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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.38 n.2 Arica dic. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562006000200006 

 

Chungara, Revista de Antropología Chilena; Volumen 38, N 2, 2006. Páginas 223-238

ARTÍCULO DE SÍNTESIS

 

OCUPACIÓN INKA EN LA REGIÓN KALLAWAYA: ORALIDAD, ETNOHISTORIA Y ARQUEOLOGÍA DE CAMATA, BOLIVIA

 

INKA AND HISPANIC COLONIAL OCCUPATION IN THE KALLAWAYA REGION: ORAL HISTORY, ETHNOHISTORY, AND ARCHAEOLOGY OF CAMATA, BOLIVIA

 

José M. Capriles Flores1 y Carlos Revilla Herrero2

1 Department of Anthropology, Washington University in St. Louis, Campus Box 1114, One Brookings Drive, St. Louis, MO 63130. jcaprile@artsci.wustl.edu

2 Carrera de Antropología, Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia. revillabo@yahoo.com


 

Se presenta un estudio de caso acerca de la ocupación Inka en la región periférica del Tawantinsuyu conocida como Señorío Kallawaya. Específicamente, se concentra en la descripción de las características del asentamiento de Maukallajta en las cercanías de Camata así como de otros sitios menores, ubicados en el extremo oriental de la región Kallawaya (bosques de yungas). Se exponen hipótesis de trabajo utilizando diversas líneas de evidencia (fuentes etnohistóricas, tradición oral, análisis arquitectónico y de artefactos), para explicar las múltiples razones que motivaron esta ocupación. Se concluye que la importante infraestructura física construida por los Inka en esta región fue motivada por una estrategia política económica imperial territorial que enfatizó la extracción de recursos (oro, coca y otros) hallados en esta zona fronteriza y de ingreso hacia las tierras bajas. La ocupación Inka igualmente estuvo acompañada por una fuerte ideología de dominación hegemónica.

Palabras claves: Imperio Inka, Kallawaya, Camata, Maukallajta.


 

A case study of the Inka occupation in the peripheral region of Tawantinsuyu, ethnohistorically known as the Kallawaya Chiefdom, is presented. Specifically, it focuses on the description of the characteristics of the settlement of Maukallajta, near Camata, as well as on other smaller sites, located at the eastern margin of the Kallawaya region (yungas forests). Possible hypotheses are presented using different lines of evidence (ethnohistorical sources, oral tradition, and architectural and artifact analyses), to explain the multiple reasons that motivated this occupation. We conclude that the relevant physical infrastructure built by the Inkas in this region was motivated by a territorialistic imperial political economic strategy that emphasized the extraction of important resources (gold, coca, and others) found in this frontier with the lowlands. The Inka occupation came hand in hand with a strong hegemonic ideological domination.

Key words: Inka Empire, Kallawaya, Camata, Maukallajta.


 

La región histórica y etnográficamente conocida como Kallawaya ocupa un importante espacio físico entre el altiplano circumtiticaca y la región de las tierras bajas orientales (p.ej., llanos de Mojos y bosque amazónico), abarcando una importante cantidad de quebradas y valles que surgen en la Cordillera Oriental y se extienden desde alturas superiores a los 5.000 msm hasta regiones localizadas a menos de 1.500 msm conformando el soporte hídrico del río Beni, uno de los más importantes de la cuenca amazónica (Figura 1). Debido a que la región está circunscrita dentro de un transecto altitudinal inferior a los 50 km, ostenta una compleja situación topográfica y configura numerosos microclimas y ecosistemas (Mankhe 1984; Schulte 1999). Esta diversidad ecológica permitió a sus pobladores desarrollar una economía complementaria e incluso excedentaria, así como la generación de circuitos de intermediación cada vez más amplios a lo largo del tiempo y el espacio (Meyers 2002). Desde tiempos pre-Inka, los habitantes de la zona intermediaron las relaciones entre las complejas sociedades que ocuparon la región circundante al lago Titicaca y las todavía poco conocidas tribus del piedemonte y llanos amazónicos, genéricamente denominadas chunchos (Saignes 1985).



Figura 1. La región Kallawaya con algunos de los sitios arqueológicos mencionados en el texto.
The Kallawaya region with some of the sites mentioned in the text
.

Durante la conquista Inka, la región Kallawaya adquirió una gran importancia por la diversidad y el alto valor de los recursos que ofrecía al imperio, pero también por su función de región fronteriza con las tierras bajas (Wrigley 1917). Dentro del complejo conjunto de asentamientos Kallawaya, destaca el sitio Camata (actualmente provincia Muñecas, departamento de La Paz, Bolivia) como su límite oriental y el punto principal a través del cual se organizaron diversos encuentros y expediciones hacia las regiones tropicales del este, pero también como centro de control y avanzada para la extracción de recursos económicos en esta área1. Tanto durante el período Inka (1.470-1.532 d.C.) como durante los primeros dos siglos de la conquista española, Camata fue un asentamiento de gran relevancia para el avance hacia el oriente, caracterizado tanto por la dificultad de movilización como por la inestabilidad sociopolítica de las relaciones entre sus habitantes y los grupos venidos desde el occidente (Mankhe 1984; Saignes 1981, 1984, 1985).

El presente trabajo pretende utilizar tanto información etnohistórica como datos arqueológicos y antropológicos recientemente recolectados (Revilla y Capriles 2004), para aproximarnos a las características de la ocupación Inka, su influencia posterior en la zona de Camata y los procesos de cambio sociopolítico que siguieron con la conquista española.

Este estudio se apoya y guía tanto en la información etnohistórica existente acerca de los procesos históricos ocurridos en la región como en la materialidad (arqueológica) y subjetividad (simbólica) que dejaron éstos en su paisaje natural y cultural. Nuestro principal interés es generar una mayor interacción dentro del proceso de estudio entre investigadores y pobladores locales. En este sentido, la palabra e interpretación de los pobladores locales se disponen en el mismo nivel que nuestra experiencia académica (Abercrombie 1998; Whiteley 2002). De esta manera, pretendemos transmitir el fruto inicial de esta interacción como un diálogo entre nuestros informantes, el paisaje cultural y natural de Camata, y nuestra propia experiencia en la región.

Con esto en mente, se presenta un desarrollo de la etnohistoria de la región, se exponen y analizan por separado dos mitos narrados por los pobladores de Camata acerca de la fundación de su pueblo y se describen las evidencias arqueológicas de la ocupación Inka en Camata, destacando el sitio Maukallajta. Finalmente, se ofrece una articulación entre la tradición oral y la información etnohistórica y arqueológica para interpretar la naturaleza y significado del dominio Inka e hispánico colonial en esta zona.

La Etnohistoria de Camata

El proceso de conquista Inka y su impacto

La expansión y anexión del oriente andino al Tawantinsuyu se efectuó por Inka Pachacuti y su hijo Inka Tupac Yupanqui (Saignes 1985). Pärssinen (1992:110-111), citando a Sarmiento de Gamboa (1572), sugiere que la primera incursión Inka a la zona fue realizada por el capitán Apo Curimache, siguiendo la orden de Topa Inka, y que habría utilizado "el camino que agora llaman de Camata" alcanzando el río Paititi, amojonándolo y capturando a los curacas locales. Meyers (2002:100-102) propone que la conquista Inka de la región Kallawaya y específicamente de Camata y la zona al oriente de ésta, se llevó a cabo por una sucesión de generales inkas y en diversas incursiones. La primera entrada la habría realizado Inka Canauqui (un capitán Cana) y la segunda por Ari Capaquiqui (quien fue tocricoc o gobernador provincial), según el mandato de Tupac Yupanqui y Huayna Capaq. Esta última se habría realizado a través de Charazani y Camata, con la construcción de puentes sobre los ríos más caudalosos, los cuales, sin embargo, en época de lluvias eran vulnerables a las crecidas de ríos y, por tanto, limitaban el uso de esta ruta. De ahí que el sucesor de dicho general, Ayana o Ayabaya, siguiendo órdenes de Huayna Capaq, construyó un camino sobre las "cuchillas y las lomas" de las serranías, que, además, se extendía hasta Apolo y "sin cruzar río alguno" (Saignes 1985:17-18). Coarete fue el sucesor de Ayabaya y recibió grandes privilegios, entre ellos ser llevado en andas por un séquito de más de cuarenta individuos (Saignes 1984:116). Una vez afianzada la frontera, fue el general descendiente del Inka Tupac Yupanqui, Urcu Waranqa, casado con una india chuncho, quien se encargó del resguardo militar de esta región, así como de eventuales expediciones de conquista. Este importante estratega fue conocido como Otorongo Achachi por su transformación ritual, la cual es registrada por Guaman Poma (1988 [1613]; Meyers 2002: Lámina 3). Fue durante el gobierno de Urcu Waranqa que sobrevino la conquista española y sus descendientes son todavía mencionados en la documentación de pleitos en Charazani durante el siglo XVII.

Como demuestran Saignes (1981, 1984, 1985) y Meyers (2002), existen numerosos testimonios locales que relacionan a Camata con la penetración del imperio Inka hacia los Andes Orientales. A través de diversas incursiones, los Inka llegaron a tener un dominio de la región más allá de Apolo (Ayaviri-Zama) e incluso hasta el río Beni. Sin embargo, Camata fue una de las entradas más seguras y la posición de este asentamiento nunca fue efectivamente amenazada por incursiones de pillaje efectuadas por grupos de tierras bajas, como ocurría en otras rutas (Meyers 2002:99).

Durante el dominio Inka, la región Kallawaya fue incorporada como la provincia imperial Calabaya y estuvo dividida en tres segmentos: Hanan Calabaya (Hatun Calabaya), Lurin Calabaya (Calabaya la Chica) y Yungas de Calabaya. Camata formaba parte de la delgada franja que formaba esta tercera, siendo Carijana (asentamiento localizado al oeste de Camata) el límite entre Calabaya la Chica y los Yungas de Calabaya. Camata, por su parte, se constituyó en la frontera de la provincia imperial de Calabaya y la de chunchos (Meyers 2002:104-105).

Por otro lado, Calabaya y especialmente Hatun Calabaya recibió una gran cantidad de mitimaes durante la conquista Inka. Meyers (2002:110) interpreta su presencia como una estrategia para incrementar la producción de maíz. En las cercanías de Camata, llegaron azangaros, cotas y collas-omasuyos llactarunas, siendo los yungas originarios solamente un tercio de la población total (Meyers 2002:119). La clasificación de yungas originarios debe entenderse como una categoría genérica y no necesariamente vinculada a un grupo étnico en particular; asumimos que estos grupos fueron kallawayas, alertando que se requiere mayor investigación para confirmar esta designación étnica.

Es posible que el dominio Inka haya fortalecido cierta formación social compleja y jerarquizada previamente existente, aunque se requieren mayores investigaciones que puedan caracterizarla2. Miembros de este grupo habrían participado del sequito real Inka, como encargados de transportar su litera (Guaman Poma 1988 [1613]; Rowe 1946; Wassen 1972). La región en sí misma es frecuentemente referida como el señorío Kallawaya y es muy probable que la especialización en curación y plantas medicinales con la que más recientemente se asocia a este grupo se haya iniciado antes de la conquista Inka (Bastien 1987; Oblitas 1963, 1978; Ponce Sanginés 1969; Wassen 1972).

Según Saignes (1985), la forma en que el imperio Inka estableció relaciones más o menos estables con los grupos locales en el Antisuyu fue a través del intercambio de productos y bienes de prestigio, los cuales paulatinamente se iban convirtiendo en formas de tributo hacia el mismo imperio. Otra forma fue el envío de mitimaes de diferentes regiones del imperio hacia tierras bajas. Esto tenía un sentido doble, por un lado, tendía a desestructurar ciertas entidades sociopolíticas de tierras altas en relación a posibles eventos de rebeldía mudando poblaciones relativamente grandes a lugares alejados y, por el otro, optimizar el control de los grupos de tierras bajas (Murra 1975, 1978; Pärssinen 1992). Al parecer ambas estrategias fueron empleadas en la región Kallawaya.

Finalmente, es probable que la relación de los Inka con grupos de tierras bajas como los aguachiles (incluso llamados coqueros del Inka), chunchos, lecos, mojos y tacanas, entre otros, se estableció con más fuerza a partir de la segunda mitad del siglo XV, por medio de la utilización de rutas como la de Camata que vinculaban a la extensa meseta andina con el flanco oriental de la cordillera. Sin embargo, es altamente posible que las relaciones entre los habitantes de la puna andina y los de los yungas y llanos amazónicos tuvieran un origen más antiguo.

El asentamiento de Camata durante la conquista española

Una "información" redactada en el Cuzco en la década de 1570 para el Virrey Toledo, atribuida a Sarmiento de Gamboa, habla de cuatro puertas principales hacia el oriente de la cordillera andina: por Opatarí (Andes de Tono), San Juan del Oro (Carabaya), Cochabamba y Camata (Larecaja) (Saignes 1981:160, 1985:89). En referencia a esta última, existe un buen número de fuentes históricas que hacen referencia a su importancia como "entrada" hacia el este amazónico durante la conquista y posterior colonización española (Wrigley 1917). Pedro Anzures Enrriques de Campo Redondo (Peranzures) en 1539 en compañía de 300 soldados, ingresó por Camata al país de los chunchos, vía Carabaya y llegó hasta Ayaviri-Zama, hacia el este de Apolobamba. Luego hallaron la provincia de tacanas, y posteriormente alcanzaron el río de los omapalcas (hoy río Beni). Después de perder numerosos hombres, la expedición retornó hacia Larecaja.

Posteriormente, en 1594 y 1595 Cabello de Balboa (quien fue cura de Camata) y Urrea, respectivamente, realizaron incursiones por Camata. El primero se dirigió hacia el Beni y el segundo, en plan de evangelización, se dirigió hasta Tayapu en territorio de los aguachiles (Saignes 1985:63). Cabello de Balboa tardó ocho días desde Camata, última reducción en los yungas de Larecaja hasta Tayapo, primer pueblo chuncho (Saignes 1985:86).

Las fuentes sugieren que la región a lo largo de los ríos Pelechuco, Camata y Mapiri o Kaaka formaban una barrera natural con frecuencia difícil de franquear debido a la densa vegetación, insalubridad y hostilidad de los grupos locales. Más allá de la misma, se extendían regiones con vegetación más clara y menores peligros (Saignes 1985:77). Misioneros de inicios del siglo XVI indican que los habitantes chunchos de las regiones bajas se alimentaban de raíces de campo y hierbas, los lecos de yuca y otras raíces y frutas silvestres, así como de animales salvajes y pescado de los ríos y lagunas. Los grupos de la ceja propiamente dicha parecían gozar de menos recursos. Los aguachiles sembraban maíz y yuca, pero carecían de muchas otras cosas (Saignes 1985:82). Varios autores de la época concuerdan en que llevaban ropa de algodón bien tejida, teñida con cochinilla y se adornaban con collares.

A inicios de la conquista española, el despoblamiento de Camata fue moderado y fue la falta de control estatal más que invasiones de chunchos lo que hizo que hacia 1549 solamente 50 personas fueran registradas como yungas originarios, un tercio de la población total del asentamiento. El resto era conformado por mitimaes (Meyers 2002:119)3.

Con las reformas toledanas a partir de la década de 1570, Camata se convirtió en una reducción (Santiago de Camata) dependiente de la Provincia de La Paz; la última hacia el oriente de Charazani. Los habitantes de la pequeña Calabaya fueron concentrados en cuatro pueblos: uno de puna, Umanatta; dos cabeceras de valle, Charazani y Moco-Moco, y una de yungas, Carijana (Saignes 1984:117-118).

Ocupación Inka en la región Kallawaya: Oralidad, etnohistoria y arqueología Según la Visita de Toledo (Bouysse-Cassagne 1975: Cuadro 1, 1987: Cuadro 10), en el momento de transición de encomienda a reducción, hacia 1570 la población total de Camata era de 596 habitantes, 163 de los cuales eran tributarios y, como en muy pocos otros asentamientos, se utilizaban como lenguas al aymara, puquina y quechua. Según la referida visita, Camata tributaba únicamente 645 canastos de coca (Bouysse-Cassagne 1987: Cuadro 13). Informaciones posteriores resaltan la importancia que también tenía el tributo de maíz (Meyers 2002:141). Cabe mencionar que durante el período reduccional los resultados del agrupamiento poblacional y evangelización no tuvieron los resultados esperados en Camata y otros asentamientos de la región. Algunas fuentes mencionan cómo los indios volvían a poblar los pueblos viejos, a pesar de que habían sido previamente quemados y destruidos por los corregidores (Saignes 1984:118; Meyers 2002:137). De hecho, en 1596, Carijana y Camata fueron reducidos a una sola parroquia (Saignes 1984:118).

Finalmente, a fines del siglo XVII la zona del norte Kallawaya se encontraba aún relativamente cerrada a invasiones foráneas de mitimaes que huían de las obligaciones tributarias coloniales. Camata, después de todo, tributaba hombres para la mita de Potosí, facilitando el trabajo de los recaudadores en la zona, esto unido a su carácter de vieja estructura étnica (el señorío Kallawaya) y de un buen control vertical de las punas de Apolobamba a los cocales de Camata (Saignes 1985:132).

Los Mitos de Origen

A través del análisis de dos mitos de origen que hacen referencia a vestigios arqueológicos se ensaya una interpretación acerca de su significado para los actuales pobladores de Camata. Según Lévi-Strauss (1987:295-296), el etnólogo y el arqueólogo pueden colaborar con el fin de dilucidar problemas comunes, ya que la clave de la interpretación de muchos problemas arqueológicos todavía herméticos, se encuentra a disposición en mitos y cuentos que se mantienen con vida. Los mitos que presentamos a continuación fueron recopilados, transcritos y sintetizados para su publicación por nosotros en base a cinco diferentes testimonios de pobladores de Camata durante el mes de marzo de 2003. Los pobladores dieron su versión del mito y de las cinco personas, tres se refirieron al primer mito y dos al segundo. A pesar de que ambos mitos son distintos, nuestros informantes, al ser consultados sobre la versión no narrada, confirmaron su veracidad, reforzando su naturaleza complementaria (Revilla y Capriles 2004).

Tata Santiago y Mama Santa Ana

El primer mito cuenta la llegada a la región desde el noroeste, de un grupo de santos con el fin de fundar los diferentes pueblos que hoy existen. Se cuenta que al llegar al lugar donde hoy se encuentra Carijana una espina se clavó en el pie de Mama Santa Ana y, al verse impedida de seguir caminando, decidió quedarse en ese lugar y de esa forma fundó allí aquel pueblo. El apóstol Tata Santiago siguió su peregrinación cruzando el río y a pocas horas de camino del lugar donde se quedó su compañera, Santa Ana, llegó a una laguna o qocha en cuyo centro clavó su vara; al hacerlo, el agua de la laguna fluyó por el orificio en el suelo (visible hasta hace poco en el centro de la plaza). Sobre la tierra seca, Santiago decidió establecerse construyendo la iglesia con orientación hacia el este y de este modo fundó Camata.

Si bien este mito refiere a dos santos católicos, el mismo recuerda en algunos aspectos, a relatos que hacen referencia a la creación del universo y la cultura en la cosmovisión andina. Por ejemplo, en el conocido mito de origen de los Inka y fundación del Cuzco transmitido por Garcilaso de la Vega (1976 [1609]), los protagonistas son igualmente una pareja, hombre/mujer. En el caso del mito de Camata, sin embargo, la pareja no parte sola, sino que se ve al final del viaje en esta condición, ya que los otros santos que los acompañaban van quedándose cada uno en un lugar distinto.

En el relato recogido por Garcilaso, los hijos del sol fundan cada uno de ellos un pueblo, el pueblo fundado por el varón (Hanan Cuzco) se establece como igual, aunque superior al pueblo fundado por su hermana/esposa (Hurin Cuzco). Si bien ambos son hermanos, hijos del dios sol, se marca una relación jerárquica entre ellos, una suerte de complementariedad asimétrica (Platt 1976). Igualmente, en el mito recopilado, existen elementos que parecen mostrar cierta jerarquización entre las poblaciones de Camata y Carijana. Santa Ana funda Carijana por verse imposibilitada de continuar el viaje junto con Santiago a causa de la espina que le impide caminar. El caso de Camata, sin embargo, es contrario, ya que se funda luego de que Santiago logra cruzar el río y a pesar de la dificultad que representa la existencia de la laguna en el lugar. Esto manifiesta una distinción entre las razones de la fundación de los pueblos en ambos lugares: la primera responde a la contingencia, la segunda responde a la voluntad. Carijana se funda por la incapacidad de superar un impedimento, Camata se funda ante la capacidad de superar otro.

De la misma manera, es destacable que Santiago logre fundar el pueblo con la ayuda de una vara, objeto que, por su parte, no cuenta Santa Ana. La vara también se encuentra presente en el relato de los hijos del sol así como en otros mitos del mundo andino. La vara se presenta como un instrumento con el que se superan obstáculos y se determina el centro, no sólo de un pueblo a ser fundado, sino también del ordenamiento del cosmos. La superación del obstáculo que representa la laguna se realiza con la ayuda de la vara y que esta superación tiene un carácter fundacional, tal como sucede en los mitos mencionados. La vara puede ser también tomada como un símbolo de jerarquía y autoridad. Esta función del cetro es reconocida en toda la región Kallawaya, donde tanto los dirigentes tradicionales como los famosos médicos naturalistas, a quienes se tiene un gran respeto, llevaban este tipo de artefactos (Oblitas 1963). Los materiales con el que están hechas estas varas (muchas de las cuales datan del tiempo de la colonia) son plata y madera de chonta, proveniente de las tierras bajas (Morales 1929:27).

Santiago y Maukallajta

El segundo mito narra cómo un grupo de niños del pueblo viejo (Maukallajta) salió al bosque en busca de leña y cuando estaban cerca de Santo Zamana, en las cercanías de una cascada, encontraron al apóstol Santiago de pie sobre una roca. De vuelta en el pueblo, informaron a los mayores lo que habían visto y éstos presurosos se dirigieron al lugar para llevarse al santo a la iglesia del pueblo. Al día siguiente los habitantes se sorprendieron cuando no encontraron al santo en la iglesia, ya que por la noche había retornado a Santo Zamana. Los pobladores, al hallarlo donde lo habían encontrado inicialmente, pensaron que el santo, para quedarse en el pueblo, quería que se realizaran una procesión y una fiesta siguiendo la tradición. Así lo hicieron y volvieron a recogerlo, trayéndolo precedido de mucha música y bailes. Una vez en el pueblo, se preparó en su honor una velada para acompañarlo durante toda la noche con mucha comida y bebida, y de esta manera garantizar su permanencia. Durante la velada y después de mucho comer, beber y bailar, todos se quedaron dormidos y cuando despertaron se dieron cuenta de que el santo se había ido nuevamente. Fueron otra vez en su búsqueda y luego de traerlo lo ataron a la iglesia. Esta acción fue nuevamente inútil, porque el santo logró liberarse e irse de nuevo. Entonces, nuevamente fueron a buscarlo, decidieron encadenarlo y luego crucificarlo. Sin embargo, esta nueva acción fue igualmente inútil, ya que sus guardianes nuevamente se durmieron y Santiago volvió a marcharse durante la noche. Al día siguiente, cuando la gente fue a buscarlo a Santo Zamana, ya no lo encontraron, solamente se veían sus huellas sobre la peña donde apareció por primera vez (las mismas pueden verse hasta el día de hoy). Finalmente, un grupo de personas lo halló en Qaripata, a poca distancia del pueblo actual, en el sitio donde antes se hallaba una laguna rodeada por un espeso monte. Los pobladores de Maukallajta nuevamente llevaron encadenado al santo hasta el antiguo pueblo, pero la acción fue, una vez más, inútil. Los pobladores pensaron que Santiago quería quedarse en ese lugar y le construyeron una pequeña capilla con ramas y otros materiales del lugar donde se encontraba. Después de esta acción, durante la noche, Santiago hundió su vara en el centro de la laguna y la secó, dejando un pequeño hoyo. Este orificio tenía la forma de un cuenco de piedra con un agujero en el centro, por donde toda el agua de la laguna se filtró, y que se dice que llegó a formar la vertiente que aparece al norte del pueblo actual, cuyas aguas nacen por debajo de éste. Al día siguiente, la gente al ver el milagro y que el espacio dejado por la laguna era llano, pensó que el santo quería que se mudasen allí y así se hizo. Los pobladores entonces, "lotearon" todo el terreno, definiendo como la plaza, el centro de la laguna, construyeron la nueva iglesia de piedra sobre toda la vereda sur y se repartieron los demás lotes. Así, Santiago fundó Camata y desde entonces vive en el interior de la iglesia de este pueblo.

El mito parece describir las dificultades de un diálogo entre tradiciones distintas, la andina y la española, manifestadas y simbolizadas en los tropiezos de un proceso de comprensión mutua entre el santo y los habitantes del pueblo Inka. Este proceso se lleva a cabo como una progresiva mediación que frecuentemente usa la fuerza. La misma, a la vez, se va delineando sobre el propio territorio, "redefiniendo" los límites de lo salvaje y natural (del monte tupido e inundado) con respecto a lo civilizado y cultural (representado por la idea general de pueblo).

La intermediación que plantea el mito, no obstante, no parece restringirse sólo a lo territorial, sino que parece simbolizar las transformaciones operadas en la vida de la gente del pueblo, en lo que se refiere a lo religioso en particular y a lo cultural en general. Es como si se quisiera expresar el proceso complejo que supuso adaptarse a una forma de vida totalmente diferente a la acostumbrada. Un proceso que se lleva a cabo por medio de un conjunto de mediaciones y cambios que los habitantes de Camata tuvieron que realizar con la llegada no sólo de la nueva religión cristiana, sino también de un nuevo ordenamiento social y político. A pesar del choque inicial, hay una permanente búsqueda mutua, el santo permanece en el lugar donde se mostró a los niños y donde podrá ser encontrado en repetidas ocasiones por la gente del pueblo. La misma que no desiste en su intento de rendirle una forma de culto que, según ellos, es la más apropiada de acuerdo a su tradición. En un momento crítico del relato la relación entre el santo y los hombres resulta ser violenta. Esto da lugar a una ruptura y una separación. Después de la separación causada por la obstinación mutua se inicia un proceso de adaptación y convivencia.

En la actualidad, la fiesta que se hace cada año en honor del santo conserva muchos aspectos de aquella que describe el mito y tiene un marcado carácter festivo por la abundancia de comida y bebida, así como por la importancia de la música y el baile. Se manifiestan así, en el culto al santo y en la fiesta, las huellas tanto de la tradición andina como de la cristiana.

En resumen, el mito permite al investigador aproximarse al proceso de configuración de la identidad de los pobladores de Camata, quienes reconocen a Maukallajta como su antiguo pueblo Inka, donde efectivamente moraron sus ancestros. Sin encontrar ninguna contradicción aparente, reconocen a la kallanka de dicho asentamiento como su antigua iglesia, lo cual puede contarnos algo sobre las funciones e importancia de este recinto prehispánico (Hyslop 1990). Así también, las referencias espaciales presentes en el mito se manifiestan en la realidad y son, en cierto modo, los hitos y las señales observables de este proceso. Los sitios arqueológicos, los lugares sagrados por los que cuentan los mitos que pasó el santo, pueden ayudar a comprender las nociones de identidad y de ordenación espacial del paisaje por parte de los habitantes de Camata (Bastien 1978, 1987, 1995); pero, además, permiten descubrir y analizar los vestigios del pasado prehispánico.

La Evidencia Arqueológica en Camata

Maukallajta

El asentamiento conocido como Maukallajta o Pueblo Viejo, se ubica sobre un terreno comunal aproximadamente a un kilómetro al norte del pueblo actual de Camata y a 100 metros de la orilla del río. Consiste en un asentamiento típicamente Inka de aproximadamente 5 ha de extensión, emplazado siguiendo el escarpado relieve del terreno y que comprende al menos tres sectores claramente diferenciados4. Por una parte, se encuentra la plaza o kancha que estuvo rodeada por estructuras de funciones especiales en sus límites sur y este, por un muro perimetral hacia el oeste y por un profundo precipicio hacia el norte. El segundo sector contempla terrazas domésticas, ubicadas hacia el sur de la plaza, sobre el terreno más escarpado del sitio. Finalmente, al sur y separado por el actual camino carretero se encuentra el tercer sector caracterizado por la presencia de algunas estructuras dispersas irregularmente, terrazas agrícolas y un extenso muro que encierra a todo el sitio en su limite sur.

Primer sector

La disposición de las estructuras del sector 1, al igual que de todo el asentamiento, convergen alrededor de una enorme plaza o kancha. Su forma es ligeramente trapezoidal, con el lado sur más largo que el norte, siendo sus medidas medias 190 m (E-W) por 132 m (N-S). El límite septentrional de la plaza está delimitado por un terraplén de varios metros de altura, elaborado con grandes bloques de roca sedimentaria y que desciende hasta confundirse con el abrupto talud del río Camata. Este terraplén permite al mismo tiempo nivelar el terreno para la plaza y configurar el límite norte del sitio. Hacia el oeste, la plaza está delimitada por un grueso muro de un metro de espesor y un metro de altura, elaborado con gruesos bloques de la roca sedimentaria local. Por el este, la plaza limita con un conjunto de estructuras, las que posiblemente tuvieron funciones especiales y conformaron un RCP (rectángulo perimetral compuesto; Hyslop 1984:282), aunque la mayoría de éstas fueron severamente afectadas por actividad agrícola reciente. El límite sur de la plaza lo configura una prolongada estructura longitudinal que, dadas sus características arquitectónicas, constituiría una kallanka típicamente Inka. Hacia el este de esta estructura se encuentran otras dos que, al parecer, tenían funciones especiales o tal vez sirvieron como recintos habitacionales para individuos de elite. Se infiere esto por la presencia de una hornacina cuadrangular al interior de una de ellas y su emplazamiento dentro del sitio. La kallanka constituye el edificio más grande que se encuentra en el sitio. Su forma es rectangular, 36 m de largo por 8,80 m de ancho y altura máxima de 3,35 m, y muy posiblemente estuvo techada a dos aguas, aunque no preserva astiles sobre sus muros. El alargamiento que presenta en su eje paralelo a la plaza posiblemente se debió a este tipo de techado (Agurto 1988; Hyslop 1984). Sus muros se caracterizan por la presencia de hiladas horizontales regulares de piedras parcialmente canteadas intercaladas con argamasa de barro y en algunos espacios, grandes rocas dispuestas rústicamente. El muro norte de la kallanka es de aparejo doble y presenta varios ingresos hacia la plaza. Aunque el desmoronamiento de algunas secciones y la densa vegetación no permitieron determinar el número total de ingresos, tres de ellos se hallaron visibles y promediaron 2 m de ancho. Llama la atención que cerca de la esquina noreste interior de este muro se halle un nicho u hornacina. A 10 m de esta intersección también se encontró un acceso a la kallanka bloqueado con el mismo tipo de aparejo presente en toda la construcción de aproximadamente 1,45 m de ancho (Figura 2). Esto permite inferir que hubo al menos dos períodos de construcción y/o de remodelación de esta estructura y posiblemente del sitio como ha sido registrado en otros asentamientos.



Figura 2. Muro norte de la kallanka de Maukallajta con ingreso bloqueado. Fotografía tomada desde el interior de la estructura.
Northern wall of the kallanka of Maukallajta with blocked entrance. Photograph taken from inside the structure.

En el muro sur se encuentran dispuestos a intervalos irregulares nichos u hornacinas. Durante el reconocimiento de campo de la kallanka, llegamos a contabilizar 14 nichos conservados total o parcialmente. Es probable, sin embargo, que hayan existido muchos más. Los nichos tienen un promedio de 0,35 x 0,50 x 0,35 m y su forma es principalmente cuadrangular, aunque se pueden observar algunos de forma rectangular e incluso trapezoidal. La presencia de dinteles sobre los nichos es visible, aunque éstos no estuvieron presentes en todos ellos5.

El muro este es estructuralmente independiente de los muros norte y sur. Presenta aparejo doble, hiladas horizontales regulares y se encuentra en proceso de desmoronamiento hacia el interior de la estructura. El muro oeste, al parecer, fue desmantelado, aunque no sabemos cuándo y solamente quedan restos de sus cimientos.

Detrás de la kallanka se encuentra un pasillo delimitado por una terraza a manera de talud que funciona como contrafuerte para el terreno que en ese punto inicia un abrupto ascenso topográfico. El muro de esta terraza tiene 1,80 m de altura y transita completamente paralelo al muro sur, prolongándose más allá de la kallanka, tanto hacia el este como hacia el oeste, llegando en esta última dirección hasta conectarse con el muro perimetral occidental de la plaza.

Segundo sector

Alrededor de 15 m por encima de la kallanka se inicia el complejo de terrazas domésticas (Figura 3). Estas terrazas se agrupan en conjuntos de dos a cuatro estructuras habitacionales. Pudimos observar al menos ocho de estas terrazas, las cuales se encontraban separadas por intervalos de 10 a 20 m y un relieve de entre 5 a 10 m de altura. Una típica estructura habitacional contiene cuatro ambientes dispuestos en forma cuadrangular, donde cada cuarto se conecta con otros dos y comparte un muro con cada uno de ellos. El rango del área ocupada por cada cuarto puede variar entre 8,1 y 17,5 m2.



Figura 3. Estructura habitacional en Maukallajta. Parte del muro observado consiste de una terraza que nivela el piso de la estructura en el inclinado terreno.
Habitation structure in Maukallajta. Part of the observed wall consists of a terrace that levels the floor of the structure in the sloping ground.

Por las características de preservación del sitio, no es posible determinar, por un lado, el tipo de techumbre que tenían estas estructuras y, por otra, si todos los muros de cada conjunto estuvieron techados (Arellano 1978; Escalante 1993; Ponce Sanginés 1975).

Tercer sector

El tercer sector del sitio se inicia al sur de las terrazas habitacionales y por encima de éstas. Incluye la presencia esporádica de diversos rasgos arquitectónicos y un muro perimetral. Sobre este sector observamos esporádicamente algunas estructuras habitacionales, terrazas agrícolas y estructuras cuadrangulares de muros bajos y derruidos. Existe la posibilidad de que estas últimas sean silos o algún tipo de estructura de almacenaje.

Este sector está delimitado por un extenso muro de 350 m de extensión, que sigue levemente el nivel del terreno, con un espesor algo superior a un metro y una altura que en algunos casos es mayor a 2 m, elaborado por hiladas rústicas y aparejos irregulares de rocas de gran tamaño en algunos casos canteadas parcialmente, su orientación general es de este a oeste. El límite occidental del muro lo conforma la quebrada formada por la cascada actualmente conocida como Quiñuwaya (que conforma el límite oeste principal del sitio) y hacia el oriente toma rumbo norte, delimitando por el este al sitio.

El acceso al agua estuvo, al parecer, garantizado por un canal que se inicia en las cercanías de este muro y que surge a 125 m de la cascada de Quiñuwaya. Este canal actualmente forma una pequeña vertiente que fluye con agua hacia el occidente de la kallanka, atravesando varias de las terrazas habitacionales.

Sobre el borde sur del muro, es decir, por fuera del sitio, recorre un camino prehispánico que parece haber sido manufacturado contemporáneamente a este, ya que discurre paralelo al muro y está parcialmente empedrado. El camino ingresa hacia el sitio por el norte aproximadamente a 205 m al este de la quebrada. Este mismo camino, por el sur se dirige hasta el pueblo actual.

Rasgos arqueológicos en el paisaje cultural de Camata

En el trabajo de campo visitamos otros lugares que constituyen parte del paisaje cultural de Camata. Quizás el más importante sea el pueblo mismo, que comprende una ocupación Inka bastante importante. No obstante, las evidencias arquitectónicas a diferencia de Maukallajta no son tan evidentes. Lo más importante es la disposición de sus calles que cuentan con empedrados claramente Inka. Las calles están elaboradas con piedras del lugar parcialmente canteadas y configuran patrones similares a aquellos registrados en otros caminos prehispánicos como el Choro o el Takesi, en los yungas de La Paz (Avilés 1998; Michel 1999). Los canales de drenaje son comunes, pero a menudo están bloqueados y cubiertos por vegetación y sedimento. Algunos muros que forman parte de propiedades privadas tienen una disposición similar a la observada en Maukallajta y podrían tener su antigüedad. La disposición del pueblo es ortogonal y probablemente de origen Inka (Hyslop 1990; Julien 2004).

Existen varios caminos prehispánicos en la zona de Camata. Uno de ellos conecta Maukallajta con el pueblo actual y desde ahí se dirige hacia el este. Aproximadamente a un kilómetro atraviesa un sector conocido como Inka Pajcha (p.ej., Baño del Inka), donde existen algunos rasgos arquitectónicos prehispánicos, deteriorados y cubiertos por la vegetación. El camino continúa hacia el este y cruza una cascada conocida como Sukalaya, donde se observa un conjunto de gradas labradas en la roca madre, que se extiende hacia el este. Por varios kilómetros el camino sigue sendas modernas alternadas por restos del camino prehispánico. Se observan muros de contención, restos del terraplén y derrumbes que han destruido totalmente el camino.

Según nuestros informantes, la senda que seguimos llega hasta el lugar conocido como Torre Pata (que es una angostura del valle) a partir de donde el camino carretero hacia Apolo destruyó totalmente el trazado prehispánico y ruinas asociadas. Esta senda también se conectaba con Maukallajta y desde algunas partes elevadas del camino se observa la senda que conducía a este sitio6.

Finalmente, el contacto simbólico entre Camata y los Andes se realiza a través del nevado Sanchulli, que se observa en los días claros a través del valle de Camata hacia el oeste. Este nevado, perteneciente a la cordillera de Apolobamba, forma la última conexión paisajística con las tierras altas (Bastien 1978, 1995).

Materiales arqueológicos

Se realizó una recolección no sistemática de material cerámico diagnóstico en el pueblo actual. En Maukallajta este procedimiento no se llevó a cabo por dos razones. En primer lugar, la densa capa de humus y vegetación que cubre el suelo impide observar materiales culturales sobre la superficie. En segundo lugar, debido a que esperamos realizar recolecciones sistemáticas en el sitio en una siguiente fase de investigación.

El material cerámico de Camata permite plantear algunas generalidades acerca de la cronología de este sitio. Cabe notar que el material recolectado tiene dos procedencias: una, son las sendas de caminos prehispánicos que surgen desde la plaza hacia el sur; la otra, es el patio de la antigua escuela ubicado al interior de la acera este de la plaza. En ambos casos la densidad de la cerámica observada fue moderada a baja. La diferencia más notable hallada entre ambos sectores fue que en el patio de la antigua escuela se encontró la mayor proporción de cerámica colonial, mientras que en el pueblo la cerámica hallada fue preponderantemente Inka.

El análisis cerámico realizado simplemente tomó en cuenta la presencia/ausencia de ciertos elementos estilísticos (decorativos y morfológicos) diagnósticos que permitan una aproximación preliminar al conjunto cerámico presente en la zona de estudio (Figura 4). Inicialmente, se encontraron fragmentos de aríbalos de estilo Cuzco Polícromo A, según la clasificación de Rowe (1944). Igualmente, se hallaron fragmentos de jarras y platos Inka. Además, se encontró cerámica correspondiente a tradiciones altiplánicas, caracterizadas por decoración de estilo Negro sobre Rojo. Existe, además, un componente de cerámica posiblemente local, que no presenta decoración; es común en formas restrictas y presenta una pasta de arena mediana a gruesa con numerosas inclusiones. Ningún fragmento con características estilísticas Mollo fue observado.



Figura 4. Material cerámico procedente de Camata incluyendo los estilos Inka, altiplánico (Negro sobre Rojo) y local.
Ceramic material from
Camata including the Inka, altiplano (Black on Red), and local styles.

Pensamos que las características de pasta y acabado de los fragmentos decorados recolectados indican que no fueron manufacturados en el sitio. Asimismo, la cerámica local probablemente fue elaborada en otro asentamiento. En la actualidad, la gente de Camata utiliza en su gran mayoría fogones tradicionales y ollas de cerámica para cocer sus alimentos. Aun así, estas piezas no se elaboran en el sitio, ya que no existen fuentes de arcilla y otros materiales para su manufactura, por lo que su adquisición se realiza mediante el intercambio de productos agrícolas con los "olleros" de Amarete, poblado situado en el sistema serrano de valles de Charazani aproximadamente a 35 km de Camata.

Explicando la Ocupación Inka en Camata

La economía política y la estrategia de dominio territorial

El imperio Inka destaca por haber alcanzado a dominar en un período de tiempo inferior a 100 años la mayor parte de la región andina. Las estrategias empleadas por las elites inkas fueron complejas y adquirieron distintas formas de acuerdo a diferentes circunstancias (Alconini 2002; D'Altroy 1992; D'Altroy y Earle 1985; D'Altroy et al. 2000; Hyslop 1984, 1990; Julien 2004; Pärssinen 1992; Stanish 1997, 2003).

D'Altroy (1992), a partir de sus investigaciones en el valle del río Mantaro en los Andes Centrales, ha planteado dos tipos de estrategias de control empleadas por los Inka. Por una parte, la estrategia territorial se caracteriza por la ocupación y gobernación directa de los territorios sujetos, siendo una estrategia de alto control y extracción de recursos. Por otra parte, se encuentra la estrategia hegemónica, caracterizada por sistemas de bajo control y baja extracción de recursos, que además permite el manejo de la política doméstica de las sociedades subordinadas. A continuación exponemos las razones por las cuales consideramos que la expansión del imperio Inka en la zona de Camata siguió una estrategia de tipo territorial.

Diacrónicamente, el control Inka se inició con la incorporación del grupo étnico Kallawaya al Tawantinsuyu, la cual, al parecer, no fue militar, sino relativamente pacífica a través del establecimiento de relaciones de clientelismo con las elites locales de los Kallawayas (Meyers 2002:97). Aunque este proceso inicial pudo haber consolidado relaciones de tipo hegemónicas, los Inka implementaron inmediatamente un control territorial, que se explica por dos razones principales. Inicialmente, la productividad que ofrecían los valles Kallawayas requirió para su explotación de la presencia de una gran cantidad de grupos de mitimaes. En segundo lugar, la provincia imperial de Carabaya formaba hacia el este una línea de frontera y de ingreso a la región de tierras bajas y sus hostiles habitantes.

Camata, entonces, cumplía una función muy importante para garantizar la seguridad de los asentamientos y sus recursos emplazados a mayor altura, pero también servía como punto de intermediación e interacción con los grupos al este de la frontera. Asimismo, Camata poseía recursos que otros valles más elevados no contenían. La estrategia territorial permitió asegurar el incremento tributario y garantizar una mayor tasa de extracción en beneficio del imperio en toda la región, a partir de su establecimiento.

Con el control territorial, el paisaje físico y social de Camata fue completamente modificado de acuerdo a las exigencias y necesidades del imperio. Inicialmente, se construyeron numerosos caminos descritos en la documentación etnohistórica y todavía se observan en la región. El principal de ellos procedía desde el occidente y alcanzaba Apolo. Meyers (2002: Cuadro 6) reconoce a Camata como kancha o tambo Inka y lo incluye en el ramal del camino real que partía desde Escoma y pasaba por los tambos de Umanata, Charazani, Chullina, Camata, Inka Zamana y Zama7. Sin embargo, este camino no fue el único. Numerosos ramales se observan hasta el día de hoy, uno de los más importantes llegaba hasta Ayata por el sur, generando una conexión con Iskanwaya y los asentamientos del valle del río Llica (Saignes 1981: Mapa 1). La estratégica ubicación de Camata permitió interconectar diversas rutas y no solamente fue un punto de avanzada hacia el este. Al parecer, los Inka generaron todo un corredor de abastecimiento que cortaba transversalmente los profundos valles orientales. La etnohistoria y la arqueología afirman que el avance Inka no se detuvo en Camata, alcanzando regiones a centenares de kilómetros de esta población considerada como fronteriza (Pärssinen 1992).

La complejidad de las fronteras, señalada por Alconini (2002, 2004) aplicada al caso Inka-Chiriguano, implicaba un complejo juego entre gente, instituciones y medio ambiente. En este sentido, los centros fronterizos se caracterizaban por: (1) constituir puntos defensivos en zonas de interfases ecológicas hacia regiones selváticas; (2) la presencia de una eficiente red de caminos; (3) las relaciones conflictivas con grupos tropicales; (4) una capacidad de almacenamiento mínima, y (5) la participación de poblaciones locales en las actividades protagonizadas en las fronteras (Alconini 2002:335).

Siguiendo estos criterios, Camata fue claramente un centro fronterizo, cuyas características específicas requieren de mayor investigación arqueológica. Aun así, algunas diferencias importantes parecen señalarse. Al ser los grupos de tierras bajas menos hostiles que los Chiriguanos, las amenazas al imperio y su política económica en la región fueron menores, por lo que el contacto con estos grupos fue promocionado por las elites imperiales. Por otro lado, la cantidad y calidad de recursos extraídos de la región fueron mayores, derivando en una ocupación Inka relativamente directa y no necesariamente motivada por razones de incertidumbre social o medioambiental.

La frontera, tal como la define Alconini (2002:338), implicaba una zona extensiva de actividades superpuestas. De forma interesante, Camata no sólo fue una frontera imperial, sino que al mismo tiempo, al formar parte de la provincia imperial de Carabaya en el Qollasuyu, limitaba también con la provincia de Chunchus perteneciente al Antisuyu. Así, el centro fronterizo de Camata se localizaba en una red inclusiva de instituciones políticas imperiales generadas para garantizar la seguridad política y económica de un imperio en expansión.

Ocupación Inka en la región Kallawaya: Oralidad, etnohistoria y arqueología Los sitios Inka de la zona de estudio, como Maukallajta (p.ej., Camata), Carijana e Inka Zamana, al igual que su red de caminos asociada, sirvieron en gran medida al funcionamiento de la economía política Inka (D'Altroy y Earle 1985). Por una parte, garantizaban las finanzas de artículos básicos a partir de la extracción directa de productos como maíz y madera. Por otra parte, permitía extraer una gran cantidad de bienes de riqueza o prestigio, como el oro, plumas de aves exóticas, plantas medicinales y psicotrópicas, miel, cera, colorantes vegetales, pieles de animales salvajes, entre otros. Pero, sobre todo, la extracción de la coca, en cuanto a artículo tanto básico como de prestigio (D'Altroy y Earle 1985:196), permitió que la gran cantidad de fuerza de trabajo invertida en esta región haya sido sostenible.

Asimismo, información documental señala que casas dispersas de yungas originarios y de collas y omasuyos, eventualmente en época de cosecha, se ubicaban a unas 4 leguas de Carijana y Camata, lejos de los núcleos políticos (Meyers 2002:62, 119-120). Este dato etnohistórico indica un patrón de distribución de cultivos disperso y de gestión no centralizada. Este mismo patrón es perceptible en la Visita de Sonqo (1568-1570) en una zona similar a la de Camata, pero varios kilómetros hacia el sur. Según esta visita, los cocales y otras chacras usualmente estaban ubicadas bastante alejadas de los asentamientos residenciales, donde se recolectaba el tributo (Murra 1991). Los Inka en ambos casos garantizaban la seguridad de los cocales (seguridad que desaparecerá con la caída del imperio), aunque la gestión de la producción era delegada a grupos locales o foráneos, sin intervención directa del imperio. Asimismo, este patrón de localización de chacras de cocales dispersas ayuda a explicar la presencia de la numerosa cantidad de caminos, ramales y puentes, elaboradamente construidos durante el dominio Inka. Por tanto, los Inka en Camata como en Sonqo compatibilizaron una alta tasa de inversión con una alta tasa de extracción, justificando el empleo de una estrategia de dominio territorial.

La importancia ideológica de Camata

Según Hyslop (1984:386), las kallankas, que tenían un ancho inferior a 8 m, generalmente se localizaban en tampu, mientras que en los centros regionales esta medida era considerablemente mayor. La kallanka de Maukallajta tiene un ancho levemente superior al señalado, resaltando su importancia regional. Las kallankas estaban presentes principalmente sobre caminos altamente utilizados, con movimiento de muchas personas, incluyendo a grupos de mitimaes y procesiones reales (Hyslop 1984:285). Si éste no fue el caso, tal vez el asentamiento haya poseído una kallanka por su importancia como centro fronterizo estratégico.

Por otro lado, si bien las kallankas no fueron los edificios más importantes de los centros administrativos o tampu Inka, éstas podían adquirir mayor o menor importancia de acuerdo a circunstancias particulares y, en especial, a la percepción local de ellas. En el caso de Camata, la kallanka de Maukallajta junto con su plaza pudieron haber funcionado como los espacios públicos donde se realizaban múltiples funciones, incluyendo importantes encuentros y reuniones con grupos locales y regionales (Moore 1996), así como encuentros con grupos de tierras bajas, tomando en cuenta la ceremonialidad que acompañaron a estos encuentros, así como las festividades que les sucedieron (Morris 1982). El énfasis de muchos centros regionales estuvo no tanto en la producción como en la redistribución y consumo (Morris 1982:169). Pero este no fue el caso de Camata y es posible que el imperio manejara la redistribución a través de festividades realizadas en Maukallajta.

Asimismo, es posible que la kallanka se haya empleado como lugar de alojamiento temporal para destacamentos militares como fue el caso de estructuras similares en otras regiones (Hyslop 1984). Sin embargo, la compleja infraestructura que acompañó a este recinto en Maukallajta posiblemente implicó que su función no necesariamente se haya centrado en este aspecto. Por otro lado, la forma alargada de la kallanka, así como su eventual función de alojamiento, pudieron vincularla a las grandes malocas (casas comunales o públicas) utilizadas por los grupos de tierras bajas (Saignes 1981:170). En este contexto, la kallanka y su plaza asociada fueron adquiriendo una importancia simbólica cada vez mayor. Es así que durante los inicios de la colonia, y especialmente durante las primeras incursiones de conquista hacia el oriente (p.ej., Peranzures en 1539), posiblemente fue utilizada como iglesia cristiana. Llama la atención que en una segunda etapa de construcción el ingreso más oriental del muro norte de la kallanka haya sido clausurado con la misma técnica constructiva presente en toda la estructura y que se haya habilitado una nueva hornacina al este de este ingreso, sobre el mismo muro, carente originalmente de otras hornacinas. Interpretamos muy preliminarmente este evento como una habilitación precaria del recinto en una iglesia cristiana.

Por otro lado, según Stanish (1997, 2003), el principal objetivo de los Inka en sus regiones de dominio fue convertirlas en áreas productivas, estratégicas y económicamente eficientes (observado en el caso Kallawaya). En este proceso, la ideología jugó un papel muy importante.

Sin embargo, no debe descartarse la posibilidad de que la utilización de un mismo tipo de técnica constructiva para el relleno del ingreso estuvo asociada a un control Inka de la remodelación y, por tanto, del asentamiento. Excavaciones arqueológicas futuras de este recinto proveerán mayor información acerca de las actividades realizadas en su interior durante la ocupación Inka y posibles períodos posteriores.

Conclusiones

La ocupación Inka en Camata estuvo motivada por diversos intereses y respondió a una estrategia de tipo territorial reforzada por una fuerte ideología de dominación. Proponemos que el asentamiento Inka de Camata se localizaba en el sitio arqueológico actualmente conocido como Maukallajta, cuyas características testimonian la fuerte presencia imperial en esta zona. Desde la perspectiva aquí ensayada se pueden observar los vínculos del pasado prehispánico con la influencia religiosa cristiana en la tradición oral de los actuales habitantes de Camata. Los mitos aparentemente expresan el impacto que tuvieron tanto la conquista Inka como la española a nivel local y regional sobre su imaginario colectivo. El mito de "Tata Santiago y Mama Santa Ana" tiene rasgos fundacionales y elementos que se asemejan fuertemente a los mitos de origen Inka, mientras que el relato de "Santiago y Maukallajta" puede considerarse como un mito transicional, que expresa la tensión entre los valores tradicionales locales y aquellos impuestos por la conquista española, así como las dificultades de adaptación a estos últimos. De esta manera, si bien ambos mitos manifiestan diferencias al referirse a acontecimientos distintos, ambos pueden considerarse complementarios, ya que representan las consecuencias de los hechos históricos en la constitución de la memoria colectiva y en la configuración de la identidad de los actuales habitantes de Camata.

Notas

1 Según Navarro y Maldonado (2002), Camata estaría situada en la provincia biogeográfica de los Yungas, en el distrito biogeográfico de los Yungas de Muñecas; en el piso bioclimático mesotropical pluviestacional, con precipitación promedio anual de 993 mm y temperatura promedio anual de 13,7C. La vegetación característica de la región es el bosque húmedo pluviestacional montano, entre 1.900 a 2.900 msm, altamente intervenido, con algunos bosques relictos entre quebradas y zonas de difícil acceso; la zona ha sido ocupada principalmente por cultivos, matorrales y pastizales dispersos (Navarro y Maldonado 2002:299). Camata (1.900 msm) se encuentra en la ladera sur del valle formado por el río Camata, se extiende hacia el este hasta desembocar en el río Mapiri conformando uno de los tributarios del río Beni.

2 Recientemente, la Dra. Sonia Alconini (Department of Anthropology, University of Texas, San Antonio) ha iniciado un proyecto arqueológico orientado a definir las características de las ocupaciones prehispánicas en la región Kallawaya, incluyendo aspectos de organización económica y política así como relaciones con grupos de otras regiones a lo largo del tiempo y el espacio.

3 El documento "Visita de Gerónimo de Soria y Sancho Perero a Pequeña Calabaya, año 1549" menciona este dato y registró que en Camata existían 126 casas de las cuales 33 estaban abandonadas (Pärssinen 1992:111, Nota 144).

4 La presente descripción expone los resultados preliminares del trabajo arqueológico iniciado en el sitio. La densa vegetación dificultó el mapeo y registro de los rasgos y estructuras arquitectónicas, aun así el trabajo realizado permite esbozar aspectos importantes de las características del asentamiento, que serán profundizados en posteriores fases de trabajo de campo.

5 Muchos de estos nichos se encuentran en mal estado de preservación, debido a que han sido quebrados probablemente por huaqueros; también ha incidido en su deterioro el crecimiento de las raíces de plantas, y a pesar de ello el muro sur se ha preservado superando algunos sectores los 3 m de altura.

6 Ruinas de sitios arqueológicos son bastante comunes en las comunidades de Camata, especialmente en aquellas que se reconocen como las más antiguas, tal es el caso de Cuasí, Millisí y Aylulaya (en las cercanías de Ayata), ubicadas, además, en la zona alta y cerca de la puna. El caso de Inka Zamana, ubicado varios kilómetros al este de Torre Pata es interesante, ya que el camino en este sector tiene que elevarse debido a su abrupto relieve. Según Meyers (2002: Nota 98), en Inka Zamana existirían ruinas de imponentes andenerías y construcciones derruidas cubiertas por la vegetación y asociadas al camino real hacia Apolo, que igualmente habrían sido afectadas por la construcción del camino actual. Carijana es el pueblo vecino más cercano a Camata y fue un importante asentamiento humano desde períodos prehispánicos (Saignes 1989), es algo más pequeño que Camata y, al parecer, contiene un asentamiento y un cementerio de probable data Inka (Oblitas 1963:689-690).

7 Con relación a los caminos prehispánicos de esta región, actualmente la Dra. Lisbet Bengtsson (Museion Göteborgs Universitet) junto con la arqueóloga boliviana Lic. Sonia Avilés se encuentran ejecutando un proyecto de investigación, que incluyeron las visitas a Carijana, Camata y las ruinas de Maukallajta. Al margen de sus visitas, no sabemos de ninguna otra investigación arqueológica que haya estado en la zona (Faldín 1985:53). Cabe aclarar que el registro de sitios arqueológicos de la Dirección Nacional de Arqueología de Bolivia, consigna el asentamiento de Camata, Prov. Muñecas, excavado, con funcionalidad ceremonial y funeraria, citándose en referencia un informe de Félix Tapia Pineda (1983), que en realidad alude al sitio de Camata ubicado en la Prov. Omasuyos, en la orilla este del lago Titicaca (Tapia 1983).

Agradecimientos: En primer lugar, nuestro más profundo agradecimiento a los pobladores de Camata, especialmente doña Toribia Flores, don Diego Rosas, su esposa doña Donata y sus hijos Remberto, Uber, Gildo, Jovana, Ever y Diego. Por otro lado, queremos agradecer a Carlos Capriles, Eliana Flores, Olga Flores, María Eugenia Herrero y Juan Luis Revilla por su apoyo en la realización del trabajo. Nuestros profesores, colegas y amigos: Sonia Alconini, Marcelo Argote, Sonia Avilés, Alejandro Barrientos, Maya Benavides, Lisbet Bengtsson, David Browman, Tom Dillehay, Alejandra Domic, Catherine Julien, Carlos Lémuz, Marcos Michel, Eduardo Pareja, Claudia Rivera, Martín Schulze, Mariana Serrano y Katherine Torrico, quienes nos apoyaron de muchas formas, incluyendo provechosas discusiones y asistencia bibliográfica. Agradecemos igualmente los útiles comentarios de nuestros evaluadores anónimos, quienes ayudaron de manera significativa a mejorar el presente artículo. Finalmente, agradecemos a Calogero Santoro y Verónica Williams por la invitación a formar parte del Simposio y su asistencia editorial.

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Recibido: febrero 2004. Aceptado: agosto 2005.