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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.36 n.53 Valparaíso  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342003005300004 

Revista Signos 2003, 36(53), 51-73

LITERATURA

Transculturación, identidad y alteridad en novelas de la inmigración árabe hacia Chile

Transculturation, identity and otherness in novels dealing wilt arab inmigration in Chile

 

María Olga Samamé B.

Centro de Estudios Árabes

Departamento de Estudios Culturales Regionales

Facultad de Filosofía y Humanidades

Universidad de Chile

Chile


RESUMEN

La inmigración árabe hacia Chile continúa vigente, debido a la situación de inestabilidad política en el Medio Oriente. Escritores chilenos de origen árabe han recreado, desde sus particulares perspectivas, este desplazamiento. Este artículo tiene dos objetivos: primero, ofrecer un acercamiento al problema de identidad y alteridad presente en la narrativa de la inmigración árabe y, segundo, establecer cómo se ha producido una pérdida de una parte de sus rasgos identitarios ancestrales. Se postula que, en las novelas, se manifiesta un problema de identidad y alteridad, durante el proceso de adaptación, inserción e integración de los árabes en la sociedad chilena, cuya identidad está en un movimiento permanente de construcción y reconstrucción. Para dilucidar esta problemática, se analizan cinco novelas aplicando conceptos metodológicos de Todorov. El resultado demuestra que la inmigración experimentó discriminación y alienación y concluye que se produjo una integración plena que ha contribuido al desarrollo de la nación.

Palabras claves: identidad, alteridad, integración


ABSTRACT

Arab immigration into Chile is still going on due to political instability in the Middle East. Chilean writers of arab descend have recreated, from their particular perspectives, this displacementent. This article has a double objetive: first, to suggest an approach to the problem of identitity and otherness in Arab immigration narrative; and secondly, to establish how the loss a part of ancestral identity traits has been produced. It is proposed that, in these novels, a problem of identity and otherness is manifested during the process of adaptation, insertion and integration of arabs in Chilean society, whose identity is in a constant state of construction and reconstruction. To elucidate this problem, five novels are analyzed, applying Todorov methodologieil concepts. The analysis shows that arab immigration experienced discrimination and alienation, concluding in a full integration that has contributed to the development of the country.

Keywords: identity, alterability, integration.


 

Un anhelo consustancial de los grupos humanos desplazados ­ya sea de manera espontánea o inducida, desde su lugar de origen a un espacio lejano y diferente­ ha sido encontrar tanto el progreso material como la tranquilidad espiritual. En la búsqueda de estos horizontes, los emigrantes han debido sopesar además situaciones políticas, sociales, económicas, religiosas, de sus respectivos terruños, las cuales, en su conjunto, se habían convertido en un obstáculo para lograr mínimas condiciones de convivencia.

Durante el siglo XIX y comienzos de XX se gestaron grandes movimientos migratorios causados por varios factores, entre los cuales se puede mencionar la aceleración demográfica, el empobrecimiento de las tierras agrícolas, el florecimiento no equitativo de la economía, el crecimiento del comercio intercontinental. En esta perspectiva, el continente americano se convirtió en un territorio que ofrecía mejores condiciones para los emigrantes procedentes de Europa y Asia. Así, impulsados por una concepción utópica del Nuevo Mundo, se orientaron hacia él con el firme propósito de prosperar y contribuir al progreso y consolidación de los países receptores.

La emigración árabe a Chile1 se inserta en este contexto y se inicia en la segunda mitad del siglo XIX. Los individuos provenían mayormente de Palestina, Siria y El Líbano, territorios a la sazón bajo la dominación del imperio turco otomano y, luego, por el sistema colonialista europeo. En este escenario imperaban heterogéneas nacionalidades, creencias, lenguas, hábitos y costumbres. Los árabes -de milenaria cultura y ahora subyugados- sobrevivían insertos en un sistema económico empobrecido, debido, entre otras causas, a la imposición de productos manufacturados europeos, en detrimento de la escasa industria local; a la merma en el desarrollo de las técnicas agrícolas y a un sistema de aparcería; a la permanente demanda de empleo; a la constante represión política y los frecuentes enfrentamientos religiosos. A pesar de esta inestable atmósfera, artesanos en perla o nácar, comerciantes en tejidos, pequeños agricultores y ganaderos, ejercían sus oficios y técnicas aprendidas en un nivel educacional no extendido, pues dependía, ya sea de una minoría religiosa cristiana occidental u oriental, ya sea de los ulemas musulmanes; y todo esto bajo la supervisión turco otomana, ejercida a través de los millet2 respectivos.

A Chile llegaron palestinos procedentes de Belén, Betyala, Bet Sahur, entre otras ciudades. Ejercían el trabajo independiente, como, por ejemplo, tallado en nácar y concha de perla, la pequeña ganadería y la agricultura. Los sirios, por su parte, provenían principalmente de Homs y Alepo. La familia se dedicaba a labores en los rudimentarios telares y, en menor escala, a la ganadería y a la agricultura. Los libaneses, en menor número, procedían de diversas aldeas y ciudades y practicaban especialmente la agricultura. Cabe señalar, además, que la mayoría de los emigrantes árabes levantinos en Chile eran cristianos de rito ortodoxo3 y su organización social predominante residía en la estructura familiar, núcleo de preservación de costumbres y tradiciones ancestrales y base de la enseñanza doméstica, ética y moral. Dirigía esta organización la figura patriarcal, la cual permitió el fortalecimiento del sentimiento de pertenencia y solidaridad de sus miembros. Precisamente, el núcleo familiar con estos rasgos definitorios fue, de alguna manera, trasplantado por los inmigrantes árabes al espacio chileno para, así, recrear una atmósfera receptora que permitiría cobijar a las siguientes oleadas de árabes, que decidieron incorporarse a esta nueva realidad.

Durante el siglo XIX -y a propósito de la migración mundial- Chile también favoreció la entrada de extranjeros, situación que influyó en la conformación social del país. Cabe destacar que el Estado actuó selectivamente al preferir a inmigrantes europeos, porque esperaba que su contribución influyera en la colonización y, por ende, en "mejorar la raza"; en el desarrollo económico y en el progreso intelectual y espiritual del país. En efecto, la presencia europea y asiática pronto se destacó por su espíritu emprendedor y laborioso en las diferentes actividades mercantiles e industriales del país, situación que despertó la animosidad del chileno, quien se vio desplazado cuando observó que las numerosas transacciones comerciales estaban depositadas en manos foráneas. El sentimiento de rechazo comenzó a manifestarse hacia fines del siglo XIX, y las autoridades gubernamentales respondieron a esta inquietud con una disminución de la emigración, favoreciendo, en su lugar, otra de carácter selectivo4. Es en este contexto cuando se produce la llegada sostenida de árabes levantinos, quienes, globalmente, no respondían a la imagen estereotipada del europeo. Por el contrario, diferían por su lengua, de sonidos inarmónicos; por su aspecto físico, extraño y alejado del ideal europeo; por su vestimenta, burda y desaliñada en relación con la del europeo. Sobre estos inmigrantes árabes en particular, una parte de la población chilena dirigirá un sentimiento xenofóbico soterrado que lentamente se aminorará cuando ese "turco" logre integrarse en esta sociedad.

El proceso de inserción de los árabes fue lento debido, en términos generales, a la desconfianza, el abuso y la discriminación de que fueron objeto. No se les concedió tierras ni lugares específicos para residir, aunque -eso sí- es preciso reconocer que hubo una política de puertas abiertas. Dado que el carácter de esta emigración fue dirigido o libre, los árabes optaron por el asentamiento disperso a lo largo del territorio nacional y desarrollando un oficio que interfiriera lo menos posible con el de los chilenos o extranjeros. De esta manera surgió la compra y venta ambulante del "falte" o buhonero, ese personaje premunido de un canasto lleno de mercadería diversas (pinches, peinetas, hilos, agujas, géneros, etc.), que voceaba sus productos en las ciudades, en los barrios, en los pueblos del país. Cuando reunió una cantidad suficiente, el "falte" se instaló con un pequeño comercio establecido: el baratillo, que le sirvió de negocio y habitación a la vez.

En las ciudades y pueblos del país nacieron los barrios comerciales que concentraron a las familias árabes levantinas, conformadas en virtud de una inmigración en "cadena de llamadas", dirigidas a parientes de la misma etnia y credo religioso. De esta manera, la familia árabe se reconstituyó e inició un proceso de adaptación. El espíritu clánico fue un factor determinante que definió el carácter del árabe inmigrante, pues le permitió arriesgarse en diversas empresas económicas, a partir del anhelo de superación y del esfuerzo permanente de sus miembros. El núcleo familiar ha sido fundamental para la cohesión y el sentido de pertenencia de los inmigrantes árabes, durante su primera etapa de inserción. Sin embargo, la adaptación y la integración al país de acogida tuvo un costo que se manifestó en la pérdida de parte de la identidad cultural, a saber: desuso del idioma árabe en los descendientes, matrimonios exogámicos, preferencia por el credo católico, decrecimiento de agrupaciones culturales y sociales árabes, entre otros5.

La escritura de la inmigración árabe en Chile

Desarraigo, añoranza, marginación, adaptación, inserción e integración, construyen, en su conjunto, los cimientos de la inmigración árabe en Chile, y han motivado a escritores chilenos de origen árabe, o sus descendientes, a recrearlos en su novelística. Desde sus particulares perspectivas, la inmigración implicó una ruptura en la continuidad y preservación de las raíces identitarias milenarias árabes. Desde otra dimensión, la temática de esta novelística se puede asumir como una contribución a la reconstrucción del canon literario nacional, particularmente referido al problema de identidad en la literatura chilena. Asimismo, se puede postular que las novelas de emigración árabe constituyen un depósito de memoria estética, en el desarrollo de una modalidad de transculturación, y representan el resultado del permanente contacto entre individuos de culturas diferentes. Igualmente, este proceso implica permanencia, pérdida o desarraigo de la cultura precedente, es decir, la árabe, y vinculación a la cultura receptora, la chilena.

Las novelas que consideraremos para observar estas características son las siguientes: Memorias de un emigrante (1942), de Benedicto Chuaqui6; Los turcos (1961), de Roberto Sarah7; El viajero de la alfombra mágica (1991), de Walter Garib8; Peregrino de los ojos brillantes (1995), de Jaime Hales9 y Nahima (2001), de Edith Chahín10.

En todas estas novelas se puede advertir que los inmigrantes llegados a Chile poseían una identidad cultural definida, a saber: eran árabes de Palestina, Siria y El Líbano, en su mayoría cristianos de rito ortodoxo y de tradiciones y costumbres ancestrales. Precisamente, estos rasgos identitarios fueron determinantes para que el otro grupo -los chilenos- les negaran el valor humano, se los marginara e, incluso, se los persiguiera. La identidad para todo grupo humano que se inserte en otra realidad se ve amenazada en sus rasgos acendrados en el pasado11.

Estos escritores visualizaron en sus novelas que los inmigrantes árabes se incorporaron a una sociedad chilena que tenía una identidad que estaba en un movimiento permanente de construcción y reconstrucción12, situación que la convirtió en una comunidad a veces receptora, otras veces intolerante, hacia esta particular minoría árabe. En este sentido, la novelística de la inmigración pone en evidencia los modo de vida de este 'otro', el árabe, sus valores, sus sentimientos, sus emociones, en fin, sus características propias, las cuales, en su conjunto, son opuestas, o no se reconocen, o están fuera de la sociedad de acogida, es decir, de ese 'nosotros', los chilenos. También las novelas destacan a que ese 'otro', árabe, se lo define desde una dimensión étnica, cuando se lo considera primitivo, bárbaro, incivilizado, porque viene de afuera y pertenece, por lo tanto, a otra realidad. De algún modo los escritores han planteado este aspecto social de la identidad, cuando recrean la situación de los árabes a los ojos de la comunidad chilena y cómo lograron superar, en virtud de la transculturación, el problema de identidad y alteridad.

Los rasgos identitarios de esta narrativa están presentes desde dos perspectivas: una relacionada con el esencialismo, es decir, como "...un conjunto ya establecido de experiencias comunes y de valores fundamentales compartidos, que se constituyó en el pasado ..."13, y que los árabes, una vez instalados en el país, preservaron en gran parte; otra vinculada a un proceso histórico, cultural de permanente construcción y reconstrucción que definía a la sociedad chilena y al cual los árabes, transidos de impronta milenaria, se incorporaron durante sus diversas etapas de integración.

Estas dos perspectivas de identidad que subyacen en la novelística se derivan fundamentalmente de la dinámica histórica que regía el modus vivendi de los levantinos, previo a su desplazamiento al Nuevo Mundo. Se trata de su estado de doble servidumbre: primero, de los turcos otomanos; luego, del colonialismo occidental. Ser súbditos del imperio les resultaba insostenible y anacrónico y, al mismo tiempo, convivir bajo el sistema occidental significaba estar bajo una profunda presión difícil de superar. La emigración obedeció a un propósito decidido de liberarse de esta situación. En Chile creyeron encontrar un nuevo y renovado espacio para reactualizar su identidad y su patrimonio cultural y civilizador; por este motivo, las novelas despliegan una identidad necesariamente básica, porque se trata de los árabes; una identidad esencialmente afectiva, porque tenían el sentimiento de ser árabes; una identidad inevitablemente cognitiva, porque los árabes tenían conciencia de ser ellos mismos y de los otros ­primero de los turcos, que los subyugaban; luego de los chilenos, la sociedad receptora­ y, finalmente, una identidad forzosamente activa, en la medida en que, ya instalados en el país, tomaron la decisión de hacer uso de su libertad, esfuerzo y perseverancia, y demostrar que conformaban una identidad de la diferencia.

La identidad es un proceso social de construcción, donde los individuos se identifican según ciertas categorías culturalmente determinadas. Los árabes las poseían en términos de etnia, lengua, religión, modo de vida, tradición y costumbres. Sin embargo, las novelas ponen de relevancia una lenta y sostenida pérdida de esta identidad. El espacio chileno se presentó unas veces hostil, otras veces receptor. Para acceder a él, los árabes debían ceder una parte de esta identidad que los convocaba, y lo hicieron con el desuso de su lengua árabe, una de las más representativas señas de identidad de estos inmigrantes. Su adaptación y comunicación exigía el aprendizaje del español, para su actividad comercial y la interrelación social. Más aún, en los descendientes se fomentaba su abandono para una integración más expedita. Su identidad también se vio afectada cuando comienzan a producir y adquirir cosas materiales, relacionadas con el consumo inmediato y con el profundo anhelo de llegar a pertenecer a la comunidad de acogida. Asimismo, las novelas revelan cómo se abandona a veces las lealtades grupales tradicionales, por ejemplo a través de la apertura a los matrimonio exogámicos, el deseo de acceder a la aristocracia chilena, el abandono y el repudio de los oficios y actividades iniciados por los pioneros inmigrantes, la opción por el credo católico, etc. En esta dimensión, las novelas manifiestan que la identidad de los árabes también experimenta, en forma permanente, la construcción y reconstrucción derivada de nuevos contextos y situaciones histórico sociales. Algunos árabes, ante la presión de los 'otros', los chilenos, se vieron en la necesidad de construirse una autoimagen que respondiera a la percepción que de ellos se tenían; mientras que otros árabes, defensores de su cultura, desearon ser reconocidos como una identidad de la diferencia y, por extensión, distinta y específica.

De igual modo, subyace en esta novelística un proceso intersubjetivo de reconocimiento de esta etnia árabe que reclama ser estimada como individuos, respetados en sus derechos y valorados por su contribución a la sociedad chilena. Estas aspiraciones impugnaban el rechazo, la exclusión y la desvalorización cultural de que habían sido objeto durante el proceso de integración.

La escritura de la inmigración levantina exterioriza también dos escenarios de identidad, emanados de los vínculos sociales y económicos que se establecieron entre los árabes desplazados y los chilenos: el primero se relaciona con una identidad culturalmente definida y arraigada en la sociedad chilena, donde los individuos, en un contexto histórico en movimiento, comparten un conjunto de cualidades, modos de ser, peculiaridades idiomáticas, tradiciones, ritos, costumbres, memoria acendrada, con los cuales se ha construido una comunidad imaginada, es decir, la nación14; el segundo atañe a los propios árabes que traían su propia identidad cultural, heredada del pasado, para insertarla en el espacio chileno como proyecto a futuro. Esta última no pudo competir con la anterior. Precisamente esta escritura ha recreado esta suerte de oposición de identidades cuando exhibe la exclusión de los inmigrantes, en sus diversos grados; por ejemplo, despliega la desconfianza que despertó el árabe durante su inserción; denota la hostilidad y la agresión que recibió el levantino en este proceso de asimilación y aceptación en la sociedad de acogida; describe diversas formas de intolerancia denominada turcofobia; particulariza algunos estereotipos construidos para calificar a ciertos árabes de usureros, ambiciosos, arribistas. Cabe consignar, además, que esta situación de marginalidad y de abandono paulatino de la identidad cultural árabe fue también consecuencia de un mundo globalizado15.

En la escritura de la emigración árabe opera una híbrida matriz identitaria en la cual converge, por un lado, una concepción esencialista de carácter atenuado, es decir, las generaciones descendientes preservan una parte de los componentes heredados de la identidad cultural árabe y, por otro, una concepción histórico cultural presente en la sociedad chilena en el proceso de reconstitución de su identidad, a la cual los inmigrantes y su descendencia se incorporan, pero, al mismo tiempo, excluyen una parte de sus rasgos identitarios que los definen.

Identidad y alteridad en la novelística chileno-árabe

El proceso de adaptación, asimilación e integración de los inmigrantes y sus descendientes se produjo cuando la sociedad chilena experimentaba complejas transformaciones históricas, sociales, políticas, económicas y culturales. Estas forjaron determinadas matrices de pensamiento que han influido, según Larraín, en la construcción y reconstrucción de la identidad chilena, y, por extensión, han afectado la conservación de las esencias identitarias de los inmigrantes árabes. Establecer cómo se ha producido esta pérdida lenta y sostenida de una parte de sus rasgos definitorios, en el contexto de esta sociedad chilena, es el propósito de este estudio.

En torno a las novelas

Memorias de un emigrante, de Benedicto Chuaqui

Esta obra responde a un proyecto de vida de su autor. Escribe las nostalgias de su pasada existencia, determinada por algunos episodios cruciales de su ontogénesis, a saber: la infancia en su tierra natal homsíe, la añoranza de su familia, la venida a Chile y su incorporación e inserción en esta sociedad. Se trata de una obra motivada por el deseo de recuperar ese pasado y recorrer los lugares lejanos, casi desaparecidos. Su memoria, entonces, se convierte en una reconstrucción interpretativa y subjetiva de una realidad histórico-social. Es un proyecto individual de la propia conciencia haciendo historia -o una intrahistoria- de los hechos cotidianos y anecdóticos, tanto de su vida en Homs como en Santiago de Chile. Muestra una parte de su niñez y una parte de juventud e, indirectamente, su vida de inmigrante en este país.

La memoria es el fundamento de la narración. El autor Chuaqui rememora y, a la vez, establece un pacto literario en que el autor, el narrador y el personaje se identifican. Esta triple identidad asegura la autopercepción del yo enunciador que narra desde dentro de su propia historia. El yo y las marcas de su presencia dan cuenta de la subjetividad, la que se confirma con el uso de deícticos demostrativos, adverbiales y adjetivos que organizan el discurso témporo-espacial del narrador. El grado de conocimiento del narrador-personaje se encuentra subjetivado por la función escritural de la memoria: escribe para volver a revivir parte de su vida que convierte en materia de arte. Su nivel epistemológico abarca la temporalidad del pasado, desde la perspectiva de su presente; tiene competencia selectiva para narrar aquello que considera digno de ser contado y mostrado. Esta doble concepción del tiempo obedece a la visión epistemológica del narrador que recuerda, con satisfacción, los éxitos de su vida, matizándolos con la nostalgia del ayer, que cimentó la base de su individualidad. Así, el autor realiza una valoración del pasado vivido con esfuerzo y que, ahora, forma parte de su conocimiento, puesto que la experiencia obtenida se ha transformado en conciencia. Ha realizado una selección positiva de su ontogénesis, al rescatar situaciones emotivas y dolorosas de su transitar pretérito.

La disposición de la narración es ab ovo. Es un proceso continuo que abarca varios años a partir de la construcción de la memoria. Se divide en dos partes: la primera, corresponde al terruño natal, con situaciones alegres y dramáticas de la vida familiar y concluye con la venida a Chile. Con estas descripciones el autor reafirma su identidad y pertenencia a una realidad-otra y diferente. La segunda parte se refiere a la actividad comercial y a su vida cotidiana en Santiago, no exenta de intolerancia. Esta coexistencia le permitió concluir que los espacios sirio homsíe y el santiaguino no diferían notablemente, pues en ambos había debilidades y diferencias sociales y económicas, rasgos que le permitieron vincularse a esta otra realidad cultural chilena y, al mismo tiempo, preservar incólume su pertenencia espiritual y emocional a la cultura ancestral árabe.

Los turcos, de Roberto Sarah

Globalmente esta novela interpreta la inmigración árabe palestina en Chile a través del despliegue de cuatro espacios determinantes: el primero se relaciona con la vida cotidiana de unos jóvenes residentes en Belén y sus alrededores; el segundo comprende el viaje marítimo de los mismos con destino a América, con una detención en Buenos Aires, y otro viaje cordillerano hasta Valparaíso, lugar donde realizan el oficio de buhoneros; el tercero relata varias situaciones que afectan a un personaje después del terremoto de 1906, en Valparaíso y en Santiago; y, en el cuarto, la narración se centra en la vida social y en las ambiciones políticas de un personaje que concluyen en la amargura de la derrota.

La novela se articula in medias res y contiene breves analepsis y algunas expresiones dialectales árabes palestinas. Envuelven al relato diversas atmósferas en las cuales se alternan, entre otras, la alegría y el dolor, el desarraigo y la añoranza, la aprehensión y el éxito. Según la periodización de Cedomil Goic16, Los turcos pertenece a la generación de 1942 y comparte ciertos rasgos de la tendencia neorrealista vigente, relacionada con la representación de mundo de una clase social emergente y marginada como, en este caso, son los árabes inmigrantes que, con gran esfuerzo y perseverancia, logran, hasta cierto punto, un reconocimiento social, a pesar de su condición de 'turcos', erróneamente atribuida. La voz narrativa se sitúa con relativa objetividad para contemplar e interpretar el derrotero de los árabes inmersos en una sociedad renuente. El narrador se inclina hacia su mundo con simpatía, solidaridad y emotividad. Destaca el tesón permanente de los árabes para vencer los obstáculos sociales; describe la interioridad, pensamientos y sentimientos de estos personajes, junto a los acontecimientos sociales que los circundan17.

La novela se orienta hacia una interpretación de la realidad desde una perspectiva social. Los jóvenes inmigrantes se enfrentan a una sociedad chilena prejuiciosa y discriminatoria, diferente de aquella imagen positiva que surgía de las cartas enviadas por los parientes y amigos radicados en Chile. Inmigrantes y descendientes se convierten en una clase marginada; no obstante, participan en las transformaciones económicas, sociales y políticas de la nación, hasta alcanzar un lugar destacado en la sociedad e, incluso, uno de sus miembros logra convertirse en candidato al sillón presidencial. En este sentido, la novela revela la discriminación e intolerancia incesante hacia los inmigrantes árabes, pero también denuncia la segregación que realizaron los propios árabes enriquecidos hacia sus hermanos de etnia y que han olvidado su origen de trasplantados a una nueva tierra.

El viajero de la alfombra mágica, de Walter Garib

El autor de esta novela se inspiró en un hecho real que afectó a una familia aristocrática chileno-árabe, en la década de 1960, en la capital. Es un relato laberíntico, articulado in medias res, con fracturas témporo-espaciales. Con respecto a los personajes, el narrador es equiescente, además de forjador de imágenes y de situaciones específicas que rehusa interpretar. Esta misión la asume el narratario, quien debe descubrir y recomponer la historia narrada y emanada del mosaico de voces que reescriben la historia de la familia Magdalani, escritura enmarcada por acontecimientos históricos reconocidos por el lector y que refrendan el realismo de esta obra. En efecto, la novela surge a partir del recuerdo objetivado de Bachir cuando, desconcertado y abrumado, contempla el saqueo de su mansión, efectuado por unos jóvenes aristócratas chilenos. Bachir es el nieto de Aziz, el pionero palestino inmigrante y fundador de la familia Magdalani, quien se negó a enrolarse en el ejército turco-otomano y se embarcó hacia Sudamérica. El itinerario de Aziz comprende la travesía atlántica, el puerto de Río de Janeiro, Buenos Aires, el viaje fluvial a través del Paraguay, El Chaco, Cochabamba, la frontera del norte chileno e Iquique. Los descendientes de Aziz dilapidan el patrimonio; se trasladan a Valparaíso y reactivan el oficio de buhoneros, hasta estabilizarse económicamente. Más tarde, se desplazan a Santiago y los descendientes se convierten en prósperos industriales. Bachir y su familia, ensoberbecidos por el éxito económico, anhelan obtener otra posición social y abjuran de sus ancestros, pero la aristocracia chilena los sanciona.

En esta novela concurren elementos oníricos y fantástico-maravillosos, contextos históricos, políticos y sociales, los cuales acreditan el irrealismo de la misma18 e interpretan el imaginario colectivo del ser latinoamericano. La reconstrucción de la familia Magdalani despliega una crítica social hacia cualquier descendiente de inmigrante que abandona y fomenta la desvalorización de la tradición de sus ancestros. Esta familia encarna los valores de una cultura ancestral y plantea un problema de identidad y alienación en los árabes descendientes.

Peregrino de ojos brillantes, de Jaime Hales

El tema de la emigración árabe en Chile se desarrolla en esta novela desde una dimensión mágica y misteriosa. Los diversos planos de su representación se tornan sorprendentes, irreales, inestables, y responden a la interpretación de un cosmos en "...una suerte de creación en estado naciente, imbuida de ludismo y de imaginación extremada..." 19. Es un relato sugerente donde el mundo onírico y predictivo articula el quehacer del personaje principal, Youseff (José), el cual, en virtud de coincidencias inefables, descubre su inesperado destino.

La novela se estructura en veintiún capítulos, precedido cada uno de ellos por un epígrafe explicativo de las cartas del tarot. El capítulo uno -que sirve de marco para los veinte restantes- presenta a un personaje testigo que evoca la agonía de su abuelo José, el inmigrante palestino. A continuación, el narrador se distancia en tercera persona y relata la llegada de José a Chillán, los recuerdos de su vida en Palestina y su decisión de aventurarse en tierras americanas, especialmente en las chilenas. Instalado en el país, recibe la ayuda de amigos inmigrantes palestinos y chilenos. Pero esta venida de José responde a un propósito definido que se revela en la epifanía del relato: desde pequeño había tenido sueños, imágenes y voces extrañas que lo instaban a viajar a estas latitudes sureñas. Se trataba de recuerdos extraños y misteriosos que entrañaban otra historia mágica y trascendente de una promesa incumplida y relacionada con el Monte Carmelo de Palestina. Ahora, instalado en el sur del país, se produce la realización mística y el encuentro de la fuente amorosa de su destino. Chile y Palestina eran dos espacios donde se estableció un nexo de seres unidos en la preteridad.

Nahima, de Edith Chahín

A través de esta novela biográfica20 la autora rinde un sincero homenaje a su madre Nahima, inmigrante siria en Chile. Es una obra en la que se expresa el dolor de la separación, el desarraigo y las dificultades de la adaptación e inserción de una mujer en esta sociedad chilena. Se estructura en dos partes: la primera se titula 'Siria', y comprende doce capítulos. Narra la historia de una mujer, Nahima, educada en la tradición y costumbres ancestrales. Casada a los quince años debe abandonar su tierra, debido a la persecución del ejército imperial turco. Aventuras, incidencias, huidas subrepticias, beduinos protectores, enfermedad, nostalgia y dolor, constituyen algunos de los episodios que rodean la existencia de la protagonista. La segunda parte, denominada 'El viaje', abarca quince capítulos y relata el reencuentro con parientes y amigos. La travesía cordillerana lleva a Nahima y su familia a instalarse en Santiago y, cuando enviuda, en San Antonio21. La fuerza, la perseverancia y la confianza en sí misma caracterizan los pilares de su devenir. Su longevidad la convierte en testigo no solo de los acontecimientos históricos y sociales del siglo XX, sino que también la hace padecer con dolor y tristeza la pérdida irremediable de la identidad que la diferenciaba.

Este acto escritural, en tercera persona, con intervenciones de la autora virtual, a través de una tipografía diferente, informa cómo y porqué se efectuó la boda de su madre, las costumbres familiares sirias, el procedimiento turco de reclutamiento, el itinerario de sus padres rumbo a Sudamérica, la construcción del ferrocarril en Chile, la hagiografía de San Elián, algunos sucesos políticos acaecidos en 1973, que comprometen a la propia autora, etc. El mundo totalizador responde a los deseos de la autora para perpetuar los acontecimientos que rodean la vida de Nahima, reconstruir su trayectoria vital, configurar su personalidad, dar testimonio de vida de una inmigrante siria ejemplar.

El problema de identidad y alteridad en las novelas

La presencia árabe en Chile se puede asumir como una conquista de un espacio a través del esfuerzo personal y colectivo, el trabajo inclaudicable, la aceptación de la lengua y la cultura de la sociedad receptora. En la actualidad, los inmigrantes árabes y sus descendientes se encuentran plenamente integrados en el espacio chileno, el cual -según Jorge Larraín- posee una identidad cultural en permanente construcción y reconstrucción, inmersa en un proceso de globalización que la determina. Se trata, además, de un espacio que posee una identidad macrosocial, porque incluye identidades parciales, como son, por ejemplo, las vernáculas y las inmigrantes, las cuales se superponen, sin negarse las unas a las otras, pero -eso sí- diferenciándose. Según Todorov, la identidad supone la identidad del otro; es la cuestión del otro. En este sentido, la novela de emigración árabe en Chile recrea esta situación de identidad y alteridad en una sociedad que está en un proceso de cambio cultural y material permanentes. Los árabes, por un lado, pretenden conservar, en lo posible, sus rasgos identitarios culturales y, por otro, desean acceder a esta nueva identidad cultural chilena. Para despejar algunas de las variables que articulan este proceso de inserción de los árabes en Chile, presentes en la narrativa de inmigración, se propone dilucidarlas con los instrumentos conceptuales todorovianos del 'descubrir', 'conquistar', 'conocer' y 'amar'.22

El descubrir

La percepción que tenían la mayoría de los árabes, antes de viajar a América, provenía principalmente de las cartas de parientes y amigos radicados en Chile. Ellos instituyeron la "llamada en cadena", y daban cuenta de un espacio prometedor para el asentamiento y el desarrollo personal y colectivo. Casi todas las cartas señalaban a una América potencialmente riquísima; de gente amable y acogedora y de una existencia armónica y en libertad. Pero otras cartas avivaban el recelo y la mirada censora de los parientes árabes, cuando reseñaban un espacio relajado y de vicios inconfesables.23

El descubrir de América -en particular, de Chile- fue además motivado por determinadas situaciones. Uno de ellos fue el enrolamiento obligatorio para servir los intereses militares del alicaído imperio turco y que provocó una presión física y psicológica en los jóvenes árabes de la región levantina. Esta causa estimuló la huida de Aziz Magdalani a América "...el mismo día en que cumplió edad para ingresar al ejército turco... 'Haré cualquier cosa', le dijo a su madre cuando la mujer le entregó de sus propios ahorros cuánto poseía..."24. Situación similar se le presentó a Yusef (José), el esposo de Nahima, cuando decidió huir con la familia a Buenos Aires, para evitar la persecución de la milicia turca, la cual "...pretendía utilizar a los sirios para frenar los ataques en sus fronteras... Los jóvenes sirios debían presentarse, hubiesen hecho o no el servicio militar..."25. En Chuaqui, sin embargo, fue una situación familiar determinante la que le permitió descubrir Chile: dos tías suyas viajaban al país para reunirse con sus esposos, y su abuelo decidió acompañarlas para traer de vuelta a sus hijos de vida disoluta, contraria a las tradiciones árabes. Chuaqui -que tenía a la sazón trece años- se unió al grupo, aun cuando conocía la imagen deplorable del país que describían las cartas de algunos inmigrados. Precisamente, en las Memorias...el autor transcribe cómo descubrió paulatinamente una sociedad diferente, la cual, a la postre, lo cautivó: "...Chile es ahora mi patria realizada, en todo cuanto hay de grande, de ideal y de hermoso..."26. En cambio, en la novela Los turcos, cinco jóvenes palestinos, hastiados de la miserable rutina laboral y estimulados por el deseo de aventurar, se entusiasman con las descripciones que hacen parientes y amigos de América, tierra de riquezas auríferas: "...Sabéis... que en Argentina los ríos suelen llevar oro..."27. Estos personajes estaban seguros de que en América se podía prosperar y regresar al terruño en poco tiempo: "...¡Marcharnos de Palestina, conocer otras gentes, trabajar algunos años y hacernos ricos!... ¡Volveremos con dinero y seremos respetados!"28. Pero, en la novela de Jaime Hales, se presenta el descubrimiento de Chile desde una dimensión poética, por cuanto se trata de la búsqueda de la realización de una profecía y que reúne a dos espacios, extrañamente relacionados por el nombre simbólico de Carmen.

Algunos árabes viejos y pobres, que no tenían recursos económicos para viajar, intuían que este espacio era una posibilidad segura para el progreso de los jóvenes levantinos, a los que solían aconsejar: "...allí hay más esperanza de ganar dinero. Todos los jóvenes de tu edad debían hacerlo, pues de ese modo se hacen hombres..."29. No obstante, descubrir estas tierras no siempre satisfizo las expectativas de los inmigrantes, en particular cuando alguien regresaba derrotado de América: "...Volvía cargado de oprobio, con menguados ahorros, agobiado de desencanto y sin otra esperanza que trabajar y morir en la pequeña aldea de Belén..."30.

En cuanto a las mujeres inmigrantes árabes, diversas motivaciones las indujeron a desplazarse hacia Chile. Unas llegan para dar cumplimiento a los compromisos familiares que las vinculan a los varones a través de los matrimonios concertados. En este ámbito resulta paradigmática la novela El viajero de las cuatro estaciones, de Miguel Littin31, donde el personaje griego -que también huye de la presión turca- se embarca rumbo a Chile. Durante la travesía se convierte en el salvador de las honras de treinta y nueve mujeres árabes que viajaban solas para reunirse con sus desconocidos esposos. Y son las mismas mujeres que se reúnen en torno al agónico héroe para agradecerle y decirle "...Somos tus mujeres ...¿Nos recuerdas Sidi?...se alejaron suspirando, murmurando en árabe, susurrando el dolor del tiempo ya perdido..."32. La mayoría de estas mujeres eran enviadas por sus padres para casarse y viajaban con familiares o amigos. También existía la posibilidad de que algún inmigrante, estabilizado económicamente en Chile, decidiera, motu proprio, regresar al suelo natal y buscar una esposa de su preferencia, tal como lo exige el futuro esposo de Nahima: "...he venido desde ese país tan lejano a buscar novia a mi patria. Quiero una mujer recatada y discreta, sencilla y obediente. Yo la ayudaré a madurar y a ser valiente, decidida y audaz. Necesito que mi esposa sea toda una mujer..."33.

Un aspecto significativo del descubrimiento del espacio chileno se iniciaba con el viaje marítimo y, luego, con la travesía cordillerana. El primero duraba alrededor de un mes. Estos inmigrantes viajaban en tercera clase, donde las condiciones de vida eran insoportables pues "...el hacinamiento, la fetidez, el llanto de los niños, el chillido de las ratas empecinadas en disputarse los restos de comida, constituían un ultraje para quien deseara dormir con alguna dignidad..."34. Una vez desembarcados en el puerto de Buenos Aires, algunos inmigrantes quedaban bajo el amparo de las familias y amigos; otros, estimulados por las noticias de Chile, se animaban a cruzar la cordillera a lomo de mulas. La travesía de los macizos andinos se convirtió en una odisea imborrable para estos viajeros, expectantes ante la incertidumbre del nuevo hogar.

Descubrir el espacio humano chileno provocó diversos sentimientos en los inmigrantes. Algunas novelas ponen de relieve la figura del arriero chileno transandino, de cuya experiencia y criterio dependieron las vidas de los inmigrantes. Chuaqui, por ejemplo, recuerda la ayuda generosa y paternal de un baquiano, contrastándolo con la mala impresión que le produjeron parientes sirios: "...Aquel hombre, mi compañero de viaje en la cordillera, abrió una puerta de esperanzas a mis sueños. En cambio, mis parientes, las gentes de mi raza, me producían una honda decepción..."35. También hubo familias chilenas que proporcionaron ayuda y solidaridad a los recién llegados: "...La amistad se fue profundizando hasta llegar a tener tal confianza que ambos, marido y mujer, llamaban de vez en cuando a su puerta y entraban para ver cómo estaban...porque desde el patio escuchaban sus sollozos... Nahima siempre recordó esa etapa de su vida con cariño y a Inés y a Vicente con gratitud..."36. Sin embargo, la mayoría de los inmigrantes percibió, desde un comienzo, una atmósfera de rechazo porque se los marginó, ya sea por su aspecto desaliñado, ya sea por su particular idioma cuando realizaban el oficio de "falte": "...Con sus canastas desbordando de las más heterogéneas mercancías...constituían una figura demasiado pintoresca para que pasaran inadvertidos, además de que su lenguaje se reconocía a la distancia. Algunos solían seguirlos, lanzándoles insultos... ¡Turcos!... ¡Turcos!"37. El descubrimiento de un espacio social intolerante permitió a los árabes darse cuenta de que constituían una identidad de la diferencia y, por ende, eran individuos no iguales al otro. A pesar de esta situación de menoscabo, los inmigrantes árabes se dispusieron a vencer esta intolerancia con la tenacidad laboral. De esta manera, se daba inicio a la siguiente etapa de su inserción: la conquista del otro.

El conquistar

La mayoría de los inmigrantes árabes albergaba el propósito de enriquecerse en esta tierra chilena y luego regresar donde los suyos, cuando las condiciones políticas así lo demandaran. Sin embargo, la distancia desmesurada que los separaba de su suelo natal, los altibajos laborales, derivados de la atmósfera de intolerancia que los rodeaba; la reconstitución de la familia nuclear tradicional, la creación de instituciones que los convocaban, fueron condicionantes que postergaron, casi completamente, estos deseos de retorno. Permanecer en el país significó, desde otra dimensión, someterse a las reglas del juego impuestas por la sociedad de acogida, y estas fueron: aprender el idioma español, soportar las burlas, humillaciones y engaños, acomodarse al modo de ser del chileno, respetar sus costumbres y tradiciones, cambiar sus hábitos alimenticios; en fin, ceder paulatinamente una parte de su identidad. Además, los inmigrantes tuvieron que soportar la segregación de ciertos políticos que propiciaban la llegada de una "raza superior", y la condena de algunos sectores chilenos interesados en su expulsión, porque se acusaba a los "turcos" "...de las cosas más absurdas. Eramos tratantes de blancas, introducíamos el tracoma ...y hasta comerciábamos con drogas heroicas..."38. En definitiva, conquistar al otro fue una empresa compleja y difícil, pero lo hicieron con las armas de la perseverancia, el trabajo y el deseo íntimo de contribuir con el futuro de la nación.

Su primer desafío fue aprender el idioma español, pero su lento aprendizaje por algunos de ellos y la particular pronunciación produjo en los chilenos risas y burlas por doquier: "...Muchas bromas me hicieron algunos 'graciosos' ...Necesitaba comprar carbón y pregunté a un vecino el nombre español de este combustible ...lo escribí en un papel, Pero el bribón me hizo poner 'cabrón'. Fui repitiéndola hasta llegar al deposito de leña ...al oírme decir 'Véndame cabrón' ...al vendedor le faltó poco para darme una paliza..."39. Conocer el idioma de la sociedad de acogida se convirtió en una modalidad significativa para la conquista del otro: "...Se expresaba Mitri en castellano con corrección... se esmeraba en la dicción y en la sintaxis, empleando las formas verbales propiamente..."40. Asimismo, los árabes transigieron y cedieron una parte de su identidad a través de sus nombres escritos o traducidos alterada y erróneamente al español. Esta situación se produjo en la aduana y en la inscripción legal comercial. Chuaqui recuerda al respecto que, en una reunión familiar, se decidió cambiarle su nombre Yamile a Camile, por su afinidad fonética y para que "...fuera más accesible a los clientes...", luego, a Benedicto, porque tenía "...un significado muy grande..."41.

La conquista del otro se inició con el comercio ambulante en los barrios periféricos de la ciudades y pueblos apartados del país. Posteriormente se instalaron con sus negocios establecidos o baratillos. De esta manera tomaban contacto con los sectores humildes de la sociedad chilena a los cuales vendían sus variadas mercaderías, otorgando a veces facilidades de pago. Otros árabes se especializaron en un oficio determinado: "...El, por su parte, enseñó al sastre a distinguir las telas a ojos cerrados, adivinando incluso su color...lo ayudó a elegir las piezas de género del tamaño adecuado para sacar partido a las medidas que usaba..."42. El acercamiento al otro no tuvo en todos los árabes un efecto positivo. La conquista del otro fue lento, difícil y doloroso. La novela de Roberto Sarah ejemplifica estas características: los personajes viven en sectores humildes de Valparaíso; están insertos en un ambiente hostil, donde se les censura su manera de hablar, de vestir y de comer; se los observa con curiosidad, dudando de su humanidad.

A veces esta conquista del otro fue vertiginosa y provocó un rápido ascenso y reconocimiento social de ciertos árabes y fomentó una actitud distante hacia los coterráneos inmigrantes, pues "...habían quienes se avergonzaban de su origen, ocultándolo delante de sus amigos y condiscípulo ...asegurándoles, por ejemplo, que sus padres eran griegos o rumanos..."43. Cabe señalar que pocos inmigrantes accedieron a conquistar un espacio vital, por cuanto la intolerancia del medio social fue superior a sus expectativas de superación. Un paradigma de los árabes que regresan a sus terruños es el personaje Jalil, de la novela Los turcos, quien no pudo resistir la discriminación, y volvió "...cargado de oprobio, con menguados ahorros, agobiado de desencanto y sin otra esperanza que trabajar y morir en la pequeña aldea de Belén..."44.

Durante el proceso de la conquista del otro, y a pesar del ambiente de segregación, los árabes preservaban, en lo posible, tradiciones, ritos y costumbres ancestrales; por ejemplo, temían desafiar a la familia y practicar la exogamia; mantenían coherencia entre sus miembros pues, en virtud de ella, se reafirmaba la identidad; conservaban el honor colectivo, pues allí estaba cifrado un sistema patriarcal; creaban instituciones para que se realizaran diversas actividades culturales y sociales; accedían a las casamenteras para sus enlaces; celebraban sus fiestas con comidas típicas, etc.

En definitiva, se produjo la conquista del otro cuando los árabes demostraron su esfuerzo y trabajo constante en un medio predominantemente adverso. Con el tiempo, esta tenacidad va a aminorar paulatinamente la hostilidad de numerosos chilenos, la cual se transformará en un sentimiento de afecto y amabilidad hacia los incorporados.

El amar

Esta tercera modalidad todoroviana despliega la inserción, adaptación e integración de los árabes en el espacio del otro, y plantea también diferentes formas de aceptación y de intolerancia hacia los mismos.

Las Memorias ...de Benedicto Chuaqui se convierte en un documento histórico y literario de las cuatro primeras décadas del siglo XX. Sus páginas expresan un profundo sentimiento hacia la gente chilena que lo acogió y le brindó un lugar para establecerse y construir su hogar. Estas "tierras de milagros y de leyendas" le oyeron proclamar: "¡Cosa tenda!" (¡Vendo cosas de tienda!) para subsistir. Para él, amar a Chile y a sus habitantes fue una tarea cotidiana: aprendió su historia, celebró sus festividades, degustó sus platos típicos y los prefirió a los de su Siria natal. Reconoció en los chilenos sus defectos y sus virtudes; evocó a amigos que le dejaron una huella imborrable en su memoria. En definitiva, Chuaqui experimentó la igualdad con el otro, superó las diferencias y concilió su identidad biológica con la identidad cultural: "...Amando a mi tierra de la infancia, teniendo muy adentro, fuerte y vivo, el sentimiento de mi raza y anhelando para Siria un supremo bien de libertad y de dignidad, yo no sería sincero si no dijera que también me siento chileno ciento por ciento. Ese chileno que se emociona oyendo la Canción Nacional.."45.

En la novela Los turcos, la percepción del 'amar' es más compleja. En sus inicios de "falte" los inmigrantes árabes recibieron la burla constante y el trato despectivo. Los chilenos no reconocen a estos esforzados trabajadores como individualidades humanas ni en su calidad de sujetos y, por ende, se los coloca en un plano inferior. Puesto que en esta novela a los "turcos" no se los ama ni se los comprende, ellos deben optar por la cohesión del grupo. El concepto de amar se despliega a través de la preservación de una parte de los rasgos identitarios ancestrales árabes. Es en este ámbito donde los inmigrantes pueden conservar un principio de igualdad e identidad cultural. En este sentido, los personajes de esta novela se convierten, a su vez, en símbolos de esta forma de identidad: Hanna, representa a los árabes que respetan la tradición ancestral y, al mismo tiempo, 'ama' a la patria chilena que le permitió desarrollarse; Salvador, hijo del anterior, se convierte en el símbolo del candidato presidencial que representa a la diversidad étnica, social y política del país; 'ama' a su patria chilena y se propone resolver sus problemas. Sin embargo, también se observa en esta novela la oposición igualdad-desigualdad: son árabes, pero de distinta situación económica, y la oposición identidad-diferencia: son árabes por su lengua y cultura, pero el poder económico los hace diferentes.

La novela El viajero de la alfombra mágica retrata el periplo de un inmigrante palestino que se desplazó por varios lugares de Sudamérica y logró, por una parte, fundar en Chile una dinastía ejemplar de los árabes perseverantes y, por otra, construir una familia unida por la tradición milenaria, pero, al mismo tiempo, abierta a la integración. Pero esta forma de 'amar' a la tierra de adopción y, a la vez, a los ancestros se extingue con la tercera generación de los Magdalani, a través del arribismo de algunos árabes. En este caso, la igualdad de ser culturalmente árabes se degrada en una identidad que no les pertenece. Así, cuando Bachir Magdalani niega a sus ancestros buhoneros e inventa un entreverado árbol genealógico, de raigambre medieval europea, lo impulsa una necesidad de ser otro, de pertenecer a los chilenos, es decir, en términos todorovianos, la diferencia se degrada en desigualdad. Cuando la sociedad aristocrática chilena destruye la mansión de Bachir Magdalani es para advertirles que, en este ámbito, prevalece una jerarquía y no una igualdad.

Las mujeres inmigrantes que viajan a Chile con sus esposos constituyen otra modalidad del concepto de amar, por cuanto su 'amar' está referido a la preservación de una identidad biológica y cultural árabe. Las inmigrantes, y gran parte de las descendientes, se transformaron en un instrumento de unión y afirmación de las estructuras tradicionales, pues consolidaron el núcleo familiar, defendieron ritos y costumbres ancestrales, acataron los privilegios del sistema patriarcal y resistieron, en general, las condiciones de la sociedad receptiva; así, por ejemplo, en Nahima se sintetiza a la mujer renuente a la adaptación: "...Según mi criterio, aprendió el idioma con demasiada lentitud. Siempre tuvo una especie de indiferencia hacia lo que no fuese sirio, se puede decir que más que indiferencia era desprecio..."46.

Este plano del 'amar' en el mundo representado de las novelas permite descubrir que la adaptabilidad, la integración y la inserción de los inmigrantes y los descendientes árabes en la sociedad chilena fue permanente, por cuanto buscaban ciertas condiciones para la afirmación de una igualdad con ella. No obstante, esta búsqueda significó, a su vez, la renuncia de una parte de su identidad cultural y la confirmación de ser una identidad de la diferencia, es decir, la condición de ser otro.

El 'conocer'

Todorov señala que es posible establecer las relaciones con el otro, a través de tres ejes en que se despliega la problemática de la alteridad y que subyace al interior del 'conocer'. Estos ejes son: el plano axiológico, el plano praxeológico y el plano epistémico.

Las novelas, en el plano axiológico, ofrecen determinados juicios de valor respecto del otro. En las Memorias, su autor presenta un testimonio de vivencia personal y realiza un panegírico del país de adopción. Descubre en los chilenos actitudes y comportamientos de singular fraternidad, pues, para él, son individuos sin rencor, caritativos, hospitalarios alegres, con un acendrado sentido patriótico y amor a la libertad. Todos estos rasgos constituyen, en su conjunto, las cualidades permanentes de los ciudadanos de esta tierra. De tal manera que, conocer el espacio chileno, comprender e interpretar su modo de vida, permitió a Chuaqui experimentar una profunda asimilación que limita con un principio de igualdad con el otro, pero que -eso sí- no alcanza a ser una identificación, porque en él está siempre presente su identidad cultural.

Los turcos representa una sociedad chilena jerarquizada, donde a los árabes se los considera desiguales e inferiores. Estas características se manifiestan particularmente cuando los inmigrantes son envilecidos y burlados porque no hablan el idioma del otro. Según Todorov, "...cada quien es el bárbaro del otro, para serlo basta hablar una lengua que ese otro desconozca: no será más que un borborismo para sus oídos..."47. Asimismo, el título de esta novela simboliza esta no pertenencia a la sociedad receptora. Desde un comienzo se desconoce su identidad: los chilenos no los aceptan porque son usurpadores de sus trabajos, tienen costumbres diferentes, suelen marginarse, etc.

Cabe señalar la recepción espontánea del indígena y el citadino hacia el inmigrante árabe en El viajero de la alfombra mágica. Esta atmósfera acogedora favoreció la socialización del grupo, la independencia económica, la alianza comercial con otras etnias inmigrantes, la cual incidió además en la práctica de la exogamia. Esta apertura hacia el otro fue excedida por el árabe arribista que deshonró a la familia y fue humillado por la sociedad chilena. En este caso se produjo un intento de identificación con el otro que condujo al fracaso.

La obra de Jaime Hales centra su mirada en la realización de una profecía. Desde esta perspectiva, la tierra del sur de Chile, con su gente y otros inmigrantes de diferentes etnias, adquiere una dimensión positiva, pues se asemeja a la tierra y a la gente palestinas. Es el espacio donde se va a realizar el ritual amoroso de dos seres vinculados en el tiempo.

El ámbito femenino representado por Nahima y por las árabes inmigrantes de la novela de Littin considera que la sociedad receptiva ha condicionado la existencia de sus esforzados esposos, quienes han debido soportar diversos grados de discriminación. Estiman que ellas son las depositarias de la tradición familiar.

El plano praxeológico permite situar la problemática de la alteridad desde una posición de acercamiento o alejamiento respecto del otro. En todas estas novelas se produce un acercamiento voluntario hacia el otro, acción que va a revelar diferentes modalidades de aceptación. En las Memorias se muestra a un sujeto que se acerca al otro para subsistir. Para ello adopta sus valores y los asimila a su identidad. Esta aproximación se produce porque el autor-narrador Chuaqui llegó a Chile siendo un niño; aprendió el español oral y escrito, adoptó como propias las celebraciones, las costumbres y las tradiciones chilenas, las cuales, a la postre, influyeron en el desarraigo de su tierra natal. Distinta situación se presenta en Los turcos, porque en esta novela predomina el alejamiento del otro en relación a los árabes. Los chilenos no obliteran la condición de "turcos" o extraños que tienen estos inmigrantes y sus hijos; los árabes sienten que han perdido su patria natal y la patria adoptiva y no se les reconoce su calidad de sujetos que han contribuido al progreso de ella; por consiguiente, en Los turcos sus personajes viven una doble exterioridad. Ejemplo de esta situación se presenta en la figura de Salvador Nabal, descendiente, abogado, casado con una aristócrata chilena, de tendencia izquierdista, y candidato presidencial. Previo a su eventual triunfo, los empresarios chilenos disuadieron a la población con letreros prejuiciosos: "...'¡No permitas que un turco nos gobierne!'..." "...'¡Vota patrióticamente por un candidato de tu país y de tu raza'!48.

El acercamiento voluntario para adoptar los valores del otro y asimilarlos a la propia identidad repercute en la pérdida de la identidad árabe de la tercera generación Magdalani, en la novela de Walter Garib. Precisamente el vector que conduce al arribismo fue el intento de identificación con los valores del otro y la negación vernacular. La sociedad aristocrática chilena intransigente reacciona con violencia hacia los árabes que han renegado y desvalorizado a sus ancestros: "...esa familia de arribistas debía recibir una sanción moral, una clara demostración de repudio por su afán trepador..."49.

Una acción de acercamiento hacia el otro en la novela Peregrino de ojos brillantes obedece a un propósito preconcebido de Youseff, el joven palestino que abandona su tierra natal para encontrar y develar, en el sur de Chile, ciertas imágenes oníricas que lo atormentaban desde un pasado indescifrable: "...ahí, al otro extremo el salón, hermosa, sencilla, el pelo muy claro, los ojos limpios, cuerpo de mujer, rostro de niña. Ella, sin duda ella. Ahí estaba, en la noche de la Virgen del Carmen..."50.

La biografía novelada Nahima pone en evidencia un lento proceso de acercamiento y adaptación a un país de lengua y cultura diferentes por parte de la protagonista, Nahima, quien se mantiene fiel a la tradición siria; es obediente y sumisa al esposo y vive ansiosa por darle hijos varones; es además protectora de mujeres inmigrantes y laboriosa en tiempos de escasez. Cuando enviuda, la necesidades económicas la convierten en costurera y tejedora, condición que la lleva a asumir una afirmación de semejanza con la sociedad chilena: es una igual; pertenece a la comunidad, por lo tanto, puede exigir ciertos privilegios, como, por ejemplo, la exención militar de su único hijo varón al presidente de la república Pedro Aguirre Cerda: "...¡Lo he conseguido! Nuestro querido Antonio no tendrá que alejarse de casa. ¡El presidente es tan bueno, tan amable, tan sencillo! ¡Me dijo: 'llámeme don Pedrito como me llama todo el mundo'..."51.

La vinculación permanente que estableció el árabe respecto del chileno también fortaleció el tercer plano de la alteridad: el epistémico, según el cual se produce una gradación mayor o menor del conocer o ignorar al otro.

El autor de las Memorias realiza un proceso intersubjetivo en la construcción de su identidad híbrida, la cual reproduce un continuo y positivo acercamiento hacia la comprensión, el reconocimiento y la asimilación del espacio chileno. Por un acto de voluntad propia, Chuaqui aprende lengua, tradiciones y costumbres; se nutre de su historia, geografía y paisajes. En fin, experimenta la aculturación.

Distinta situación se desprende en Los turcos, pues una atmósfera de exilio circunda a los personajes. Ellos sienten una amenaza latente del otro que no transa en considerarlos desiguales e inferiores. Las palabras que profiere Hanna a su hijo derrotado en las presidenciales condensan un estado de discriminación no superado: "...No te aflijas Issa... De todos modos es como si hubieses triunfado... parecía demasiado hermoso y grande: ¡Tú, mi hijo, presidente del país!... ¡No era posible!... no soy sino un feláh [campesino] que ha venido de Beit- Láhem..."52.

Es indudable que el proceso de integración de los árabes en la sociedad chilena significó la pérdida de una parte de su herencia cultural. En El viajero de la alfombra mágica se recrea la llegada, el arraigo y el progreso del fundador de una familia árabe palestina y el conflicto de un descendiente con el ancestro y su deseo de ser otro. En este sentido, la novela personifica en el arribista árabe un excesivo afán de conocer y asimilarse al otro que lo lleva finalmente a la indiferencia, a la renuncia ancestral y a la sanción social.

Un profundo anhelo de despejar la ruta trazada por el destino impulsa al personaje de la novela Peregrino de ojos brillantes a trasladarse a Chile, conocer a su gente y encontrar aquí a la mujer de sus sueños. Poéticamente se acerca a relacionarse con el otro para restablecer su existencia vital.

El desarraigo, la nostalgia, la desolación y la energía para reconstruir una familia son las circunstancias determinantes que permiten a Nahima acceder y conocer a la sociedad que la acogió durante ocho décadas. De esta manera, Nahima no sólo es la historia de una inmigrante siria; también se convierte en un testimonio de vida de la intrahistoria de la sociedad chilena.

CONCLUSION

Hace más de un siglo que se inició la inmigración árabe en Chile y continúa realizándose en el presente53. Estos escritores inmigrantes y descendientes la han recreado desde el recuerdo testimonial, la denuncia y la sanción social, el develamiento onírico, el tributo filial.

Estas novelas contribuyen al conocimiento de la inmigración árabe en Chile. Plantean, desde diferentes perspectivas, un problema de identidad y de alteridad durante el proceso de adaptación, inserción e integración en la sociedad chilena. Confirman que los árabes deseaban pertenecer a esta nación y lo han conseguido. Se comprometen a adoptar sus modos de vida y lo logran. Reconstruyen la estructura familiar ancestral, pero facilitan la apertura al mestizaje. Conservan una metaidentidad árabe intercultural y sancionan a los alienados. Participan con el progreso del país, pero exigen consideración. Crean y preservan algunas instituciones para poder combatir la exclusión. Consolidan una parte de su identidad y, al mismo tiempo, participan de la identidad nacional en un proceso histórico permanente de construcción y de reconstrucción de la comunidad que los acogió.

 

NOTAS

1 Véase el estudio de Olguín, Miriam y Peña, Patricia. La inmigración árabe en Chile. Santiago de Chile, Edición del Instituto Chileno-Árabe de Cultura, 1990.

2 Comunidad autónoma y autogobernada por el jefe religioso correspondiente de la misma, a saber: el rabino para el millet judío, el patriarca para el millet ortodoxo, el ulema para el millet musulmán. El millet asumía las tareas de educar, sanar e impartir justicia. Era una organización permitida por el imperio turco otomano.

3 Lo cual suponía un uso práctico y elemental del griego, ruso, francés, italiano, inglés, impartidos en las escuelas de los millets correspondientes, bajo el protectorado colonialista.

4 En 1845 se dicta una 'ley de inmigración', la cual estipulaba la forma en que debía realizarse la entrada de emigrantes. La disposición gubernamental concedió tierras a los alemanes en el sur y, en la zona austral, a los yugoeslavos; los españoles e italianos se hicieron cargo del comercio menor; a los ingleses se los motivó para la industria y la navegación intercontinental; otros alemanes influyeron en los ámbitos pedagógico y castrense y los franceses, en el rubro vitivinícola. Véase Vial, Gonzalo. Historia de Chile. 1891-1973. Vol. 1, tomo 2, Santiago de Chile, Editorial Santillana del Pacífico, 1996 y Agar, Lorenzo. El comportamiento urbano de los migrantes árabes en Chile y Santiago. Santiago de Chile, Pontificia Universidad Católica de Chile, Instituto de Estudios Urbanos, 1982.

5 Véase Agar, Lorenzo. "La inmigración árabe en Chile: los caminos de la integración. En El mundo árabe y América Latina. Madrid, Ediciones UNESCO /Libertarias/Prodhufi, 1997, pp. 283-309.

6 Chuaqui, Benedicto. Memorias de un emigrante (Imágenes y confidencias). Santiago de Chile, Editorial Nascimento, 1957.

7 Sarah, Roberto. Los turcos. Santiago de Chile, Editorial Orbe [1961].

8 Garib, Walter. El viajero de la alfombra mágica. Santiago de Chile, Editorial Fértil Provincia, 1991.

9 Hales, Jaime. Peregrino de ojos brillantes. Santiago de Chile, Editora de Las Casas, 1995.

10 Chahín, Edith. Nahima. La larga historia de mi madre. Madrid, Editorial Debate, 2001. (Agradezco a la directora del Centro de Estudios Arabes, profesora Marcela Zedán por facilitarme esta obra, difícil de encontrar en Chile).

11 Subercaseaux, Bernardo. "Camino interferidos: de lo político a lo cultural. Reflexiones sobre identidad cultural". En Estudios Públicos 73 (1999), 149-163.

12 Véase Larraín, Jorge. Identidad chilena. Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2001.

13 Larraín, Jorge. Op. cit., p. 14.

14 Subercaseaux, Bernardo. Artículo citado.

15 Según Jorge Larraín, la globalización ha afectado la identidad cultural, debido a los procesos de encuentro y desencuentro de los grupos humanos en contacto con los otros, a las transformaciones sociales que alteran la construcción y reconstrucción de su identidad. Op. cit., pp. 43-45. Véase también del mismo autor "Identidad personal e identidad nacional en el proceso de globalización". En Modernidad, razón e identidad en América Latina. Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello, 1996, pp. 89-125.

16 Goic, Cedomil. Historia de la novela hispanoamericana. Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1972.

17 Estas características del narrador tienen vinculación directa con la presencia tácita del autor virtual: Roberto Sarah, nació en 1916, fue un prestigioso psiquiatra, destacado dramaturgo y novelista.

18 Garib, Walter se inscribe en la Generación de 1957. Es autor de innumerables novelas, cuentos y ensayos. Véase Goic, Cedomil. "Generación de 1957. En Capítulo XVI, pp. 245-274.

19 Goic, Cedomil. Op. cit. "Generación de 1972", Capítulo XVII, pp. 276-277. El autor Jaime Hales nació en 1948 y pertenece a la Generación de 1972, la de los novissimi narratores, la cual, entre otras características, "...despliegan su aptitud creadora, innovadora, polémica, que modifica y destruye la herencia, para recrearla en otro estadio de la eterna metamorfosis...". Véase Goic, Cedomil. Op.cit., p. 275.

20 En varias partes de la obra la autora virtual señala que motivó a su madre, en reiteradas ocasiones, para que le enviara sus recuerdos de Siria y de Chile, y ella los completó con un trabajo acucioso de investigación. Nahima vivió casi cien años (1896-1996. Llegó a Chile en 1913).

21 Los seis capítulos finales están referidos a contar momentos circunstanciales de la vida de Nahima en Chile: el deseo de parir hijos varones, las difíciles etapas de adaptación, la viudez, el trabajo y la protección de los hijos, las premoniciones.

22 Todorov, Tzvetan, La conquista de América. El problema del otro. México, Siglo Veintiuno Editores, 1987.

23 Según Benedicto Chuaqui, hubo familias sirias que reunían dinero para ir al rescate de jóvenes descarriados que vivían en la perdición, como fue el caso de unos tíos suyos en Chile, cuyo comportamiento dañaban la tradición familiar. Veáse Op. cit., pp. 43-47.

24 Garib, Walter. Op. cit., p. 138.

25 Chahín, Edith. Op. cit. pp. 92-93.

26 Chuaqui, Benedicto. Op. cit. p. 250.

27 Sarah, Roberto. Op. cit., p. 41.

28 Sarah, Roberto. Op. cit., p. 33.

29 Sarah, Roberto. Op. cit., p. 16.

30 Sarah, Roberto. Op. cit., p. 183.

31 Littin, Miguel. El viajero de las cuatro estaciones. Santiago de Chile, Editorial Antártica, 1990. Conocido cineasta chileno, además de actor, director de teatro y dramaturgo. Pertenece a la Generación de 1972, según la periodización de Cedomil Goic. Ha escrito esta novela para recrear la llegada de su abuelo griego materno a Palmilla.

32 Littin, Miguel. Op. cit., p. 235.

33 Chahín, Edith. Op. cit. p. 17. Adviértase que en esta petición están contenidos los atributos propios de una mujer educada en un sistema patriarcal, a quien solo le resta acatar la voluntad de los padres. Véase pp. 9-20.

34 Garib, Walter. Op. cit., p. 138.

35 Chuaqui, Benedicto. Op. cit., p. 117.

36 Chahín, Edith. Op. cit., p. 429.

37 Sarah, Roberto. Op. cit., p. 80.

38 Chuaqui, Benedicto. Op. cit., p. 229.

39 Chuaqui, Benedicto. Op. cit., p. 123. Este sirio, de cuna y chileno de adopción, es el paradigma del árabe integrado al país. Fue un autodidacta con una prolífica obra literaria.

40 Sarah, Roberto. Op. cit., p. 177.

41 Chuaqui, Benedicto. Op. cit., pp. 118-119.

42 Hales, Jaime. Op cit., pp. 47-48.

43 Sarah, Roberto. Op. cit., p. 132.

44 Sarah, Roberto. Op. cit., p. 183.

45 Chuaqui, Benedicto. Op. cit., pp. 250-251.

46 Chahín, Edith. Op. cit., p. 435.

47 Todorov, Tzvetan. Op. cit., p. 201.

48 Sarah, Roberto. Op. cit. p. 242.

49 Garib, Walter. Op. cit., p. 20.

50 Hales, Jaime. Op. cit., p. 236.

51 Chahín, Edith. Op. cit., p. 500.

52 Sarah, Roberto. Op. cit., p. 250.

53 En la actualidad continúan la inestabilidad política y social en el Medio Oriente, situación que ha repercutido en el desplazamiento paulatino de árabes llamados por sus parientes que les ofrecen paz y trabajo en Chile.

 

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