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Ultima década

versión On-line ISSN 0718-2236

Ultima décad. v.16 n.28 Santiago ago. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362008000100005 

 

Última Década, 28, 2008:79-90

JÓVENES, CULTURAS Y VALORES SOCIALES

El Mito de la Cultura Juvenil



Francisco Ramírez Varela*

* Docente Universidad Arturo Prat, Iquique, Chile

Dirección para correspondencia


RESUMEN

Cuando empezamos abordar el tema de juventud y/o de jóvenes, terminamos describiendo a este grupo social, mas allá de los rangos de edades y biológicos, tratando de incorporarlos a una visión desde las ciencias sociales, que nos logren explicar diversos fenómenos que suceden con los jóvenes, y así entender sus problemáticas y actuar social. Normalmente estas definiciones, tocan de al alguna manera, el concepto de la «cultura juvenil», donde se encasilla diversas manifestaciones de la juventud. Vamos a hacer un repaso en las siguientes páginas no sólo de la validez o relevancia del término de «cultura juvenil», sino también a realizar una revisión de algunas miradas sobre la juventud, y la asociación a lo cultural; esta reflexión nos llevará a la interrogante, ¿existe o no la «cultura juvenil»?; la que no intentaré responder, sólo de reflexionar.

Palabras clave: Juventud, Cultura juvenil



RESUMO

Quando começamos a abordar o tema da juventude e/ou de jovens, acabamos por descrever este grupo social, para além das faixas etárias e biológicas, tratando de incorporá-los a uma visão das ciências sociais que consiga explicar diversos fenômenos que ocorrem com os jovens, e assim entender seus problemas e atuação social. Normalmente estas definições se aproximam de alguma maneira, do conceito de «cultura juvenil», o qual comporta diversas manifestações da juventude. Nas páginas seguintes vamos tratar não somente da validade ou relevância do termo «cultura juvenil», mas também revisar alguns olhares sobre a juventude e sua associação ao cultural. Isto nos conduzirá à pergunta que não tentarei responder, mas somente refletir: existe ou não uma «cultura juvenil»?

Palavras chave: Juventude, Cultura juvenil


ABSTRACT

When we began to address youth topics, we ended up describing this social group way beyond the range of ages and biologics, trying to accomodate them with a view to social sciences, which helps us explain the diverse phenomena which occur with youth, and in this way we understand their problems and social acts. Normally, these definitions touch the concept of «youth culture» where different youth manifestations are boxed in. We are now going to review the following pages, not only for value or relevance to the term «youth culture», but also to make a revision of some points of view on youth, and the association of the culture. This reflection brings us to the following questions, which we do not intend to answer, but rather reflect upon. Does «youth culture exist»?

Key Words: Youth, Youth culture


   

«Tal vez algún día dejen a los jóvenes
inventar su propia juventud»
Quino

1.    ¿Por dónde empieza la juventud?


Empezamos por una pregunta retórica, ya que si bien es cierto, se puede determinar algunos rasgos de edad y de desarrollo biológico para determinar el inicio de la etapa juvenil, su inicio no va ser la definición de lo que significa ser joven. En ese sentido el trabajo de conceptualización de la juventud no ha sido nunca fácil; sobre todo porque se trata de un término que ha sido utilizado por el sentido común, con tanta frecuencia, y se le ha dotado de innumerables significados, que se termina por construir un concepto muy vago.

La más común de las miradas es el de la juventud como un conjunto definido por su edad. Claro que esta definición no acaba con la complejidad de lo aludido. Sin embargo, resulta de gran utilidad estadística y cuantitativa (Riveros, 1995). Pero aun así existen diversas interpretaciones respecto a cuando es la edad de inicio y de fin de la juventud; ante ello, las Naciones Unidas tienen el límite de edad en 24 años; por su parte muchos estudios censales en Chile, hacen referencia a los 29 años. De lo anterior podemos deducir que si dos instituciones —que pueden ser de importancia en los estudios de este grupo humano— ya difieren en un término básico de agrupación como es la edad, ¿qué podemos esperar del resto de características que rodean a la juventud?

Las definiciones que se basan en criterios de desarrollo de la personalidad entienden a la juventud como una etapa de cambios bio-sico-sociales tendientes a la definición de identidad adulta. Siendo diversas las áreas del desarrollo de la personalidad que experimentan transformaciones durante la juventud, entre las que se encuentran lo sexual, la afectividad, intelectual y físico motora (Riveros, 1995).

En esta visión se define el período juvenil determinado y formando parte de un escenario, conformado por una serie de procesos relativos al desarrollo de la personalidad, los cuales no pueden entenderse desligados de cambios fisiológicos, iniciadores del período, de cuestionamientos sobre la identidad, ni tampoco desconectados del ambiente social y ecológico en que éste se vive. De aquí puede surgir una primera afirmación, referida a que la juventud comienza en la biología y termina en la cultura. Esto se explica ya que los procesos de la maduración generan una serie de cambios fisiológicos y sexuales; pues bien, estos desarrollos biológicos y la necesidad en que se ve el individuo de adaptarse a los mismos, dan a la adolescencia algunas características universales y la separan de períodos anteriores del desarrollo.

En todas las sociedades y en todos los medios sociales, la juventud es una de varias etapas del ciclo vital, como la infancia, la adultez y la vejez. La juventud, concretamente, está conformada por un conjunto de procesos de desarrollo fisiológico y gradual asunción de roles y subjetividad de adulto, en el hogar y en la sociedad. Comienza con la pubertad y termina, en la mayoría de los casos, con la construcción de un hogar autónomo (Durston, 1998).

Por otra parte, es a través de la cultura que se podrá determinar cuan largo será el período de adaptación a estos cambios de la adolescencia; ésta determinará el cambio brusco o de transición entre una etapa de desarrollo y otra, para que se le considere en sí una etapa aparte (Mussen, 1998). Por lo tanto los cambios en relación con el hogar y con la sociedad, que definan punto social de término de la juventud, serán determinados culturalmente.

Esta conclusión de la etapa de vida juvenil no ocurre en el mismo momento en todas las sociedades —a diferencia de los procesos de desarrollo biológico, que tiene un rango reducido de variación— sino que varía fuertemente de un contexto sociocultural a otro. En el extremo final de la etapa juvenil, entonces, resulta más difícil y más subjetivo fijar una edad límite o determinar quién es joven y quién no (Durston, 1998).

Desde un punto de vista social la juventud es un período de preparación para el futuro desempeño adulto. Ha sido encasillada la juventud, por diversos autores, como un período de moratoria, caracterizado por la postergación de la asunción de los roles adultos para obtener una preparación mayor. Esto es, un retraso socialmente aceptado y planificado, en cuanto a la capacidad de asumir los roles adultos (productor, consumidor, contribuyente, ciudadano, padre/madre) (Cottet, 1994). Es así que podemos decir que la moratoria es la etapa de transición, definida como un período en el que el individuo transita de la madurez fisiológica a la madurez social.

La otra categoría utilizada con frecuencia en las ciencias sociales para explicar la juventud es el de socialización, donde encontramos ciertas dimensiones significativas de las relaciones sociales en que se desenvuelven procesos específicamente determinantes de la vida juvenil; con ella se hace referencia a un tipo de interacción particular que no es otra que la iniciación de una vida activa dentro de los parámetros sociales asumidos como propios de un mundo adulto. Estos procesos de socialización se van desarrollando dentro de lo que se ha determinado como el grupo de pares, el grupo de referencia y la generación (Cottet, 1994).

En estas dimensiones donde se establecen las relaciones sociales, es que podemos distinguir —primero— a los grupo de pares, dados por un espacio horizontal de iguales, de relaciones cotidianas; luego está el grupo de referencia, en donde encontramos un referente más amplio en el que los jóvenes pueden reconocerse y ser reconocidos, donde suelen adscribir a dinámicas culturales, que les brindan identidad. Y, por último, nos encontramos con la generación, donde se conecta la vida cotidiana de los jóvenes con referentes más globales.

Es en el ámbito de los grupos de referencia, que los jóvenes van más allá de los espacios que les determina la cotidianidad de los grupos de pares —como, por ejemplo, el ámbito educativo o la familia— y empiezan a detonar una selección de los referentes culturales, a los cuales van expresando conformidad y apropiación a sus formas de vida. Esta manera de manifestar intereses particulares y de seleccionar aquellos, es lo que muchos denominan «cultura juvenil».


2.    ¿Qué es eso de la «cultura juvenil»?


No podemos hablar de «cultura juvenil», sin detenernos en el concepto de cultura, y como la entenderé para esta función. Si es complejo encontrar una definición única para juventud, para entender lo que es cultura, es aun más complejo, y mucho más aunar criterios para su conceptualización, existiendo diferentes miradas y reflexiones sobre cultura. Prefiero adelantarme a cualquier cuestionamiento, afirmando que parto de la base de entender que el concepto de cultura va ser tan variable como la cultura misma. Entendiendo que nos encontramos hoy en día con acuerdos, muchas veces tácitos, de la diversidad de culturas en la sociedad y a través de la historia, donde cada una de ellas intenta poner su interpretación sobre este concepto, o su manera de relacionar y/o definir lo que es la cultura desde —y valga la redundancia— su propia cultura.

Es de esta manera que Raymond Williams, citando a Herder, hace referencia al origen del concepto en el sentido social de cultura, donde habla de «culturas», donde entra a «aceptar su variabilidad y reconocer dentro de toda cultura la complejidad y viabilidad de sus fuerzas configurativas» (Williams, 1980). Así la cultura terminó convirtiéndose en «todos los estilos de vida», por lo que la cultura, que en sí misma, en virtud de la variación y la complicación, comprende no sólo sus objetos, sino también las contradicciones a través de las cuales se ha desarrollado. (Williams, 1980).

La definición de cultura ha sido relacionada con los tipos de prácticas, que se excluyen o se incluyen dentro de ella, sin apartarse de la conjunción con la expresión práctica de la cultura. Por lo que la cultura, expresa Williams, viene a ser una forma de vida global entrelazada con el modo en que ella es experimentada por los agentes sociales. En ese sentido la cultura se va llenando con los conceptos de prácticas sociales, que tengamos alrededor.

Al hablar de la cultura nos hacemos referencia a una serie de creencias, formas de organización, costumbres y formas de producción, que incorporan los sujetos en sus prácticas sociales, ya sean éstas de carácter individual o colectivo. Muchas veces los elementos incorporados en esa práctica social, son reflejados en las diversas expresiones de la misma, lo que ha llevado al camino confuso de la interpretación conceptual de cultura, de acuerdo a su reflejo expresivo o a la utilización de éste. Así es que el término cultura se ocupa ambiguamente, para denotar el conocimiento de las personas o como se expresa a través de los campos de las artes o de la estética.

El campo de las prácticas sociales, que reflejan la cultura de los individuos, ha sido encapsulado por autores como Adorno y Horkheimer (2004), como «industria cultural», donde existen rasgos de semejanza de un colectivo de sujetos. Hoy en día esta industria, dicen los autores, se representa monopólicamente y abierta, sin ocultar sus fines, la que hoy en día se globaliza y guía al unísono a todo el mundo. Manipula la idea de cultura, y la reflexión que ésta podría generar en los individuos. El irrumpimiento de nuevas formas de arte, en el cine, luego en la televisión y hoy en Internet, trata de mostrar una sola cultura y de difundir ideologías determinadas. La cultura ha pasado a ser un fetiche, una mercancía y/o en un estilo de vida, que los medios intentan plasmar a la ambición de los sujetos.

En este intento de encasillar la «industria cultural», desde un poder monopólico encima de ella, se ha escapado de un control absoluto con la entrada cada vez más fuerte de los procesos vinculados a la modernidad, a la industria cultural; en especial con la variable global de la expresión de ellas; por que la cultura a pesar de ser una práctica social relacionada a los sujetos, hoy esta práctica se da relacionada con un proceso globalizado, que modifica sustancialmente la forma de las prácticas sociales.

Cuando incorporamos la variable de la globalización en la industria cultural, no es sólo un antojo discursivo. Obviamente que desde el sentido común, asociaríamos la globalización con las prácticas económicas, con el predominio neoliberal que afecta al mundo, pero la globalización, comprende también un cambio en las relaciones socioculturales. Se da una intensificación de la industria cultural, tanto de un sector dominante de los mass media, reflejados en lo que respecta a la juventud en una cultura mtv, pero también se da una apertura de otros medios como es el Internet, donde son especialmente los jóvenes los que tienen acceso a las nuevas formas de comunicación que proporciona y que desarrolla, fluyendo nuevas formas de relaciones sociales y un reflejo de las prácticas sociales de los jóvenes, quienes se empoderan esencialmente de este medio.

En ese sentido la cultura mirada desde una perspectiva global, se puede reflejar bajo una metáfora donde la apertura masiva de las prácticas culturales, en especial a través de internet, se asemeja a una «bodega virtual», tal como una bodega de vinos. En una bodega abastecida de diferentes vinos podemos encontrarnos una variedad de éstos. Hay vinos tintos, blancos o rosé. Hay producción de vino en casi todos los continentes (porque hasta ahora no se ha producido en el continente antártico), se diferencian por las regiones de producción e incluso cada valle vinícola tiene sus propias características. En nuestro viejo planeta existen diversos tipos de vino, así como existen diversos tipos de cultura.

Pero al entrar a esta bodega escogeremos lo que conocemos, el vino que hemos probado o tenemos referencia; el que no conozco o que no me interesa no me llamará la atención, o no me arriesgaré a probarlo. El vino que yo he elegido lo cataré a mi manera, y le encontraré sus propios olores y sabores. En ese sentido, cada cual busca lo de su interés, el producto o información con el que se identifica. Eso pasa con la «Bodega Virtual»; en la globalización cada cual busca los temas que son de su interés, y se identifica con ellos, creando sus propias prácticas sociales, su propia cultura, que se construye por elementos que son adquiridos y buscados dentro de la «bodega virtual».

De esta misma manera, ante la diversidad de oferta de la industria cultural, los jóvenes se ven aproximados a un sinnúmero de información, de la que van adquiriendo diferentes prácticas sociales para la construcción de su cultura, lo que muchos han clasificado como «cultura juvenil».

En un sentido amplio, las culturas juveniles refieren el conjunto de formas de vida y valores, expresadas por los grupos de referencia «en respuesta a sus condiciones de existencia social y material» (Feixa, 1995); quienes se ven afectados por el acceso generacional a la diversidad cultural que existe.

El término de «cultura juvenil» surge ante la emergencia de la juventud como nuevo sujeto social, en un suceso que tiene lugar en el mundo occidental especialmente a finales de los años 50, y que se traduce en «la aparición de la ‘microsociedad’ juvenil, con grados significativos de autonomía con respecto a las instituciones adultas, que se dota de espacios y de tiempos específicos». (Feixa, 1995). Los estudios van desde la descripción de las pandillas, como base de estudios de la relación delictual de los jóvenes, hasta los fenómenos cambiantes, influenciados por la industria cultural, generando cambios actitudinales especialmente con la música y otras prácticas sociales expresivas.

Los términos utilizados para hacer referencia a la «cultura juvenil», han sido diversos, podemos así observar los términos de «subcultura», «contracultura», «nueva cultura», los cuales parecen estar repitiendo el juego «clasificatorio» de un fenómeno (Feixa, 1995). De esta manera Carles Feixa explica que «la reacción juvenil es entendida como contracultura, bien podría decirse que se trata de un rechazo a las instituciones de la modernidad…pero no se sitúa en una acción ‘contra la cultura’, sino contra aquellos saberes-instituciones que enmascaran el poder». Por otro lado, agrega Feixas, si aceptamos designar a las prácticas sociales de los jóvenes como subculturas, «implícitamente aceptamos también una concepción ‘desarrollista’ o de ‘minoría de edad’». Como bien señala Feixas, habrá que designarles simplemente, «culturas juveniles» (1995).

De acuerdo a Zarzuri las relaciones sobre juventud y cultura han estado centradas en tres enfoques, centrales al momento de articular estos conceptos. El primer enfoque está asociado a la Escuela de Chicago, que se va a interesar en las transformaciones que está sufriendo la ciudad producto de la modernización industrial. Un segundo enfoque surge asociado con el rock, el cual se convertirá en el centro de una nueva «cultura juvenil» asociada a la música, la cual será asumida por las industrias culturales. Y por último un tercer enfoque relacionado con el concepto de contracultura juvenil, destacándose la oposición de las culturas juveniles a la racionalidad propia de las sociedades modernas.

Hay que tomar en cuenta que aunque mencionamos que es a mediados del siglo pasado que empieza a tomar fuerza el conceptuar y realizar estudios culturales sobre jóvenes, no es nueva la temática, desde la reflexión de diversos ámbitos y épocas, encontrándonos de esta manera las reflexiones aristotélicas, sobre los cambios que se producían en la juventud y en su práctica social. Esta práctica social, relacionada permanentemente con la «ruptura que se ha producido entre las generaciones adultas y las generaciones jóvenes» (Mead, 1970).

Esta ruptura acrecentada por los rasgos de la modernidad y la globalización, son los que afectan a las relaciones sociales, antes descritas como generación, en que la mayoría de la población que transita por la juventud se ve expuesta a la diversidad de prácticas sociales. Pero es en el ámbito de las relaciones en los grupos de referencia, que los jóvenes irán «optando» las prácticas que para ellos sean representativas, de esta forma reflejarán estilos y actitudes, por ellos elegidos y con los cuales se sientan identificados.

En ese sentido, Maffesoli (1988), habla de una complejidad de la cultura dentro de los jóvenes, llevándolos a un proceso de tribalización de la sociedad moderna, donde se da el surgimiento de, las por él denominadas, «tribus urbanas». Estas formas de socialización se dan con fuertes particularidades y con parecido en la afinidad a estas características por sus integrantes, que reflejan las distinciones entre los grupos de referencia. Estas características son muchas veces observables en factores movilizadores de estos jóvenes como son por ejemplo la música —en los grupos de hiphop, metaleros o los cumbieros—, o bien por su vestimenta —góticos, punk—, a como puede ser el deporte —los skaters, a través de clubes deportivos del barrio o las barras bravas—, como también en factores de carácter fuertemente ideológico —como es el caso de los mensajes antisistema de los graffiteros o los skinhead—; los jóvenes manifiestan así diferentes prácticas sociales, que van adquiriendo su especificidad, dentro de una sociedad compleja, lo cual marca un estilo que se convierte en lo distintivo de las culturas juveniles. Como menciona Feixa (1998) se da la «manifestación simbólica de las culturas juveniles, expresadas en un conjunto más o menos coherente de elementos materiales e inmateriales que los jóvenes consideran representativos de su identidad como grupo».

En este sentido, las manifestaciones de las prácticas sociales de los jóvenes, por lo general no son una sola forma de expresar esa «cultura juvenil», si no que es un híbrido cultural, que utilizan los jóvenes en búsqueda de su propia identidad. Podemos reafirmar que ante la complejidad que enfrentan los jóvenes con esta suerte de modernización de las industrias culturales, se da un «creciente tráfico entre culturas que origina la globalización, lo que indica que la desaparición del vínculo entre cultura y lugar viene acompañado por un entrelazamiento de estas prácticas culturales desarraigadas, que producen nuevas y complejas formas híbridas de cultura» (Tomlinson, 2001).

En lo híbrido los símbolos adquieren nuevos significados; Canclinni alude a los fenómenos de la cultura que han sido absorbidos indistintamente para la formación de una nueva cultura. Por lo que podemos atrevernos a afirmar dentro de esta mirada, que es a partir del «conjunto de procesos en que estructuras o prácticas sociales discretas, que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas en los que se mezclan los antecedentes» (Canclini, 1992).

La juventud, en sus grupos de referencia, se empodera de los elementos brindados por la industria cultural, adoptando aquellos que lo identifiquen, adaptándolos a sus espacios definidos. De esta manera podemos ejemplificar que los grupos afines a las prácticas definidas como hip-hop; quienes no sólo se identifican con un estilo de vestimenta, si no con estilos expresivos a través de la música, la cual podrá tener un ritmo de carácter global, pero el contenido de sus letras, tal como lo expresan diversos estudios a nivel mundial, va a ir acorde con realidades y situaciones de vivencias de los jóvenes en sus espacios locales. Es en sus propios espacios, delimitados por las prácticas sociales particulares a cada grupo de referencia, que se manifiesta la hibridez cultural.

Vemos que en la etapa juvenil, no sólo adquieren características de estilos, si no también, van adquiriendo conciencia en cuanto a un sentido de observar e interpretar la realidad, expresadas también a través de las ideologías que pueden profesar o defender desde su grupo de referencia.

Como podemos recapitular la «cultura juvenil», son las prácticas sociales, resultado de la hibridez cultural de su inserción en la modernidad y los medios proporcionados por la globalización, reflejadas dentro de sus espacios propios y dentro de una etapa generacional determinada. Pero ante esta síntesis aún queda rondando un último cuestionamiento: ¿es que en las demás etapas generacionales no existe cultura?


3.    ¿Dónde acaba la juventud?


Argumentaba anteriormente que la juventud se caracteriza por comenzar en la biología y terminar en la cultura; ya explicaba anteriormente que hay un ideal de prácticas culturales, relacionado con las prácticas responsables asociadas a un hogar o generación de un grupo familiar, la producción de ingresos, cierta autonomía y aceptación social; todo esto a raíz de la generación de prácticas sociales propias de los jóvenes, donde no hay que descartar la influencia de la «cultura juvenil».

Si vamos por partes, debemos responder un primer cuestionamiento, referido la existencia o no de cultura antes de la juventud. Antes de iniciar ese periodo biológico denominado juventud, las personas se adhieren a una cultura parental y/o a la cultura de un sistema educacional seleccionado, donde los padres-tutores tratan de inculcar sus creencias y prácticas a los hijos, y éstos van absorbiendo la cultura que les van poniendo enfrente. Demás está decir que cada generación trata de inculcar sus prácticas culturales a la generación que la reemplazará.

En la juventud, se difiere de esta cultura parental, ya que los jóvenes empiezan a tomar sus propias decisiones, realizando una suerte de «selección» a sus realidades, de las prácticas culturales adoptadas y adaptadas de la «bodega virtual» que alimenta su cultura. En la época definida de moratoria de la juventud, los sujetos van transformando sus decisiones y su forma de adaptar las prácticas sociales, pero por el hecho que una generación pase su etapa definida como juventud, no debe de darse por acabada la cultura; si no ¿cómo explicaríamos a los seguidores de James Dean en una moto, quien influyó las prácticas de su época, en los actuales motoqueros?, o la explicación en la toma de decisiones de muchos jóvenes influidos por Woodstock, a los cuales hoy nos referimos como los viejos hippies. Una generación que no sólo tomó ideales de las prácticas sociales de su época, sino que también adaptó esas prácticas sociales a su forma de vida adulta. No es que sigan viviendo en la juventud, o en una «cultura juvenil», sino que mantienen una cultura que optaron en su toma de decisiones en la juventud.

Los jóvenes no construyen una «cultura juvenil», sino que son capaces de tomar sus decisiones y elecciones de las prácticas sociales, que los distinguirán como una «cultura juvenil», esto obviamente va cambiando de generación en generación, más aún con la influencia de la modernidad, vista anteriormente. Se van dando nuevas características, acordes a los tiempos, es así que los jóvenes construyen sus prácticas sociales, ya sea con The Beatles del pasado, Metalica de ayer o My Chemical Romance de hoy; grupos globalizados, que han causado, a manera de ejemplo, una influencia en la selección de la cultura de los jóvenes.

Por lo tanto la mal llamada cultura juvenil, no es más que el proceso de toma de decisiones y advenimiento a una cultura determinada, que se da dentro de la juventud. El que sean capaces los jóvenes de determinar cuales son las prácticas sociales acorde a su realidad, los estilos que los identifiquen y asuman los diferentes componentes de una forma cultural, los encamina a dejar de ser jóvenes y ser individuos con cultura propia.

Iquique (Chile), julio 2007



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


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Dirección para correspondencia
francisco.ramirez.varela@unap.cl


Recibido: noviembre 2007
Aceptado: marzo 2008