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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.23 n.1 Santiago  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2003000100001 

Revista de Ciencia Política / Volumen XXIII / Nº 1 / 2003 / 5-18

ARTÍCULOS 

 

El Populismo como Concepto*

 

Guy Hermet

Fondation Nationale Des Sciences Politiques (Paris)

 

¿Cuál es la sustancia del fenómeno populista? Después de recorrer la bibliografía y las prácticas políticas denominadas populistas, está claro que no existe una definición consensuada o completa de este “síndrome” que abarca muchas realidades temporales tanto como espaciales. La meta de este artículo consiste en realizar un balance conceptual del término, analizando por una parte los vínculos que el populismo mantiene con las ideologías y las instituciones; por otra parte, los contextos de emergencia de dicho fenómeno, caracterizados por la pérdida de cohesión y referencias identitarias de las comunidades nacionales. En realidad, lo que define el populismo es más bien su carácter antipolítico, es decir la controvertida promesa de satisfacer inmediatamente y sin revolución las necesidades populares.

 

* Texto traducido por Jearim Contreras Godoy.

1 En Europa del este, se dice también “extrema-derecha”, pero sobre todo no “extrema-izquierda”, tratándose en particular de los anti-mundialistas que son por lo tanto populistas de un tipo totalmente inédito (es decir que presentan notoriamente algunas analogías con los Grangers americanos de los años 1890). Por el contrario, en América Latina, expresiones de populismo de la extrema-derecha no son utilizadas como sinónimos por razones evidentes y antiguas.

Pues, ¿qué habría que hacer con Hugo Chávez, Lula, Castro, Perón, incluso con el sub-comandante Marcos?

2 Ver: Yvan Blot y Le Club de l’horloge, dir., La démocratie confisquée, París, Jean Picollec, 1989.

3 En Populism, New York, Harcourt-Brace Jovanovich, 1981, p. 123.

4 E. Shills, The Torment of Secrecy, New York, 1956, p. 98.

5 L. Fallers, “Populism and Nationalism”, Comparative Studies in Society and History (4), July 1964, p. 447.

6 Ana Pitkin observa bien la rivalidad entre las dos concepciones de la representación democrática de la cual proviene el desarrollo de estos regímenes populistas institucionalizados. Volviéndose dominante al punto de representar la ortodoxia en este campo, la primera pone el acento sobre la dimensión deliberante de la representación, apoyándose para esto en un principio de legitimidad electiva que justifica la delegación por el pueblo a una élite -en todo caso por su número reducido- de la capacidad de decisión colectiva. En cambio, la segunda de estas concepciones insiste en una representación directa, e incluso podríamos decir, físicamente encarnada en la persona de un gran líder, o a veces, en un partido que en sí mismo simboliza el régimen del pueblo (Hannah F. Pitkin, The Concept of Representation, Berkeley/ Los Angeles, Universidad de California Press, 1972 [1967]).

7 E. Shils, op .cit., p. 98.

8 En “Le populisme et la science politique: du mirage conceptuel aux vrais problèmes”, Vingtième siècle (56), oct-dic.

1997, pp.4-33 / “Political science confronts populism: from a conceptual mirage to a real problem”, Telos (103), primavera 1997.

9 Véase entre otros a P.-A. Taguieff, quien escribe: “La condición de emergencia de una movilización populista es una crisis de legitimidad que afecta al conjunto del sistema de representación” (art. cit. p.10).

10 Politics and Ideology in Marxist Theory, London Humanities Press,1977, pp.172-173. Laclau escribe más precisamente: “El populismo comienza donde las demandas populares-democráticas son presentadas como opciones antagónicas de la ideología del bloque dominante”.

11 T. Di Tella, “Populism and Reform in Latin America”, p.47 en: C. Véliz, ed . Obstacle to Change in Latin America, Oxford, Oxford University Press,1965.

12 En The Third World, London, 1964.

13 H. Michel, Les fascismes, Paris, PUF, 1979, p.110.

14 P. Wiles, “A Syndrome, Not a Doctrine”, p.171 en: G. Ionescu, E. Gellner, eds., Populism, London, Weindenfeld and Nicolson, 1969.

15 En “L’ambiguïté du populisme”, pp. 13-44, en: R. Galissot, dir., Les populismes du Tiers monde, Paris, L’Harmattan, 1997. Cabe subrayar que S. Kobi y Papadopoulos retoman aquí un matiz ya expresado por Peter Wiles (“A Syndrome, Not a Doctrine”, p. 167 en: G. Ionescu, E. Gellner, op. cit.).

16 H. Jaguaribe, Problemas do desenvolvimento latinoamericano, Río de Janeiro, 1967, p. 168.

17 Esto me recuerda una reflexión de Otto Kircheimer cuya referencia exacta se me escapa. En esencia, Kircheimer observa que la democracia corresponde a los favores que la élite otorga al público en vez de descansar en un compromiso del público en la elaboración de políticas públicas. Agrega que los electores sólo deberían interesarse en estas condiciones por el resultado de estas políticas, en ningún caso a su producción, que es asunto de profesionales.

18 Después de los saqueos de 1989-90 en Caracas y del primer putsch fallido de Chávez en 1992, que precede su victoria en las elecciones presidenciales de diciembre de 1998.

19 Quien gana las elecciones gracias al voto indígena contra otro populista, el multimillonario Álvaro Novoa en las elecciones presidenciales de noviembre de 2002. El coronel Gutiérrez se volvió famoso en enero de 2000 durante una marcha indígena apoyada por un grupo de oficiales, tras la cual el Presidente Jamil Mahuad fue derrocado.

20 B. Constant, “De la liberté des anciens comparée à celle des modernes », pp.589-619 en : Écrits politiques, Paris, Gallimard, 1997.

21 Más exactamente a través de una institución -Pronasol- que Salinas creó completamente y que se encontraba enteramente bajo su control.

22 Las “cabecitas negras”, en alusión a los obreros agrícolas, quienes, quemados por el sol, trabajaban casi como siervos en las inmensas explotaciones de crianza de ganado en Argentina.

23 Véase al respecto a: H.-G. Betz, Radical Right-Wing Populism in Western Europe, New York-Londres MacMillan, 1994.

24 M. Gauchet, La religion dans la démocratie: parcours de la laïcité, Paris, Gallimard, 1998, p. 122.

25 Ibid., p. 118-119. 

 

REFERENCIAS

 

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