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Revista chilena de radiología

versión On-line ISSN 0717-9308

Rev. chil. radiol. v.8 n.3 Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-93082002000300003 

Revista Chilena de Radiología. Vol. 8 Nº 3, año 2002

ULTRASONOGRAFIA DE TIROIDES

Drs. Germán Arancibia Z, Juan Pablo Niedmann E, Dulia Ortega T.


Servicio de Radiología Hospital Clínico Universidad de Chile.

Abstract : The ultrasonographic study of the thyroid, gives relevant information about its measures, volume, irrigation, nodular pathology (benign, malignant and incidentals), and glandular inflammatory disease. When it is associated with Ultrasound Guide Fine Needle Aspiration Biopsy, it constitutes an excellent performance method (sensibility near 90%) associated to a low cost. This brings in an important number of cases, the definitive diagnosis in nodular pathology.

Key words: Thyroid, Ultrasound, Fine Needle Aspiration Biopsy.

Resumen: El estudio ultrasonográfico del tiroides aporta importante información respecto a sus dimensiones, volumen, irrigación, patología nodular benigna y maligna, "incidentalomas" y procesos inflamatorios glandulares. Todo esto muchas veces es complementado con Punción Aspirativa con Aguja Fina (PAAF) bajo visión ecográfica, que constituye un método de excelente rendimiento (sensibilidad cercana al 90%) y de bajo costo, que permite, en un importante porcentaje de los casos, el diagnóstico definitivo en la patología nodular.

Palabras claves: Tiroides, Ultrasonografía, Punción Aspirativa con aguja fina.

Introducción
La glándula tiroides puede ser estudiada con diversas técnicas imageneológicas como cintigrafía, tomografía computada (TC) y resonancia magnética (RM)(1). Sin embargo, el método más utilizado es el ultrasonido (US); técnica de primera línea(2), que permite la evaluación morfológica y vascular. Además permite la ubicación intraoperatoria de lesiones y sirve como guía en procedimientos invasivos. El resultado del US determina conductas de diagnóstico, terapéuticas o ambas en un 63% de los pacientes con nódulos palpables(3).

La cintigrafía tiroidea con Tc-99 es un método muy sensible para determinar la funcionalidad de un nódulo. Sin embargo, mención merece el hecho de que un nódulo no captante o "frío" puede corresponder indistintamente a un adenoma, quiste, carcinoma o tiroiditis focal, entre otros. De todos los nódulos fríos sólo 1%-4% son malignos. La evaluación cintigráfica de los cambios anatómicos en enfermedad nodular tiene poco rendimiento, ya que el 20-25% de los nódulos informados como únicos, resultan ser múltiples al US.

La TC está indicada como estudio de segunda línea, orientado a la estadificación de cánceres conocidos, extensión de la patología benigna o la evaluación de un tiroides intratorácico. La RM sólo tiene ventajas en el diagnóstico del cáncer tiroideo recurrente, con valor predictivo positivo (VPP) de 82% y negativo (VPN) de 83%.

Anatomía normal de la tiroides
La glándula tiroides se ubica en relación con la cara anterior de la tráquea, rodeando a ésta. Sus dimensiones en el adulto son de 4-6 cm x 2 cm x 2 cm en sentido craneocaudal, sagital y transversal respectivamente. A nivel del istmo, mide menos de 0.3 cm en sentido antero posterior (Figura 1). Su volumen aproximado es de 18 ml en la mujer y de 25 ml en el hombre(2). Normalmente sus extremos deben ser aguzados y es esperable encontrar un lóbulo piramidal en el 20% de los casos, lo que constituye una variante anatómica.

En la búsqueda de la glándula hay que tener en cuenta la posibilidad de hemiagenesia, la cual afecta más al lóbulo izquierdo y es predominante en mujeres(4). También puede presentarse agenesia o bien ectopia glandular.

Nódulos tiroideos
Es una entidad extremadamente frecuente; en USA 4%-7% de la población general tiene nódulos palpables. La mitad de la población mayor de 50 años tiene nódulos en la ecografía cervical(6) y un 50% son diagnosticados en autopsias. Son 8 veces más frecuentes en mujeres, y cuando están presentes en hombres tienen el doble de riesgo de ser malignos(7).

Figura 1 a,b. Tiroides normal. a. Corte transversal b. Corte longitudinal.

Figura 2 a,b. Nódulo quístico. a. Corte longitudinal. b. Nódulo con microcalcificaciones (flechas). Corte transversal.

Al encontrar un nódulo, se debe tener en cuenta que el cáncer tiroideo es una entidad muy poco frecuente, correspondiendo al 1% de todos los cánceres(7), lo que se traduce en que la gran mayoría de los nódulos son benignos y corresponden en primera instancia a hiperplasia nodular. Sin embargo, este contraste nos enfrenta al desafío de distinguir el poco frecuente nódulo maligno.

El cáncer de tiroides es más frecuente en mujeres (80%) y se asocia a glándulas expuestas a radiaciones ionizantes. Se presenta alrededor de la 5ª década de vida (41.6 años promedio)(7).

En ultrasonido, la gran mayoría de los nódulos tiroideos benignos son fundamentalmente quísticos (Figura 2 a), pudiendo presentar tabiques, sedimento y ser negativos a la señal Doppler color. Estas características representan la degeneración coloidea de un nódulo adenomatoso. Son benignos también aquellos sólidos, ecogénicos y con calcificaciones en cáscara. Sin embargo, estos últimos son hallazgos infrecuentes (Figura 2 b). Según Brander y col(8), en un período de seguimiento de 5 años durante los cuales no se observa un crecimiento, basta para caracterizar como benigno a un nódulo. A su vez, afirma que los que presentan más variabilidad en el tiempo son los hipoecogénicos, los que pueden evolucionar al crecimiento como a la desaparición en igual proporción.

Los nódulos malignos son, en su mayoría, sólidos, hipoecogénicos y mal delimitados(9). Pueden presentarse como formaciones sólido-quísticas de predominio sólido (Figura 3). Si presentan halo, microcalcificaciones y sombra, alcanzan un valor predictivo positivo de 70%(10). Sin embargo, el rendimiento de la exploración ecográfica radica en parte en el tipo histológico del cáncer, ya que en las neoplasias no foliculares la sensibilidad alcanza al 86.5% y la especificidad al 92.3%, mientras que en los foliculares, el rendimiento cae a un 18.2% de sensibilidad y a un 88.7% de especificidad(11) (Tabla 1). Algunos autores le han otorgado especial relevancia a las microcalcificaciones de los nódulos, estableciendo que la incidencia de cáncer es de 29% en nódulos calcificados, contra un 14% en los no calcificados, con un riesgo relativo de 2.5.

El uso del Doppler color para dilucidar las características de los nódulos, no es algo que este definitivamente aceptado. Al parecer sólo se le podría tomar en cuenta cuando éste es negativo, ya que siempre habrá más flujo en aquellos nódulos de mayor tamaño, independiente si son benignos o malignos(12). Generalmente los niveles de T3, T4 y TSH no aportan mayores antecedentes para establecer el diagnóstico diferencial(6).

Otro hallazgo de la ultrasonografía cervical en el contexto de un cáncer tiroideo, son las metástasis ganglionares, las cuales tienden a ser redondeadas y con pérdida de definición de los hilios(9). Cuando la neoplasia presenta calcificaciones, las adenopatías pueden compartir esta característica histológica.

Punción y aspiración por aguja fina (PAAF)
Es una técnica muy utilizada, ya que en un 91% de los estudios de cáncer tiroideo se incluyó ultrasonografía y PAAF(13). Esto debido a que reduce las tiroidectomías en un 25%, rebaja los costos en un porcentaje similar y es de bajo riesgo (1/6000 complicaciones). En la actualidad puede realizarse mediante palpación o bien bajo guía ecográfica, con técnica semi-estéril (transductor limpio, piel estéril y guantes quirúrgicos) y con manos libres.

Tabla 1.

   

Tipo de neoplasia

Sensibilidad
Especificidad

No folicular

86.5%
92.3%

Folicular

18.2%
88.7%

   
 
Figura 3 a,b,c. Neoplasias malignas de tiroides.

La aguja utilizada debe ser de 19 a 25 G y se puede realizar por capilaridad o por aspiración. Las muestras deben ser al menos seis, de aspecto rojizo-amarillentas y tienen que ser fijadas inmediatamente después de su obtención.

Los resultados positivos para malignidad (Figura 4) alcanzan 5-10.1%, existiendo otro grupo que es sospechoso para malignidad (8.3-10%). Los negativos corresponden a un 70%. El procedimiento es no diagnóstico en un 15% cuando no se usa US y solo menos de 2-3% con guía ecográfica. (Tabla 2). El Doppler color constituye un apoyo al momento de obtener las muestras(14).

Tabla 2. Rendimiento PAAF

Positivos para malignidad

5-10%
Sospechoso para malignidad

8.3-10%

Negativos para malignidad 70%
No diagnóstico (sin US)

15%

No diagnóstico (con US)

2-3%

Diferentes estudios han reportado sensibilidad de la PAAF de un 83 a un 90%, con muestras adecuadas en un 82-97% de los casos en que los nódulos son mayores de 5 mm de diámetro y de un 73% en nódulos más pequeños. Los diagnósticos indeterminados son del orden del 16% y generalmente corresponden a bocio adenomatoso, adenoma folicular, carcinoma folicular y linfoma.

Los falsos negativos alcanzan al 13%, mientras que la especificidad alcanza el 77-99%. La correlación entre el estudio citológico por PAAF y el histológico, es de 100% para las lesiones malignas, 67% para las sospechosas y de 56% para las indeterminadas(15-18). Es por este alto rendimiento de la PAAF que algunos autores lo sugieren como el estándar dorado para la caracterización ultrasonográfica de los nódulos(6).

Estadísticas publicadas por el Servicio de Radiología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, en una serie de 120 nódulos en 102 pacientes, dan cuenta de un alto porcentaje de muestras satisfactorias al primer intento, el cual varía entre 80 a 88% dependiendo si se utilizaron agujas 19 ó 21G respectivamente(26) (Gráfico 1).

Del 80% de los negativos, un 62% correspondió a hiperplasia nodular y un 18% a tiroiditis crónica. Por otro lado, del 8% de los positivos para cáncer, 6.7% correspondieron al subtipo papilar y 1.3% al subtipo folicular. El resto correspondió a sospechosos y no concluyentes. Estos resultados son similares a los publicados en la literatura internacional(13) (Gráfico 2).

Existe un 40% de pacientes con diagnóstico incidental de uno o varios nódulos a la ultrasonografía cervical. Teniendo en cuenta que sólo el 4% de los incidentalomas termina evolucionando hacia un cáncer tiroídeo(19), y que la mayoría de los cánceres de la glándula son de lenta evolución, se sugiere como conducta el seguimiento clínico de los nódulos menores de 1-1.5 cm y PAAF en aquellos que sobrepasan estos límites. La conducta es la misma en el caso de múltiples nódulos.

Grafico 1: RESULTADOS CITOLOGICOS PAAF (26)

 

Grafico 2: TIPOS HISTOLOGICOS EN CANCER DE TIROIDES (13)

 

Otras infiltraciones
Aparte de la patología nodular clásica de la tiroides, existen otras entidades clínicas que pueden infiltrar la glándula, como el linfoma y leucemia. Muy poco frecuentes son las metástasis en tiroides y cuando ocurren, generalmente corresponden a metástasis de riñón, pulmón o mama(9-20) y son generalmente hipoecoicas o hipoecoicas con halo(21).

Bocio
Se define por bocio, el aumento de volumen de la tiroides. Esta estimación es factible de ser hecha mediante cálculo ecográfico. Sin embargo, un importante hallazgo es la forma globosa de la glándula (Figura 5). La presencia de múltiples nódulos con aumento de tamaño glandular, constituye un bocio multinodular. Si no aumenta de tamaño sobre los límites anatómicos, corresponderá entonces a una tiroides multinodular.

En la enfermedad de Graves, es característico el bocio hipoecogénico por infiltración linfocítica. Además se observa un mayor componente vascular que Ralls y col. han llamado "Infierno Tiroideo"(22), que corresponde a un patrón de mosaico de distintos colores, como manifestación de la vibración tisular producida por los shunts arterio-venosos.

Tiroiditis
Otro grupo de patología tiroidea son las tiroiditis (Figuras 6,7), de las cuales la mayor frecuencia radica en la Tiroiditis de Hashimoto o Linfocítica Crónica Autoinmune (Figura 6) Este cuadro cursa con hipotiroidismo, tiroides hipoecogénica, nódulos de bordes mal definidos, ecogénicos, generalmente menores de 6 mm, y con tabiques entre éstos (VPP sobre el 94%)(23). También existen otras tiroiditis, como la enfermedad de Quervain (tiroiditis subaguda granulomatosa, secundaria a una infección viral) o la tiroiditis focal linfocítica, la que debe ser estudiada mediante PAAF, debido a su semejanza con otras lesiones focales(23). Para afinar el diagnóstico dentro de la gama de enfermedades tiroideas autoinmunes y evaluar tratamientos, se ha sugerido la medición de la velocidad "peak" de la arteria tiroidea inferior, la cual es generalmente mayor a 150 cm/s en la enfermedad de Graves y no mayor de 65 cm/s en los otros cuadros(24).

Figura 4. PAAF. Células Neoplásicas.

Linfoma
Prácticamente todos los linfomas tiroideos corresponden al tipo No-Hodgkin. En un 70-80% de los casos tienen antecedentes de Tiroiditis de Hashimoto previa(2).

Se ha demostrado la importancia que tiene el ultrasonido tiroideo en el seguimiento de los linfomas de Hodgkin y no Hodgkin de la glándula, ya que particularmente cursan con múltiples alteraciones morfológicas. Esto en combinación al estudio serológico nos pueden sugerir recidivas de linfomas previamente irradiados(25).

Conclusión
El estudio ultrasonográfico de la patología tiroidea nos va a aportar importantes estimaciones respecto a sus dimensiones y volumen, patología nodular benigna o maligna, incidentalomas y procesos inflamatorios glandulares. Todo esto apoyado con la PAAF bajo visión ecográfica, que en un importante porcentaje de los casos nos aportará el diagnóstico definitivo en la patología nodular.

 
Figura 5 a,b. Bocio Difuso. a. Corte transversal. b. Corte longitudinal.

 

Figura 6. Tiroiditis. Corte transversal. Figura 7. PAAF. Infiltrado leucocitario.

 

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Correspondencia:Dr. Germán Arancibia Z.
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