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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.32 n.45-46 Valparaíso  1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09341999000100006 

Revista Signos 1999, 32(45-46), 37-44

LITERATURA

Intertextualidad profunda en "Los Perros del Paraíso"



José M. Rodríguez A.

Universidad de Concepción

Chile



1. Los Perros del Paraíso. Un nuevo diagrama sobre La Conquista

Sostenemos que la novela que nos ocupa representa un enfoque diferente sobre la Conquista, sus causas y sus efectos. Asunto que ha sido tratado por la crítica (Pulgarín, 1996) Sin embargo, ésta no se ha detenido en exponer las bases sobre las que Los Perros del Paraíso construye su «versión» de la historia. Indagación a la que se abocará este ensayo.

Para conseguir el objetivo de mostrar «otra» historia, la novela relativiza, en primer término, la historia oficial o canónica. Al respecto citamos que, tras relatar un discurso de Isabel de Castilla, Posse escribe: «Los cronistas no retienen el texto de aquella proclama. Como siempre captan lo fácil...» (Posse, 1987, 42).

Anotando las estrategias de los judíos para insertarse en el plan de Fernando e Isabel, el texto informa: «No se tiene detalle de las reuniones, ni de las empresas financieras (muy poco de lo importante queda por escrito, de aquí la falsedad esencial de los historiadores)...» (Posse, 1987, 90)

Dando cuenta de la relación entre los Reyes, la novela expone: «Sólo hay una historia, de lo grandilocuente, de lo visible, de actos que terminan en Catedrales y desfiles: por eso es tan banal el sentido de la historia que se construyó para consumo oficial...» (Posse, 1987, 60).

De lo anterior se desprende que Los Perros del Paraíso no reconocen complejidad, validez, ni importancia a la historia oficial. Luego, como se trata de una novela histórica, necesariamente deberá construir, producir, una nueva visión de lo pasado, cuestión que el texto de Posse enuncia así: «Lo cierto y verdadero es que entre Fernando e Isabel había un combate de inmensa trascendencia. Una guerra de cuerpos y de sexos que es la baseverdadera del actual Occidente y de sus consiguientes horrores...» (Posse, 1897, 61). Consideramos crucial esta cita en cuanto devela sentidos básicos del texto:

1 Expulsión de la idea que la matriz de la historia está constituida por la ideología, la política y la economía. Se postula que el erotismo es el factor generatriz.
2 Se instala y, por lo tanto, se trasgrede lo siempre censurado: el deseo sexual. Se expulsará, al revés de la novela burguesa, a los personajes no deseantes.
3 Hay una desacralización de la historia, una parodia. Los reyes católicos aparecen como seres pasionales y ambiciosos.

Por otra parte, notamos que Los Perros del Paraíso conecta la historia con la actualidad de Occidente. Al respecto, también, podemos citar: «La población indígena de América pasó del 100% en 1492 al 4,2% en 1962...» (Posse, 1987, 180). Y esta realidad hace verdadera la ficción. Ello en los términos planteados por Foucault en Microfísica del Poder y recogidos por Deleuze en su obra sobre el filósofo: «Me parece que existe la posibilidad de hacer funcionar la ficción en la verdad, de inducir efectos de verdad con un discurso de ficción...se ficciona historia a partir de una realidad política que la hace verdadera...» (Deleuze, 1987, 14) De ahí que el texto de Posse, con un soporte teórico serio pueda anunciar como cierto y verdadero lo planteado respecto de la guerra de cuerpos y de sexos que constituyen la base del Occidente moderno y de sus horrores.

Ahora, el texto al referir una «guerra de cuerpos» configura una compleja relación sobre la historia, la que, a lo menos, tiene dos aspectos:


El primero es ver a la historia como fruto de la pasión.
El segundo es ver a la historia como fruto de una lucha por el poder.

Estas dos consideraciones, opuestas, se unen en el relato, como ya hemos visto, pero también en la intertextualidad sobre las formaciones históricas que el texto establece, pues cada una de las dos propuestas anotadas coincide con lo planteado por dos de los quehaceres teóricos que informan dicha intertextualidad. Por un lado, Deleuze afirma que «el deseo produce lo real». (Deleuze, 1987, 15). Por su parte, Foucault sostiene que «el poder produce lo real» (Deleuze, 1987, 15). De aquí que por un factor de economía esta tesis se valga, para desarrollar el análisis intertextual que propone, del texto de Deleuze sobre Foucault. Texto que conjuga e inaugura un «devenir Foucault en Deleuze y un devenir Deleuze en Foucault» (Deleuze, 1987, 21).

Sostenemos que la consideración de la «guerra» entre los reyes remite directamente a las concepciones sobre la historia y sobre el poder debidas a Foucault y recogidas por Deleuze. Este expone: «Cada formación histórica remite a un diagrama de fuerzas... la formación estratificada le proporciona una estabilidad que de por sí no posee...» (Deleuze, 1987, 114). El diagrama es «la exposición de las fuerzas que constituyen el poder...» (Deleuze, 1987, 63). Y el estrato se define como «formaciones históricas, positividades, empiricidades. Capas sedimentarias hechas de cosas y de palabras, de ver y de hablar. De lo visible y de lo enunciable...» (Deleuze, 1987, 75). (La comprensión de los factores componentes del estrato, del enunciado y de la visibilidad es muy compleja. Intentaremos develarla en la medida del desarrollo del análisis. Por ahora bástenos representar al enunciado como una «emisión de singularidades, de puntos singulares, que se distribuyen en un espacio correspondiente...» (Deleuze, 1987, 30). Y lo visible lo podemos igualar a «formas de luminosidad, creadas por la propia luz...» (Deleuze, 1987, 80). Expuestos, someramente, los componentes del estrato, corresponde la discusión sobre la relación de fuerzas que configura el diagrama.

Debemos, en este punto, recordar que al diagrama «la formación estratificada le proporciona una estabilidad que de por sí no posee» (Deleuze, 1987, 114). Por cuanto el aquél expone «un conjunto de relaciones de fuerza en devenir:..» (Deleuze, 1987, 114). Asunto que Los Perros del Paraíso entiende:

«Para los poderes establecidos resultaba bien claro que la unión de aquellas fuerzas compelidas por una cósmica eroticidad tendría por resultante una mutación política, económica y social sin precedentes. La sinarquía sin querer, precisamente, apoyar al nefando régimen de Enrique IV, era plenamente consciente de los peligros que amenazaban a todo Occidente...» (Posse, 1987, 48).

La mutación temida por la Sinarquía, el devenir, se produce. Las fuerzas cósmico-eróticas capaces de mover la historia eran los Reyes Católicos, leamos: "1478. El 27 de febrero, en rito secreto, Rodrigo Borja, futuro Papa Alejandro VI, se unge con el semen consagrado de Fernando e Isabel. El Vaticano redimido de la molicie Pietista. Renacimiento."(Posse, 1987,57) Esa fue "la suprema consagración, la santa nupcia, el engendramiento de la nueva Sinarquía...» (Posse, 1987, 67).

El diagrama resultante de la mutación va a exponer un conjunto de relaciones de fuerza en devenir, un no-lugar. Leemos: «Comunica con la formación estratificada que lo estabiliza o lo fija pero, según otro eje, también comunica con otros estados del diagrama a través de los cuales las fuerzas prosiguen su devenir mutante...» (Deleuze, 1987,115).

El diagrama, un estado de éste, tiene entonces dos ejes. Por ello será una combinación de lo aleatorio y de lo dependiente.

Lo dependiente serán los elementos constitutivos del estrato, las formas de lo visible y de lo enunciable. Y las fuerzas que actúan en el estrato remiten a otra fuerza proveniente de «un afuera irreductible..» (Deleuze, 1987, 115). Una de las fuerzas del afuera es el azar, la que fija un estado del diagrama: «Se trata de tiradas sucesivas... determinada cada una por la tirada precedente...» (Deluze, 1987, 115). En este punto actúa «la mano de hierro de la necesidad que sacude el cuerno del azar...» (Deleuze, 1987, 115). No existe, entonces, encadenamiento de los estratos por continuidad sino que un «reencadenamiento por encima de los cortes y de las descontinuidades, mutación...» (Deleuze, 1987, 115). Por eso Los Perros del Paraíso habla de una «mutación sin precedentes», porque no sólo expondrán un estrato histórico determinado, sino que, además, intentará trazar un diagrama sobre ese estrato, aquel no-lugar, fijado por el azar «por la mano de hierro de la necesidad». Citamos: «Entonces jadeaba el mundo sin aire de vida... Occidente, vieja Ave Fénix, necesitaba ángeles y super hombres. Nacía con fuerza irresistible la secta de los buscadores del Paraíso...» (Posse, 1987, 14-15). Se pone en funcionamiento el azar: «Un deseo colectivo que se plasma en lo individual...» (Oelker, 1994). Encontrará sus ángeles y super hombres: «Fernando e Isabel irrumpen en esta época de agobio. La potencia de aquéllos era estrictamente angélica. No parecía sino que eran ángeles...Otro es el caso de Cristóbal Colón, que era un super hombre...» (Posse, 1987, 64). La tirada de dados se produce y, como diría un poeta, «es siempre el azar quien realiza su propia idea... el infinito ha sido fijado finalmente...» (Mallarmé, 1972, 35).

Se puede, entonces, exponer las relaciones de fuerza dadas en el estrato: «A través de las <lucha> de cada época, del estilo de las luchas, se puede comprender la sucesión de los diagramas...» (Deleuze, 1987, 71).

Citamos, a poco, que la «guerra de sexos» entre los Reyes, de acuerdo al texto de Posse, constituye la base del actual Occidente. Esta guerra remite a la concepción de poder expuesta por Focault: «El poder no es tanto una propiedad como una estrategia....» (Deleuze, 1987, 51). Nosotros entendemos, de acuerdo a Deleuze, que al poder se le debe considerar como un vector de la relación susceptible de ser capturado. Luego el poder se ejerce, no es: «El privilegio adquirido o conservado de la clase dominante sino el efecto de conjunto de sus posiciones estratégicas...» (Deleuze, 1987, 51). Fórmula que la novela de Posse expone en el punto del relato donde se origina la lucha entre Isabel y La Beltraneja por ocupar el trono: «La Beltraneja tiembla y estalla...Yo seré la Reina, yo, yo... (e Isabel)...Yo seré la reina...» (Posse, 1987, 18). Esta concepción del poder, recogida por Posse, es la que va a permitir a Los Perros del Paraíso «ficcionalizar la historia a partir de un análisis funcional (sobre las fuerzas que luchan), constituyendo un cuadro completamente distinto con otros personajes, otros métodos a los que la historia tradicional nos tiene acostumbrados...» (Deleuze, 1987, 61). Los Perros del Paraíso consigna, también, que sus personajes difieren del canon. Cuando da cuenta de la relación erótica entre los jóvenes Fernando e Isabel se ironiza a un cronista: «Desde las seis de la tarde se aislaban en sus cuartos «para seguir programando su matrimonio real» como anota el buen Fernando Pulgar...» (Posse, 1987, 49).

Las relaciones de fuerza dadas en el diagrama que va a exponer la novela son las ya comentada lucha sexual entre los Reyes; la guerra contra la Beltraneja (cierta aspirante al trono de la época) y contra los moros. Frente a todas ellas el super hombre Colón, quien forcejea con el poder e intenta utilizar sus fuerzas.

Ahora, de los elementos componentes del estrato, los enunciados son «la curva que une puntos singulares, es decir, que efectúa o actualiza las relaciones de fuerza...» (Deleuze, 1987, 108) Es decir, los que unen los puntos singulares del diagrama (los puntos de lucha). Estos enunciados son, por ejemplo, el contenido de la proclama Isabelina no recogida por los cronistas y, fundamentalmente, el que recorre al texto proclamando que Occidente es la expresión de lo uno y de lo mismo: «Fuego, mucho fuego, hasta que la Unidad se imponga...» (Posse, 1987, 76), anuncia Isabel.

De acuerdo a Foucault, el diagrama de las fuerzas también se actualiza en «los cuadros descripciones o visibilidades...» (Deleuze, 1987, 110 ). De ellas citamos el relato que hizo un abad sobre un encuentro oculto entre Fernando y la Trastámara: «Rodó el sayal hasta sus pies alabastrinos y a la luz de la luna apareció su maravilloso cuerpo desnudo... Saltó como un leopardo» (Posse, 1987, 83). Claramente se remite a la guerra de sexos, es decir, una visibilidad que actualiza las relaciones de fuerza.

Entonces, podemos ir concluyendo que el diagrama que traza Posse es muy distinto al de la historia escolar, oficial: unos Reyes Católicos que bendicen las naves que llevarán la Cristiandad a otro mundo. Los Perros del Paraíso muestra unos adolescentes terribles, luego guerreros implacables que luchan entre sí y contra todos para imponer un orden consustancial a Occidente fundado en «su raíz greco-romana». Y al futuro mundo que les entrega el azar: («Un golpe de dados que realiza una predicción de la que ha dependido la vida de una raza...» Mallarmé, 1972, 34), sólo llegan a imponer lo de siempre: (discurso de Roldán justificando el golpe contra Colón) «El discurso fue patético, nacionalista... fue el primer discurso «occidental y cristiano» que se pronunció en América...» (Posse, 1987, 201). Recordemos en este acápite a Foucault. Según Deleuze aquél observa que el poder no actúa por represión o ideología, sino que ambos son el dispositivo o agenciamiento de los enunciados dominantes. La represión y la ideología serían entonces «el polvo levantado por el combate...» (Deleuze, 1987, 55). El discurso de Roldán se puede leer, sin duda, como expresión de un enunciado dominante. Veremos cómo el texto de Posse expone esta relación de agenciamiento o dispositivo por el que aquéllos actúan. Así, inmediatamente tras el fin del discurso, expone: «Esa misma tarde se dictaba la norma que creaba el sistema de inconfesada esclavitud...» (Posse, 1987, 201).

2. La Novela y el Pliegue

Anunciábamos en el análisis precedente que el azar es una fuerza proveniente del afuera. Este se entiende como una «zona de turbulencias o de huracán, en la que se agitan puntos singulares y relaciones de fuerza entre esos puntos...» (Deleuze, 1987, 156). Este afuera es el punto donde se desarrolla la estrategia que se actualiza en el estrato por los procedimientos que ya hemos revisado.

Ahora, en sus estudios sobre el poder, Foucault, de acuerdo a Deleuze, muestra cómo la historia es el doblez de un devenir: «La frase del afuera, su repetición en una segunda frase; la minúscula diferencia entre ambas (el desgarro);La torsión, el doblez... El desgarro ya no es un accidente en el tejido sino la nueva regla facultativa, según la cual el tejido externo se tuerce, se invagina y se dobla:» (Deleuze, 1987, 130). Esta regla facultativa es la emisión del azar: «Una tirada de dados. Los juegos de la repetición, de la diferencia y del doblez los <cosen>...» (Deleuze, 1987, 130). Estas dos ideas, la del desgarro como pliegue y la del pliegue como un símil de coser, se encuentran en Los Perros del Paraíso. Citamos: (Respecto de la pérdida de la doncellez de la Trastámara) «Y su doncellez rasgóse como la firme y fina seda de la tienda del gran turco... ruptura más por presión interior en la convexidad que por externa acción concavizante...» (Posse, 1987, 130). Es decir, en el corazón del texto, en el interior de la vulva de Isabel, se constituye la intertextualidad con la obra de Deleuze y de Foucault.

Decíamos que plegar es similar a coser. Esta metáfora del pliegue como un doblez de costura abunda en el texto de Posse: «Coser...la primera labor del Hombre desde el corte de las hojas de parra hasta los tapados de piel de carnero que Jehová confeccionó para la primera pareja de pecadores...» (Posse, 1987, 204); « Estamos en otro espacio: «¡Por fin dentro del mundo y no ante la realidad, como eternos mirones tristes con nuestro metro de sastres...!» (Posse, 1987, 214). En el momento que suben los enrolados a la Carabela, el primero en hacerlo es «Juan de Medina, sastre...» (Posse, 1987, 119). En estas citas podemos advertir que el plegar, el pensar sobre las causas del todo, asoma como una manía occidental, quizás por temor a ese afuera turbulento. Confirmamos la visión del pliegue como desconocimiento del mundo en «Nietz temía extinguirse entre los pliegues helados del logos...» (Posse, 1987, 198); «El desnudo americano entró en culpa... no cabrían dudas que el señor fue el primer sastre ... pero es equivocado no ver los peligros de la sastrería sin moderación... ¿Qué destino no es realmente peligroso?...» (Posse, 1987, 121).

Significativa es la frase sobre cómo el desnudo americano entró en culpa, pues el texto de Posse opone al occidental que pliega, unos hombres que no temen el afuera. V.gr: el:«viaje hacia lo abierto de los jóvenes taínos» (Posse, 1987, 83) o el banquete azteca, donde «los adolescentes ofrecían bandejas con poderosos alucinógenos... era la hora de lavarse de razón y visitar los umbrales del Origen...» (Posse, 1987, 53).

Se opone, entonces, en Los Perros del Paraíso, dos visiones del mundo: Una representada por Occidente que pliega el afuera, refugiándose, y otra, la de unos Indios que son en el mundo, comulgando con él. Sin embargo, la novela no escapa al signo de Occidente, el signo de plegar. Cada yuxtaposición; cada fragmento sobre fragmento, van plegando y sobreplegando el texto. Incluso la propia novela es expresión de un pliegue en tanto ficción histórica.

La presencia del pliegue en la literatura la desarrolla, con claridad, Mario Rodríguez en su ensayo Orbita de Nicanor Parra. Allí, en general, expone que los poetas mayores (Neruda, Huidobro, Mistral) pliegan y sobrepliegan el lenguaje, lo cual termina por acallarlos, provocando el tartamudeo, el murmullo, v. gr, El final de Altazor. Esta idea del tartamudeo está presente en Los Perros del Paraíso: «Los tiempos verbales pasado-presente-futuro se van hacinando en el olvido de un meneo gramatical...» (Posse, 1987, 215). El sobrepliegue va a implicar en este punto la instalación de una lengua extranjera en la propia lengua, afirma Rodríguez, siguiendo a Foucault. En la novela que nos ocupa, esta instalación es literal. El texto plegado y sobreplegado, instalado ya en la repetición de lo uno y de lo mismo, el triunfo de Occidente, termina por agotar la lengua. De ahí que las últimas palabras de Los Perros del Paraíso sean pronunciadas, en un murmullo por Cristóbal Colón, en italiano: «Purtroppo q' era il Paradiso.» (Posse, 1987, 223).

3. Los Perros del Paraíso y el dolor de Tzvetan Todorov

La relación entre el texto de Posse y el texto de Todorov La Conquista de América es clara. Afirmación que fundamentamos citando el epígrafe del texto de Todorov y unas líneas de la novela de Posse. Escribe Todorov: «Una mujer india fue entregada a los perros... el texto que sigue nace del radical interés del autor por denunciar ese hecho temible...» (Todorov, 1987, 8); Posse en cambio escribe: «durante una acción represiva Anaó fue hecha prisionera... la dieron a los perros... el lasquenete Todorov, que presenció esta atrocidad creyó enloquecer de impotencia...» (Posse, 1987, 206).

Posse no tiene ambages en ubicar a Todorov en el siglo XVI observando un suplicio que le obliga a escribir un texto, muy hermoso, en el siglo XX, sobre las causas y consecuencias últimas del triunfo español. Respecto de dichas causas y consecuencias es que Los Perros del Paraíso establece la intertextualidad con La Conquista de América. El Problema del Otro.

Ya anotamos que el suplicio origina el texto de Todorov. Dicho escritor anota en sus primeras páginas: «En este libro alternarán, así como en una novela... los resúmenes o visiones de conjunto sumarias; las escenas o análisis de detalles, llenas de citas; las pausas en las que el autor comenta lo que acaba de ocurrir; y claro está frecuentes elipsis...» (Todorov, 1987, 15). Se enuncia el plan del texto, plan que Posse llevará a cabo en Los Perros del Paraíso. Al respecto cabe mencionar las curiosas cronologías que inauguran cada uno de libros de la novela, ellas no son sino «visiones de conjunto sumarias».

Postulamos, por tanto, que el texto de Posse se constituye en lo otro del de Todorov, en la ficción de una teoría. Aquél anota: «El Descubrimiento de América funda nuestra identidad presente...» (Todorov, 1987, 15). En la primera cronología, de un texto sobre el Descubrimiento, como lo es la novela en estudio, leemos: «Orígenes del Occidente moderno...» (Posse, 1987, 14). Continuando, citamos: «Cierto es que la más notable de las creencias de Colón es de origen cristiano: se refiere al paraíso terrenal. Leyó en la Imago Mundi de Pedro d´Ailly que el paraíso debía encontrarse en una región templada más allá del Ecuador...» (Todorov, 1987, 26). La novela que nos ocupa tiene un epígrafe consistente en cinco citas. La primera de ellas es precisamente el acápite de la Imago Mundi sobre el Paraíso Terrenal aludido por Todorov. La tercera anota: «Este es el Paraíso...Carta de Colón al Papa...» (Posse, 1987, 8). La intertextualidad es clara. El Colón de Posse está movido por la pasión que le adjudica Todorov. Y también por el espíritu de aventura. En La Conquista de América. El Problema del Otro se asume que «lo que cuenta para Colón son las tierras y su descubrimiento... diríase que Colón ha emprendido todo esto para poder hacer relatos al estilo de Ulises...» (Todorov, 1987, 24). Esta imagen de Colón como par de Ulises está en Los Perros del Paraíso: «Colón destacó una falúa y desembarcó con los genoveses... abatió un venado durante todo el día disfrutaron de la carne y del vino isleño...» (Posse, 1987, 128). El lector recordará los diversos pasajes de la Odisea en que Ulises caza ciervos para sus hombres. Anotamos que el texto de Posse construye la relación de intertextualidad fijándola en su personaje principal.

Atenderemos, ahora, a la relación más interesante, a nuestro juicio, entre ambos textos: la consideración del lenguaje como la herramienta de triunfo del conquistador.

Todorov sostiene que los españoles privilegian la comunicación entre el hombre y el hombre; mientras los indios priorizan la comunicación entre el hombre y el mundo: «La historia ejemplar de la conquista de América nos enseña que Occidente ha vencido, entre otras cosas, gracias a su superioridad en la comunicación humana...» (Todorov, 1987, 210). Este tipo de comunicación es descuidada por los indios: «Moctezuma descuida la comunicación intrahumana dando preferencia al contacto con el mundo...» (Todorov, 1987, 39). Sostiene el teórico que los aztecas trataban, infructuosamente, de explicarse la llegada de los bárbaros buscando presagios en las aves, las tormentas, etc.

Destacable es, en el texto de Todorov, la asimilación que se hace de Colón al emperador, pues el primero privilegia el mismo tipo de comunicación: «Para Colón la diversidad lingüística no existe... debería colocarse al lado de los aztecas en el plano tipológico...» (Todorov, 1987, 40). Los Perros del Paraíso dialoga con toda esta reflexión teórica. Así cuando Colón se interna en la manigua en busca del Arbol de la Vida pregunta a un aborigen por un gran árbol. Este dice «Agrak. Agrak... gracias buen hombre contestó el almirante y sin dudas ordenó: derecho... « (Posse, 1987, 188). No reconoce otra lengua, pero sí el lenguaje del mundo. Ya en la selva se dirige a Las Casas: «¿Escucha padre? es el gemido de las orquídeas alzadas...» (Posse, 1987, 212).

Todo esto sucede mientras Roldán, el enemigo de Colón, prepara el golpe de estado contra el Almirante.

Colón es derrotado entonces por la misma razón que Moctezuma: su incapacidad de comunicación intrahumana. Cuestión que la novela expresa claramente, afirmando una vez más su relación de intertexto con la obra de Todorov. El mensaje ya citado a propósito de la alternancia que avisaba de la impostura de los falsos dioses está en «el museo histórico de Viena al lado de la corona de plumas del emperador Moctezuma...» (Posse, 1987, 212). Este texto es arrebatado por los hombres de Roldán quien es un maestro de la comunicación intrahumana.

Ahora, ¿qué resulta de este triunfo occidental?: «Los españoles ganan la guerra... pero, esta victoria da un serio golpe a nuestra capacidad de sentirnos en armonía con el mundo, de pertenecer a un orden preestablecido: Su efecto es reprimir profundamente la comunicación del hombre con el mundo... Occidente aplasta por su superioridad, pero, se aplasta así mismo en su incapacidad de integración al mundo...» (Todorov, 1983, 213). La fórmula de Todorov aparece constantemente hacia el final de Los Perros del Paraíso, explícitamente cuando «comprendió (Colón) que sus congéneres civilizados nada temían más que ser devueltos a la armonía primordial...» (Posse, 1987, 221). La novela, al igual que el texto con el cual dialoga, anuncia la incapacidad del hombre occidental para reconocer al mundo y al otro. Todo ello reflejado en el salvaje suplicio a una india que, por lo menos, no fue en vano: Originó dos textos notables.


REFERENCIAS

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Posse, Abel. Los Perros del Paraíso. Plaza y Janés, Madrid. 1987.         [ Links ]

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Rodríguez, Mario. Orbita De Nicanor Parra. Cuadernos del Bío-Bio, Universidad de Concepción. 1996.         [ Links ]

Todorov, Tsvetan. La Conquista de América. El Problema del Otro. Siglo XXI. México. 1987.         [ Links ]




* Las citas del texto refieren a Abel Posse, Los Perros del Paraíso (Plaza y Janés, Madrid, 1987).

 

 

 

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