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Revista chilena de radiología

versión On-line ISSN 0717-9308

Rev. chil. radiol. v.12 n.1 Santiago  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-93082006000100009 

Revista Chilena de Radiología. Vol. 12 Nº 1, año 2006; 33-40.

PRACTICA RADIOLOGICA

PROFESIONALISMO: UNA FORMA DE RELACION ENTRE MEDICOS, PACIENTES Y SOCIEDAD

 

Drs. Dulia Ortega T(1), César García M(2), Leandro Biagini A(3).

1. Centro de Imagenología Hospital Clínico. U. De Chile.
2. Servicio de Radiología Clínica Alemana de Santiago.
3. Director Médico. Hospital Clínico Universidad de Chile.

Correspondencia a:


Abstract: Professionalism has been tied to medical practice for long time and it has been considered in many different ways by society. A few years ago, and following a hard period of criticism centred in our fails to the commitments with service to patients and the primacy of patients' interest, we are living a revival of this concept with patient-centred professionalism, reassuring our commitment with basic aims: to put patient interest first and to serve them and community. Such issues were gathered in the «Code or Constitutional Chart for Medical Professionalism», an ideal for medical professionals, that it is necessary to be grounded, focusing on the relevant real issues: medical school education, practice according to standards, ethical controlled practice, medical practice peer audited, practical spreading of professionalism principles, among others. Radiologist must adhere to these principles, and they have to consider the nature of their medical attention through imaging, engage them with some ethical principles for managing the images of their patients: safety and quality, specially radioprotection, selection of adequate patient' images, periodical updates, proper images' interpretation in the context of patient condition. Adhering, respecting and practicing these principles are aims we need to achieve if we want to preserve the future of radiology and radiologist in a highly technified but humanitarian medical attention as well.

Key words: Accreditation, Managed care, Medical education, Professionalism.


Resumen: El profesionalismo, asociado a la medicina desde épocas tempranas, ha pasado por diversas etapas de consideración en la sociedad. Tras un período reciente de cuestionamientos por priorizar intereses económicos, por sobre el cumplimiento del compromiso de servicio hacia los pacientes, apareció como reacción, un renacimiento dirigido a recuperar la primacía del servicio, que fue plasmado en el «Código o Carta Constitucional para los Médicos» que propone ideales a los que «todos los profesionales de la medicina pueden y debieran aspirar». Se propone la práctica de acciones concretas enfocadas hacia los temas relevantes como: docencia, ejercicio, control ético efectivo de la medicina, auditorías del trabajo médico por pares, y difusión práctica de los ideales. Los radiólogos, que ejercen a través de las imágenes, deben prestar especial atención a ciertos principios éticos básicos para un mejor futuro de la medicina y la especialidad, en el contexto de una medicina altamente tecnificada, pero humanitaria.

Palabras Clave: Acreditación, Educación médica, Profesionalismo, Salud administrada.


 

Objetivos

Analizar el concepto del profesionalismo, significado, consecuencias e implicaciones para el ejercicio adecuado de la radiología. Revisar la interrelación entre médicos, pacientes y sociedad, bajo este prisma. Sugerir algunas estrategias, para llevar a cabo en la práctica radiológica nacional, los principios y compromisos enunciados en la carta constitucional del profesionalismo del American Board of Internal Medicine, tanto en la docencia de la medicina como en el ejercicio médico, su calidad y control ético.

Introducción

En décadas recientes, el concepto y desempeño del profesionalismo médico han sido ampliamente cuestionados y la idea de servicio ha sido puesta bajo intenso escrutinio. El ejercicio de la medicina enfrenta desafíos sin precedentes prácticamente en todas las culturas y sociedades, motivados por disparidades entre las legítimas necesidades de los pacientes, los recursos disponibles para cubrirlas, creciente dependencia de las fuerzas del mercado para transformar los sistemas de atención y, la tentación de los médicos para abandonar su compromiso tradicional de la primacía de los intereses del paciente(1).

Como resultado, existe la sensación de que el ejercicio de la medicina actual, incluida la radiología, ha perdido aceleradamente su posición y su rol como profesión. La comercialización e industrialización de la atención médica, junto al debilitamiento de sus fundamentos éticos están entre las principales fuerzas que amenazan con su desprofesionalización. Para superar estos obstáculos y reinstalar la medicina en su rol único en la sociedad, debemos hacer una introspección honesta de sus propósitos y reafirmar los valores éticos. Esto implica adoptar una filosofía y cultura de atención centrada en los pacientes, promover y enfatizar el conocimiento ético y la sensibilidad entre los médicos, además de una participación activa en diálogos constructivos para negociar el contrato social de nuestra profesión. Un impacto más duradero se puede alcanzar a través del desarrollo de actitudes médicas en los doctores y la integración de los elementos centrales del profesionalismo en los sistemas éticos, en las misiones declaradas de las instituciones de salud y en los programas de formación médica.

El desafío para la actual generación de estudiantes es no dejar que el énfasis en las finanzas erosione el profesionalismo cuyos componentes básicos deberían aprender. Debemos enseñarles en forma adecuada la naturaleza de los acuerdos sociales que permiten a la medicina gozar de los beneficios de ser una profesión, la manera cómo el énfasis actual en la contención de costos podría amenazar la posición de la medicina como profesión; cuáles son las metas adecuadas para la reforma de la atención médica; la necesidad de formar nuevas alianzas para alcanzar dichas metas y criterios apropiados para formar dichas alianzas. Provistos de estos conocimientos, los médicos en formación deberían entender el delicado balance que debe existir entre las exigencias financieras y los imperativos profesionales. Así estarán preparados para participar en las reformas promoviendo la incorporación de sus aspectos positivos y argumentando en forma efectiva contra los aspectos negativos(2,3).

Para mantener la fidelidad del contrato social de la medicina en estos tiempos turbulentos, los médicos deben reafirmar su dedicación activa a los principios del profesionalismo. Si los profesionales médicos y todas las instituciones relacionadas con el ejercicio y la enseñanza de la medicina entienden verda-deramente y buscan cómo cumplir completamente sus contratos con la sociedad y con las obligaciones

que de él se derivan, la moralidad inherente al profesionalismo médico puede ser una fuerza preponderante con la que se alcanzará una mejor atención.

¿Qué es el profesionalismo?

El término «profesional» es utilizado ampliamente y con diferentes significados, a veces tan simple como lo opuesto a aficionado o amateur, en el sentido de ser remunerado por lo que otros hacen gratis. En otras ocasiones, se utiliza como distinción, en un sentido honorífico en el cual el profesional contrasta, no con el aficionado, sino con una persona que tiene un trabajo más que una vocación de por vida. En este contexto, médicos, abogados y clérigos sirven de paradigmas profesionales, aunque otras ocupaciones pueden aspirar a una posición semejante. Esto significa que un profesional es miembro de una ocupación que sirve al público y como tal posee algunas condiciones que lo caracterizan: un conjunto especial de conocimientos y habilidades propias; privilegios especiales otorgados por el cuerpo social, por lo general no concedidos al público en general; deberes y responsabilidades especiales que no se espera que los tenga el común de la gente. Expresado de otra manera, el profesionalismo se caracteriza por: el dominio de conocimientos técnicos y habilidades especiales; valores y principios éticos firmes, tales como honestidad, respeto, seguridad; aspectos de vocación y de servicio en los cuales el altruismo está en primer lugar, antes que cualquier otra consideración(4,5 ).

A manera de ejemplo, los médicos como profesionales, poseen conocimientos y habilidades especiales, diagnostican enfermedades, indican tratamientos; poseen privilegios especiales, preguntan temas privados, recetan narcóticos; tienen responsabilidades especiales como poner primero el bienestar del paciente, regulan la conducta de los miembros de la profesión.

Bases históricas y evolución

Las profesiones se desarrollaron a partir de los gremios y universidades medievales. Doctores, clérigos y abogados, las profesiones básicas de la sociedad occidental, formaban parte de estas tempranas agrupaciones. Los médicos cumplen el papel de sanadores y profesionales en forma simultánea, roles que tienen diferentes orígenes y tradiciones. El sanador, que es lo que los individuos y la sociedad necesitan, entra en la cultura occidental desde la tradición hipocrática. Este papel es razonablemente bien entendido y ha tenido un lugar importante en el currículo médico por largo tiempo. El profesionalismo se desarrolla en los gremios y universidades medievales, pero su impacto en la sociedad es poco importante hasta el desarrollo de la medicina científica moderna. A medida que la prestación de cuidados médicos se fue haciendo cada vez más compleja, la sociedad occidental escogió el uso del concepto de profesión como una manera de organizar la prestación de servicios médicos. Para ello, se les concedió a las profesiones un grado considerable de autonomía. A medida que las sociedades industriales se enriquecían, a las profesiones se les otorgó posición, prestigio y regalías sustanciales, en el entendido que los profesionales deberían ser altruistas y morales en sus actividades diarias. En esto se basó el contrato entre medicina y sociedad, y funcionó relativamente bien durante el período en que ambos, sociedad y profesión fueron razonablemente homogéneos y tuvieron valores en común. En aquellas épocas más simples, el profesionalismo era transmitido por respetados modelos de conducta profesional tanto a los estudiantes como a la sociedad.

El concepto de profesionalismo fue puesto bajo intenso escrutinio por los cientistas sociales durante las décadas del 60/70. El altruismo médico fue mirado con escepticismo, y la medicina fue acusada de poner su propio bienestar por sobre el de la sociedad. En esta época el estado o el sector privado tomaron el control del «mercado» médico alrededor del mundo. La base intelectual para estas críticas fue documentada ampliamente en la literatura sociológica, y el impacto de estos trabajos en las políticas públicas fue sustancial. La respuesta de la medicina fue defensiva y corporativa, lo que prestó mayor credibilidad a las críticas(6,7).

El profesionalismo actual

Entre 1960 a 1980 el punto de vista de la comunidad acerca del profesionalismo y la atención médica fue drásticamente revisado y desplazado hacia el servicio orientado a la comunidad y pacientes. El concepto de profesionalismo médico debe considerar la naturaleza de la profesión y basarse en lo que los médicos realmente hacen y cómo actúan individual y colectivamente, ya que su labor se desarrolla dentro de la sociedad y no aislada de ella. Por ello, para que el nuevo profesionalismo sobreviva en el ambiente social y político actual, radicalmente distinto a lo habido hasta hace algunas décadas, será necesario y pertinente reestablecer la racionalidad y la justificación de sus privilegios: autonomía relativa derivada de la naturaleza del trabajo efectuado; relaciones de la profesión con instituciones externas a ella, tales como el estado; control y aplicación de un cuerpo especializado de conocimientos. Por otra parte, el profesionalismo se ejemplifica a través de lo que los médicos realmente hacen: cómo cumplen sus responsabilidades con los pacientes y comunidad, sus valores y conductas en sus interacciones diarias con sus pacientes, familias y colegas(5,9).

Existe una extensa gama de publicaciones que aborda las características que deberían tener las profesiones y el profesionalismo en la actualidad desde una serie de perspectivas, sociológica, médica comunitaria, centrada en el paciente, etc. que el lector interesado puede consultar(10-16).

Para los propósitos de este artículo, basta señalar que toda esa inquietud y debate promovió la formación del «Medical Professionalism Project», que tras varios años de trabajo liderado por el American Board of Internal Medicine (ABIM), el American College of Physicians, la American Society of Internal Medicine (ACR-ASIM) y la European Federation of Internal Medicine (EFIM), consensuaron su principal logro: el Código o Carta Constitucional para los Médicos, y que fue publicado simultáneamente en febrero del año 2002 en las revistas Lancet y Annals of Internal Medicine. Este código cuyos postulados son ampliamente aceptados, propone los ideales a los que «todos los profesionales de la medicina pueden y debieran aspirar». No obstante su origen, sus alcances llegan a todas las especialidades médicas.

Los principios y compromisos propuestos, traducidos por el Capítulo Chileno del American College of Physicians, son reproducidos en el Anexo Nº 1.

Ejercicio aceptable/Inaceptable de la profesión

La carta fundacional describe los principios en que se basa el ejercicio adecuado de la profesión médica, cuya premisa fundamental es que debe estar centrado en la autonomía del paciente. Pero dado que tenemos responsabilidades y deberes tanto hacia nuestros pacientes como hacia la sociedad, que es quien nos concede el contrato, debemos buscar un amplio consenso para definir en qué bases operacionales prácticas se apoyarán dichos estándares, para su aplicación en el ejercicio diario, como una manera de recuperar, mantener y conservar la confianza de la gente hacia la profesión como un todo y hacia los médicos en forma individual.

En los países anglosajones las instancias profesionales creadas para velar por el buen desempeño médico, están siendo sujetas a amplias revisiones para implementar cambios, principalmente de la cultura profesional, que tienen que ver principalmente con transparencia (por ejemplo, casos de investigación de conductas inapropiadas), y aceptación de auditorías abiertas en el sentido utilizado en las ciencias y las disciplinas del conocimiento. De cualquier modo, el camino a seguir pasa fundamentalmente por nuestras instituciones y agrupaciones profesionales y no por los doctores individuales quienes no tienen la fuerza suficiente para incidir y afectar conductas grupales, en este caso, profesionales(17).

En nuestro país, también han surgido in-quietudes al respecto, con publicaciones que reflexionan sobre la situación de las especialidades, el control de la ética profesional, los desafíos planteados por los cambios en la práctica médica y la «crisis» de la profesión médica, además de la formación y la acreditación que son temas implícitos en nuestro profesionalismo(18-22).

Situación de la radiología y de los radiólogos

Los atributos y las obligaciones del profesionalismo se aplican a todos los médicos, independientemente de su óptica vocacional. Todos contribuyen a la profesión y todos dirigen sus esfuerzos hacia el avance médico y el bienestar de la comunidad(23).

La radiología es una especialidad que basa su práctica esencialmente en la observación y la representación de la anatomía patológica macros-cópica normal o patológica. Así la consideran los clínicos y de ese modo aparece ante la comunidad, que la ve como una manera de escrutar el interior del organismo sin escalpelo, con las diferentes modalidades que se han ido desarrollando desde la introducción de los rayos X por Roentgen, alcanzando incluso niveles de análisis de las alteraciones moleculares(24).

En la actualidad, como consecuencia de las innovaciones tecnológicas, los departamentos de radiología han llegado a ser uno de los principales recursos utilizados por los clínicos para confirmar o descartar sus hipótesis diagnósticas. Los médicos tratantes tienen gran confianza en las imágenes diagnósticas y su importancia es innegable. En el Hospital Clínico de la Universidad de Chile se practicaron en el año 2004, 110.000 exámenes y procedimientos radiológicos para un hospital de 600 camas con 60% de ambulatorios y 40% de hospitalizados(25). En la Reforma de Salud existe una canasta de enfermedades que poseen garantías explícitas de salud. Un 86% de ellas considera atenciones radiológicas de diversa índole.

La radiología por su esencia, desdibuja el lazo humano que produce escuchar y palpar, y cambia el modo cómo los médicos atienden a los pacientes. Esto influye en la manera cómo radiólogos y pacientes se ven unos a otros; por ello, es especialmente importante al atender a los pacientes, no olvidar que las imágenes obtenidas son de personas que necesitan atención en todos los aspectos de la salud y en lo concerniente a lo que las imágenes no pueden revelar, sin escudarnos en la falta de tiempo propia de la atención médica corporativa actual. No se trata de posponer el análisis de las imágenes, sino que considerar aspectos humanitarios básicos de nuestro profesio-nalismo(26,27).

Un punto importante a considerar es que ni pacientes, ni médicos, se han detenido a considerar el impacto de las innovaciones en la sociedad y en la relación médico-paciente, que ha influenciado la perspectiva del público parcialmente informado, de un tecnicismo que debería resolver todo dilema diagnóstico, sin considerar limitaciones, riesgos y beneficios que cada tecnología nueva trae aparejados, con los consiguientes «desengaños» frente a su experiencia médica con resultados adversos y su imagen de negligencia(28).

En radiología, el perfeccionamiento continuo, se relaciona con la calidad de la atención, así como la educación, investigación y el conocimiento compartido, fundando la mejor evidencia disponible. El conocimiento no es una mercancía para mantener en secreto, es un bien social cuya difusión entre los miembros de la profesión, especialmente en los centros académicos, es mandatoria para generar una actitud propia de centros dinámicos, donde compartir conocimientos sea una realidad(29,30).

La mejoría de las capacidades clínico-radiológicas indudablemente es de suma importancia, pero también lo son las capacidades docentes, ya que la mayoría de los educadores médicos han recibido escasa o ninguna instrucción formal sobre cómo enseñar, asumiendo que quien egresa de la escuela de medicina y realiza una beca de especialización, es un educador calificado. Enseñar adecuadamente y evaluar buenos estudiantes, es uno de los aspectos más recon-fortantes del médico docente(31-33).

Profesionalismo y ética

El radiólogo tiene una amplia responsabilidad ética con el paciente representado en las imágenes. El proceso de atención comienza cuando el médico tratante solicita un examen de imágenes y la responsabilidad profesional es cumplida a cabalidad si los hallazgos y el significado de los datos obtenidos de las imágenes del paciente se comunican y son aprehendidos oportunamente por el médico tratante.

El complejo concepto de responsabilidad ética en la relación radiólogo-paciente implica varios elementos básicos, como elegir siempre el examen apropiado e indicado para la condición del paciente; respetar el proceso del consentimiento informado; adecuada seguridad y protección del paciente; interpretación responsable de las imágenes; comunicación adecuada y oportuna a pacientes y médicos tratantes; aprendizaje permanente y manejo del error; mejoramiento continuo de la calidad de atención, incluyendo evaluación de los equipos y auditoría del trabajo radiológico por pares(34-37).

Al examinar nuestras responsabilidades éticas como radiólogos, reunidas en estos conceptos fundamentales para nuestro profesionalismo, necesitamos pensar críticamente cuál es nuestro rol en la atención del paciente, nuestra contribución al resultado final de ese paciente, cuál es nuestro actuar frente al médico tratante, y cuáles son las con-secuencias de hacerlo de un modo u otro.

Un punto muy importante en las respon-sabilidades de los radiólogos es el que se refiere a su participación en el bienestar de toda la sociedad, participando en las instancias que correspondan para aportar en las políticas destinadas a mejorar la calidad de la atención imagenológica no sólo desde el punto de vista técnico, sino también en lo que se refiere a hacerla más accesible, oportuna y equitativa para toda nuestra población, buscando soluciones de atención y equipamiento creativas e innovadoras. También en las instancias para explicar al público beneficios, limitaciones y riesgos de las tecnologías que utilizamos, las cuales no son infalibles y se mueven entre certeza, duda y posibilidad. Esto es impostergable en el marco del contrato con la sociedad, en la cual desarrollamos nuestro ejercicio médico.

Es aquí donde nos parece apropiado hacer énfasis. Vemos con preocupación la pérdida del foco de los radiólogos en general, donde los pacientes dejan de ser el centro del quehacer, y los intereses particulares pasan a ser el objetivo primordial. Como se ha dicho, el «progreso» de la radiología nos ha llevado a tener la posibilidad de realizar muy complejos diagnósticos diferenciales, y efectuar recomendaciones clínicas que pueden modificar el curso de la evolución de una enfermedad, sin nunca haber visto ni examinado personalmente al paciente. Tanto este hecho, como la forma en que se ejerce la especialidad, que está en falencia en el sistema público de salud, las características geográficas de nuestro país, y otras realidades como la falta de regulaciones, certificaciones y acreditaciones, han contribuido a conducirnos a un ejercicio al menos discutible de la especialidad, en el área del profesionalismo. La suma de un país aún sin regulaciones efectivas de las especialidades y de los condicionantes mínimos de acreditación y calidad, con los requerimientos cada vez más abismantes del apoyo radiológico, y la falencia de especialistas en el sistema público, más una guerra declarada donde el precio manda en el sistema privado, es el mejor caldo de cultivo para un ejercicio alejado de los principios del profesionalismo. Es allí donde se abren las puertas a acciones no apropiadas, que en rigor no benefician a los pacientes, sino a los prestadores, aseguradores, o al propio radiólogo, no produciendo impacto sanitario, con resultados pobres en cuanto a la verdadera producción de salud, de la cual, somos también responsables. El dinero, el prestigio, el poder, el grupo de colegas, pasan a ser factores más preponderantes que el correcto ejercicio médico.

Preocupados por esta realidad, en países donde hay mayor regulación que en el nuestro, se han iniciado algunas acciones en el ámbito radiológico, que son tendientes a corregir lo que es posible corregir, y prevenir lo demás. Este sin duda, es un trabajo de largo aliento, pero necesario en forma imperativa, que si en Chile no se enfrenta como desafío, una vez más, los radiólogos como grupo, vamos a ser espectadores de una realidad que nos va a sobrepasar ampliamente, esta vez con consecuencias nefastas para los pacientes.

Recientemente la Radiological Society of North America (RSNA) se ha comprometido en promover los estándares más altos en el cuidado del paciente, y a una atención humanizada de ellos. Para esto, se ha formado una Comisión de Profe-sionalismo, cuyo rol principal es educar y entrenar a radiólogos, para que a su vez entrenen a sus pares en los compromisos que esta sociedad adquiera para actuar con profesionalismo(38).

Estos compromisos son: Conocimiento científico. Educación Continua en la especialidad. Comunicación con Pacientes y Colegas. Estrategias de manejo de conflictos. Trabajo en equipo. Derechos de los pacientes. Costo_Efectividad en el cuidado del paciente. Calidad de servicio.

En Chile, en el ámbito educacional desde hace cuatro años se está realizando el esfuerzo de introducir estos compromisos en la formación de radiólogos. En la beca de formación de especialistas en imágenes de la Universidad de Chile, se realiza todos los años el curso de «Habilidades no Interpretativas de Radiología» para residentes de tercer año, con 120 horas lectivas. Este aborda la mayor parte de los temas enunciados por la RSNA. Es una iniciativa en sus inicios que debería ser transversal a los radiólogos de Chile, abordada por un ente validado, objetivo y reconocido, en búsqueda de mejores resultados.

Resumen y conclusiones

Existe un considerable interés en la revigorización del profesionalismo médico, con énfasis en la contraproducente primacía de factores económicos que gobiernan la práctica médica actual. Existe consenso de que los intereses del paciente deben primar por sobre el interés económico del médico y que profesionalismo también implica servicio a las poblaciones vulnerables y compromiso cívico. La corporativización de la medicina es motivo de que la relación médico-paciente basada en la confianza, se haya desplazado hacia el de una institución prestadora-cliente basada en la desconfianza. Aspectos relevantes del profesionalismo quedan ausentes por completo del debate, generando una sensación de parcialidad al no examinar los factores intrínsecos coadyuvantes al deterioro del profesionalismo y ver cómo estamos cumpliendo como individuos y como agrupaciones profesionales. La medicina tiene ahora una oportunidad para reestablecerse a sí misma como una profesión respetada, influyente y útil en la sociedad occidental(39).

Esta situación puede permitirnos la oportunidad de tomar ventajas, teniendo siempre presente la necesidad de que la medicina continúe sus actuales esfuerzos para colocar en primer lugar la relación médico-paciente (el rol de sanador) y la idea del servicio al redefinir y llevar a la práctica sus obligaciones con la sociedad; además de establecer una manera de hacer una completa campaña de educación para ayudar a los médicos a comprender el concepto de profesionalismo y sus obligaciones. Por último, y no menos importante, los médicos deberían asumir sus responsabilidades en sus asociaciones locales y nacionales.

Los radiólogos incluidos en los deberes y compromisos del profesionalismo, debemos considerar que las imágenes que informamos pertenecen a una persona con necesidades y debemos cumplir los requerimientos éticos en su atención: Elegir siempre el examen apropiado e indicado para la condición del paciente, respetar el proceso del consentimiento informado, propor-cionarle adecuada protección, efectuar una interpretación de las imágenes de acuerdo al contexto clínico para que nuestra intervención sea realmente un aporte, comunicación adecuada y oportuna a pacientes y médicos, preocupación por un aprendizaje continuo efectivo para lograr un mejoramiento continuo en la calidad de atención.

El adecuado cumplimiento de estos compromisos que suponen atención humanitaria y técnicamente eficiente, nos permitirá recuperar en el curso del tiempo, la confianza de los pacientes y asegurar para la radiología un futuro como especialidad de apoyo, idealmente actuando como interconsultores expertos en la utilización e interpretación de las imágenes de nuestros pacientes, adecuando cada examen a las necesidades individuales y los requerimientos del médico tratante(40,41).

 

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Anexo N° 1

El profesionalismo. Un Código o Carta Constitucional para los Médicos

Este código consiste en una introducción o preámbulo de sus fundamentos, seguido de la propuesta de tres principios básicos y diez compromisos. El preámbulo señala que la profesión médica está amenazada, entre otros factores, por la explosión tecnológica, los cambios en las fuerzas del mercado, la organización y sistemas de dar atención médica, el bioterrorismo y la globalización. También señala que el profesionalismo es la base de la relación entre la medicina y la sociedad y que él exige colocar los intereses de los enfermos por encima del de los médicos, manteniendo niveles de competencia profesional así como proveyendo de consejos sanitarios expertos a la sociedad. Agrega que es esencial para el cumplimiento de estas normas, que el público tenga confianza en los médicos y eso depende de nuestra integridad individual y colectiva.

Hasta ahora los Códigos de ética se habían referido a normas de conductas de los médicos para con sus pacientes, pero los cambios ocurridos han hecho necesario pensar en un código que involucre a los tres actores que actualmente interactúan en la acción médica: Médicos, pacientes y sociedad.

El Código o Carta Constitucional ha tenido un enorme impacto y acogida, su página Web había recibido a Mayo del 2000 algo más de 70 mil visitas, ha sido publicado por numerosas revistas de todas las especialidades médicas, ha sido traducido a diez idiomas y lo han suscrito 90 asociaciones profesionales o sociedades médicas de todas las disciplinas y continentes. Actualmente se está pensando en desarrollar la fase II de este proyecto, abarcando la evaluación del impacto producido por el documento y explorar la oportunidad de definir los derechos a la salud y responsabilidades de los pacientes, médicos y sociedad.

El vocablo «profesionalismo», en la lengua castellana no refleja el contenido de esa Carta Constitucional, pero está aceptado universalmente, probablemente porque en inglés expresa mejor el contenido de este documento.

Los Principios y Compromisos traducidos al castellano por el Capítulo chileno del American College of Physicians son expuestos a continuación, ellos son propios y exclusivos de la profesión médica y los deberíamos conocer y tratar de llevarlos a la práctica. Las Revistas médicas, Sociedades de especialistas y Escuelas de Medicina debieran participar en el esfuerzo de divulgar estas ideas. Los Principios y compromisos propuestos,

Principios fundamentales

Primicia del bienestar del paciente. Con altruismo se contribuye a la confianza, esencial para la relación médico-paciente. Las fuerzas del mercado, las presiones sociales y las exigencias administrativas no pueden vulnerar este principio.

Autonomía del paciente. Los médicos deben ser honestos con los pacientes y capacitarlos para que tomen decisiones informadas sobre su tratamiento.

Justicia social. Los médicos deben trabajar activamente para eliminar toda discriminación en los cuidados de salud, sea por razones étnicas o raciales, de género, socioeconómicas, religiosas o de cualquier otra categoría social.

Conjunto de compromisos.

Competencia profesional. Los médicos deben comprometerse a aprender toda la vida.

Corporativamente, la profesión debe esforzarse por que todos sus miembros sean competentes.

Honestidad con los pacientes. Los médicos deben asegurarse de que los pacientes estén completa y honestamente informados antes de aceptar un tratamiento; deberán estar capacitados para decidir sobre el curso de la terapia. Los médicos también deben reconocer que, a veces, cometen errores que afectan a los pacientes. Si por ello resulta dañado un paciente, éste y su familia deben ser rápidamente informados, ya que lo contrario puede lesionar seriamente la confianza del paciente y de la sociedad, en los médicos y la medicina.

Confidencialidad con los pacientes. Satisfacer el compromiso de confidencialidad es más importante hoy que nunca antes, dado el amplio uso de sistemas de información electrónica para recopilar datos de los pacientes.

Mantener relaciones apropiadas con los pacientes. Los médicos nunca deberán aprovecharse sexualmente de sus pacientes, ni obtener con ellos ganancias financieras personales o utilizarlos con ningún otro propósito privado.

Mejorar la calidad de los cuidados. El médico debe trabajar con otros profesionales para reducir los errores, aumentar la seguridad de los pacientes, evitar el uso exagerado de los recursos y optimizar los cuidados de salud.

Mejorar el acceso a la atención de salud. Los médicos deben individual y colectivamente esforzarse por reducir las barreras para una atención de salud equitativa.

Justa distribución de los recursos limitados. Los médicos deben comprometerse a trabajar con otros médicos, hospitales y financistas, para desarrollar guías de cuidados costo-efectivos. La responsabilidad profesional de los médicos para una apropiada asignación de recursos requiere evitar escrupulosamente efectuar exámenes y procedimientos superfluos.

Conocimiento científico. Los médicos tienen el deber de resguardar los estándares científicos, promover la investigación y crear nuevos conocimientos, asegurando su apropiada utilización.

Mantener la confianza manejando los conflictos de intereses. Los médicos tienen la obligación de reconocer, alertar al público en general y enfrentar los conflictos de intereses.

Las relaciones entre la industria y los líderes de opinión deben ser transparentes.

Responsabilidades profesionales. De los médicos se espera que participen en proceso de autorregulación, incluyendo la rectificación y la disciplina de los miembros que han faltado al cumplimiento.

 

Bibliografía

Medical Professionalism in the new millennium: A physician's charter. Lancet 2002; 359: 520-2.

Medical Professionalism in the new millennium: a physician charter. Ann Intern Med 2002; 136: 243-6.

Blank L, Kimball H, McDonald W, Merino J. Medical professionalism in the new millennium: a Physician Charter 15 Months Later. Ann Intern Med 2003; 138: 839-41.


Correspondencia: Dra. Dulia Ortega T, dortega@redclinicauchile.cl, cgarcia@alemana.cl, lbiagini@redclinicauchile.cl

Trabajo recibido en septiembre de 2005. Revisado y aceptado para publicación, marzo de 2006.