos. En otras palabras, cuando abrimos la boca metemos la pata y no son pocas las veces que tenemos que disculparnos —si es que tenemos conciencia—, ante lo que decimos" (Figueroa, Alvin, 1995).

Por otro lado, la ofensiva de David no sólo se muestra en sus parlamentos, sino también en manifestaciones paralingüísticas como expresión de algo que "se dice sin decirlo", como se aprecia en el traslado del carné rojo de la Unión de Jóvenes Comunistas de un bolsillo al otro, como respuesta a una pregunta, y con las pretensiones de evidenciar su pertenencia a una organización política que lo obliga a cumplir con cánones absolutamente inviolables:

Diego: Aprovecha, niño, ødónde vas a encontrar esos libros?

David (no contesta, se pasa el carné rojo de Joven Comunista de un bolsillo de la camisa para el otro).

Diego (capta el mensaje): °Capté! Sólo puedes leer los libros que te autoriza la Juventud. Los forras, viejo. Ten imaginación.

David: No tengo que forrar nada. Yo leo lo que me da la gana. Y no tengo ganas de hablar. øEstá bien?

Esta exhortación a forrar los libros es a la vez una alusión a la recurrente doble moral, ingrediente también presente en la película. Pero no pretendo filosofar en este trabajo, ni siquiera hacer un análisis literario de este filme, pues sería difícil superar los ya hechos por especialistas reconocidos. Me detendré especialmente en las palabras y frases de nuestra habla popular y vulgar cubanas, puestas por el guionista en boca de los personajes de la película, y que de alguna manera contribuyen a la caracterización certera de los personajes.

Insistiré aún más en el lenguaje relacionado con la sexualidad, ya que pienso que esta parcela del léxico ocupa un lugar preponderante en el filme, y porque no es nada frecuente —al menos en Cuba— encontrar trabajos de investigación lingüística referidos a los llamados temas tabúes (escatológicos y sexuales), y es verdaderamente lamentable. Considero que en el temperamento latinoamericano y específicamente cubano —que, por supuesto, es el que más conozco— la sexualidad ocupa un primerísimo lugar, por lo que la creatividad de términos y frases para nombrar las realidades de esta esfera, es en extremo fecunda y dinámica. Cuando a los cubanos se nos pregunta por nuestro comportamiento sexual, tendemos a decir que no sólo somos buenos, sino inmejorables a nivel mundial. Encuestas recientes realizadas por psicólogos sociales cubanos sobre cómo valoramos nuestra propia sexualidad, revelaron que la mitad de los entrevistados colocaron a la Isla en el primer lugar de la fogosidad a nivel planetario, sólo un 0,4 % mostró un poco de reservas a la hora de calificarnos como los mejores. (Perera, 1996: 24) "El mito de que en el universo de la cubanía todos los caminos conducen a la sexualidad parece remontarse a nuestros propios orígenes, como quizás supo verlo a principios de este siglo Don Fernando Ortíz, quien al estudiar los productos más importantes de la historia de Cuba", aducía indirectamente a una característica nuestra, cuando habló jocosamente de "un romance entre el varonil tabaco y la blanconaza azúcar." (Perera, 1996: 24).

Desde hace muchos años preocupa a un buen número de lexicólogos la omisión que hace la Real Academia Española (RAE) de ciertas voces que considera obscenas. "Otro problema es la omisión o inclusión de voces tabuizantes (que designan generalmente órganos y funciones sexuales o del metabolismo). Hasta hace no muchos años, los diccionarios españoles no registraban en absoluto palabras consideradas como groseras ("tacos, palabrotas") como culo, pija, puñeta, carajo, cojón, coño, teta, joder, mierda, tortillera, etcétera, con lo cual no sólo se suprimían vocablos de uso muy frecuente en la boca de hispanohablantes, sino que además, no se podían tener en cuenta muchas locuciones, modismos, etcétera, formados con ellos..." (Haensch, 1982: 411-412).

Según Cela, suponer que no hay más voces válidas que las del diccionario, es despropósito paralelo al de creer que no hay más hijos con el corazón latiendo que los legítimos. La lexicografía —o arte de componer diccionarios— es la demografía —o arte de componer censos— de las palabras, y nada ha de importarle, a sus efectos, la conducta de las mismas palabras que registra (Cela, 1969: 22-23).

David es, sin dudas, el personaje que más evoluciona en la obra, sin embargo, desde el punto de vista lingüístico resalta Diego como portador de determinados rasgos fonéticos, entonativos y léxicos que evidencian la diversidad en relación con los demás personajes no homosexuales. Se trata de palabras y giros que en la comunicación homosexual tienen un significado, pero que los heterosexuales los perciben con otro. Aparecen también expresiones que, siendo parte de la lengua estándar, tienen una bajísima frecuencia de uso entre heterosexuales y están siempre, o casi siempre, presentes en el discurso de homosexuales. También hay curvas melódicas en la entonación y rasgos fonéticos muy típicos y diferenciadores, que se aprecian sobre todo en una peculiar manera de "afectar" la articulación sibilante de la /s/, rasgo que contrasta con la frecuente elisión o asimilación de la /s/ en el habla cubana.

Pero en el lenguaje de los personajes de Fresa y Chocolate se encuentra algo que va más allá de los fenómenos lingüísticos descritos en el párrafo anterior. Me refiero al doble sentido y la ambigüedad, recursos muy recurridos por el hablante para expresar indirectamente lo que piensa, y "al que le sirva el sayo, que se lo ponga", como dice el dicho. Esta ambigüedad para impactar al interlocutor "diciéndole sin decirle", sumada a una evidente crítica social se siente en una de las primeras escenas en la heladería Coppelia:

Diego: Con permisso.

No pude resistir la tentación... °Me encanta la fresa! Umm..., es lo único bueno que hacen en este país. Ahorita lo exportan, y para nosotros, agua con azúcar. °Uuy... (toma la fresa con la cuchara), hoy es mi día de suerte: encuentro maravillas!

El énfasis que pone Diego en este parlamento es indicativo de que se apoya en la fresa que encuentra en su helado para, con una oración ambigua, dar rienda suelta a su pensamiento: David es la maravilla encontrada.

Otras veces, el discurso ambiguo, y por supuesto de comprometimiento político lo conduce a hacer inmediatamente la salvedad, con el fin de evitar otras interpretaciones por parte de los "malpensados":

Diego (Escuchando la voz de María Callas): °Dios mío, qué voz! øPor qué esta isla no da una voz así?, °CON LA FALTA QUE NOS HACE OTRA VOZ! Sí, porque øhasta cuándo María Remolá?1

Tampoco las formas de tratamiento son absolutas en lo referente a su dirección. Es posible que en algún que otro momento, el homosexual, al dirigirse a otro homosexual, utilice una de las formas peyorativas que usa el heterosexual; todo depende del tono imperante en el acto lingüístico-comunicativo.

Por otra parte, los homosexuales que, en ocasiones, emiten opiniones muy negativas sobre sus iguales, recurren a formas léxicas en género femenino para hacerlas más peyorativas:

Diego: øSabes cómo me llaman mis enemigos?: la loca roja.

Otras veces se utilizan familiarmente adjetivos en género femenino:

Diego y Germán (pasa un adolescente agraciado físicamente. Germán suspira y se detiene a mirar, Diego lo hala por un brazo).

Germán: °Ay, tú siempre controlándome!

Diego: No seas tan frívola.

También los heterosexuales, en son de burla o de manera agraviante suelen recurrir a formas de tratamiento femeninas:

Miguel, intolerante y homofóbico, visita a Diego para que firme constancia de su relación con David y así expulsar a éste de la universidad por relacionarse con un homosexual.

Diego: "Para que te enteres, David es cuarenta veces más hombre que tú".

Miguel: Pero mírala, como defiende a su maridito".

Diego (agrediendo físicamente a Miguel): Maricón de mierda, me estás cansando.

Miguel: øEcha pa' allá , muchacha, eh?

Es muy frecuente el tratamiento de niño, papito, mi amor, mi vida, macho, etc. por parte de los homosexuales para tratar al semejante masculino:

David: Oye

Diego: øQué pasa ahora?

David: Te advierto una cosa: no te vayas a equivocar conmigo.

Diego: øQué equivocación es esa, niño?

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Diego: Vamos, papito. No te puedes ir sin tus fotos.

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Diego: Pero, mi amor, espérate, Pero tú no me has entendido a mí nada.

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Diego: Ya lo verás, pequeña fiera, digo, David.

Niño, papito, mi amor, son formas que, por lo regular, utiliza el hablante cuando está seguro de que no hará reaccionar violentamente al interlocutor:

David: Yo preferiría que tú me llamaras David. No mi amor, ni mi niño, ni papito, Da-vid.

Obsérvese la diferencia cuando David, al dirigirse a Diego, utiliza la forma de tratamiento compadre:

David: Bueno, está bien, se puede tomar, pero por favor, compadre, búscame las fotos.

Aunque existen infinidad de palabras y frases para nombrar al homosexual masculino: cherna, ganso, compota, gay, loca, pájaro, pato, yegua, pargo, etc., resulta maricón la de mayor frecuencia de uso en la población cubana. En el filme que nos ocupa se registra más de veinte veces, como denominación y autodenominación:

a) Denominación:

David a Miguel: Lo que me acaba de pasar. Estaba en Copelia tomándome un helado y viene un tipo y se me sienta en la mesa. Un tipo raro.

Miguel: øUn tipo raro?

David: Un maricón, chico.

Miguel: øY cómo tú sabias que era maricón?

David: Uno se da cuenta enseguida. Mira, había chocolate y pidió fresa.

Es bastante frecuente que los individuos heterosexuales vean a los homosexuales como extravagantes, "distintos" en todos los sentidos. Para David, el rasgo distintivo más elocuente de la homosexualidad de Diego es el haber pedido fresa habiendo chocolate. Es cierto que los cubanos somos "chocolateros" por naturaleza, al igual que somos carnívoros en grado sumo, quien no actúe en concordancia con estas preferencias es considerado "diferente" y excéntrico. Muchos homosexuales no son, en la totalidad de sus vidas, personas excéntricas, y muchos heterosexuales son extremadamente estrafalarios. Otro ejemplo de denominación utilizando despectivamente el vocablo maricón es el siguiente:

Miguel: Tienes que averiguar más: lo de la embajada, lo de la exposición, tienes que inventar algún pretexto y volver a su casa.

David: øA su casa? Si ese tipo no es más que un maricón.

Miguel: Por eso mismo. Esto es muy importante, David. Oye, esto es una misión. øTú crees que se puede confiar en un tipo que no defiende a su propio sexo?

El matiz peyorativo es fuerte en: Si ese tipo no es más que un maricón. Ya en este momento de la trama, la agresividad de David comienza a debilitarse, le resta importancia al asunto, puesto que subvalora totalmente a Diego, no significa nada para él, le es totalmente indiferente. Mientras la enfermiza homofobia de Miguel lo lleva a sobrevalorarlo negativamente, lo cual hace pensar en un sentimiento de represión homosexual en este personaje, si tenemos en cuenta lo planteado por la Psicología, que en términos muy populares se traduciría en: verde verde, da maduro:

Miguel: Así que tú no querías más cuentos con el maricón ese, øeh?

David: Oye, el maricón se llama Diego.

Miguel: Diego, ya no es el maricón. Ahora es Diego.

Ya en estos momentos, la resistencia de David a llamar maricón a Diego es una prueba fehaciente de que atribuye a dicha palabra una valoración negativa, lo cual revela la evolución experimentada por el personaje: está surgiendo el hombre nuevo. Recordemos a aquel David casi cavernario de comienzos del filme en cuyos pensamientos fluían ideas como éstas:

David (pensando): Miguel tiene razón. øPero qué se habrán creído todos los maricones estos? Eso de la embajada es gravísimo. Ah, pero este conmigo se jodió, le vamos a partir las patas.

b) Autodenominación :

Gran parte del resentimiento contra las palabras individuales se debe a las circunstancias en que son pronunciadas. En boca de un amigo o de un simpatizante, y sobre todo de un miembro del círculo, pierden mucho del matiz hostil que les da el público en general.

Ese que pasó y te saludó, øes maricón?

Esta pregunta lleva en sí todas las implicaciones semánticas de una frase análoga en que se usase un epíteto racial. Pero el homosexual puede emplear la palabra maricón, y otras muchas, con satisfacción, porque en su boca no tienen un sentido reprobatorio. No hay en ellas un aire de superioridad, ni de desprecio o burla. La palabra no es más que la comunicación de un pensamiento:

Diego (dirigiéndose a David): Lo mejor es no asombrarse de nada y probar todas las copas. Te voy a contar cómo me hice maricón.

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David: øPor qué tú eres...

Diego: øMaricón? Mi familia lo sabe.

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Diego: Yo tengo un amigo que de niño tenía un talento extraordinario para el piano, pero el padre se opuso por aquello de que el arte es cosa de afeminado. Hoy mi amigo tiene 60 años, es maricón y no sabe tocar el piano.

Durante años se sintió la necesidad de una palabra corriente, habitual, que correspondiera a la realidad y expresara el concepto de homosexualidad sin glorificarlo ni condenarlo, y que no suscitara el odio del afeminado estereotípico. Esa palabra existe hace mucho tiempo, pero en Cuba, sólo a comienzos de esta década (1990 a la fecha) ha penetrado y ganado mucha popularidad. Se trata de la palabra gay. Por supuesto, resultaría anacrónico que apareciera en la película, ya que la acción se desarrolla en los últimos años de la década del setenta.

Se afirma que esta palabra procede del francés (Webster, 1951 :155) y que en Francia ya en el siglo XVI se llamaba gaie al homosexual, usando, muy significativamente, la forma femenina para designar al hombre. La palabra pasó a Inglaterra y a Norteamérica y, poco después de la primera guerra mundial, fue usada en la literatura más pornográfica. Los psicoanalistas han afirmado que sus pacientes homosexuales, por los años de mil novecientos veinte y tantos, se llamaban a sí mismos gay, y lo cierto es que por los años treinta era la palabra de uso más común entre los mismos homosexuales. Antecedente de gay es, en Cuba, entendido, que aún se escucha con bastante regularidad sólo entre homosexuales o personas muy vinculadas e identificadas con ellos.

"En este sentido habría que añadir que en la clasificación de Diego, aunque todos los términos que utiliza en su tipología provienen de la cultura popular cubana, es paradójico que no se mencione el término entendido, que es acaso la única palabra que no es despectiva para referirse al homosexual dentro de esta cultura" (Béjel, 1994:12).

La ventaja de entendido(a) radica en la posibilidad que tiene esta palabra de denominar a los homosexuales de ambos sexos, mientras que gay (universalmente) solamente se aplica al homosexual masculino. Nunca se escucharán palabras como cherna, ganso, pargo, pato, patin o yegua en boca de los propios homosexuales para autodenominarse; sin embargo, es común el uso de pájaro, pajarito o maricón para referirse un homosexual a otro. Invertido, pajarito, pájaro, maricón y cherna aparecen en el nivel semántico-lexical como sinónimos, y aunque su contenido denotativo en el español de Cuba es más o menos igual, resalta bruscamente la diferencia que se percibe entre sus contenidos connotativos. La diferencia entre los contenidos connotativos de uno u otro signo lingüístico nos permite advertir el grado de aceptación del hablante hacia el homosexual masculino.

El empleo de cualquiera de las variantes utilizadas para referirse a esta noción es un indicador del nivel de homofobia de dicho hablante. Lógicamente quien se expresa diciendo: Esto me lo entregó el cherna que vive allí al lado, no debe ser muy tolerante con los homosexuales masculinos.

Existen además ciertas denominaciones que reflejan -en su mayoría- el grado de simpatía o antipatía de los homosexuales hacia los heterosexuales, en dependencia del nivel de tolerancia que estos manifiesten hacia la actividad homosexual, etc.

Se utilizan como valoraciones positivas algunas voces adjetivas y sus formas sustantivadas como civilizado(a) y puta, la primera para referirse a la persona que ve con naturalidad, y hasta con cierta indiferencia, las relaciones homosexuales. Son personas que han gravitado hacia un grupo del cual casi llegan a formar parte, atraídas por la curiosidad, con una amistad personal muy profunda por todo vínculo, y que se consideran a sí mismas como protectores espontáneos. Puta, por su parte, se emplea para nombrar a la mujer, y alterna entre las valoraciones positivas y las negativas:

Diego (dirigiéndose a Nancy): Puta de mierda, no te metas en mi camino.

Hay una valoración negativa de la palabra puta en este parlamento en que Diego algo violento advierte a Nancy, y le indica con esto que tiene celos por la manera como mira a David. A pesar de que, en boca de homosexuales, hay ocasiones en que esta palabra adquiere un matiz marcadamente afectivo, como cuando se habla de una puta divina o un putón, los ejemplos que vemos en Fresa y Chocolate sugieren una valoración que no llega a lo positivo:

Diego: °Ay Dios mío, pero qué grande es esta Revolución! Ahora hasta las putas son críticas de arte.

Nancy: No me digas puta, porque me tiro por el balcón. Yo no soy ninguna puta.

Diego toca así, probablemente sin ánimo de ofender, "el punto álgido de la personalidad de Nancy. Ella vive obsesionada por el bajo concepto de sí misma que le produce su promiscuidad (se trata de un círculo vicioso, pues es precisamente su bajo autoconcepto lo que parece conducirla a su putería). La película, sin embargo, reclama para ella un espacio y una integración, puesto que como ella misma dice: hay algo en mí muy limpio que nadie me puede quitar (Béjel, 1994 :16-17). En el ámbito homosexual es también frecuente el uso de la palabra compromiso. Tanto compromiso como amigo(a) adquieren otra connotación dentro de estos grupos, puesto que se refieren a la pareja homosexual:

Diego: Hablemos de cosas serias: øConoces a Oscar Wilde, a Gide, a Lorca?; pues todos tenían algo en común conmigo... Pero, además, no sólo ellos. La lista es extensa, querido, ahí aparecen hasta los guerreros más valientes y famosos de la historia: Alejandro Magno, Hércules, Aquiles era el compromiso de Patroclo. Y dicen las malas lenguas que hasta Hemingway, sí, ese que andaba con escopetas y cazaba leones...

No pueden obviarse tampoco las frases estereotipadas y dogmáticas que aparecen en el discurso de los personajes de Fresa y Chocolate. Miguel, por ejemplo, apela a la coacción a base de consignas, clichés y amenazas que actualmente suenan a gastados. Para mantener a David dentro de una postura ideológicamente inquebrantable trata de apoyarse en dos cosas fundamentales: que los homosexuales no son confiables y no pueden ser revolucionarios porque la Revolución no entra por el culo, y que si no se aprieta la mano, el enemigo se aprovechará de la situación a favor de sus propios intereses. Es natural que en el argot oficial cubano, muchas veces cargado de palabras y frases provenientes de lo que pudiéramos llamar un lenguaje belicoso, se utilice la construcción el enemigo para referirse a Estados Unidos:

El enemigo está a noventa millas (Miguel); øMe aceptas un brindis con la bebida del enemigo? (Diego).

David repite constantemente consignas y frases estereotipadas y dogmáticas como si estuviera programado:

Yo soy materialista-dialéctico; los negros son seres humanos como cualquiera; todos venimos de Africa; "en este país ya el racismo desapareció"; "yo estoy firme en mis principios"; "era mi deber, donar la sangre, es una compañera, y la de Vigilancia"; etc.

El filme no escatima la utilización de verbos que responden a realidades actuales de nuestro país. Por ejemplo el verbo llegar que el diccionario académico recoge como "venir, arribar de un sitio o paraje a otro". Sin embargo, la escasez de productos en Cuba ha dado lugar a que los mismos no se mantengan de forma estable en el mercado, sino que lleguen y se agoten, entonces hay que esperar a que lleguen de nuevo. Combinando lo clásico con lo popular y lo serio con lo humorístico, Diego asume pose de cantante de ópera y entona la siguiente melodía: Vecina, llegóoo la cebollaaaa, y hace mutis teatral hacia la cocina. Acto seguido, Nancy, que parece escucharlo siempre todo, se asoma a la puerta de Diego y pregunta: øLlegaron las cebollas?

Por último, quiero referirme a la guarida, término con que designa Diego a su casa: Bienvenido a la guarida. Este es un lugar donde no se recibe a todo el mundo.

El Diccionario de la Real Academia Española define el término guarida como sinónimo de refugio; amparo o refugio para librarse de un daño o peligro. Este término se utiliza desde el siglo pasado relacionado con la homosexualidad cubana, como apunta Béjel en su artículo "Fresa y Chocolate o la salida de la guarida" (1994). En la obra del doctor Benjamín Céspedes, La prostitución en la Habana (1988), aparece al final un capítulo titulado "La prostitución masculina", que en uno de sus párrafos dice lo siguiente:

"Abundan tres clases de pederastas: el negro, el mulato y el blanco, viviendo indistintamente juntos en casas y accesorias, repartidos en todos los barrios de la Habana, donde pernoctan y dan cita a sus clientes. En muchas de estas guaridas (el subrayado es mío) cohabitan prostitutas, pero no es lo más común. Por la noche se estacionan en los puntos más retirados del Parque y sus alrededores más solitarios, bordeando las ruinas de Zulueta y Payret, calle del Prado y Pila de la India".

La escena que cierra el filme es, sin duda, harto elocuente. El abrazo que une la amistad que ha nacido y crecido entre David y Diego a lo largo de los 110 minutos de duración del filme, es también parte del lenguaje utilizado en este largometraje, como ya se expresó cuando me referí al traslado del carné rojo de un bolsillo para el otro por parte de David.

Con este emotivo y elocuente abrazo queda demostrado que el gigante a que nos referíamos al principio no es invencible ni irracional, y que no hay razón para tenerle miedo al lobo, puesto que no siempre es tan fiero como lo pintan.

 

 

BIBLIOGRAFIA

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NOTA

1 Cantante lírica cubana que alcanzó gran popularidad.