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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.26 n.1 Santiago  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2006000100005 

 

Revista de Ciencia Política /Volumen 26 / Nº 1 / 2006 / 84 - 113

EN LAS URNAS

LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES Y PARLAMENTARIAS EN CHILE, DICIEMBRE 2005 -ENERO 2006.

 

Ricardo Gamboa

Instituto de Estudios Internacionales, Universidad de Chile.

Carolina Segovia

Centro de Estudios Públicos, Chile.


Resumen

Este artículo analiza presidenciales y parlamentarias chilenas de diciembre de 2005 y enero de 2006, centrándose en tres puntos principales. Primero, se estudia el surgimiento de las candidaturas presidenciales y la campaña presidencial, describiendo sus rasgos principales, argumentándose que la Concertación pudo retener la Presidencia luego que "politizó" la campaña, dejando de lado su estrategia inicial. Segundo, se analizan los resultados parlamentarios, destacándose la consolidación de la hegemonía de la UDI al interior de la Alianza y del pacto PS-PPD-PRSD en la Concertación. Por último, se hacen algunas observaciones sobre los eventuales efectos de estos resultados sobre el cuarto gobierno de la Concertación liderado por Michelle Bachelet.


Abstract

This article analyzes the Chilean presidential and parliamentary elections held in December 2005 and January 2006, focusing on three main issues. First, we show how the presidential candidates emerged and the main characteristics of the presidential campaign. We argue that Concertación could retain the presidency after the campaign was politicized, leaving their original strategy behind. Second, we analyze the parliamentary results, showing the consolidation of UDI as the prime political party within Alianza and the consolidation of the PS-PPD-PRSD pact within the Concertación. Finally, we conclude with some notes on the potential effects of these results on the fourth Concertación' government lead by Michelle Bachelet.

PALABRAS CLAVE • Chile • Elecciones • Partidos políticos • Democracia


 

I. INTRODUCCIÓN1

El 11 de diciembre de 2005 tuvieron lugar en Chile elecciones presidenciales y parlamentarias. En esta última debía renovarse la totalidad de la Cámara de Diputados (120 miembros) y 10 de las 18 circunscripciones senatoriales (20 senadores)2.

En la elección presidencial la candidata Michelle Bachelet, representante de la coalición gobernante, la Concertación Democrática (CD)3, obtuvo la primera mayoría con un 45,96% de los votos, seguida del candidato del partido Renovación Nacional (RN), Sebastián Piñera, con el 25,42%. En tercer lugar llegó el candidato de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Joaquín Lavín, con un 23,22% y en el último lugar el candidato del pacto Juntos Podemos Más (integrado por el Partido Humanista (PH) y el Partido Comunista (PC) y otras agrupaciones menores), Tomás Hirsch, con un 5,4%. Al no obtener ningún candidato la mayoría absoluta, la contienda electoral debió dirimirse el 15 de enero de 2006 en una segunda vuelta, entre los dos candidatos que obtuvieron las dos primeras mayorías, resultando electa Bachelet, con un 53,5%.

En las elecciones parlamentarias la CD obtuvo 65 diputados y 11 senadores, con lo cual alcanzó, por primera vez desde 1989, la mayoría absoluta en ambas cámaras del Parlamento4. Por su parte, el pacto Alianza por Chile (integrado por RN y la UDI) obtuvo 54 diputados y 8 senadores, mientras que el pacto Juntos Podemos Más no obtuvo representación parlamentaria. Sólo dos personas resultaron electas compitiendo fuera de los dos grandes pactos: una diputada (Marta Isasi), representante del pacto Fuerza Regional Independiente, y un senador (Carlos Bianchi), quien postuló como independiente.

¿Qué explica este resultado en la elección presidencial y qué efectos tiene el resultado parlamentario sobre las posibilidades de éxito del gobierno de Bachelet y el futuro de la Concertación? En relación al primer punto, en este artículo se argumenta que la alineación política surgida con ocasión del plebiscito sucesorio de 1988, denominada eje "autoritarismo-democracia", es el factor principal para entender el resultado de la contienda presidencial. La relevancia del "eje autoritarismo-democracia" como factor explicativo del proceso político chileno desde 1990 ha sido muy discutido en la literatura relativa a las características del sistema de partidos chileno. Tironi y Agüero (1999), por ejemplo, sostienen que el sistema de partidos estaría definido principalmente por el eje autoritarismo-democracia, dando lugar a un sistema bipolar en el que, por un lado, se encuentran los partidos que constituyeron la oposición democrática al régimen autoritario (agrupados hoy en la CD) y, por el otro, los partidos que apoyaron a Pinochet en el plebiscito de 1988 (ver también Mainwaring y Torcal 2003). De esta manera, se plantea que el electorado chileno permanece fiel a las dos coaliciones surgidas luego del plebiscito, las que desde esa fecha en adelante han logrado mantener niveles similares y relativamente constantes de adhesión. Al mismo tiempo, se afirma que ello no ha obstaculizado la generación de cambios en la distribución de las preferencias al interior de cada coalición (Tironi y Agüero, 1999: 158-159).

Por su parte, Samuel Valenzuela (1999) rebate este argumento señalando que es incorrecto plantear que el "eje polar" autoritarismo-democracia constituya una nueva "fisura generativa de partidos" en los términos definidos por Lipset y Rokkan (1967) ni que esta se parezca a las otras divisiones históricas que configuraron el sistema de partidos chilenos antes de la caída de la democracia. No obstante, agrega que el elemento fundamental que alinea las alianzas políticas es la posición de "aceptación o rechazo del régimen autoritario expresada en las coaliciones del `sí' o del `no'" (Valenzuela, 1999: 275; ver también López y Morales, 2005).

Independiente de si este alineamiento "autoritarismo-democracia" constituye una fisura generativa o no, lo que se subraya en este artículo es la importancia de considerar esta división para explicar el resultado de la elección. Esto porque, como se describe en el artículo, la CD pudo asegurar el triunfo de su candidata Bachelet cuando abandonó su estrategia original de hacer una "campaña ciudadana" y la sustituyó por una en que el centro del mensaje era que ella era la candidata de la Concertación y continuadora de la obra de los tres presidentes anteriores de esta coalición. Esta fórmula fue la que le permitió hacer frente a la estrategia de Piñera de intentar centrar la elección en una disputa entre personas (no entre coaliciones), agregando a ello que su gobierno se basaría en una nueva coalición, a la cual se integrarían sectores que hasta ese momento participaban de la Concertación. Con ello, ciertamente, Piñera apuntaba a convencer a los electores que el criterio para definir su voto no debía ser su identificación con las grandes coaliciones (especialmente la Concertación). En definitiva, el resultado dio la razón a los estrategas de la CD, que entendían que la CD (que se ubica en el polo de la democracia) en cuanto opción política tenía mayor adhesión que la Alianza por Chile (que se sitúa en el polo del autoritarismo) entre los electores. Asimismo, esta estrategia le aseguraba a la CD la adhesión del votante de la izquierda extraparlamentaria, quien, como lo hizo en 2000, prefiere un gobierno de la Concertación antes que uno de derecha.

De esta manera, aun cuando obviamente no se puede sostener que los partidos que se sitúan en el polo del "autoritarismo" en esta división (RN y la UDI) son partidarios de volver a un régimen autoritario, el electorado parece seguir percibiendo claras diferencias entre ambas coaliciones y mantiene lealtades con ellas. Así, esa lealtad mayoritaria a favor de la Concertación fue decisiva en el resultado de la elección.

No obstante lo anterior, con esto no se descarta que otros factores puedan ser relevantes para explicar el resultado electoral. Por un lado, el que la candidata de la CD fuera mujer por cierto jugó un rol importante especialmente en la primera vuelta donde obtuvo un apoyo mayoritario en ese segmento del electorado. En segundo lugar, también es claro que la sólida posición inicial de Bachelet hizo que los candidatos de derecha desarrollaran desde un principio una campaña débil, centrada más en una disputa por el liderazgo futuro de la derecha que en evitar un nuevo triunfo de la Concertación.

En cuanto al segundo punto de la pregunta, se sostiene que el resultado electoral, aun cuando muy positivo para la Concertación, establece igualmente importantes desafíos para el gobierno y la coalición. Esto, en primer lugar, porque el resultado consolida una posición dominante del "bloque progresista" de la Concertación, lo que puede generar tensiones importantes con el sector que hoy es minoritario: el PDC. En segundo lugar, porque aun cuando la CD sea hoy mayoría en ambas cámaras del Parlamento, esta misma situación impone la necesidad de un esfuerzo grande de coordinación y negociación al interior de la coalición, ya que cada uno de ellos hoy "tiene la llave" para hacer fracasar toda iniciativa del Gobierno que requiera quórum de ley simple o de ley de quórum calificado5.

El presente artículo tiene por objeto describir y analizar los principales factores que definieron el contexto en el que se generaron las candidaturas presidenciales y se realizó la elección, así como los que explican su resultado y el de la elección parlamentaria. El artículo se organiza de la siguiente manera. En la primera parte, se estudia el contexto en que se enmarcó la elección y los caminos que siguieron los candidatos presidenciales para lograr su nominación. En una segunda parte, se analiza la campaña presidencial y parlamentaria, con énfasis en la línea discursiva que desplegaron los candidatos presidenciales, así como las fases que ella tuvo. En tercer lugar se analizan los resultados electorales, tanto a nivel presidencial como parlamentario. En cuarto lugar, se estudia la campaña de segunda vuelta y se analizan sus resultados. Por último, se presentan las conclusiones del trabajo.

II. EL CONTEXTO PREVIO A LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES Y PARLAMENTARIAS

El escenario en el que se inició la campaña electoral -en junio de 2005- fue configurado por dos elementos principales. Primero, por una recuperación política del Gobierno de Lagos y de la Concertación en general. Esta recuperación, como veremos, se basó en las mejoras observadas en las cifras económicas del país, el aumento sostenido en los niveles de popularidad del Presidente Lagos y en los resultados electorales obtenidos por la CD en las elecciones municipales de 2004. Segundo, se observa, al mismo tiempo, un debilitamiento en las opciones políticas de la Alianza, marcado por los resultados electorales de 2004, la división interna generada entre RN y la UDI a raíz del "caso Spiniak" y el debilitamiento de Lavín en las percepciones públicas, tal como lo mostraban las principales encuestas de opinión.

En 2000 el candidato de la CD, Ricardo Lagos (PS-PPD), derrotó al de la Alianza por Chile, Joaquín Lavín. Esa elección se realizó en el marco de una fuerte crisis económica, lo cual mejoró las posibilidades de la derecha, al punto que forzó la realización de una segunda vuelta6, y en la cual Lagos venció por un estrecho margen (51,3% contra 48,7%).

El Gobierno de Lagos tuvo un difícil comienzo. A ello contribuyeron, en primer lugar, las dificultades que tuvo la economía para recuperarse de los efectos de la crisis asiática que golpeó a Chile entre 1998 y 1999. En segundo lugar, a poco de iniciado su gobierno emergieron casos de corrupción que afectaron, especialmente, a un subsecretario (Patricio Tombolini, PRSD) y a varios diputados de la CD, mientras en 2002 estalló otro que afectó a un ex ministro (Carlos Cruz, PS)7. Ciertamente, esa difícil situación inicial explica, en parte, que la CD tuviera un mediocre resultado en las elecciones parlamentarias de 2001, el peor desde 1989 (ver tabla 1).


Las elecciones parlamentarias de 2001 tuvieron también gran importancia para los partidos y las coaliciones en que ellos participan. Como se observa en la tabla 1, a partir de esta elección se produjo un cambio muy importante en relación a la distribución de fuerzas al interior de la CD. Para las elecciones anteriores de diputados (1989, 1993 y 1997), al interior de la CD se habían formado dos subpactos, uno conformado por el PS y el PPD y otro por el PDC y el PRSD, cuya suma de votos había sido hasta ese momento superior a la del subpacto PS-PPD. Sin embargo, con ocasión de las elecciones municipales de 2000, se rompió el pacto PDC-PRSD, pasando este último partido a formar parte del subpacto del PS-PPD. En este marco, ocurrió que en las elecciones de 2001 la suma del subpacto PS-PPD-PRSD superó lo obtenido por el PDC, el cual tuvo un mal resultado electoral, que se explica también, en parte, por una situación de fuerte crisis interna (Arriagada, 2005).

De esta manera el PDC, que en 1997 había obtenido el 23% de los votos y 38 diputados (31,7% de la Cámara), en 2001 (cuando ya no formaba subpacto con el PRSD), bajó su votación individual en 3,5 puntos porcentuales y redujo su representación a 24 diputados (20% de la Cámara). En cambio, los partidos del subpacto PS-PPD-PRSD (denominados el "bloque progresista"), a pesar

de no aumentar en forma significativa su votación conjunta8, pasaron a ser la fuerza mayoritaria al interior de la CD, sumando en conjunto 38 diputados (31,7% de la Cámara). Consecuentemente, el punto central es que en 2001 el "bloque progresista" de la Concertación pasó a ser la fuerza más importante al interior de la coalición, aun cuando el PDC se mantuvo como el partido individualmente más fuerte y con una alta representación en el Senado.

En la Alianza por Chile ocurrió también un cambio importante. Conforme lo indica la tabla 1, hasta 1997 RN era la fuerza mayoritaria al interior del pacto, logrando hasta ese momento siempre superar tanto en votos como en escaños a la UDI. Eso cambió en 2001, cuando la UDI logró un espectacular aumento en su votación (subió 9,4 puntos porcentuales) y su representación en la Cámara de 21 a 35 diputados. Por su parte, RN, que bajó su votación sólo en 1,5 puntos porcentuales, vio reducirse su representación de 25 a 22 diputados.

La difícil situación que vivieron el gobierno y la CD en los primeros años del Gobierno de Lagos comenzó a cambiar notablemente en el segundo semestre de 2003, cuando empiezan a recuperar el control del proceso político. A ello contribuyó, por una parte, el proceso de recuperación económica, en el marco del cual las tasas de crecimiento recuperaron los niveles de los períodos anteriores a la crisis y se redujeron los índices de desempleo (ver tabla 2). Tal como es de esperar (Kramer, 1971; Zinder, 1981; Hibbs, 1987; Stokes, 2001) la mejoría en la situación económica del país se reflejó también en los niveles de apoyo al Presidente y a su Gobierno, según lo demuestran las principales encuestas de opinión9. Con ello, naturalmente, las opciones electorales de la Concertación también debían aumentar.


Por otra parte, los partidos de la oposición de derecha, cuya relación estaba pasando por un período de tranquilidad luego de haber vivido intensos conflictos en la década de 1990 (Allamand, 1999; Barozet y Aubry, 2005), volvieron de nuevo a experimentar fuertes conflictos. La tensión aumentó especialmente debido a una denuncia de la diputada RN Pía Guzmán, hecha en octubre de 2003, en la que (aunque no directamente) involucraba al senador UDI Jovino Novoa en una red de pedofilia que estaba siendo investigada en ese momento, proceso judicial conocido como "caso Spiniak". Ello hizo también aumentar las diferencias entre los presidentes de los partidos (en ese momento, Sebastián Piñera de RN y Pablo Longueira de la UDI), acusándose a Piñera de avalar estas denuncias, mientras posteriormente se acreditó la inocencia de Novoa. El conflicto escaló en tal forma, que en marzo de 2004 Lavín (hasta ese momento líder indiscutido de la derecha gracias a su alta votación en 1999 y 2000) resolvió intervenir llamando, a través de los medios de comunicación, al presidente de RN y personalmente al de la UDI, a salir de la presidencia de sus partidos una vez que terminaran su período. Ello trajo el reemplazo de Longueira por Novoa en la presidencia de la UDI. Por su parte, Piñera, al ver que dirigentes importantes de su propio partido apoyaron la decisión de Lavín10, no tuvo otra alternativa que renunciar, siendo reemplazado en el cargo por el ex senador Sergio Díez.

Fue en este marco de "refortalecimiento" de la Concertación y del Gobierno y de aumento de la conflictividad al interior de la derecha en el que tuvieron lugar las elecciones municipales de octubre de 2004. Todavía poseedora de un gran optimismo dados los resultados de la elección de 2001, la Alianza por Chile se mostraba muy confiada en estos comicios, pronosticando que ella igualaría a la Concertación en la votación de alcaldes y reduciría fuertemente la distancia en materia de elección de concejales11. El mismo Lavín señaló, tres días antes de las elecciones, que la Alianza "va a subir mucho en la votación, ya que en estos comicios la brecha entre la Concertación y la Alianza va a quedar pulverizada" (La Nación, 29 de octubre, 2004)12.

Sin embargo, las expectativas de la derecha no se cumplieron, significando los resultados un duro golpe para sus pretensiones presidenciales futuras. Como lo muestra la tabla 3, tanto a nivel de concejales como de alcaldes, la diferencia entre ambas coaliciones fue bastante amplia (10,2 puntos porcentuales en concejales y 6,1 puntos porcentuales en alcaldes). Esto se reflejó en el resultado final, al obtener la Concertación cerca del 60% de los alcaldes del país y 240 concejales más que la derecha13.


El impacto del resultado electoral en la Alianza por Chile fue muy fuerte. Esto, pues, puso de manifiesto que la Concertación seguía siendo la primera fuerza política del país y que, en caso de tener un buen candidato, tenía grandes posibilidades de retener la presidencia. La difícil situación de la derecha se veía confirmada por las encuestas, que en diciembre de 2004 mostraban que Lavín se encontraba en franco descenso en lo que se refiere a sus expectativas presidenciales y que, a esa fecha, empezaba a ser superado por la emergente candidatura de Bachelet (ver figura 1). No obstante, es de destacar que, pese a la difícil situación que vivía la candidatura de Lavín, éste seguía teniendo el apoyo irrestricto de su partido. Asimismo, en marzo de 2005 la Comisión Política Ampliada de RN ratificó a Lavín, por una mayoría de 42 votos contra 2 (con Piñera votando positivamente), como su candidato presidencial (La Nación, 22 de marzo, 2005). Esta decisión debía ser ratificada por el Consejo General del partido, a realizarse en mayo de 2005.


FIGURA 1: ¿Quién le gustaría que fuera el próximo Presidente?

Fuente: CEP, Encuestas de Opinión, varios años. En www.cepchile.cl

Mientras tanto, al interior de la Concertación la disputa por la candidatura del conglomerado comenzó antes de las elecciones municipales de 2004. En el caso del pacto PS-PPD-PRSD, en un primer momento se discutieron como alternativas los nombres de importantes políticos como el del Ministro del Interior José Miguel Insulza (PS), del senador Fernando Flores (PPD) y del Ministro de Educación, Sergio Bitar (PPD). Sin embargo, hacia diciembre de 2003 era perceptible un notable ascenso de la Ministra de Defensa, Michelle Bachelet, en las preferencias de la ciudadanía. Este se fue consolidando en forma tan rápida, que no dejó opción a sus contendores, imponiéndose así (sin necesidad de elecciones primarias o acuerdos negociados) como la candidata del subpacto.

En el caso del PDC, la situación fue distinta. Desde principios de 2004 varios líderes internos habían comenzado a reunir los apoyos necesarios para lograr la nominación del partido, particularmente su presidente, el senador Adolfo Zaldívar; la Ministra de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear, y el ex presidente de la República, Eduardo Frei. Este último constató rápidamente que no tenía opción, por lo cual dejó esta disputa, la que quedó entonces centrada entre Zaldívar y Alvear. Después de las elecciones municipales, Alvear (quien, al igual que Bachelet, había renunciado al gabinete un mes antes de las elecciones municipales de 2004)14 desplegó una intensa campaña para lograr la nominación del PDC, cosa que logró recién en enero de 2005, cuando la Junta Nacional del partido la proclamó precandidata luego de una votación en la que venció por 55% contra 45% a Zaldívar (La Nación, 17 de enero, 2005).

III. LA DEFINICIÓN DE LAS CANDIDATURAS PRESIDENCIALES DE LOS PACTOS Y DE LAS LISTAS PARLAMENTARIAS

Definidas las candidaturas de los subpactos de la Concertación, la disputa se centró entre Alvear y Bachelet. En ese momento la ventaja la tenía Bachelet, quien pudo iniciar antes su campaña (ya que, al contrario de Alvear, no necesitó disputar la nominación de su subpacto) y se encontraba en una muy sólida posición en las encuestas (ver figura 1). En ese contexto la CD acordó, luego de una difícil negociación, organizar un mecanismo de elecciones primarias para la designación de su candidato presidencial, previo a lo cual se realizarían 13 debates entre las candidatas. Dos de ellos tendrían el carácter de nacionales y los restantes serían debates regionales. Ellos se realizarían entre el 27 de abril y el 27 de julio, mientras la elección primaria tendría lugar el día 31 de julio de 2005.

En este contexto, las candidatas empezaron a desarrollar sus campañas. Dada su desventaja, fue Alvear la que realizó una campaña más agresiva, que incluso la llevó a enfrentarse con el Presidente Lagos a propósito de una entrevista en la que dio a entender que él votaría por Bachelet en la elección primaria. Al mismo tiempo, Alvear enfrentó la dificultad de no haber contado con decidido apoyo por parte del presidente de su partido, lo cual motivó diversas críticas de sus partidarios a Adolfo Zaldívar (La Nación, 26 de mayo, 2005). De esta manera, a pesar de sus esfuerzos y a una relativa buena presentación en los dos debates que alcanzaron a realizarse, Alvear fue incapaz de remontar en las encuestas15. En este cuadro, seguir en carrera hasta el 30 de julio implicaba arriesgar una derrota de proporciones16. A ello, se agregó la irrupción de la candidatura de Piñera a mediados de mayo, el cual se constituyó como un obstáculo muy difícil de superar en orden a seguir reuniendo apoyos y poder derrotar a Bachelet. Esto terminó por convencer a Alvear que sus posibilidades eran muy escasas y, por tanto, el día 24 de mayo declinó su postulación, allanando así el camino para Bachelet, a quien mencionó como la "candidata única de la Concertación y la futura Presidenta de Chile" (La Nación, 24 de mayo, 2005).

Zanjado de hecho el problema de la definición del candidato presidencial, la CD se abocó a definir la composición de su lista parlamentaria. Si bien nunca hubo dudas en cuanto a que los partidos formarían una sola lista, el proceso fue dificultado por disputas entre los partidos respecto de cuántos candidatos podrían presentar y la definición exacta respecto de quiénes integrarían las listas.

Estas disputas deben entenderse dentro de la lógica que impone el sistema electoral binominal, que rige las elecciones parlamentarias. De acuerdo a este, en cada distrito o circunscripción senatorial se eligen dos parlamentarios. Si una lista de candidatos (que no puede estar integrada por más de dos personas) obtiene más del doble de los votos de la lista (o candidatura) que le sigue en votación, resultan electos los dos candidatos de esa lista. Si ello no sucede, las dos listas que obtienen mayor número de sufragios eligen un parlamentario cada una, resultando electos quienes hayan obtenido mayor número de votos dentro de cada una de las listas (Art. 109 bis, Ley 18.700). Así, por una parte, el sistema empuja a los partidos a formar grandes coaliciones para asegurar la elección de al menos algún miembro de la lista (lo cual se consigue con seguridad si la suma de sus candidatos alcanza el 33,4% de los votos). Por otra parte, siendo difícil que la lista que obtiene la mayoría de votos doble a la que le sigue, lo normal será que cada una de las listas mayoritarias obtenga un solo escaño en cada distrito o circunscripción. De esta forma, uno de los efectos del sistema binominal es que la competencia no se produce entre coaliciones, sino fundamentalmente al interior de ellas (Carey y Siavelis, 2003; Siavelis, 2005; Navia y Cabezas, 2005; Auth, 2005; Huneeus, 2005)17.

En definitiva, la Concertación logró un acuerdo sobre una lista única de candidatos, la cual se estructuró sobre la base de dos subpactos, uno compuesto por el PDC y el segundo por el PS, PPD y PRSD. En particular, se decidió que el PDC llevaría 60 candidatos a diputados y 9 a senadores, mientras el otro subpacto presentaría 60 candidatos a diputados y 11 a senadores (6 PS, 3 PPD y 2 PRSD). En cuanto a la lista de candidatos a diputados, esta quedó conformada por 60 del PDC (4 de ellos como independientes), 24 del PS, 27 del PPD y 9 del PRSD. Así, en cada uno de los 60 distritos, el candidato del PDC estaría acompañado por un candidato del subpacto PS/PPD/PRSD, como también ocurriría en 9 de 10 circunscripciones senatoriales. Sólo en una circunscripción habría una competencia entre un candidato del PPD y otro del PS18.

En el caso de la Alianza por Chile, el proceso de definición de quien la representaría en las elecciones presidenciales de diciembre tomó un curso particularmente conflictivo a partir de mayo de 2005, cuando el acuerdo de llevar un solo candidato fue roto por RN. El 14 de mayo este partido realizó su Consejo General, en el que su directiva (liderada por Díez) y buena parte de sus dirigentes (como Allamand y el senador Espina) esperaban se ratificara a Lavín como candidato único de la Alianza (La Nación, 14 de mayo, 2005). Sin embargo, las expectativas de la directiva no se cumplieron y, pese a las advertencias que Allamand y Espina hicieron respecto a los negativos efectos que tendría levantar una candidatura presidencial paralela, Piñera aprovechó la oportunidad para presentar su candidatura y lograr que ella se aprobara, con el voto de 250 consejeros (73%). Sólo 88 se opusieron a su candidatura (www.rn.cl).

La irrupción de Piñera significó un duro golpe para la directiva y los sectores "lavinistas" de RN, que de pronto se vieron en una posición minoritaria dentro del partido. En ese contexto, criticaron en forma muy dura la decisión del partido, como lo hizo Allamand, quien la calificó como "un misil para la candidatura de Joaquín Lavín y las opciones de la centroderecha" (La Nación, 15 de mayo, 2005). La UDI también criticó duramente a Piñera. De hecho, Jovino Novoa declaró inmediatamente que su partido sentía una profunda decepción por la decisión, agregando que "una vez más Sebastián Piñera se transforma en un factor de división dentro de nuestro sector" (ídem). Por su parte, Lavín reaccionó a los nuevos hechos llamando a Piñera a realizar elecciones primarias al interior de la Alianza para definir un candidato único de la misma. Piñera rechazó tal proposición criticando que se quisiera "bajar" su candidatura en circunstancias de que recién estaba naciendo. A ello agregó que con su candidatura las posibilidades de la Alianza eran mejores que las que tendría Lavín frente a Bachelet y, por tanto, lo que correspondía era que ambos compitieran hasta diciembre, previo acuerdo de que el que pasara a segunda vuelta apoyaría al otro en esa instancia (La Nación, 15 de mayo, 2005).

La decisión de Piñera de intentar esta audaz jugada y la de la mayoría del partido en apoyarla se explica, al menos en parte, por el deseo de esa mayoría de hacer frente a los intentos hegemónicos de la UDI, partido que, además, los superó electoralmente en 2001 (Barozet y Aubry, 2005: 180). En este contexto, cabe resaltar que el mismo Piñera había sido en varias oportunidades la "víctima" principal de esta "política hegemónica" de la UDI respecto de RN, en particular durante dos situaciones específicas. La primera ocurrió en 2001, cuando Piñera anunció su intención a postular como candidato a senador por la circunscripción Quinta Región Costa. Esta pretensión generó una dura reacción de la UDI, y en particular de su presidente, Pablo Longueira, quien reclamó que ese era un cupo de la UDI y no de RN. Para frenar la embestida de Piñera, Longueira recurrió al entonces comandante en jefe de la Armada, el almirante Jorge Arancibia, el cual anticipó su salida de la Marina para postular a senador por el cupo de la UDI. Ante ello, Piñera no tuvo alternativa aparte de desistir de su postulación, pues insistir habría significado tensionar aún más las relaciones al interior de la Alianza. El segundo tuvo que ver con lo ocurrido a partir de octubre de 2003 y que culminó en marzo de 2004 con la intervención de Lavín y con la salida de Piñera de la presidencia de RN, conforme ya se explicó (Huneeus, 2006: 51).

Sin perjuicio de lo anterior, cabe subrayar el hecho de que para intentar instalar su candidatura Piñera contó también con el espacio político necesario para ello. Este se creó, en primer lugar, a partir de la declinante popularidad de Lavín (ver figura 1). Esta circunstancia le permitió presentar su candidatura usando el argumento de que ella sería un aporte a las perspectivas de la Alianza, en un momento en que las encuestas indicaban que tanto Bachelet como Alvear derrotarían sin dificultad a Lavín. En segundo lugar, la debilidad de Alvear frente a Bachelet hacía pensar que Alvear declinaría pronto su candidatura (como efectivamente ocurrió) y, por tanto, se le abría a Piñera un espacio de potencial crecimiento. Esto, pues podría apuntar a captar votantes de centro que apoyaban a Alvear, pero que no parecían dispuestos a votar por Bachelet. Como veremos, parte de su campaña se dirigió a lograr el apoyo de esos votantes, y así presentarse como un candidato que estaba más allá de la división Concertación/Alianza.

No obstante lo dicho en relación al quiebre entre RN y la UDI a causa de la emergencia de la candidatura de Piñera, corresponde subrayar dos aspectos que fueron importantes para el resto del proceso eleccionario. El primero se refiere al hecho de que, a pesar de las reacciones de los grupos perdedores de RN y de la UDI19, Piñera mostró habilidad política para contener reacciones de ciertos militantes importantes, logrando que muy prontamente las principales figuras del "lavinismo" al interior de RN manifestaran su apoyo a su candidatura y trabajaran por ella20. El segundo se refiere al hecho que el nuevo escenario presidencial no afectó en ningún momento la decisión de que ambos partidos presentarían una lista única de candidatos al Parlamento, imponiéndose así la racionalidad política en esta materia21. Esto, porque presentar listas separadas, dadas las características del sistema electoral binominal, habría conducido inexorablemente a un descalabro electoral para la derecha. De esta manera, la decisión fue de que cada partido llevaría 60 candidatos a diputados y 10 a senadores.

Sin embargo, si bien la decisión fue llevar una sola lista de candidatos a parlamentarios, la estructuración de esa lista dejó en claro que los conflictos entre ambos partidos no estaban resueltos y que habría disputas muy agudas entre los candidatos. Esto, porque en varios distritos y circunscripciones la opción de ambos partidos fue enfrentar a candidatos fuertes, aun cuando tenían claro que inevitablemente uno de ellos perdería, dada la imposibilidad de obtener los dos cargos. En el caso del Senado, por ejemplo, se anticipaban disputas muy duras en la Segunda Región (entre Carlos Cantero y Cristián Leay), en la circunscripción Santiago Oriente (entre Lily Pérez y Pablo Longueira) y en la Octava Región Cordillera (entre Víctor Pérez y Mario Ríos). Por otra parte, sin embargo, era también observable que RN presentó candidatos muy débiles en algunas circunscripciones (como la Cuarta Región, la Octava Costa o Magallanes), con lo cual parecía que RN estaba transfiriendo a la UDI todo el peso de la campaña en esas circunscripciones. Lo mismo en el caso de algunos distritos (ver sección V).

Por último, en el caso del pacto Juntos Podemos Más, el PC, que había perdido a su líder Gladys Marín en febrero de 2005, decidió ceder su opción presidencial al empresario del PH, Tomás Hirsch22. Éste había sido embajador de Aylwin en Nueva Zelandia entre 1990 y 1992 y candidato presidencial en 1999 (obtuvo el 0,5% de los votos). La candidatura de Hirsch se iniciaba con entusiasmo, precisamente porque el pacto "Juntos Podemos" había obtenido un muy buen resultado en las municipales de 2004 (ver tabla 3), cifra que pretendían aumentar en esta elección. Asimismo, el pacto formó una lista parlamentaria, que compitió en los 60 distritos y en las 10 circunscripciones, con el declarado objetivo de romper con el dominio absoluto de los dos grandes pactos a través de lograr un cupo en el distrito 46 (Lota), donde postulaba su presidente, Guillermo Teillier (Diario Siete, 14 de agosto, 2006). 

IV. LA CAMPAÑA ELECTORAL

Como se desprende de lo anteriormente expuesto, los candidatos presidenciales lanzaron sus campañas con bastante antelación a la fecha de inscripción de candidaturas (fijada para el 12 de septiembre). Por una parte, Lavín había estado en campaña prácticamente desde que perdió la elección en 2000, la cual aceleró al acercarse las elecciones de 2004, cuando renunció a su cargo del alcalde de Santiago para apoyar a los candidatos de su coalición y preparar la última fase de la campaña presidencial. Por su parte, Piñera desplegó una intensa campaña desde el día siguiente a su nominación, mientras que Bachelet, aun cuando había empezado en octubre de 2004, continuó su actividad luego de asegurar la nominación de la Concertación23. Por su parte, luego de su proclamación a inicios de junio de 2005, Hirsch comenzó su campaña.

En relación a la campaña presidencial, resalta en primer lugar el hecho de que, aun cuando se inició con bastante antelación, ella estuvo durante buena parte dominada por la convicción de que Bachelet ganaría sin problemas, siendo alta incluso la posibilidad de que se impusiera en primera vuelta, conforme lo sugerían las encuestas (ver tabla 4). Esta percepción, como se explicará, cambió sólo hacia el final de la campaña cuando se instaló definitivamente la idea de que habría segunda vuelta. Esto, por cierto, dio un fuerte impulso a la campaña que, desde principios de noviembre, ganó en intensidad. En segundo lugar, si bien la discusión entre los principales candidatos (léase los de la derecha y la de la Concertación) estuvo centrada en temas de gran interés social (desempleo, educación, salud y delincuencia), la campaña de 2005 no se distinguió por una discusión sobre reformas profundas al sistema político o económico, sino por limitarla a ajustes de alcance parcial. Sólo Hirsch planteó introducir reformas de fondo al sistema.


1. La Campaña en la Alianza

Un rasgo importante de la campaña en la Alianza fue que entre sus candidatos la disputa se planteó, más que en una lucha por la presidencia, en una por el liderazgo futuro de la derecha. Consecuentemente, si bien tanto Piñera como Lavín dedicaron parte de su discurso a atacar a la candidata de la CD, su objetivo central era imponerse al candidato del partido aliado (lo cual también ayudaría a la lista parlamentaria). Esto, obviamente, condujo a que cada uno buscara elaborar discursos diferentes, aun cuando la diferencia no podía ser total dado que ambos disputaban también un mismo electorado. Así, Lavín apeló fuertemente a los sectores populares, en los cuales, según las encuestas, a diferencia de Piñera, tenía buena llegada24. En este contexto, desde un principio centró su discurso en temas específicos que habían constituido el núcleo de su plataforma electoral en 1999, en particular los de seguridad pública (política antidelincuencia), salud, educación y empleo25. Al mismo tiempo, fue Lavín el candidato de derecha que tuvo una actitud más crítica respecto de Lagos y los gobiernos de la Concertación, en particular, en lo que se refería a los temas indicados26.

En cambio, Piñera, que desde 1990 se mostró como un político más liberal, desligado por completo de Pinochet y su gobierno (él mismo votó No en el plebiscito de 1988), optó por una campaña distinta. Esta se centró, en primer lugar, en intentar captar parte del electorado tradicional de la derecha y, en segundo, en obtener apoyos entre los sectores más conservadores de la Concertación, pues sabía que Lavín podría captar la mayor parte del electorado tradicional de derecha. Así, por una parte, para atraer parte del segmento de derecha intentó mostrarse como la mejor carta de la Alianza para enfrentar a la Concertación, subrayando que el liderazgo de Lavín estaba agotado y que la suya era la única candidatura que podía hacer triunfar a la derecha y quebrar con la, hasta entonces, posición dominante de la CD (ver, por ejemplo, El Mercurio 29 de septiembre, 2005 y 20 de noviembre, 2005). Igualmente, no dudó en intentar tomar el liderazgo en algunos temas (particularmente delincuencia) que hasta el momento sólo habían sido tratados por Lavín (ver, por ejemplo, El Mercurio, 26 de septiembre, 2005)27. Por la otra, para captar al votante de centro desplegó una agresiva estrategia destinada a captar al votante del PDC e independientes de centro, usando como argumento principal el que estos sectores estarían mejor representados en un gobierno suyo que en uno hegemonizado por Bachelet y la izquierda28. Al mismo tiempo, subrayó constantemente que su gobierno se basaría en una "Nueva Coalición", la cual estaría compuesta no sólo por los actuales integrantes de la Alianza por Chile, sino también por sectores de centro y que su principio inspirador sería el "Humanismo Cristiano" (La Tercera, 29 y 30 de octubre, 2005; El Mercurio, 20 de noviembre, 2005). Vemos en esta estrategia, entonces, un doble eje: por una parte, intentar quebrar el eje autoritarismo-democracia que ha condicionado la disputa electoral desde 1989 para conquistar votos tradicionalmente cercanos al PDC y, por otra, intentos de mantener este mismo eje divisor para así no perder los votos tradicionales de este sector ha obtenido.

La estrategia de Piñera provocó, por una parte, la reacción del PDC y su presidente Zaldívar, quien respondió en términos muy duros a Piñera, negando su supuesta condición de "humanista cristiano" y tratando de vincularlo con los sectores más conservadores de la derecha. Por la otra, Lavín respondió a Piñera resaltando permanentemente que él era la única persona que se jugaba por la unidad de la Alianza por Chile (El Mercurio, 14 de agosto y 26 de septiembre, 2005), a la vez que expresamente indicaba que no entraría en una campaña de descalificaciones personales como habría estado haciendo Piñera29 .

La tensión entre los candidatos de derecha se mantuvo hasta el final30, aun cuando el centro de la disputa cambió relativamente a partir de fines de octubre. Ello, porque desde ahí las encuestas empezaron a indicar que la probabilidad de que hubiera una segunda vuelta era alta (ver tabla 4) y, por tanto, la disputa se centró en quién pasaría a disputar esa instancia con Bachelet. No obstante lo anterior, las mismas encuestas no indicaban con claridad cuál de los candidatos de derecha obtendría el segundo lugar, explicando así el mantenimiento de la tensión.

2. La campaña de la Concertación

En cuanto a la candidatura de Bachelet, atendidos los datos de las encuestas, su comando apostó en un principio por la idea de que Bachelet no debía realizar una campaña muy activa, en términos de no tener una presencia permanente en los medios de comunicación ni de ser ella la que determinara los términos del debate electoral31. En este sentido, se impuso la idea de una "campaña ciudadana" en la que Bachelet tendría un permanente contacto con personas y grupos de todo el país (pero evitando realizar muchas intervenciones políticas), y relativamente alejada de los partidos, los que en ese entendido se dedicaron en lo principal a las campañas parlamentarias32.

Entre los elementos de esta "campaña ciudadana" destacan: a) las iniciativas "Jóvenes por Bachelet" y "Mujeres con Bachelet" que surgieron de adherentes a la candidata y que tuvieron la capacidad de proponerle una agenda propia; b) el hecho de que en esta etapa el comando estuviera formado principalmente, salvo algunas excepciones, por personas que no pertenecían a las directivas de los partidos políticos, por "rostros nuevos", y c) el desarrollo de una serie de "Diálogos Ciudadanos" que pretendían reemplazar el discurso partidista por uno de carácter ciudadano con la presencia de representantes sectoriales y regionales en ellos. Así este diseño inicial dejó de lado la posibilidad de plantear la contienda como una disputa entre coaliciones, sino que se opta por un camino distinto, tal como se ha señalado.

La estrategia oficialista parecía funcionar en las primeras etapas de la campaña, toda vez que las encuestas seguían indicando que ella sería la próxima Presidenta de Chile y que era muy probable que obtuviera la mayoría absoluta en diciembre.

Sin embargo, avanzada la campaña empezaron a aflorar los defectos de esta estrategia. Ello, por una parte, porque en este contexto fueron los candidatos de derecha los que determinaron los temas de la discusión pública que, además, de acuerdo a las más importantes encuestas de opinión, eran percibidos como los de mayor interés y preocupación para el electorado. Con ello, la derecha pudo tomar el eje de la discusión y configurar un mejor escenario para enfrentar a Bachelet. A esto se agregó más tarde (a mediados de octubre) una fuerte ofensiva destinada a instalar la idea de que la segunda vuelta era una cuestión inevitable (ver El Mercurio, 27 de octubre, 2005). Por la otra, la ausencia en el debate público por parte de Bachelet sirvió a los intereses de la derecha, ya que las encuestas del último mes de campaña empezaron a indicar que Bachelet no ganaría en primera vuelta. Esta situación se consolidó a partir del 9 de noviembre, cuando se publicó la encuesta CEP, la cual mostró una baja muy notable de Bachelet (de 45% a 39%), a la vez que insinuó que la votación conjunta de la derecha podía superar a la de Bachelet. Con todo, persistía la situación de empate entre Lavín y Piñera.

Consecuentemente, el final de la campaña tuvo algunas características distintas. Por una parte, como se dijo, el centro de la disputa entre Lavín y Piñera cambió, a la vez que desde ahí en adelante ambos candidatos (aun cuando no en forma coordinada) desarrollaron un discurso más agresivo respecto de Bachelet33. En el caso de la Concertación, Bachelet hizo ajustes a su campaña, ampliando la presencia de los partidos en ella. Asimismo, procuró marcar más fuertemente la idea de que ella era la representante de la Concertación y sucesora de los gobiernos de la Concertación y, en particular, del Gobierno de Lagos, quien gozaba de una amplia popularidad en las encuestas34. Bachelet, asimismo, recibió el apoyo de Lagos, quien en la última fase de la campaña se mostró como un decidido partidario de su candidatura y en numerosas oportunidades llamó a seguir en el camino de la Concertación y precisó por quién votaría35. De la misma manera, varios ministros participaron en la campaña (El Mercurio, 30 de noviembre, 2005).

V. LOS RESULTADOS DE LA ELECCIÓN DEL 11 DE DICIEMBRE

1. La elección presidencial

Conforme se resume en la tabla 5, en la elección presidencial ninguno de los candidatos logró alcanzar la mayoría absoluta de los votos válidamente emitidos y así ganar en primera vuelta. Consecuentemente, el primer efecto fue que debía realizarse una segunda vuelta electoral, en la que tomarían parte Sebastián Piñera y Michelle Bachelet, y que tendría lugar el 15 de enero de 2006.


En segundo lugar, en términos globales destacan los siguientes aspectos relevantes: a) Piñera consiguió su objetivo de desplazar al candidato UDI y colocarse como abanderado de la derecha en la segunda vuelta, además de lograr que el resultado confirmara su argumento de que los dos candidatos de la oposición de derecha sumarían más que la candidata de la Concertación (48,64% vs. 45,96%). Con todo, la votación de la derecha fue inferior a la obtenida por Lavín en enero de 2000 (cuando alcanzó el 48,69%), y no llegó al 50%, lo que habría puesto a Piñera en una posición muy expectante para la segunda vuelta; b) Bachelet obtuvo un resultado inferior al que se preveía al inicio de la campaña, pero ciertamente superior a las magras expectativas que se habían creado hacia mediados de noviembre en torno a su candidatura, por lo que podría decirse que su estrategia del último mes fue efectiva, al menos en cumplir el objetivo de detener la baja que estaba sufriendo. No obstante, al mismo tiempo debe recordarse que Bachelet obtuvo una votación inferior en 226.000 votos a lo recibido por la lista parlamentaria de la Concertación para la Cámara de Diputados36; c) Hirsch, que esperaba reeditar la buena votación de su pacto en las elecciones de 2004, no pudo alcanzar esta meta y en definitiva sólo pudo aumentar en 1,3 puntos porcentuales la votación obtenida por los candidatos de la izquierda en 1999; d) en esta elección se rompió la tendencia a la caída en el número de inscripciones, con un total de 208.832 nuevos votantes, representando un aumento del 2,6% del padrón electoral. Sin embargo, y pese a este aumento del padrón, la tasa de participación mantuvo su tendencia histórica a la baja: en esta elección presidencial más de 1 millón de personas decidieron no concurrir a votar.

En tercer lugar, hay algunos aspectos específicos que es necesario destacar: a) Por primera vez desde la reinauguración de la democracia la candidata de la Concertación obtuvo (porcentualmente) más votos entre las mujeres que entre los hombres. En esta elección Bachelet recibió el 47,0% de los votos entre las mujeres y sólo el 44,77% entre los hombres37. Sin embargo, a pesar de esto la derecha mantuvo su hegemonía entre las mujeres, ya que el 48,96% de ellas se inclinó por un candidato de la Alianza, aun cuando ello no le alcanzó para mantener la mayoría absoluta que había alcanzado Lavín entre las mujeres en 2000 (51,35%). Estos resultados confirman las expectativas producidas antes de la elección respecto de la importancia del electorado femenino en el resultado final a obtener y, por otra parte, muestran que la CD logró con Bachelet aumentar su atractivo y llegada a este segmento de la población; b) la distribución de votos entre los candidatos de derecha es distinta. Lavín tiene mayor apoyo entre las mujeres que entre los hombres (24,85% en mujeres y 21,37% en hombres), mientras la situación inversa ocurre con Piñera (24,1% en mujeres y 26,8% en hombres); c) Hirsch tuvo un apoyo más alto entre los hombres (6,9%) que entre las mujeres (4,0%); d) en último término, cabe referirse al comportamiento de quienes por primera vez votaban en una elección presidencial38. Entre las mujeres, la adhesión a Bachelet fue más alta que el promedio del país (49,3% versus un 47,0%), mientras que entre los hombres fue Piñera el más beneficiado (30,3%). Hirsch aumentó también su votación entre estos "nuevos votantes", especialmente entre los hombres, donde obtiene un 9,6%.

2. La elección parlamentaria

Respecto a las elecciones parlamentarias, estas arrojaron también interesantes resultados, los que se resumen en la tablas 6 y 7. En particular, resaltan los siguientes:

a) En 2005 la Concertación logró recuperar la mayoría absoluta de los votos que había perdido en la elección de 2001, cuando sólo obtuvo el 47,9 %. A esto, se suma el hecho de que logró aumentar su distancia respecto de la Alianza, que se había reducido a 3,7 puntos porcentuales en 2001 (ver tabla 1), a 13,1 puntos porcentuales, esto es, a más de 860.000 votos, cifra similar a la distancia (en votos) establecida en 1997, pero inferior a la de 1993, cuando superó los 1.260.000 votos.


b) A partir de esa recuperación, los partidos de la Concertación lograron, en primer lugar, mantener su mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, además de ampliarla al elegir 65 diputados (63 en 2001). Por su parte, la Alianza por Chile redujo su representación de 57 a 54 Diputados. El cupo restante correspondió a Marta Isasi, perteneciente al pacto Fuerza Regional Independiente.

Más relevante es lo sucedido en la elección de senadores, donde la Concertación ganó 11 de los 20 cupos en disputa, mientras la Alianza sólo 8. El restante es un independiente (Carlos Bianchi en Magallanes). Con esto, la Concertación logró, tras la eliminación de los senadores designados y por derecho propio de acuerdo a la reforma constitucional de 2005, asegurar por primera vez desde 1990 la mayoría absoluta en ambas cámaras del Parlamento.

c) Respecto a la distribución de fuerzas al interior de la Concertación cabe indicar, en primer término, que estas elecciones ratificaron la tendencia surgida en las elecciones de 2001, en términos de que el subpacto PS/PPD/PRSD constituye la fuerza mayoritaria al interior de la Concertación, obteniendo el 60% de los votos del pacto. Esto se tradujo en un aumento de la representación parlamentaria de ese subpacto, a pesar de que el PDC subió su votación en términos porcentuales (de 18,9% a 21,5%). Así, en la Cámara electa en 2001, de los 63 diputados de la Concertación 24 pertenecían al PDC, 12 al PS, 21 al PPD y 6 al PR. En esta oportunidad, sin embargo, la importancia numérica de la bancada del PDC disminuyó al elegir sólo 21 diputados, mientras el PS subió de 12 a 15, el PR de 6 a 7 y el PPD de 21 a 22.

Pero más grave para el PDC fue lo ocurrido en la elección senatorial, donde desde ahora sólo tendrá 6 senadores, perdiendo 5 en relación a su bancada hasta marzo de 2006. Por su parte, el PS aumentó su bancada de 5 a 8, el PPD de 2 a 3 y el PR también de 2 a 3. Con esto, el PS sustituyó al PDC como la bancada más grande de la Concertación en el Senado. De esta forma, el PDC pasó a tener sólo el 32% de los diputados de la coalición gobernante (38% en 2001) y sólo el 25% de los senadores (55% en 2001)39 (ver tabla 7).


En consecuencia, un hecho relevante de esta elección es que se consolidó la posición dominante del bloque PS/PPD/PRSD al interior de la Concertación, esto a través de mantener esa posición en la Cámara y extenderla al Senado.

d) En el caso de la Alianza por Chile, se mantuvo la dispar correlación de fuerzas entre los partidos que la componen que se había generado en las elecciones de 2001. En esa elección, la UDI había obtenido 35 diputados, mientras RN 22. En esta ocasión, la distribución no se alteró mayormente, de forma que la UDI, pese a bajar apenas su votación, mantuvo la hegemonía al interior del pacto, logrando elegir a 33 diputados, mientras RN sólo eligió 20. El restante es un ex militante de RN (Alberto Cardemil electo en el distrito 22) que ocupó un cupo de la UDI, pero que no pertenece a ese partido.

En cuanto a la situación de la Alianza en el Senado, la situación relativa de RN mejoró, aun cuando no lo suficiente para superar a la UDI. Hasta esta elección la derecha tenía 18 senadores electos, de los cuales 7 pertenecían a RN y 11 a la UDI. Luego de esta elección, RN y la UDI suman 17 senadores (no pudo romper el doblaje de la Concertación en la circunscripción Octava Costa), 8 de los cuales pertenecen a RN y 9 a la UDI. No obstante lo anterior, cabe señalar que el senador electo como independiente luego se integró al comité parlamentario de RN en marzo de 2006.

En último término, con relación al resultado de la derecha cabe destacar el hecho de que en 5 de los 6 distritos donde la Alianza no obtuvo representación, fueron los candidatos de RN los que tuvieron la menor votación al interior de la lista, en muchos casos bajo el 10%. En el caso del Senado, en las dos circunscripciones en que la Alianza no obtuvo representación (Octava Región Costa y Magallanes), fueron los candidatos de RN los que obtuvieron una muy baja votación.

e) Finalmente, se subraya que nuevamente la denominada izquierda-extraparlamentaria no pudo conseguir representación en el Congreso, faltándole más de 10 mil votos para lograrlo en el distrito 46.

VI. LA SEGUNDA VUELTA PRESIDENCIAL

Conocidos los resultados de la primera vuelta, Bachelet y Piñera se abocaron a trabajar de cara a la segunda vuelta, para lo cual no contaban con mucho tiempo dado que la intensidad política debía bajar necesariamente en razón de las fiestas de fin de año. A pesar del alza de la derecha, dada su votación y la de Hirsch, Bachelet partía la campaña con la mejor opción para imponerse en la segunda vuelta, pues, como había ocurrido en 1999 con los votos de Gladys Marín, lo esperable era que los votantes de Hirsch lo harían por la Concertación en segunda vuelta.

Sin perjuicio de lo anterior, en el caso de Piñera cabe destacar que los días inmediatamente posteriores al 11 de diciembre le fueron favorables. Esto, en primer lugar, porque pudo resolver en forma expedita un problema central, cual era el que la UDI le diera su apoyo irrestricto en esta elección. Ello, obviamente, era fundamental, ya que para mejorar sus posibilidades necesariamente debía contar con los votos de Lavín, pero al mismo tiempo no podía enfrascarse en una larga negociación con la UDI, pues ello podría perjudicarlo para captar el voto de electores de centro e independientes, de cuyo apoyo dependían en forma más gravitante sus posibilidades40.

En segundo lugar, la situación de la Concertación luego de la elección no era buena, ya que el mal resultado electoral del PDC generó fuertes reacciones al interior del partido, entre las cuales destacaron críticas a los socios de la coalición41. A esto se añadieron algunos errores de Bachelet, quien el 14 de diciembre acusó indirectamente a la derecha, sin ofrecer pruebas concretas, de usar malas prácticas para mejorar su votación42. Esto, obviamente, fue usado de inmediato por la derecha para criticarla, lo cual fue en forma amplia cubierto por la prensa.

En tercer lugar, Bachelet enfrentó otros dos problemas políticos de importancia. El primero tuvo que ver con dificultades para reestructurar su comando, especialmente para lograr la colaboración de Soledad Alvear, la que sólo después de la primera semana se integró al trabajo electoral. El segundo se refería a asegurar el apoyo del PC, sin entrar en una negociación con ese partido, ya que ello sería usado por Piñera para intentar captar al votante de centro. En definitiva, sin embargo, el problema fue resuelto hacia el final del año, cuando el PC anunció que apoyarían a Bachelet, pero afirmando al mismo tiempo que serían opositores a su Gobierno (El Mercurio, 28 de diciembre, 2005). No obstante, Hirsch insistió en su llamado a anular.

En este contexto, la estrategia discursiva de Piñera estuvo centrada, en primer lugar, en reforzar la manera de intentar convencer de que la disputa electoral no era una entre la Concertación y la Alianza (situada en torno al eje Autoritarismo-Democracia). Esto se observa principalmente en los siguientes elementos, algunos de los cuales ya habían sido desarrollados en la primera vuelta: a) Intentar instalar la idea de que en esta elección los electores debían elegir entre personas más que entre coaliciones, debiendo, en consecuencia, procurar entregar la presidencia a la persona más capaz para ejercer el cargo. De esta forma, reivindicó sin tregua ser una persona más capaz intelectualmente que Bachelet43, además de intentar presentarse como un líder de la misma estatura política de Lagos. Sin embargo, éste en ningún momento le entregó espacios para que desarrollara esa idea y apoyó a Bachelet44; b) fortalecer la ofensiva, iniciada durante la primera vuelta, destinada a captar al votante de centro, particularmente del PDC. Así, el 13 de diciembre presentó un nuevo grupo de adherentes, que incluía algunas personas que se vincularon antes a la Concertación y simpatizantes o ex militantes del PDC45. Asimismo, siguió insistiendo en que su gobierno descansaría en una "Nueva Coalición", cuyo principio unificador sería el "Humanismo Cristiano". Pieza central de esta estrategia, como antes, fue dirigirse al votante del PDC llamándolo a abandonar una Concertación ahora dominada por la izquierda46.

Un segundo elemento característico de esta etapa es la presencia, más marcada que en la primera vuelta, de lo que podríamos llamar el "discurso más clásico" de la derecha, con el propósito aparente de no perder los votos que había obtenido Joaquín Lavín en diciembre. Así: a) Piñera retomó con fuerza algunos temas en los que había centrado su discurso en primera vuelta, en particular los de delincuencia, empleo y educación. A esto agregó, a 12 días de la elección, la presentación de un paquete de 120 medidas que comenzaría a implementar en los primeros 4 meses de gobierno, muchas de las cuales apuntaban a ganar grupos específicos47; b) tratar de instalar la idea de que el desarrollo del país exigía alternancia en el poder, lo cual en el caso de Chile sería necesario, pues la coalición gobernante ya había estado en el poder por 16 años y se encontraba muy gastada para seguir haciéndolo, y c) en último término, en particular hacia el final de la campaña, desplegó una fuerte crítica al Gobierno por su supuesto intervencionismo electoral, a su juicio, dirigido por el mismo Lagos48, y el desarrollo de una "campaña sucia" contra de la oposición, marcada por eventuales actos de corrupción en instituciones como el Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y el Fondo de Solidaridad e Inversión Social (FOSIS).

En el caso de Bachelet y la Concertación, el mal escenario inicial pudo ser revertido en forma relativamente rápida, en lo cual fueron relevantes dos elementos: Primero, se reorganizó el comando electoral, creándose un nuevo comité político encabezado por el hasta entonces ministro de educación Sergio Bitar (PPD) y el senador Andrés Zaldívar, y segundo, se resolvieron los conflictos con el PDC, partido que decidió postergar sus conflictos internos e integrarse completamente a la campaña. En otras palabras, en esta segunda etapa se observa un énfasis en el rol de los partidos políticos de la coalición y en marcar las diferencias entre la CD y la Alianza. A ello, además, se añadió hacia fin de año la resolución del PC de apoyar a Bachelet.

En este marco, la estrategia de la Concertación se basó en elementos distintos a los de la de Piñera, centrándose en los siguientes: a) desde el inicio se evitó entrar en el juego de Piñera de hacer esta una confrontación de capacidades de los candidatos. En cambio, la respuesta fue "politizar la campaña", eso es, plantearla como una disputa entre dos coaliciones (la Concertación y la Alianza) que representan valores e intereses distintos. Esto, obviamente, en el supuesto de que la Concertación tenía más apoyo que la Alianza y, en consecuencia, si se convencía al electorado que esa era la disyuntiva, Bachelet no tendría problemas en superar a su adversario49. De esta manera, ante el intento de Piñera, la CD respondió poniendo dentro del debate el eje Autoritarismo-Democracia, convencida de que ese era el mejor camino para ganar la elección; b) Se intentó mostrar a Bachelet como una candidata alejada de un debate de descalificaciones, genuina continuadora del gobierno del presidente Lagos50 y particularmente acogedora e integradora, y c) Se puso un fuerte acento en intentar captar más aún el voto de la mujer, que se sabía era muy proclive a votar por Bachelet, además de presentar un paquete de 36 medidas a implementar dentro de los primeros 100 días de gobierno, los cuales incluían ciertamente varios beneficios para sectores específicos51.

En este marco, a inicios de 2006 la Concertación ya se había repuesto del mal momento inicial, por lo que mantenía aún intactas sus posibilidades. Por tanto, Piñera necesitaba revertir la situación y para ello era imprescindible realizar una presentación muy superior a Bachelet en el debate presidencial que se realizaría el día 4 de enero, ya que ello le permitiría instalar una imagen de triunfo que acrecentara sus posibilidades. No obstante, pese a sus esfuerzos, su objetivo no se cumplió y, contrariamente a sus intereses, la opinión mayoritaria fue que Piñera había desperdiciado su oportunidad (El Mercurio, 5 de enero, 2006)52.

Con Piñera con pocas posibilidades reales, los días anteriores a la elección estuvieron marcados, primero, por una fuerte ofensiva de la Concertación en torno a la idea de que Bachelet se impondría, y ello por un margen no menor. En segundo lugar, la discusión se centró en un proyecto de ley de reforma laboral (en materia de subcontratación), que el Gobierno reactivó luego de que Piñera lo instara a ello. Esto, obviamente, en la convicción de que la derecha no lo aprobaría. Sin embargo, lo hizo y Lagos resolvió, a pocos días de la elección, retirar la urgencia a la tramitación del proyecto. Por último, al parecer consciente de sus pocas posibilidades, en la última semana la oposición y su candidato centraron su energía principalmente en atacar al Gobierno por eventuales actos de corrupción53.

VII. LOS RESULTADOS DE LA SEGUNDA VUELTA

En estas circunstancias se llegó a la elección del 15 de enero de 2006, en la que Bachelet se impuso por 7 puntos porcentuales sobre Piñera (53,5% contra 46,5%), resultado que fue incluso mayor a la diferencia entre la suma de la derecha y la de Bachelet y Hirsch en la primera vuelta.

En relación con estos resultados, los siguientes puntos son interesantes de destacar:

a) En primer lugar, respecto de la primera vuelta, Bachelet aumentó su votación en 532.328 votos, llegando a 3.723.019. Por su parte, mientras Piñera lo hizo en 1.472.430 sufragios, llegando a 3.236.394, de forma que no logró sumar para sí los 1.612.608 votos que obtuvo Lavín en diciembre (le faltaron 140.178 votos para ello, esto es, el 8,7 % de los votos de Lavín).

b) En este contexto, destaca que en sólo dos regiones Piñera logró aumentar su votación respecto de la suma obtenida por él y Lavín en diciembre de 2005. Ellas fueron las regiones de Tarapacá (+0,8%)54 y Aysén (+0,1%). Luego, hubo cuatro regiones en que su baja fue inferior a 2% (Antofagasta -1,8%, Atacama -0,6%, Valparaíso -1,1% y Metropolitana -1,9%) y otras 7 en que la baja fue entre 2 y 3% (Coquimbo -2,0%, O'Higgins -2,32%, Maule -2,9%, Araucanía -2,7%, Los Lagos -2,6, Magallanes -2,3% y Metropolitana -2,04%). La peor baja la sufrió en la región del Bío-Bío (-3,1%). En consecuencia, lo que destaca es que las pérdidas de Piñera se distribuyen en forma bastante homogénea, en términos de que en las regiones (y también los distritos) en que Piñera baja bastante no se concentran particularmente en ninguna región. Es decir, por ejemplo, distritos con pérdidas superiores a 2% se encuentran tanto en el norte (por ejemplo, La Serena y Coquimbo), como en Santiago (por ejemplo, Pudahuel, Cerro Navia, La Granja) y como en el sur (entre otros, Valdivia, Curicó, Linares, Los Angeles, Punta Arenas).

c) En cuanto a la votación por sexo, la suma de los votos de Piñera y Lavín fue de 1.559.867 sufragios entre los hombres (48,3%), mientras entre las mujeres fue de 1.816.435 votos (48,9%). En enero, Piñera obtuvo 1.503.979 (46,3%) votos entre los hombres y 1.723.679 (46,6%) entre las mujeres. En consecuencia, Piñera perdió en esta segunda vuelta más votos entre las mujeres (92.756) que entre los hombres (55.888 votos).

VIII. CONCLUSIONES

De lo expuesto en este artículo se desprenden algunas interesantes conclusiones acerca del proceso electoral chileno de diciembre de 2005 y enero de 2006.

En primer lugar, la Concertación logró una vez más superar a la Alianza por Chile en una contienda electoral, conforme lo ha hecho en todas las elecciones desde 1990. Esta vez, sin embargo, destaca el hecho que si bien en un primer momento se intentó hacer una campaña electoral "ciudadana" o, si se quiere, "menos política", luego se demostró que ella no era una estrategia adecuada. De esta manera, el recurso principal utilizado por la Concertación para detener a una derecha ascendente hacia el final de la campaña fue precisamente "politizarla", en términos de plantear la disputa como una lucha entre dos coaliciones, dejando así de enfatizar otros atributos de su candidata. Este giro fue en definitiva imposible de superar por la derecha, que vio que en una disputa planteada en estos términos no podía ganar.

Este resultado refuerza, entonces, la idea planteada al comienzo de este artículo de que el eje autoritarismo-democracia que se instaló en Chile a partir del plebiscito de 1988 sigue vigente, y que entrega dividendos políticos a la Concertación al ser usado como el factor de movilización del electorado. En efecto, al politizar la campaña, al plantear la disputa como la lucha entre ambas coaliciones, es que la Concertación logra consolidar el triunfo de Bachelet en la elección presidencial. Esto, porque la Concertación es más electoralmente que la Alianza y porque en ese marco era claro que la mayoría de los votantes de Hirsch la apoyaría ante la eventualidad de que ganara la derecha (como también había ocurrido en la elección de 2000).

En segundo lugar, los resultados electorales son muy relevantes para el éxito del gobierno de Bachelet y el futuro de la Concertación. En principio, que la Concertación haya logrado la mayoría en ambas cámaras del Parlamento le facilita la gestión al Gobierno, ya que para la aprobación de leyes ordinarias (como son las leyes tributarias) y de quórum calificado no requerirá negociar con la derecha para lograr su aprobación. Sin embargo, ello no puede llevar a afirmar que será un Gobierno fácil. Esto, por una parte, pues deberá seguir buscando el concurso de la oposición para modificar leyes que requieren quórums más altos o lograr la aprobación de ciertos nombramientos. Por la otra, porque al tener la Concertación la mayoría parlamentaria, cada uno de los partidos que la componen tiene la fuerza suficiente para hacer fracasar cualquier proyecto del Gobierno y, por tanto, este deberá ser muy cuidadoso en sus relaciones con ellos para así asegurar el apoyo permanente a sus políticas.

Respecto del futuro de la Concertación, el resultado electoral es muy importante dada la nueva distribución de fuerzas entre los subpactos. Por tanto, la coalición enfrenta ahora el desafío de mantener su unidad en un marco de cierto desequilibrio, para lo cual será central la actitud de la dirigencia de los partidos en el sentido de no estimular estrategias que terminen con la salida de algún partido de la misma. Es importante destacar, entonces, cómo la presencia del eje autoritarismo-democracia, pese a seguir vigente, permite, al mismo tiempo, que las fuerzas al interior de la Concertación se reorganicen y que permita que distintos sectores o subpactos de ella logren obtener una mayor cantidad de votos y una mayor representación en el Congreso cambiando los equilibrios internos.

En tercer lugar, la derecha tuvo un resultado electoral superior al que esperaba seis meses antes de la elección, y así pudo reafirmar que es una fuerza política muy significativa. Sin embargo, al mismo tiempo la campaña demostró las limitaciones de la capacidad de la derecha de actuar colectivamente, requisito esencial para que pueda superar a la Concertación. En cuanto al resultado parlamentario, se ratificó el desequilibrio de fuerzas entre RN y la UDI, lo cual demuestra sus diferencias en cuanto a capacidad de movilización electoral. Esto resulta de particular interés, toda vez que Piñera fue incapaz de traspasar sus votos a los candidatos de su partido, el cual obtuvo más de 700 mil votos menos que su candidato presidencial. En cambio la UDI, que, además tenía un candidato presidencial en decadencia, sí fue capaz lograr gran apoyo para su lista, la que en definitiva recibió sólo cerca de 110.000 votos menos que Lavín.

En cuarto lugar, destaca el hecho de que la "izquierda extraparlamentaria" quedó nuevamente excluida del Parlamento, a pesar de obtener más del 7% de los votos (los cuales de nuevo fueron vitales para el triunfo de la Concertación). Esto, obviamente, lleva a plantear la necesidad de reformar el sistema electoral binominal para que fuerzas importantes no sigan excluidas del Congreso, como se ha empezado a notar con fuerza desde la elección de diciembre.

Es muy pronto hoy para pronosticar el éxito o fracaso del gobierno de Michelle Bachelet. Sin embargo, puede ser interesante destacar algunos de los elementos más importantes que han marcado estos últimos días. Primero, la agenda política aparece dominada, primero, por el avance en el cumplimiento de las "36 medidas" para los primeros 100 días de gobierno. Segundo, los procesos eleccionarios que están viviendo en la práctica todos los partidos (con excepción del PRSD y de los partidos del Pacto Juntos Podemos). Finalmente, el alza del precio del cobre y sus efectos para las finanzas nacionales y expectativas de gasto fiscal. Estos tres elementos han llevado a un discurso y disputa política entre los grandes bloques que ha sido bastante moderado. Es probable que la tensión política aumente hacia mediados de año, una vez que se anuncie el plan de gobierno para el período restante y una vez que los partidos cuenten con sus nuevas directivas. Al mismo tiempo, es probable que, una vez que se cuente con un proyecto definitivo para la reforma al sistema previsional y para la reforma al sistema electoral, los dos grandes proyectos sobre los cuales se trabaja en este momento, la discusión y tensión política aumente (tanto entre la Concertación y la Alianza como al interior de los partidos de la Concertación).

NOTAS

1 Agradecemos los comentarios a este artículo de Rodrigo Salcedo, Juan Luis Monsalve y un evaluador anónimo de RCP.

2 Chile se divide administrativamente en 13 regiones. Para efecto de la elección de senadores, el país se divide en 19 circunscripciones senatoriales, cada una de las cuales elige dos senadores. De ellas, 7 están constituidas por regiones completas, mientras las restantes por áreas determinadas de una región. Así por ejemplo, la Octava Región está dividida en dos circunscripciones senatoriales, una conocida como la circunscripción Octava Región Costa y la otra como Octava Región Cordillera. Asimismo, en el caso de la Décima Región, las dos circunscripciones en que está dividida se conocen como Décima Región Norte y Décima Región Sur. Para la elección de la Cámara de Diputados, Chile se divide en 60 distritos electorales, cada uno de los cuales elige dos diputados. Los distritos están constituidos por comunas que deben pertenecer a una misma región. Para mayores detalles, ver artículos 46 y siguientes de la Constitución Política de Chile y artículos 178 y siguientes de la Ley 18.700.

3 La CD, que ha gobernado el país desde 1990, está actualmente compuesta por los partidos Demócrata Cristiano (PDC), Socialista (PS), Por la Democracia (PPD) y Radical Social Demócrata (PRSD). Bachelet es militante del PS.

4 En todas las elecciones de diputados realizadas entre 1989 y 2001, la CD había logrado obtener la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados. Distinto era el caso del Senado, donde a pesar de haber tenido la mayoría entre los senadores electos, nunca logró tener mayoría debido a la existencia de los denominados "senadores designados". Ellos dejaron de existir el 11 de marzo de 2006, en virtud de la reforma constitucional de 2005.

5 Las leyes de quórum calificado requieren de la mayoría absoluta de los senadores y diputados en ejercicio para su aprobación. Las leyes de quórum simple, en cambio, requieren de la mayoría absoluta de los senadores y diputados presentes en cada Cámara (Constitución Política de Chile, Art. 66; Godoy, 2003; Nolte, 2003).

6 En las elecciones presidenciales anteriores los candidatos de la Concertación Patricio Aylwin (PDC) y Eduardo Frei (PDC) habían logrado la mayoría absoluta de los sufragios en primera vuelta. Para un análisis de esas elecciones, ver Angell (2005) y Dusaillant (2005).

7 Estos casos, que hasta este momento (abril de 2006) siguen tramitándose, fueron conocidos como MOP-Gate (que afectó especialmente a Cruz) y "Caso Coimas" (en virtud de este fueron desaforados 5 diputados de la Concertación).

8 Como se desprende de la tabla 1, en las elecciones de 1997 la votación conjunta del PS y el PPD es de 23,6%, mientras en 2001 aumenta sólo a 23,9%. En consecuencia, lo relevante aquí es que el cambio de subpacto del PRSD fue el que dio al "bloque progresista" de la Concertación la mayoría al interior del pacto.

9 Las encuestas del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), por otra parte, muestran que, en abril de 2002, el porcentaje de personas que aprobaban la gestión del Gobierno era de 50%, mientras el de desaprobación llegaba a 40%. En los meses siguientes, esto cambió notablemente. En diciembre de 2003 el 60% de los encuestados aprobaba la gestión del Gobierno, mientras un 27% no lo hacía (www.cerc.cl).

10 Por ejemplo, algunos dirigentes del partido como Lily Pérez, Sergio Romero (entonces presidente del Senado) y Alberto Cardemil apoyaron la decisión de Lavín y solicitaron que Piñera diera un "paso al costado". Igualmente, cabe recordar que incluso un antiguo aliado de Piñera y ex presidente del partido, Andrés Allamand, apoyó la intervención de Lavín y se incorporó al círculo de asesores más cercano del líder de la derecha, conocido como los "samurais" (La Nación, 10 de marzo, 2004).

11 De acuerdo a la Ley 18.695, en Chile las autoridades municipales (alcaldes y concejales) se eligen en forma separada. Así, para la elección de alcaldes, se utiliza un mecanismo de elección directa, resultando electo el candidato que obtenga la mayor cantidad de votos (Art. 125, Ley 18.695). En cambio, para los concejales (que constituyen el Concejo Municipal), y cuyo número por comuna varía entre 6 y 10 dependiendo de la población de la respectiva comuna, se utiliza un sistema de representación proporcional (Art. 121 a 124, Ley 18.695). Este sistema de elección separada de alcaldes y concejales fue utilizado por primera vez en la elección de 2004, luego de que la ley fuera reformada con los votos de la Concertación y de dos senadores de RN.

12 Para un análisis de estas elecciones, ver Arriagada (2004).

13 Respecto de los datos de la tabla 3, cabe precisar que la cifra el dato oficial de número de alcaldes concertacionistas puede estar subestimado. Esto, pues ocurrió que muchas personas de la Concertación, al no ser nominados como candidatos a alcalde por la coalición, decidieron competir como independientes. Varios de esos candidatos resultaron electos como alcaldes y luego volvieron a integrarse a la Concertación.

14 La salida de Bachelet y Alvear del gabinete se explica, al menos parcialmente, por el hecho de que ellas ya estaban preparando su candidatura presidencial y, en este contexto, integrarse a la campaña municipal era una buena oportunidad para organizarla, pues podrían recorrer el país apoyando a los candidatos.

15 Por ejemplo, CERC dio a conocer en abril un encuesta que indicaba que Bachelet se impondría a Alvear con un 61% vs. un 26% en una elección primaria (www.cerc.cl). Posteriormente, Time Research entregó otro estudio que mostraba una diferencia superior de Bachelet sobre Alvear (74% vs. 20%) (La Nación 13 de mayo, 2005).

16 A este respecto, no es descartable que candidatos a parlamentarios del PDC hayan visto positivamente una "bajada anticipada" de Alvear, ya que seguir haciendo campaña conjunta con ella les significaba "perder terreno" frente los candidatos del subpacto PS/PPD/PRSD que hacían campaña con Bachelet, quien lideraba fácilmente las encuestas.

17 Así, por ejemplo, en la negociación de 2005 se vio que el conflicto más importante se dio entre el PS y el PPD por la conformación de la lista senatorial en la sexta región. Este se produjo, porque el candidato PPD, Aníbal Pérez, se resistía a integrar la lista con Juan Pablo Letelier (PS), pues sabía que sus posibilidades de ser electo serían mínimas. Existe una amplia literatura sobre el sistema binominal, en que se analizan su historia, sus efectos, o bien, se promueve su reforma. Entre otros, ver: Altman (2006), Guzmán (1993) y Huneeus (2006a). Para la historia de su establecimiento, ver Gamboa (2006).

18 Este no es un hecho menor, toda vez que es primera vez desde 1989 que en un mismo distrito o circunscripción compiten un candidato del PPD con uno del PS y, por tanto, haber roto con esa "ley no escrita" de la relación PS-PPD podría tener efectos futuros importantes.

19 Aparte de las rechazadas peticiones de realización de primarias y las críticas a la decisión, la misma UDI invitó a los militantes de RN que apoyaban a Lavín a integrarse a la UDI (La Nación 17 y 18 de mayo, 2005).

20 Por ejemplo, el senador Espina se convirtió en su jefe de campaña. Distinta fue la reacción de Allamand, quien si bien declaró apoyar a Piñera, durante su campaña a senador por la circunscripción Décima Región Norte, tuvo una actitud bastante más amigable con Lavín que la que tuvo el resto de RN. La excepción fue Alberto Cardemil, quien compitió en las parlamentarias como independiente usando un cupo de la UDI.

21 Esta decisión fue ratificada incluso el mismo día de conocerse la candidatura de Piñera por el presidente de la UDI, Jovino Novoa. Éste, después de criticar a Piñera como factor de división, agregó que el pacto parlamentario no estaba en discusión, sino que en este escenario: "Cada partido llena su cupo a diputado en los 60 distritos. Cada partido llena su cupo a senador en las 10 circunscripciones. Tenemos un acuerdo parlamentario que va en esa línea y lo mantenemos. La UDI no va hacer cuestión alguna y seguiremos hasta el final con nuestro acuerdo parlamentario en esas condiciones. No vamos a cambiar cualquiera sea el resultado; del candidato presidencial que lleve la Alianza, cualquiera sea el desenlace de esta nueva situación presidencial, para la UDI el pacto parlamentario está sellado y sacramentado" (La Nación, 15 de mayo, 2005).

22 En un principio, el PC había apoyado como candidato al académico Tomás Moulián, quien no era militante del partido. Asimismo, se discutió la posibilidad de que el candidato del pacto fuera el presidente del Colegio de Profesores, Jorge Pavez, ex militante del PC. En este contexto, destaca el aparente desinterés del PC de presentar un candidato propio, lo que podría explicarse por un mayor interés en lograr representación parlamentaria y, por tanto, concentrar sus esfuerzos y recursos en ello.

23 El PDC la proclamó el 30 de julio de 2005.

24 Al respecto, cabe considerar que Lavín tenía espacio para enarbolar este discurso "más populista", alejado de lo que uno podría esperar de un candidato del partido que se sitúa más a la derecha del espectro político. Esto, principalmente, porque sabía que aún a pesar de ello tendría el apoyo de importantes sectores empresariales y de la derecha más conservadora.

25 Al respecto, es interesante destacar que el documento programático más publicitado de Lavín, conocido como los "50 Compromisos", consistiera fundamentalmente en la proposición de medidas para mejorar materialmente la situación de grupos específicos que tienen dificultades importantes por su escasez de recursos (entre otros: mujeres, jóvenes y adultos mayores).

26 Así, por ejemplo, en una oportunidad calificó como "un chiste" unas declaraciones de Lagos respecto a la situación de las libertades provisionales en Chile (La Tercera, 8 de septiembre, 2005). Véanse también, La Segunda, 26 de septiembre, 2005, y La Tercera, 29 de septiembre, 2005.

27 Piñera presentó un extenso programa presidencial, que se basaba en siete ejes. Ellos eran: 1) Igualdad de oportunidades para disminuir la inequidad social; 2) devolución de la confianza en las instituciones democráticas; 3) fortalecimiento de los derechos y libertades individuales frente al Estado; 4) vigorización de las regiones y las comunas; 5) revitalizar el emprendimiento de la clase media productiva; 6) participación para enfrentar un mundo globalizado, y 7) protección del medio ambiente (www2.sebastianpresidente.cl).

En todo caso, cabe destacar que, al igual que los de Lavín y Bachelet, este programa no planteaba reformas profundas al sistema político y económico, aun cuando tampoco era igual al de los otros. Asimismo, cabe destacar que, al menos en su discurso público, Piñera se centró en los temas indicados y no puso especial energía en promover su programa presidencial (salvo en lo que se refería a los temas centrales de discusión).

28 En su apelación al votante DC y de centro, Piñera destacaba también provenir de una familia con vínculos con la DC (su padre fue fundador de este partido y su hermano alto funcionario de gobierno) y que era un demócrata de siempre. Incluso llegó a afirmar que él no era "un hombre de derecha", sino de centro (La Nación, 22 de octubre, 2005). En este marco, destaca también que a su "comando estratégico" integró algunas personas que habían tenido en algún momento cierta vinculación con el PDC (como el empresario Andrés Navarro) y a un hijo del candidato presidencial de ese partido en 1970, Radomiro Tomic (Diario Siete, 10 de noviembre, 2005).

29 Este argumento respecto de las descalificaciones se fundaba en el hecho de que en varias oportunidades Piñera se refirió en términos muy despectivos respecto de Lavín. Por ejemplo, en el debate presidencial de 16 de noviembre Piñera lo calificó como el "otro candidato", sin mencionar su nombre.

30 Buen reflejo de la dureza de la disputa al interior de la derecha fueron las declaraciones de Pablo Longueira, quien dijo que si Piñera pasaba a segunda vuelta "tenemos todos un mes de vacaciones. Si gana Lavín, tenemos un mes de trabajo" (El Mercurio, 27 de noviembre, 2005).

31 Bachelet presentó su programa el 18 de octubre, en el cual enfatizó la creación de una "red de protección social", a través de diversas políticas en el ámbito educacional (ampliación de cobertura), laboral (políticas de promoción de empleo), seguridad social (reforma al sistema previsional) y de salud (ampliación de la cobertura del Plan Auge). A ello agregó otros temas, como una política más efectiva en materia de seguridad pública, mayor protección del medio ambiente y fomento de la competitividad de la economía. Asimismo, agregó algunos temas institucionales, como la reforma del sistema electoral. Al igual que en el caso de los demás programas, las propuestas allí contenidas no estuvieron en el centro del debate político.

32 Con todo, no es correcto afirmar que la separación fue total, toda vez que en los actos de campaña los candidatos de la Concertación la acompañaban en sus actividades, a la vez que en los afiches de campaña los candidatos aparecían junto a Bachelet.

33 Por ejemplo, Piñera describió a Bachelet con bastante ironía, diciendo que era "una mujer simpática, con una historia interesante, inteligente. Pero a medida que nos acercamos al día de la elección, la gente se está dando cuenta que está eligiendo Presidente de la República. Y en un país tan presidencialista como el nuestro, muchos chilenos se están dando cuenta que para conducir un país se requieren mucho más que buenas intenciones. Se requiere liderazgo, conocimiento, capacidad, trayectoria, coraje, voluntad. Y cuando evalúo la gestión de Bachelet en el Ministerio de Salud y en Defensa no sale con tres coloradas" (La Segunda, 18 de noviembre, 2005). Lavín se refirió a Bachelet diciendo que no sería la mejor persona para "solucionar los problemas" (La Tercera, 21 de noviembre, 2005).

34 De acuerdo a la encuesta CEP presentada en noviembre de 2005, Lagos tenía un 59% de aprobación y un 23% de rechazo (www.cepchile.cl).

35 Por ejemplo, en noviembre Lagos indicó que "el país sabe por quién voy a votar, si Michelle fue mi Ministra de Salud y de Defensa" (La Tercera, 20 de noviembre de 2005). Posteriormente, dijo que "por las políticas que hay, el respaldo que tenemos... creo que tengo el derecho de decirle al país: confío y espero que estas políticas puedan continuar, porque estas políticas son las que hacen avanzar a Chile" (El Mercurio, 21 de noviembre, 2005).

36 Este es un hecho no menor, pues en las elecciones anteriores en que se eligió conjuntamente al Presidente y a la Cámara, el candidato de la Concertación superó en votos a la lista parlamentaria.

37 No obstante, cabe recordar que tanto Aylwin (en 1989) como Frei (en 1993) obtuvieron un mayor porcentaje de votos que Bachelet entre las mujeres (51,6% y 57,5% respectivamente), aun cuando inferior al que obtuvieron entre los hombres (59,0% y 58,5%). Por su parte, en las dos elecciones que enfrentó Lagos obtuvo más votos entre hombres que en mujeres (50,8% versus 45,3% en 1999 y 54,2% versus 48,6% en 2000).

38 Estas "mesas nuevas" representan el 16,5% de los inscritos. Agradecemos a Pepe Auth por facilitarnos estos datos.

39 Para este cálculo se consideran sólo los senadores electos por votación popular.

40 La actitud de Lavín fue central en esto, ya que tan pronto se conocieron los resultados éste corrió a saludar a Piñera y le entregó su apoyo y el de la UDI (El Mercurio, 12 de enero, 2005). Además, Lavín participó activamente en la campaña. Sin perjuicio de lo anterior, hubo otros dirigentes importantes que no tuvieron gran presencia en la segunda vuelta, como Novoa y Longueira, quienes se ausentaron del país por un tiempo (Diario Siete, 18 de diciembre, 2005).

41 En particular, algunos dirigentes del PDC insinuaron que el sector "progresista" de la Concertación buscaba afectar al PDC y que, por tanto, el partido debía repensar su situación al interior de la coalición (Huneeus, 2006: 57-58).

42 Bachelet indicó que "yo ya he escuchado en estos tres días postelecciones que han llamado a militantes de algunos partidos ofreciéndoles, incluso, pagarles todas la deudas (...) Esas cosas alguna gente las usa, nosotros no" (La Segunda, 14 de diciembre, 2005). Esto provocó una dura respuesta de Piñera, quien calificó como falsas esas acusaciones. Por su parte, políticos de RN y UDI subrayaron la gravedad del hecho de que Bachelet faltara a la verdad, lo que, además, demostraba su "falta de liderazgo y carácter" (Idem).

43 Expresión gráfica de esta estrategia es el hecho de que para la segunda vuelta cambió su slogan de campaña por el de "Piñera, Más Presidente", además de insistir en su campaña de que él era el candidato "con más dedos para el piano". Para reforzar esto, recurrió a diversos instrumentos, como destacar el haber sido senador (1990-1997), ser doctor en economía por la universidad de Harvard y un empresario exitoso (y que habría creado 50 mil empleos). Por otra parte, acompañó esta estrategia con un discurso a veces agresivo contra de Bachelet basado en que ella tenía un pobre currículo y que carecía "de las condiciones de respeto, prudencia y sabiduría que se requieren" para ser presidente (El Mercurio, 18 de diciembre, 2005). Esto lo llevó en una oportunidad a la descalificación, tratándola de "tuerta" (La Tercera, 3 de enero, 2006).

44 Esta pretensión la expresó el senador Espina, quien a propósito de la discusión sobre la reforma electoral que impulsó la Concertación, indicó que el tema debían resolverlo directamente Lagos y Piñera "de líder a líder" (La Segunda, 20 de diciembre, 2005).

45 Se creó el grupo denominado "Humanistas Cristianos por Piñera" que incluyó a algunos militantes o ex militantes del PDC, como Roberto Mayorga y Fernando Moreno. En todo caso, ninguno de ellos era dirigente importante del partido, lo que demostró también las limitaciones de su campaña en cuanto a su incapacidad de perforar efectivamente a la Concertación por medio de atraer para sí figuras relevantes de este conglomerado (Diario Siete, 14 de diciembre, 2006). Luego se agregaron otras personas que habían participado en los gobiernos de la Concertación, como Carlos Hurtado (sin militancia política y ex ministro de Obras Públicas de Aylwin) (La Tercera, 17 de diciembre, 2005).

Por otra parte, el deseo de Piñera de mostrarse como casi un DC llegó a tal punto, que cuando en el debate de 4 de enero le preguntaron sobre quiénes habían sido los mejores presidentes de Chile, mencionó a Frei Montalva y Aylwin, y ninguno de derecha. (La Tercera, 5 de enero, 2006).

46 En este marco, insistió mucho también en la idea de que muchos votantes del PDC e independientes ya habían optado por él en la primera vuelta, basado en el argumento que Bachelet habría obtenido más de 5% votos menos que la lista de la Concertación. Con todo, hay que precisar que la distancia no era tan grande, pues Bachelet obtuvo cerca de 226.000 votos menos que la lista de la Concertación, y no alrededor de 400.000 como proclamaba Piñera.

47 Por ejemplo, este programa planteaba la implementación de medidas como otorgar jubilación a las dueñas de casa, crear 100 mil nuevos empleos en los primeros 120 días de gobierno (y un millón hacia el bicentenario), aumentar la cobertura estatal en salud (más allá de las políticas actuales) y aumentar a 12 mil más el número de carabineros.

48 En particular, se criticaba la participación de ministros en actos de Bachelet, como las intervenciones de Lagos atacando a Piñera y a la derecha. Por ejemplo, en una oportunidad Lagos atacó a la derecha diciendo que la reforma de salud que él había implementado (conocido como Plan Auge) difería de su idea original, porque la derecha no había aceptado que "hubiera solidaridad entre los que pagan en las Isapres y los que pagan en Fonasa". A ello agregó que "en tiempos de elecciones, a mí me gustaría que tuviéramos bien claro si aquellos que hablan de los valores humanistas y cristianos van a votar de acuerdo a los valores humanistas cristianos en el Parlamento, porque hasta ahora no han sido ni humanistas ni cristianos en la forma en que han votado en el Parlamento de Chile" (El Mercurio, 20 de diciembre, 2005). En otras oportunidades fue más explícito, como cuando señaló que "Chile hoy es otro, Chile hoy sabe que tiene un futuro por delante, que el 2010 estaremos a las puertas del desarrollo. No perdamos ese Chile, persistamos en lo que hemos venido haciendo estos años" (El Mercurio, 2 de enero, 2006).

49 Punto central de esta estrategia fue promover hacia fines de 2005 una reforma constitucional sobre el sistema electoral (a la vez muy querida por el PC) en términos de sustituir el sistema binominal por uno de representación proporcional. Ciertamente, esto tenía por objeto incomodar a la derecha, la que en definitiva se abstuvo en la votación en el Parlamento, fracasando la iniciativa. Aun cuando obviamente se puede criticar la calidad del instrumento, y lo poco importante que podría ser este tema para la mayoría del electorado, el centrar la discusión en este punto fue útil para la Concertación, pues logró que durante una semana el debate estuviera centrado en un tema político (que era precisamente lo que la derecha quería evitar), y que, además, constitutía una diferencia de mucho peso entre la CD y la Alianza.

50 Al respecto, es bastante decidor el hecho de que en la propaganda televisiva la Concertación incluyó un spot en el que en forma sucesiva iban apareciendo los nombres de los presidentes de la Concertación: "Aylwin, Frei, Lagos… Bachelet".

51 En particular, destacan las siguientes: a) Ajuste de las pensiones más bajas, beneficiando a un millón de pensionados; b) acceso automático de los adultos mayores a la Pensión Asistencial; c) entrega de un subsidio a la atención preescolar para niños entre 0 y 3 años de hogares pertenecientes al 40 por ciento más pobre de la población;
d) aumento de cobertura de salud; e) gratuidad en la atención en los hospitales a todos los mayores de 60 años;
f) aumento de la dotación de Carabineros en 1.500 efectivos por año en la calle; g) reemplazo del sistema binominal por uno que garantice competitividad, gobernabilidad y representatividad.

52 Esto lo ratificaron las encuestas realizadas el mismo día del debate, ninguna de las cuales dio como ganador a Piñera. En los días posteriores se conocieron nuevas encuestas que ratificaban que la primera opción la tenía Bachelet. Entre ellas, destaca la encuesta MORI, publicada el día 12 de enero, que pronosticó un resultado de 53% contra 47% a favor de Bachelet (La Tercera, 13 de enero, 2006).

53 Un dato interesante acerca del estado de ánimo de la candidatura de Piñera lo constituye la decisión de hacer un acto final de campaña en Valparaíso, al que asistieron cerca de 10.000 personas. En cambio, Bachelet lo hizo en Santiago reuniendo a más de 150.000.

54 Este ascenso de Piñera se explica fundamentalmente por el apoyo dado en la segunda vuelta a este candidato por parte del alcalde de Iquique, Jorge Soria (ex Concertación).

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Ricardo Gamboa es abogado y Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Tübingen, Alemania. Además es profesor asistente del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.

(E-mail: rgamboa@uchile.cl)

Carolina Segovia es socióloga y candidata a Doctora en Ciencia Política de la Universidad de Michigan. Actualmente es Coordinadora del Programa de Opinión Pública del Centro de Estudios Públicos (CEP).

(E-mail: csegovia@cepchile.cl)