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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) v.36  supl.espect2 Arica sep. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562004000400049 

 

Volumen Especial, 2004. Páginas 1151-1157
Chungara, Revista de Antropología Chilena

PANELES

CONCHALES ARQUEOLÓGICOS Y COMUNIDADES LOCALES DE CHILOÉ A TRAVÉS DE UNA EXPERIENCIA DE EDUCACIÓN PATRIMONIAL

 

Ricardo Álvarez Abel*

* Juan Williams 711, Casilla 109, Castro. bandurria@123mail.cl


 

Logros y Fracasos en la Etapa de Recuperación de un Patrimonio Arqueológico e Histórico Vulnerado: El Caso de la Fortaleza Cerro Grande de La Compañía

M. Teresa Planella*, Blanca Tagle**, Rubén Stehberg**, Hans Niemeyer* (titulo y autores articulo siguiente)

El siguiente artículo expone el proceso y los resultados obtenidos durante la puesta en práctica de una estrategia de educación patrimonial, realizada en la Isla Grande de Chiloé, abocada directamente a la relación comunidades locales-pasado arqueológico. En tal sentido, se propone la participación activa de tales habitantes en el proceso de construcción del pasado y la preservación del mismo, bajo la consideración de potenciar aquellos conocimientos locales que favorecen una convivencia adecuada entre ambos, a la vez de resignificar aquellos que perjudican en la práctica la conservación de los depósitos arqueológicos.

Palabras claves: Conchales, comunidades locales, distinciones locales, educación patrimonial.


This paper presents the process and results obtained from the application of an strategy for patrimonial education, carried out in the Great Island of Chiloé, the need for an archaeological past. It is proposed oriented to integrate the local community and the active participation of the community in the process of reconstruction and preservation of the post, in comparating their own traditional knowledgement.

Key words: Shell sites, local communities, local distinctions, patrimonial education.


 

El siguiente artículo forma parte de la tesis de grado Conchales Arqueológicos y Comunidades Australes (Álvarez 2001), abocada básicamente a comprender la relación existente entre las comunidades locales de Chiloé insular y los conchales arqueológicos que existen allí. En especial, identificar cómo se definen localmente tales depósitos y explicar la relación que se establece con ellos (positiva o destructiva), basándose en la consideración de que la relación con nuestro entorno se sustenta y explica en relación a los conocimientos que poseemos.

En tal sentido, los conocimientos de una comunidad local son socialmente autorreferentes, radicando sus límites en la capacidad de comunicación de quienes los transmiten y utilizan. Así, una comunidad local aplica sus propios esquemas de distinción, como conjuntos de conocimientos que permiten referir la realidad (Arnold y Robles 2000), permitiendo ser entendida como una unidad social discreta que posee una lectura propia del entorno y, por lo tanto, desarrolla un conocimiento, una cultura material y un imaginario propio (Álvarez y Godoy 1999).

Así, fue imprescindible identificar distinciones locales que eran utilizadas para designar a los conchales, a través de entrevistas semiestructuradas. Tal labor permitió registrar un número relativamente amplio de definiciones que explicaban este tipo de depósitos arqueológicos, comprometiendo a familias de la comuna de Ancud, Castro, Dalcahue y Chonchi que vivían junto a la costa próximos a conchales.

Se registraron distinciones que favorecían la preservación de sitios arqueológicos y otras que conducían a la destrucción o intervención de los mismos. Posterior a tal etapa se dio paso a la articulación de tales conocimientos con material de apoyo externo a través de talleres de educación patrimonial, enriqueciendo los conocimientos locales con información arqueológica, histórica y antropológica, de tal manera de provocar un cambio cognoscitivo que se reflejase en una nueva interpretación del entorno físico ligado al pasado, que se sustentaba en la base previa de conocimientos de memoria comunitaria.

De tal forma, se estaba reafirmando el saber local respecto del pasado, como sustrato de referencia identitario y territorial, y por otro lado fortaleciéndolo y ampliándolo, en relación a ser articulado con procesos de diálogo mayores, externos a sus dominios de conocimiento tradicional.

Lo que sigue es una descripción más acabada de este proceso, partiendo por una descripción básica de los conchales desde una perspectiva arqueológica, para continuar con las apreciaciones de concha que fueron identificadas en este trabajo.

Conchales y Chilotes: el Vínculo Histórico

Los conchales de Chiloé forman parte de una vasta tradición canoera que perduró, sin cambios mayores, desde los 5.500 años a.p. (Aspillaga et al. 1995) hasta finales del siglo XVIII. Son numerosos los autores que han abordado el pasado canoero de Chiloé, desde una perspectiva arqueológica, tales como J. Bird (1938), R. Vargas e Isidoro Vásquez (1954), Vásquez de Acuña (1963), J. Kaltwasser (1967), J. Palma y M. Carretón (1971), Aspillaga et al.(1995), Ocampo (1981), Ocampo yAspillaga (1984), Rivas et al. (1999) y etnohistórica, como Enrich (1891), Latcham (1928), Steward (1963), Urbina (1983); Cárdenas, Montiel y Grace Hall (1991) y Barrientos (1997). Se formaron a partir de los desechos alimenticios y artefactuales que eran arrojados junto a las habitaciones en zonas costeras, producto de la explotación de recursos litorales y terrestres próximos a la costa. Los grupos de cazadores-recolectores marítimos que los formaron escogieron los mismos sitios habitacionales durante largos períodos de tiempo, lo que permitió que se transformasen en grandes montículos de desechos fácilmente reconocibles. La recurrencia en el uso de un mismo lugar radica, entre otros aspectos, en las condiciones de porosidad que los caracterizan (siendo permeables a la lluvia y al estancamiento de agua, a diferencia de los terrenos circundantes) y a requerimientos buscados en el entorno que existían en el lugar. Entre tales grupos podemos nombrar en tiempos históricos a los chonos, quienes reprodujeron esta forma de vida canoera, y los huilliches, quienes adoptaron costumbres y conocimientos canoeros en relación a su estrecho contacto con el grupo antes mencionado, aportando nuevas capas de conchas sobre los depósitos preexistentes al radicarse ocasionalmente sobre los conchales.

El contacto entre europeos e indígenas locales igualmente implicó un alto grado de hibridación, influyendo sobre todo en la conducta de estos nuevos colonos, quienes absorbieron la cultura previa (Urbina 1983), generándose así los cimientos del actual pueblo chilote. Los chonos desaparecieron como grupo multiidentitario, incorporándose sus elementos y transformándolos, permaneciendo alterados hasta el presente como pequeños retazos culturales a través del pueblo chilote y el pueblo huilliche de Chiloé.

Pasado Material como Sustrato de Vida: el Cotidiano entre Materia y Cultura

Hoy en día los conchales forman parte del sustrato físico que sustenta las habitaciones de muchas familias chilotas. También forma parte del paisaje recorrido y utilizado cotidianamente por las poblaciones locales, reflejando con ello una inter-acción objeto-sujeto que es diaria. Esto acarrea implicaciones significativas respecto de la preservación de los primeros, pues los conchales son parte del cotidiano de los chilotes que habitan el litoral.

En algunos casos son observados como simples basurales, y se actúa de acuerdo a ello arrojándoles nuevos desperdicios. De tal forma la continuidad y función ancestral del conchal se mantiene, enriqueciéndose con nuevas páginas de elementos, faltando sin embargo otros conocimientos que permitan observarlos como basurales antiguos, lo que impediría que luego fuesen removidos con maquinaria pesada. Son destruidos para rellenar patios o plazas con sus conchas, tal cual se actúa con basurales de conchas generados por la industria conservera o con cualquier montículo de almejas o choritos. Utilizando la misma categoría de basural, obras viales e industriales arrasan con estos montículos ancestrales.

Para otros se trata, por el contrario, de espacios patrimoniales huilliches, que rememoran la vida de los más antiguos, denominándolos apeches. Se trata en este caso de lugares sagrados, donde descansan los miembros más antiguos de las comunidades que hoy en día ocupan y habitan estas costas, actuando como referentes de la identidad y la territorialidad de tal pueblo.

Asimismo, existen comunidades que han enriquecido sus conocimientos a partir de la interacción con agentes museológicos o profesionales, considerando de tal manera a los conchales como sitios arqueológicos, logrando incluso protegerlos a través de museos locales, como es el caso del museo familiar de Puente Quilo (comuna de Ancud), que expone el pasado material a través de una muestra que entrelaza los conocimientos locales con los recibidos a partir de agentes externos.

De una u otra forma estos sitios existen en múltiples dimensiones significativas, no radicando en ellos el contener información, sino al contrario en la memoria y conocimientos de quienes ocupan este territorio (Arnold y Robles 2000).

El Conchal como Conocimiento

Esta investigación basó sus fundamentos en una premisa que plantea que observamos lo que conocemos, y en base a este marco referencial interactuamos con el entorno. En otras palabras, los objetos del pasado son socialmente una puesta en práctica constante de nuestros conocimientos. Así, no está en los objetos contener conjuntos de significados (pasado, valor o función), sino que tales particularidades existen como distinciones en las comunidades que interactúan con tales elementos, haciéndolos por tanto exclusivos, significativamente, a cada comunidad (Arnold y Robles 2000).

Esto no sólo compromete el ámbito comunal, sino que se da variadamente en el interior de cada una de estas comunidades, dependiendo de los conocimientos que posea cada familia respecto a cómo se relacione, en la práctica, con ellos. Este planteamiento permitió abordar a los conchales como una elaboración cognoscitiva particular al dominio de conocimientos de cada comunidad.

De tal forma, más que acudir a la preservación de los conchales desde una perspectiva arqueológica (donde el objeto es el centro de interés, bajo el dominio de conocimientos científicos), este trabajo plantea que es necesario abordar el problema reconociendo la multiplicidad de facetas significativas que son aplicadas localmente para referirlos e interactuar con ellos. Este trabajo orientó los resultados de la investigación hacia la puesta en práctica de dos talleres de educación patrimonial, buscando legitimar los elementos culturales propios de la comunidad al valorizarlos y evidenciarlos (Godoy 2001).

La Experiencia Educativa en Astilleros y Rauco, Chiloé

Es necesario señalar que esta experiencia educativa tuvo su origen en el modelo de educación patrimonial "Arqueología en el Aula: del hablar al excavar" (1999), aplicada en la escuela rural de Huiro (comuna de Corral, Décima Región), basada en la búsqueda de vínculos entre la memoria oral y el pasado material de la comunidad de tal localidad. En tal caso, el diálogo intergeneracional se hallaba debilitado y la memoria oral de la comunidad yacía sólo en miembros de edad avanzada. Los objetos del pasado cobraban sentido principalmente para los ancianos, siendo para los niños objetos muchas veces sin contenido, y aun sin nombre. El trabajo consistió en fortalecer el diálogo entre los niños y los adultos y vincular los objetos antiguos con tales relatos, logrando generar un lazo entre los fragmentos de cerámica y la historia de las familias de los niños. De tal forma el pasado y los métodos locales de reproducción de historia fueron fortalecidos y enriquecidos, otorgándole nuevas palabras que les permitieron apropiarlo como parte de sí mismos.

En el caso de Chiloé, fue necesario generar un marco amplio de información que permitiese vislumbrar, en el ámbito insular, qué es lo que se observa cuando se observa un conchal (valga la redundancia).

Se realizaron entrevistas semiestructuradas, junto al apoyo de la periodista Daniela Rusowsky, en diferentes lugares de la isla, a múltiples informantes, considerando a mariscadoras, recolectores de pelillo, familias que habitan o conviven con sitios de estas características; personas ligadas a la difusión de la cultura, abarcando a individuos y personas de las comunas de Ancud, Dalcahue, Castro y Chonchi. Y por sobre todo, se consideró a los niños de dos escuelas rurales: Astilleros (comuna de Castro) y Rauco (comuna de Chonchi). Ambas escuelas constituyeron el grupo básico de trabajo, por cuanto podían ser definidas en forma concreta las distinciones utilizadas en su comunidad, aplicándose al mismo tiempo la estrategia de educación patrimonial en forma controlada.

Ambas escuelas (Astilleros de carácter unidocente, y Rauco de carácter multidocente, escogiéndose en este segundo caso a los quintos y sextos grados) se asientan en las inmediaciones de conchales de gran tamaño, al mismo tiempo que las actividades de los habitantes de ambas comunidades rurales se articulan cotidianamente con tales sitios.

Una vez identificados, los conocimientos locales que referían el pasado se enriquecieron con antecedentes principalmente académicos, retornando a través de los talleres aplicados, lo que significó en la práctica una primera etapa de etnografía y una segunda etapa de educación patrimonial, definiéndose junto a los docentes de ambas escuelas los horarios de trabajo (dos horas semanales, por un período de seis meses).

Los talleres fueron definidos siguiendo una pauta que consideraba, al igual que en la experiencia previa de Huiro, "(...) partir desde la verbalidad (historia oral-palabra) a la materialidad (lectura de símbolos arqueológicos-materia)" (Álvarez y Godoy 1999).

Síntesis de resultados respecto a los conchales

El trabajo previo de identificación de distinciones referentes a los conchales dio como resultado la siguiente síntesis:

Basural antiguo. Se asimila función con basurales actuales; sin embargo, se advierte que corresponden al pasado indefinido, que vincula o no a comunidades indígenas o pobladores ancestrales.

Basural reciente. Se asimila función y origen, y no se manejan distinciones que refieran antigüedad.

Basurales producto de mariscaduras comunitarias. Se asimila función y origen con mariscaduras comunitarias que eran comunes hasta el año 1960 en todo el mar interior de Chiloé. Las concepciones de basurales permiten a su vez que sean intervenidos con fines agrícolas, como depósitos de desperdicios, como sustrato para la construcción de caminos, casas, industrias, etc., o como material de relleno para casas, industrias y caminos.

Definiciones locales. Éstas los vinculan más bien con eventos naturales como el maremoto del año 1960 o un diluvio ancestral. También existen definiciones locales de índole histórica, identificándolos como montículos de conchas de indígenas ancestrales (sin utilizar conceptos como `sitio arqueológico', etc., sino en base a la comunicación interna de distinciones orales y eventualmente extraídas de lecturas e investigaciones asociadas a la isla).

Apeches. Sitios sagrados huilliches que refuerzan los vínculos entre los vivos y los ancestros, existiendo tal concepción principalmente en las comunidades huilliches de Compu y Molulco. En este caso la existencia del conchal se ve protegida, por cuanto es un espacio sacro.

Depósitos arqueológicos. Este es tal vez el conjunto de distinciones menos comunicado y usado dentro de la isla, que deriva de una articulación con agentes e información externas. Esta última consideración varía desde aquella que asume a los sitios como espacios para ser intervenidos con fines coleccionistas, a aquellas que los asumen como espacios protegidos de cualquier intervención.

El guaqueo o saqueo de sitios arqueológicos. Aparece como producto de distinciones e intereses que abordan a los conchales como espacios caóticos de conchas que pueden ser abordados sin que tal intervención considere ejercer un daño. Sólo para quienes conocían la ley 17.288, o sabían que los sitios estaban protegidos, el guaqueo pasaba a ser una acción ilegal que realizaban a escondidas con fines coleccionistas y muy escasamente comerciales.

Para quienes la existencia de una forma de protección era válida, los conchales pasaban a ser sitios valiosos que debían ser tratados por gente que tuviese conocimientos al respecto, emprendiendo en ocasiones acciones dirigidas tal sentido, comunicando la aparición de objetos a museos locales o municipios, y más aún, estableciendo poco a poco lazos con museos locales o profesionales.

Tipos de intervención

Asociado a esto podemos considerar sintéticamente los tipos de intervención sobre tales sitios:

Intervención por faenas de construcción habita-cional. Asociadas al espacio inmediato en que se asienta una familia. El motivo básico descansa en la búsqueda de atributos para asentarse (agua, suelo fértil y seco, protección a vientos huracanados, playas aptas como para encallar embarcaciones, etc.). De esta manera, coinciden con los atributos requeridos por las antiguas poblaciones canoeras, siendo bastante probable que se haga sobre un conchal. Son muchos los ejemplos y basta recorrer una orilla de costa en Chiloé para darse cuenta. Al mismo tiempo, las distinciones vinculadas a estas actividades consideran a los conchales como basurales de antiguos habitantes indígenas o no indígenas, pero que no tienen mayor relevancia por ser un conjunto caótico de objetos. O también como basurales actuales o relativamente antiguos, o como reflejo de eventos naturales acontecidos en el pasado, o directamente no existen como hitos distinguibles en el espacio (considerándose como simple suelo).

Intervención por faenas agrícolas. Referente a la siembra de especies vegetales (tales como la papa), ocupando extensiones mayores a las usadas como espacios habitacionales. Las propiedades fertilizantes de un conchal son requeridas como sustrato para tal actividad, o removiéndolo para trasladar grandes volúmenes de conchas y materia orgánica residente allí hasta el sitio en el que se ha plantado. Las distinciones utilizadas coinciden con el caso anterior.

Intervención efectuada por buscadores de conchillas. Es posible diferenciar la explotación descrita anteriormente con esta otra, de carácter más urbano, por cuanto el interés puesto en los concha-les para este caso gira en torno a un componente estético, de `áridos' y habitacional. Se extraen grandes cantidades de conchas con el propósito de rellenar espacios tales como jardines, senderos urbanos, plazas, miradores, etc. Tal acto se realiza casi siempre utilizando peones y vehículos de carga, generando una demanda que, siendo de todas maneras local y pequeña, provoca una perturbación física constante. En este caso las distinciones ocupadas incorporan tanto un carácter cultural ancestral de los mismos como natural.

Intervención por `guaqueo'. En este caso es posible hablar de impactos de pequeño calibre en relación al uso antes mencionado, en términos del volumen afectado (pues generalmente se usan instrumentos no mayores a una pala convencional), pero no así del efecto negativo que causa en torno a la generación de un comercio clandestino de piezas en el resto de la población. No es el caso de Chiloé decir que sus habitantes están familiarizados con el valor económico que le dan otros a los objetos que contiene un conchal, puesto que aun en las zonas rurales y urbanas la aparición de tales elementos más bien lleva a guardarlos por sus formas `curiosas', o a regalarlos a personas que demuestran sentirse verdaderamente interesadas. Las distinciones externas usadas aquí son mucho mayores que las que se expresan en los casos anteriores, y muchas veces quienes coleccionan aprovecharán actividades agrícolas, viales, etc., para recolectar los objetos removidos. Entre la mayoría de los entrevistados que expresaron esta percepción existe la convicción de que los arqueólogos `coleccionan' objetos arqueológicos al igual que ellos.

Por otro lado, y dentro del mismo ámbito de intervención motivada por la búsqueda de objetos antiguos aparecen quienes buscan tesoros. En este sentido igual percepción hacia la arqueología poseen, y más desvalorada aún, pues consideran que su acción es llevarse el oro para su propio lucro.

Intervención como basural. La referencia más usual para tratar o abordar localmente un conchal es la de considerarlo como un basural, por cuanto los referentes usados para ello son prácticamente dos: los objetos que allí aparecen y la profundidad del mismo. Respecto de los objetos se distingue que deben ser antiguos, por cuanto `indios' que usen eso ya no quedan en el lugar, en relación al referente que constituye la memoria local. Y, por otro, la propia experiencia asociada al acumulamiento gradual de tierra sobre los propios objetos permite establecer un tiempo prolongado de abandono para muchos sitios de estas características. Pero el hecho es que frente a un conchal el referente con el cual se aborda es preferencialmente en relación a los basurales actuales. La matriz básica, esto es, las conchas de moluscos entremezcladas con huesos y piedras y actualmente, además, con plásticos y metales, permite asociar inmediatamente a estos depósitos con basurales recientes. Es así como es muy frecuente hallar junto a una pared erosionada de conchal escombros recientes, como nuevas páginas de escombros superponiéndose o entremezclándose confusamente con las anteriores.

Intervención industrial. Tal vez la más dramática, por cuanto ya no son las propiedades útiles para generar nuevos sitios habitacionales, o fertilizantes, las que importan, o simplemente por los objetos que contienen. Se trata de la búsqueda de espacios cercanos a cursos de agua dulce, coincidiendo con la ubicación de muchos conchales. Al instalarse las plantas procesadoras los sitios se ven afectados completamente por la remoción de grandes cantidades de material, muchas veces hasta agotar cualquier indicio cultural. Son muchas las industrias implicadas y no sancionadas. Históricamente podemos sumar plantas pesqueras, de moluscos, salmoneras, etc. En este caso legalmente deberían y posiblemente manejan distinciones respecto de tratarse de sitios arqueológicos, patrimoniales e imperturbables; sin embargo, por diversas razones de tipo más bien práctico y político-económico se dejan radicalmente de lado.

Obras viales. Su impacto resulta de una extensión tan grande como la antes descrita, por cuanto no fija distinciones entre un conchal y un sustrato de ripio como matriz. Son muchos los casos que se pueden hallar en todo Chiloé, y basta con recorrer algunos caminos cercanos a la costa para percatarse de ello. En este caso las distinciones manejadas no pasan de tratarse de `áridos' de conchas, o aun de basurales antiguos, sin definirse y valorarse patrimonialmente.

Acción de agentes climáticos. Independientes de la acción cultural podemos referirnos al viento, lluvia, acción erosiva de ríos y riachuelos y, por sobre todo, a la intervención constante del oleaje destruyendo grandes porciones de conchal. Resultado del terremoto de los años 1960: la isla se hundió aproximadamente 2 m en su margen oriental, por lo que grandes extensiones de tierra quedaron a merced del oleaje y acción de las mareas. Casi todos los conchales situados a orilla de costa presentan siempre una cara erosionada por el mar, y bastan algunos años para percatarse de su deterioro y disminución importante, como ocurre con el conchal de Nercón, ubicado en las cercanías de Castro, el cual fue cercado por la familia que habita el lugar para evitar que, así como se está reduciendo el depósito, lo haga igualmente su sitio. En este caso, no existen distinciones, salvo las empleadas en relación a la intervención cultural para evitar su destrucción, las cuales son múltiples, pero principalmente en referencia a evitar la pérdida de tierras particulares o fiscales.

Conclusión Preliminar. Las Comunidades Locales y la Protección del Patrimonio Arqueológico

Tal como se había planteado, es necesario que los conchales y los relatos relacionados con este (locales y enriquecidos externamente) logren ser incorporados como un recurso patrimonial que fortalece el posicionamiento de una comunidad respecto de su relación con los demás (Bonfil Batalla 1992).

De tal forma, es necesario establecer lazos que identifiquen a tales depósitos y sus autores con los habitantes actuales de Chiloé, vía aplicación de modelos de educación patrimonial, por cuanto se trata de un proceso de comunicación de información, a través de la educación de los habitantes que conviven con tales sitios.

Este vínculo debe expresarse, en la práctica, en la preservación de los conchales frente a cualquier tipo de intervención que los perjudique. Es así como se propone la creación de talleres de educación patrimonial y la generación de redes patrimoniales, que articulen a comunidades locales costeras con entidades culturales (museos, centros de investigación) y con entidades gubernamentales y particulares de planificación. De tal forma, quienes habitan junto a un conchal cuentan con la posibilidad de dar aviso oportuno a estos centros ante cualquier intervención, de contar con el apoyo constante de tales para hacer uso eventual de los mismos (como recursos turísticos) y de ser beneficiarios de la información que surja de la investigación de tales elementos, a nivel provincial o nacional.

De hecho, es imprescindible contar con el apoyo de tales poblaciones, por cuanto poseen la ventaja de convivir diariamente con estos sitios, siendo excelentes agentes de preservación. Esto aventaja a quienes, externamente a las comunidades, promueven la protección del patrimonio arqueológico dentro del dominio de conocimientos de la arqueología y otras ciencias afines, quienes no pueden advertir, en forma continua, qué ocurre con éstos. Así, el silencio actual que considera a las comunidades locales como agresores de estos elementos, y por tanto las excluye de toda información acerca de lo que existe en sus dominios espaciales, puede ser revertida en un proceso de comunicación continuo. Se trata en este sentido de establecer un diálogo en el cual se encuentren y enriquezcan los relatos acerca del pasado.

Esto se traduce socialmente en la percepción de poder controlar los recursos históricos y cognosci-tivos locales. Sobre todo, se ha de destacar la forma en la cual tal articulación de actividades y agentes permiten potenciar el pasado como conocimiento y materia, y sus articulaciones con el presente (identidad, percepción del espacio y sus recursos, percepción ante el futuro, etc.).

Asimismo, se hace necesario ampliar el rango de acción de esta estrategia, reconociendo de forma más sistemática las distinciones y acciones derivadas de estas en torno a los conchales de todo el archipiélago. Ello debe articularse con un proceso de investigación arqueológica inicial que permita conocer a cabalidad el número y características de los conchales que existen en Chiloé.

En definitiva, se trata de ampliar las fronteras de información que maneja cada comunidad de observadores, externos y locales, articulándolas en un proceso de diálogo patrimonial.

Referencias Citadas

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