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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.38 n.59 Valparaíso  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342005000300001 

 

Revista Signos 2005, 38(59), 269-285

ARTÍCULOS

Propiedades cognitivas e intersubjetivas de la comprensión del lenguaje oral:
Posibles elementos para un modelo
*

Cognitive and intersubjective properties of oral comprehension:
Possible elements for a model


Nina Crespo

Dominique Manghi

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Chile

Dirección para correspondencia


RESUMEN: En la descripción del fenómeno de la comprensión en los modelos psicolingüísticos y pragmáticos, aquello específico de lo oral dialógico es tratado en forma poco precisa. Debido a esto, el presente artículo tiene como propósito esbozar -desde un punto de vista pragmático/cognitivo- los elementos constitutivos de un modelo de la comprensión oral, rescatando lo que caracteriza a la modalidad de comunicación 'cara a cara'. Son considerados cuatro elementos: un mecanismo central (psico-social), los diversos tipos de información (lingüística, paralingüística y extralingüística, tanto intencional como no intencional), los procesos psicológicos y los niveles de representación. Finalmente, se destacan otros dos rasgos importantes para la caracterización de la comprensión oral: el peso de la información paralingüística y extralingüística, además de la dinámica de la interacción entre los interlocutores. Ambos rasgos obligan al destinatario a hipotetizar acerca de los estados mentales de su interlocutor, colaborando en la construcción de un significado compartido y precisando los significados no lingüísticos con las claves del mensaje lingüístico.

Palabras Clave: Comprensión oral, significado compartido, información no lingüística.


ABSTRACT: In psycholinguistic and pragmatic models, the description of the comprehension phenomena seems to have dealt with orality-specific, dialogicc features inaccurately. Thus, the aim of this paper is to outline -from a pragmatic/cognitive perspective- the main elements that constitute a model of oral comprehension, focusing on the properties of a 'face-to-face' speaking mode. Four elements have been considered: a central (psycho-social) mechanism, the different types of information (linguistic, paralinguistic and extralinguistic, both intentional and non-intentional), the psychological processes, and the levels of representation. Finally, two other important features characterize oral comprehension: the weight of para and extra linguistic information and the dynamics of the interlocutors interaction. These features compel the addressee to hypothesize about the interlocutor's mental states by both collaborating with the construction of a shared meaning and specifying the non linguistic meanings with the linguistic message clues.

Key Words: Oral comprehension, shared meaning, non linguistic information.


 

INTRODUCCIÓN

El propósito del presente artículo es destacar ciertas propiedades cognitivas e intersubjetivas de la comprensión del lenguaje oral, esbozando algunos elementos del procesamiento de la información en una situación de diálogo 'cara a cara'. Antes que todo, es necesario aclarar que el tema de la comprensión no es un territorio inexplorado; es más, ya desde Chomsky (1957) y su inicio del estudio de lo mental, se inicia lo que se puede llamar la segunda etapa de la psicolingüística (Peronard, 1999). En ella se promueve -entre otros temas- la indagación acerca de cómo comprendemos el lenguaje, dando lugar a diferentes teorías y modelos explicativos de distinta naturaleza. Así, cabe citar propuestas de autores como van Dijk y Kintsch (1983), Graesser, Singer y Trabasso (1994), Gernsbacher (1990, 1997), Kintsch (1998) y Zwaan (1999). Dichas propuestas han permitido representar un modo en que se produce el proceso de comprensión y cómo interactúan diversas fuentes de información con el conocimiento previo del sujeto. Asimismo, estas propuestas dan cuenta de los procesos de naturaleza inferencial.

Uno de los modelos más influyentes en la investigación de esta área es el modelo estratégico proposicional (van Dijk & Kintsch, 1983), ya que ha dejado un sello en la concepción de la comprensión del lenguaje. Estos autores postulan que, por un lado, dicha comprensión es un proceso cognitivo y la conciben como la construcción de una interpretación o representación mental del texto; por otro lado, incluyen el aspecto contextual y consideran a la situación comunicativa específica, así como el contexto sociocultural del discurso y sus interlocutores, como rasgos determinantes en esta construcción. Además, para estudiar la comprensión lingüística es posible dar por sentado diversas ideas que Graesser, Swamer, Bagget y Sell (1996) identificaron como 'supuestos no controversiales'. Estos son el reconocimiento de las diversas fuentes de la información procesada (externas e internas), la automatización de los recursos por uso frecuente, la convergencia de información proveniente de diferentes fuentes, la distinción de diversos niveles de representación y la intervención de los almacenes de memoria.

También hay una línea de investigadores que -desde la pragmática (Wilson & Sperber, 2002; Levinson, 1992; Gibbs, 2002) y la pragmática cognitiva (Bara & Tirassa, 1999)- intenta dar cuenta de la comprensión del lenguaje en uso y, en especial, de la relación que existe entre lo dicho y lo implicado en la comunicación humana.

Dada esta cantidad de antecedentes, no es posible intentar esbozar un modelo de la comprensión del lenguaje oral sin referirse a conceptos y nociones que ya han sido elaborados en teorías y por autores anteriores. Nuestra propuesta es integrar ideas con la finalidad de rescatar elementos explicativos acerca de cómo se produce el proceso de comprensión oral, especialmente en el diálogo 'cara a cara', en el extremo más característicamente oral del continuum oral-escrito (Halliday, 1987; Peronard, 1988). No obstante, es necesario aclarar que dada la complejidad del fenómeno y el interés del presente estudio, el énfasis estará puesto en los aspectos pragmáticos y cognitivos.

Ahora bien, ¿por qué es necesario referirse al problema de la comprensión oral?, ¿no se encuentra ésta ya suficientemente explicada en los modelos antes citados? Por una parte, muchos de estos modelos dan cuenta de rasgos de la comprensión lingüística en general, aquellos que vienen de la psicolingüística parecieran hacer referencia de manera más clara a la comprensión de textos escritos. Por otra parte, los modelos pragmáticos se acercan más a lo oral, aunque no lo explicitan del todo y -en algunos casos- tratan las dos modalidades como equivalentes (como es el caso de Gibbs, 2002). Sin embargo, pareciera ser que en el transcurso de la descripción del fenómeno de la comprensión, aquello que hace referencia a la especificidad de lo oral-dialógico ha sido tratado con escasa precisión. Se ha desvalorizado, por un lado, las consecuencias cognitivas de la interacción hablante-destinatario en que se enmarca el proceso, y que describen el diálogo como una alternancia repetida en los roles comunicativos. Por otro lado, se ha dado escasa importancia a la dinámica que se establece entre la información lingüística, paralingüística y extralingüística que se conjuga en la situación de oralidad 'cara a cara'.

1. Posibles elementos involucrados en la comprensión oral

Para Bara y Tirassa (1999) la comunicación oral está guiada por reglas dinámicas relacionadas con la interacción social; por ello requiere cooperación activa y presente entre los participantes. En este sentido, un primer aspecto central en la comprensión sería la teoría de la mente de mi interlocutor (Leslie, 1987) al cual reconozco como un ser intencional, presente ante mí, compartiendo un tiempo y un espacio y enmarcado en un contexto psicosocial. No obstante, la intención hace referencia a un elemento que por sí solo no basta para entender la comprensión en una situación de oralidad 'cara a cara' (Granato, 2005). Se hace imprescindible agregar un segundo aspecto, directamente relacionado con las particularidades del diálogo como tal. La interacción entre los participantes y la construcción complementaria que realizan en línea, constituyen un aspecto que no puede dejarse de lado, ya que provoca que las palabras y el contexto jueguen un rol central. La posibilidad de retroalimentación permite un ajuste constante entre los interlocutores para adaptarse a las necesidades comunicativas del otro, imprimiendo el dinamismo típico de esta actividad (Halliday, 1987; Peronard, 1988). Debido a esto, la relación establecida entre hablante-destinatario es poderosa y presenta importante fuerza en la selección de la interpretación más adecuada.

Con el fin de dar cuenta de éstas y otras peculiaridades de la comunicación oral, se presentarán aquí los conceptos centrales que podrían considerarse para construir un modelo. Así, explicar la comprensión oral, hace necesario considerar -por lo menos- cuatro elementos: 1) un mecanismo rector que guía el proceso; 2) los diferentes tipos de información; 3) los procesos que -guiados por el mecanismo rector- elaboran los estímulos para construir una representación adecuada del mensaje transmitido; y 4) los niveles de representación.

La siguiente figura es una propuesta de cómo podrían considerarse distribuidos estos elementos y su interacción en el momento de la comprensión.



Figura 1. Esquema de elementos constitutivos de la comprensión oral.

1.1. Mecanismo rector: Búsqueda de la relevancia y significado compartido

Si bien la comprensión lingüística oral implica la puesta en marcha de procesamientos de naturaleza diversa, es posible pensar que existe un mecanismo general que la guía, de la misma manera que orientaría la comprensión escrita. En la propuesta de Sperber y Wilson (1994) este sería un mecanismo de naturaleza cognitiva que guía la percepción del mundo externo, en general, y la comunicación humana, en particular. Dichos autores lo caracterizan como "búsqueda de la relevancia".

¿Qué se quiere decir con búsqueda de la relevancia? Se quiere decir que -dado el valor que posee la información para sobrevivir como individuos y como especie- la arquitectura del sistema cognitivo humano está diseñada para procesar con menor gasto de energía aquello que supone beneficioso en términos informativos. La relevancia es una función que trata del equilibrio costo-beneficio, es decir, todo individuo percibe y procesa la información para tener efectos cognitivos positivos; para reforzar ideas que ya se tenían pero que no estaban claras; para eliminar ideas que se creían falsas y/o para derivar información a partir del conocimiento previo. Otra pregunta que cabe hacerse es: ¿cómo sabe el sujeto qué es lo relevante? Basándose en los elementos de la teoría de la percepción, los autores Wilson y Sperber (2002) y Escandell (1996) señalan que ciertos rasgos del estímulo (que esté en movimiento o que se acerque, etc.) llaman la atención del sujeto y se lo hacen relevante.

Ahora bien, según Sperber y Wilson (1994) este mecanismo general de percepción operaría en el ámbito de la comunicación humana. Lo que llama la atención del sujeto ya no es un rasgo del estímulo, sino una característica de la comunicación que se establece. Así, todo acto de comunicación humana ostensiva -es decir, abiertamente intencionada- transmite al destinatario la presunción de relevancia óptima. Para Sperber (1995), el sujeto realiza esta operación porque es capaz de considerar al otro individuo representándose estados del mundo y operando en él de manera intencional. Esta noción se enraíza directamente con la teoría de la mente propuesta por Leslie (1987) y explica que en el ámbito de la comunicación, la interpretación de los mensajes, es decir, la captación de su información relevante, considera la posible intención del otro. Cuando un sujeto, en el diálogo 'cara a cara', se involucra en la comprensión de aquello que le es comunicado, presupone a lo largo de su procesamiento que va a tener ganancias cognitivas, porque se está comunicando con un ser que posee una mente representacional y está guiado por intenciones.

El concepto de relevancia por sí solo basta para explicar la comprensión de situaciones comunicativas monologales, donde los participantes intervienen autónomamente en cada turno de habla. Sin embargo, debemos tener presente el segundo aspecto central del diálogo: el dinamismo y la retroalimentación entre los participantes presentes en la conversación. Esta peculiaridad demanda complementar y dar un marco más social a la idea de la relevancia, por eso cabe citar a Bara y Tirassa (1999) quienes aluden a la búsqueda de un "significado compartido". Los autores proponen que el mecanismo que subyace a la comunicación humana es la necesidad de participar en la interacción y de construir ideas en común. La idea de co-construcción enriquece la explicación cognitiva desde dos perspectivas. La primera, pone en un lugar primordial a los supuestos que los interlocutores activan sobre sus conocimientos y creencias acerca del otro co-constructor, la situación comunicativa y el escenario en general, así como al significado construido, entendido como el producto de la interacción contextualizada en los sucesivos cambios de rol (hablante-destinatario). El concepto de significado compartido aporta una perspectiva intersubjetiva a la interacción verbal, es una versión menos racionalista del principio de cooperación planteado por Grice (1975) y, si bien fue esbozado por van Dijk y Kinstch en el modelo de 1983, no fue desarrollado de manera cabal. La segunda perspectiva, enfatiza que el co-construir un texto dialogal 'cara a cara' incorpora elementos imprevistos, los que pueden surgir tanto desde los interlocutores como desde el contexto (Granato, 2005) y este hecho redefine el rumbo de la conversación continuamente. En este sentido, el diálogo exige una participación más activa aún de los protagonistas, ya que es posible la negociación de los significados, constituyendo una distinción importante con respecto a la comprensión de textos escritos.

La idea de construir un significado compartido y negociado cambia el énfasis del concepto de búsqueda de la relevancia hacia una visión más psicosocial. De esta manera, la intersubjetividad y la teoría de la mente del otro, como un medio representacional e intencionado, poseen un papel más decisivo para guiar el proceso de interpretación que sigue el movimiento de la conversación.

1.2. Los diversos tipos de información

Otro punto que debe ser considerado es el tipo de información que maneja el sujeto para construir su representación de lo comunicado. A grandes rasgos, cabe considerar aquellos estímulos externos que percibe como relevantes y aquella información interna que le sirve para interpretarlos.

Ahora bien, la información externa presente en una situación de oralidad incluye múltiples elementos de naturaleza muy diversa. Algunos de ellos podrían ser percibidos por el destinatario al considerarlos como transmitidos intencionalmente por el interlocutor y otros podrían ser percibidos simplemente como parte de un marco mayor que facilita la interpretación. Así, el destinatario percibiría estímulos supuestamente comunicados por el hablante de manera ostensiva considerándolos como producidos con una intención. Dichos estímulos incluyen información lingüística, paralingüística y otros de naturaleza extralingüística. La primera está organizada en un sistema que opera en diversos niveles (fónico, morfológico, léxico, semántico y sintáctico) y que en la modalidad oral presentan rasgos peculiares, como la presencia de una sintaxis no integrada y la abundancia de expresiones cristalizadas (Miller & Weinert, 2002). La segunda, referida a la información paralingüística, incluye recursos de la prosodia (Aguilar, 2000a y b) que actúan acompañando lo lingüístico. Así, la curva melódica de la entonación da pistas no solo para interpretar a nivel de enunciados aislados, sino también de unidades discursivas mayores (Elordite & Romera, 2004). Sin embargo, estos recursos no son un mero decorado que se agrega a lo lingüístico, sino que poseen rasgos de significado con contenidos propios y eso permite hablar de unidades melódicas como: lo irónico o lo sarcástico. La información lingüística y paralingüística comparten la característica de ser estímulos auditivos, a diferencia de la extralingüística que corresponde a otras modalidades sensoriales. La información extralingüística considerada como intencionada abarca entre otros: los gestos faciales, movimientos y, en algunos casos, las posturas y/o elementos como la vestimenta o la proxemia del interlocutor.

Estos dos últimos tipos de información -para y extra lingüística- pueden considerarse como no lingüísticas y -si bien tienen cierto grado de estructuración- no alcanzan a formar un sistema composicional y productivo como el del lenguaje (Bara & Tirassa, 1999).

Hay otros estímulos extralingüísticos externos percibidos como no intencionados e incluyen lo que Calsamiglia y Tusón (1999) denominan elementos psicosociales. En primera instancia, cabe citar aquello que Levinson (1992) caracteriza como 'tipos de actividad', es decir, interacciones reguladas social y culturalmente que tienen un valor fundamental a la hora de interpretar lo que escuchamos. Por otra parte, los elementos psicosociales involucran el 'escenario físico y temporal' en el que se realiza la comunicación. El primero incluye, no solo el escenario y los objetos, sino rasgos físicos del interlocutor que no constituyen acciones comunicativas del mismo y que no siempre son producidos intencionalmente (por ejemplo, la forma que lleva el cabello). Estos datos pueden servir de guía para asignar referentes y enriquecer la información lingüística. Finalmente, cabe destacar la presencia del 'hablante' en la situación en que se produce el intercambio lingüístico. Si bien aquello que un individuo transmite es leído como intencionado, él mismo -como sujeto presente en la comunicación- no lo es.

De esta manera, quién habla, cuál es el tono y cómo son los gestos que acompañan sus dichos, en qué situación, en qué momento, en qué lugar habla y cuáles elementos se introducen o retiran de la situación dialogal, son aspectos que se consideran más que un anexo de las palabras que se pronuncian. Lo dicho lingüísticamente, lo señalado paralingüísticamente y lo manifestado extralingüísticamente (tanto por el interlocutor como por la situación de comunicación) compiten como portadores de significados.

Estos elementos lingüísticos y no lingüísticos pueden ser percibidos del exterior, pero también son seleccionados y complementados a partir de la información análoga que es rescatada desde la memoria. Esta idea coincide con la propuesta de convergencia referida en los supuestos no controversiales de Graesser et al. (1996).

Ahora bien, cabe señalar que dicha información se recupera desde la memoria de largo plazo, tanto semántica como episódica. La primera abarca, por lo menos, siete tipos de información diferente: 1) la teoría de la mente intencional aplicable a cualquier sujeto humano; 2) el conocimiento referido al sistema lingüístico; 3) el conocimiento discursivo; 4) las reglas pragmáticas o del juego lingüístico, como las relacionadas con los actos de habla; 5) el conocimiento referido al grupo de símbolos no lingüísticos; 6) el correlato cognitivo del 'tipo de actividad' señalado por Levinson (1992), que "…impone restricciones formales, orienta la representación semántica y nos da la clave para identificar los actos de habla que la conforman" (Ribas, 2002: 19); y 7) las representaciones de la realidad física y cultural que refieren a conocimientos más amplios respecto de la realidad aludida. De la segunda, la memoria episódica, el oyente recupera fundamentalmente el conocimiento experiencial que tiene del interlocutor, es decir, el conocimiento que posee de él y de la relación personal que existe entre ambos. Asimismo, recuperará la representación de las vivencias personales que haya almacenado en situaciones de comunicación similares.

1.3. Procesos: Procesamiento de códigos, ensamblaje, generación-contrastación

Ahora bien, esta información es tratada por diferentes procesos que aquí se dividen en tres tipos: de procesamiento de códigos, de ensamblaje y de generación-contrastación. Dichos procesos que se llevan a cabo en la memoria operativa interactúan en forma paralela (ver Figura 2).



Figura 2. Procesos psicológicos de la comprensión oral.

Los procesos de procesamiento de códigos, entendidos como una suerte de pareamiento o mapeo (Carston, 2002), son imprescindibles para explicar la interacción inicial entre información externa, percibida por el individuo, y la información interna, recuperada desde la memoria de largo plazo. Lo anterior se asocia con una activación amplia de los posibles significados del input, similar a la de las 'inferencias promiscuas' propuestas por Kintsch (1998). Sin embargo, no todo lo recuperado desde la memoria tendría la misma cantidad de activación, aquí sobresalen los significados prototípicos, entendidos por Levinson (2000) como 'interpretaciones preferidas' y explicadas por Giora (2001) como 'significados salientes'. Estos tendrían una activación mayor que el resto.

Los elementos lingüísticos a procesar constituirían un sistema organizado, el cual facilitaría la automatización del procesamiento (Bara & Tirassa, 1999) de los niveles fonéticos y fonológicos, morfoléxico, sintáctico y semántico. Por otra parte, la información extralingüística incluye algunos elementos percibidos como intencionales y otros como no intencionales. Dichos elementos no constituyen un sistema organizado, sino un grupo de símbolos asociados entre sí y dicho rasgo dificulta su pareamiento (Bara, Cutica & Tirassa, 2000). Debido a esta diferencia, el 'procesamiento de códigos' trabaja con lo lingüístico y lo no lingüístico por separado, y la unión de estos diferentes tipos de información será la competencia de los procesos de ensamblaje y generación-contrastación.

El término ensamblaje es utilizado por Gernsbacher (1990) para aludir a la construcción de la coherencia local. En el marco de esta propuesta, el proceso de ensamblaje es el que trabaja poniendo en interacción la información lingüística con la no lingüística, permitiendo la construcción y ajuste mutuo. En este ensamblaje se incluyen tanto procesos pragmáticos como discursivos. Los pragmáticos son no monotónicos e inferenciales y especifican los significados explícitos, conectando los dos tipos de información (Sperber & Wilson, 1994). En este procesamiento pragmático pueden citarse la asignación de referentes, la desambiguación de significados y el enriquecimiento (Carston, 2002). Belinchón (1998), además, les asigna el rol de lidiar con aquella información que hace al uso del lenguaje, como la referida a los actos de habla o a la cortesía. Por otra parte, los procesos discursivos son aquellos mediante los cuales el destinatario -apoyado en su representación de lo no lingüístico- integra la información contenida en cada enunciado para construir una representación global -inicialmente parcial y fragmentaria- de los significados del texto que escucha en el marco de una situación determinada (van Dijk & Kinstch, 1983; Belinchón, 1998). Para que esta noción pragmática-discursiva responda a los requerimientos de la dinámica dialogal, en el ensamblaje debiera jugar un rol principal la información proveniente del contexto. Esto se debe a que la presencia y los movimientos comunicativos de ambos participantes en la situación 'cara a cara' (hablante y destinatario en su dinámica de intercambio de roles) son construidos y actualizados por el destinatario mentalmente, en base a la interacción entre lo lingüístico y lo no lingüístico.

Finalmente, el proceso de generación-contrastación se basa, sobre todo, en el concepto de la teoría de la mente y la noción de co-construcción, según las cuales el destinatario busca interpretar la intención de aquel que le habla y captar su actitud proposicional durante el transcurso de la dinámica oral-dialógica. Una vez entrada la primera información tanto lingüística, paralingüística como extralingüística, el destinatario genera una primera hipótesis interpretativa del significado intencionado. Esta hipótesis y las expectativas activadas a raíz de ella, están atadas a la primera imagen construida de su interlocutor y sus movimientos comunicativos así como a la representación de su propia intervención en el diálogo. La hipótesis interpretativa se contrastaría de manera continua con la información que va entrando desde el procesamiento de código y el ensamblaje.

La contrastación de la hipótesis se haría de acuerdo a dos principios heurísticos:

a) Si la hipótesis interpretativa del significado intencionado coincide con la información que va entrando por el procesamiento de códigos y el ensamblaje, esta se confirma y continúa orientando la interpretación.

b) Si la hipótesis interpretativa del significado intencionado no coincide con la información que va entrando por el procesamiento de código y el ensamblaje, se realiza un salto inferencial generando otra hipótesis.

Cabe señalar que el proceso de contrastación no siempre lleva a una comunicación exitosa, ya que puede ocurrir que el destinatario genere una hipótesis no necesariamente coincidente con la intencionada por el hablante y -a su entender- la confirmara al contrastarla con lo que está procesando. Este fenómeno, en el cual la información descendente predomina, ocurre también cuando se lleva a cabo el proceso de comprender textos escritos y explica los malos entendidos en la comunicación. En el diálogo 'cara a cara', estos obstáculos podrían ser salvados porque el destinatario y su interlocutor comparten el mismo escenario, y por lo tanto, cada participante construye una representación de la interacción donde cabe esperar que los hitos de la conversación fueran negociados.

1.4. Niveles de representación

El constructo referido a niveles de representación tiene que ver con realidades mentales supuestas por la investigación, que mediarían -según Gardner (1985)- entre lo externo y lo interno y permitirían dar cuenta de la comprensión. Si bien, hay un acuerdo respecto a su importancia, los autores de las corrientes psicolingüísticas (van Dijk & Kintsch, 1983) y pragmáticas (Wilson & Sperber, 2002) han caracterizado dichos niveles de manera distinta.

Esta propuesta, sin dejar de considerar algunas de las ideas presentadas, plantea una explicación diferente para dar cuenta de la comprensión en el marco del diálogo 'cara a cara'. Ella postula la existencia de seis niveles de representación mental simultáneos e interactivos: cuatro protoniveles y dos niveles (ver Figura 3).



Figura 3. Niveles de representación.

Tres de los protoniveles son: el lingüístico, llamado también código de superficie (van Dijk & Kintsch, 1983) o forma lógica (Wilson & Sperber, 2002); el paralingüístico; y el extralingüístico, que retiene la información extralingüística que el destinatario interpreta como intencional por parte de su interlocutor (gestos faciales, movimientos corporales, por ejemplo). Estos protoniveles son considerados por quien comprende como producto del acto ostensivo de quien se comunica con él. A su vez, funcionan en el marco de un tipo de actividad y en un escenario físico y temporal, que el intérprete del mensaje internaliza y sería lo que Wilson y Sperber (2002) llaman el contexto. Esta última información constituye el cuarto protonivel de representación y almacena información no intencionada por ese hablante en particular. Ahora bien, no es posible equiparar 'no intencional' a 'no significativo convencionalmente', ya que ciertos aspectos de esta información -especialmente el tipo de actividad- sí conllevan significados interpretables a la luz de lo establecido culturalmente.

El protonivel lingüístico consiste en una representación conceptual incompleta que funciona como una plantilla o esquema para la construcción pragmática de la forma proposicional (Carston, 2002). Análogamente, se consideran como plantillas incompletas el protonivel extralingüístico y el que contiene la representación del contexto. Ahora bien, estos esquemas o plantillas se logran por el pareamiento entre la información exterior y la información ya almacenada en la memoria de largo plazo, que está a cargo de los procesos de procesamiento de códigos lingüísticos y no lingüísticos. Todos ellos contienen la materia prima de la comunicación con la cual el intérprete de un mensaje construirá los significados que cree que le quieren transmitir.

Los dos niveles de representación mental de lo comunicado, la explicatura y la implicatura, coinciden en gran medida con los planteados por Sperber y Wilson (1994). Las explicaturas son representaciones de la información explícita, producto de la interacción entre la información de los cuatro protoniveles. Mediante el proceso de ensamblaje y de generación-contrastación, esta información de fuentes diversas iría complementándose, limitándose y precisándose entre sí, tanto pragmática como discursivamente. Los significados explícitos incluyen las representaciones de los actos de habla directos, en los cuales la forma lingüística es un indicador claro de la fuerza ilocutiva, o aquellos casos de actos indirectos a los cuales los usos y las costumbres han estabilizado como formas válidas para transmitir cierta fuerza ilocutiva (Escandell, 1998). También podrían interpretarse las frases hechas, a las que Searle (1993) denomina 'metáforas muertas', o incluirse un tipo de ironía ('el falso elogio' descrito por Alonso, 1995), en las que una determinada forma lingüística, junto a una serie de indicadores no verbales intencionales y una cierta situación percibida, es interpretada por el hablante con un significado irónico. El reconocimiento de estos usos del lenguaje se aprende con la práctica continua en el seno de una cultura y una sociedad. Levinson (2000) los denomina 'significado de enunciado tipo', ya que el significado no estaría en la forma lingüística per se, sino en el enunciado concreto de la misma. Así, la explicatura aparece como una proposición (o conjunto de proposiciones) completa, desambiguada y contextualizada.

La implicatura es de orden superior y está más relacionada con el proceso de generación-contrastación de hipótesis que busca dar cuenta de la intención del interlocutor, basándose sobre todo en su teoría de la mente del otro. Las implicaturas incluyen tanto las hipótesis tomadas y descartadas, como las conclusiones a las que se llega. Son producto de procesos pragmáticos inferenciales, que permiten interpretar el significado implícito de ciertos enunciados, entendiéndolos dentro de un acto comunicativo mayor que excede lo lingüístico.

Dentro de esta propuesta, las implicaturas abarcan, entre otros, el significado de las metáforas nuevas, de las ironías de forma no prototípicas y de los actos de habla indirectos, en los cuales la forma lingüística no está asociada a una fuerza ilocutiva por la tradición discursiva. En general, el nivel de implicatura incluye la interpretación por parte del destinatario del significado intencionado, pero no explicitado por su interlocutor. Tomando prestadas las ideas griceanas y de la pragmática cognitiva, puede decirse que el destinatario de un mensaje supone que toda comunicación es cooperación (Grice, 1975) o significado compartido (Bara & Tirassa, 1999) y, además, es capaz de recuperar -de su memoria episódica y semántica- los elementos que le permiten la lectura de la mente del otro (Tirassa, 1999). A partir de allí, el destinatario es capaz de alcanzar un significado que está más allá del que podría construirse por la simple combinación de lo lingüístico y lo no lingüístico.

COMENTARIOS FINALES

El objetivo de este artículo ha sido esbozar los elementos generales constitutivos de una primera aproximación a un modelo de la comprensión del diálogo oral: mecanismo central (psicosocial), diversos tipos de información, procesos psicológicos y niveles de representación. La idea fundamental es destacar lo que caracteriza a la modalidad de comunicación dialógica 'cara a cara', y en este sentido, precisar algunos aspectos sobre la noción de comprensión oral.

De esta manera, el diálogo entendido como una interacción comunicativa, en la cual el sujeto participa alternando el rol de hablante y destinatario, conlleva consecuencias a nivel cognitivo en la construcción del significado del discurso. En la dinámica dialógica, los sujetos que comprenden deben representarse cognitiva y recíprocamente. El hecho de compartir en forma presencial la situación comunicativa, hace que ambos participantes se conviertan en elementos esenciales dentro del contexto, requiriendo por un lado, construir una imagen del otro en cada movimiento de la conversación, pero a la vez de sí mismo. Las representaciones mentales del otro y de sí mismo, cada uno con sus intervenciones comunicativas, complementan el panorama de la intersubjetividad.

Ya se ha destacado la interacción entre lo no lingüístico y lo lingüístico, en que se busca predominar en la interpretación de lo comunicado como un rasgo característico de la oralidad. Es más, LaPolla (1998) prefiere decir que, mientras en la comprensión de lo escrito lo lingüístico debe ser enriquecido por lo extralingüístico, en la comprensión oral es la información no lingüística la que transmite la mayor parte del significado, y -por lo tanto- la que debe ser especificada y precisada por la información lingüística. Esta diferencia en la relación de la información justificaría postular la existencia de protoniveles que representarían lo extralingüístico y lo paralingüístico en forma paralela a lo lingüístico y permitirían dar cuenta de su real incidencia en el destinatario que interpreta.

Se ha sostenido que la psicolingüística trata de dar cuenta de la comprensión atendiendo sobre todo a las representaciones mentales internas del individuo (Gardner, 1985). En este trabajo se han incluido líneas, como la pragmática neogriceana, la pragmática-cognitiva o la Teoría de la Relevancia, porque permiten a su vez observar el fenómeno no solo de forma intra-subjetiva, sino también ínter-subjetiva. Desde esta perspectiva, es imposible entender la oralidad si no se la comprende como una forma de interacción de dos sujetos que co-construyen un significado, actuando guiados por una lectura mutua de la mente intencional del otro, en un contexto dinámico. Asimismo, esto ocurre en un marco definido desde la cultura e internalizado por cada sujeto. La cooperación existe cuando se lee un texto, pero es real y palpable cuando se escucha a alguien en el marco de un diálogo 'cara a cara'; no depende de las decisiones e inferencias de un sujeto aislado que interpreta, sino de los ajustes que un hablante y su interlocutor hacen constante y mutuamente y en sincronía, como los pasos de una danza. En este sentido, es posible acordar con Halliday (1987), quien califica al lenguaje oral como coreográfico.

A pesar de haber podido clarificar algunos puntos clave referidos a la comunicación oral, queda todavía mucho por analizar y reflexionar. El sujeto que participa de la comunicación es más que un ente cognitivo que pone en juego procesos y construye niveles de representación en busca de una ganancia final de información o significado compartido. El proceso de interpretar se lleva a cabo en un médium afectivo, caracterizado por ciertos estados de ánimo y actitudes, productos de una historia de vida que supera el llamado conocimiento previo. Ellos influencian definitivamente el mensaje que se representa el sujeto. Esta interfaz entre lo cognitivo y lo afectivo, si bien nunca ha sido negada, no parece haber obtenido una explicación satisfactoria hasta el momento.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Dirección para correspondencia: Nina Crespo (ncrespo@ucv.cl). Tel.: (56-32) 273386. Fax: 273382. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Av. Brasil 2830, piso 9, Valparaíso, Chile.

Recibido: 21-I-2005 Aceptado: 17-VIII-2005

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Proyecto FONDECYT 1040740.