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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.42 n.1 Santiago jun. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942009000100015 

HISTORIA N° 42, Vol. I, enero-junio 2009: 261-265 ISSN 0073-2435

 

RESEÑAS

 

LEONARDO LEÓN, Araucanía: La Violencia Mestiza y el Mito de la Pacificación, 1880-1900, Santiago, Editorial ARCIS, 2005, 298 páginas.

El libro de Leonardo León, Araucanía: La violencia mestiza y el mito de la pacificación, 1880-1900, constituye un examen de las consecuencias del proceso de ocupación llevado a cabo por el Estado chileno de los territorios al sur del río Biobío, habitados por una compleja sociedad fronteriza, donde no solo se reconocen mapuches, chilenos o inmigrantes, sino además sujetos de sangres mezcladas y tradiciones culturales ambiguas, conocidos como mestizos. A la hora de definir el objeto de su estudio, y guiándonos por el título de su obra, el autor opta por enfatizar los actos transgresivos efectuados por estos últimos. En efecto, desde el primer párrafo, Leonardo León clarifica la tesis que orientará el libro:

"Entre 1880 y 1900, los mestizos fronterizos asentados en la Araucanía se transformaron en el más poderoso obstáculo para la consolidación del proceso de ocupación de los territorios tribales que realizó el Estado chileno" (p. 9).

Nos detendremos en este párrafo pues contiene varios elementos centrales que guían el texto; asimismo, es necesario considerar que el tema sobre el cual está construida la investigación del autor, no es uno libre de cierta polémica y debate. Aquel "proceso de ocupación de los territorios tribales" a que se refiere León, ha constituido el centro de un largo debate que de hecho ha superado las fronteras disciplinarias. De este modo, lo que León Solís llama ocupación, ha sido denominado por otros como pacificación, integración, usurpación e incluso etnocidio, genocidio o masacre. La historia de la Araucanía, en el último tercio del siglo XIX, es por lo mismo materia aún debatible. Eso sí, cabe destacar una cuestión capital a la hora de revisar las páginas escritas por el autor. Y es que, cuando inspeccionamos las implicancias de las categorías que se han empleado para referirse a este proceso, notamos que involucran de una u otra manera acciones efectuadas por un sujeto en particular, en desmedro o sin la participación activa de otro más. Siguiendo esta noción es que obstinadamente se nos ha enseñado la historia de la Araucanía y su pacificación como la seguidilla de acciones emprendidas por el Estado chileno, en contra de la sociedad mapuche. Dos sujetos, y no solo eso, sino que dos sujetos que no dialogan y que no tendrían puntos en común. Pero ¿es posible concluir la larga historia de los contactos fronterizos, reduciéndola a la acción de un sujeto sobre otro?, ¿de una lógica sobre otral; ¿es plausible acaso? La noción simplista con la cual la historia de la Araucanía se reduce al enfrenta-miento de dos mundos, mapuches versus chilenos, pareciera no soportar un análisis riguroso.

Hasta aquí, sin ser sinónimos, pacificación, usurpación, integración son categorías que caricaturizan un momento histórico clave de las relaciones fronterizas hispano-mapuche o chileno-mapuche, puesto que han obviado la existencia y participación de todos aquellos sujetos nacidos durante tres siglos de contacto permanente. Los mestizos como actores, y el mestizaje como proceso, han quedado fuera de la construcción del discurso histórico tradicional (e incluso crítico) acerca de los acontecimientos que conmovieron las costas, valles y sierras de las actuales VIII y IX región.

Es en este punto donde el aporte del Leonardo León cobra mayor singularidad, pues no solo se propone revisar los eventos que sucedieron a la ocupación de la Araucanía, sino que se centra en la participación de las grandes mayorías; en aquel contingente mestizo, relegado al imaginario y la trivialidad histórica. De ahí se desprende que la tesis central del texto se desarrolla, primeramente, en una crítica a la idea de pacificación de la frontera mapuche como sinónimo de civilización y paz; y en la profusa exposición de evidencias que permiten dimensionar el estado perenne de conflicto y alteración que se vivió en la región. Los protagonistas, como ya se ha dicho, fueron primordialmente los mestizos.

De este modo se comprende que la hipótesis de trabajo del texto haga confluir tanto una observación detallada de los acontecimientos vividos en la frontera mapuche, como una crítica a las nociones que se tienen respecto del proceso histórico en cuestión:

"Como hipótesis de trabajo postulamos que durante las últimas décadas del siglo XIX, se combinaron la debilidad del Estado chileno, el colapso del gobierno cacical y la irrupción de los intereses privados, para hacer de la Araucanía un territorio sacudido por una profunda crisis social que, en más de una ocasión se convirtió en una verdadera guerra étnica [...] el término "Pacificación de la Araucanía" queda convertida en una metáfora macabra, que pareciera haber sido acuñada desde los pasillos del poder tan solo para encubrir la sangrienta realidad que siguió a la ocupación" (p. 12).

De las palabras del autor se comprenderá la doble dimensión mítica de la pacificación. Una, construida por el poder para señalar que la tarea modernizadora y el triunfo de la civilización se habían consolidado; y otra, sumergida primordialmente en la historia protagonizada por la población que no se unió, no fue pacificada, anexada o colonizada por el Estado chileno, y que optó por luchar para preservar sus formas de vida tradicionales. En este caso, Leonardo León intenta dar cuenta de aquella segunda cara del problema, mirando no solo a la población mapuche, sino a los sujetos que rápidamente coparon los espacios creados por el mismo avance de la modernidad. Los mestizos, en este sentido, cobran un protagonismo que, como veremos, está avalado por un acopio documental contundente. "Después de las campañas militares de 1880-1884", nos cuenta el historiador, "los mestizos recurrieron una vez más a sus reconocidas habilidades de transgresores, bandoleros y anarquistas, y desataron una ola de violencia que no tuvo precedentes en la memoria de la región [...] Esa historia, dramática y sangrienta, es la que se intentará reconstruir en las páginas que siguen" (p. 13).

El registro documental utilizado por el autor se basa principalmente en la prensa periódica y los expedientes judiciales de Angol y Temuco. Constituyendo, sobre todo, el primero de los registros una excelente recopilación de la prensa regional del Biobío y la Araucanía, con un cuerpo aproximado de 70 periódicos citados. El aporte a la investigación proveniente de los registros judiciales, si bien no es menor, se ve ampliamente superado por el predomino de las referencias a la prensa. Aspecto metodológico que encontramos presente en un trabajo previo del mismo autor, y en el que notaremos la intención que sustenta el uso de documentación preferentemente periódica. Para él, lo primero es reconocer que la entrada al tema no debe darse desde la elaboración teórica de conceptos rutilantes. De esta manera, los mestizos fronterizos que estudia deben ser captados en el movimiento de la vida cotidiana.

"a través de un análisis sistemático de fuentes periodísticas y judiciales [...] se ha optado por reconstruir la historia viva, agitada, sensual y violenta de esa inmensa muchedumbre de hombres y mujeres quienes, por haber nacido al margen de los estatutos oficiales y de las redes étnicas, fue estigmatizada por chilenos y mapuches con el título de mestizos o champurriados"1.

La intención del autor al utilizar extensivamente el registro de los hechos, evidente al constatar la abundancia de citas y notas al pie de página, nos lleva a pensar entonces en aquellas categorías que otros investigadores, historiadores, antropólogos y etnohistoriadores sí han intentado abordar. Particularmente pensando en el fenómeno identitario y étnico que implica la existencia mestiza, el autor zanja el problema localizando su definición en el decurso mismo de la historia de estos sujetos. Con sus propias palabras lo señala, cuando dice: "Debemos subrayar que el criterio de vinculación étnica utilizado en este trabajo es más social que racial, más histórico que cultural, pues se desprende del nexo evidente que se entreteje entre la actitud insubordinada de los transgresores y la larga tradición de desacato que los mestizos desplegaron cuando fueron renegados en las décadas previas [...] Esta respuesta, junto a tantas otras declaraciones de similar tenor, refleja un ethos de larga duración que asomó en las más diversas circunstancias para dar cuenta de una mentalidad de sujetos que elegían vivir de acuerdo a su propias normativas" (pp. 32-33).

Tal enfoque metodológico y epistemológico de la tarea del historiador, conduce a Leonardo León a construir en su libro un informe paulatino, coherente y apasionante de la atribulada y violenta vida de los sujetos mestizos de la frontera a fines del siglo XIX. Desde las páginas escritas por jueces, periodistas, editores y colum-nistas, el autor se referirá a aquellos espacios públicos y privados donde se manifestó la subversión del supuesto orden 'pacificado' por el Estado chileno. De este modo, los capítulos que componen el volumen, contribuyen notablemente al examen de las relaciones sociales de sujetos comunes y corrientes, en ámbitos de escala reducida, como corresponde considerar la vida cotidiana, los matrimonios, fiestas, desórdenes y un sinnúmero de acciones que en los últimos veinte años cobran fuerza como objeto de estudio para los historiadores. Aun cuando el profesor Leonardo León no lo especifique en sus escritos, su necesidad profusamente evidenciada de dar cuenta de las acciones de sujetos reales, con nombre y apellido, encuentra consonancia con lo que otros historiadores han propuesto como una de las definiciones básicas para teorizar en torno a la historia local:

"En este sentido, la primera evidencia con la que nos enfrentamos es la acción humana, vale decir los primeros datos, el primer detalle, de los que no podemos prescindir sin más que son los actos que unos individuos concretos emprenden y de los que quedan pruebas, huellas, vestigios. Este punto de partida nos obliga, pues, a referir la investigación histórica a la acción de personas con nombres y apellidos y de cuyo testimonio tenemos constancia documental. Desde esta perspectiva, la historia local es un ámbito óptimo para proponer explicaciones cabales de la acción humana. ¿Por qué razón? Porque todo enunciado deberá remitir a los microfundamentos de una acción real, emprendida por sujetos reales y no por las hipóstasis abstractas que constituyen los tipos medios de lo estadísticamente dominante"2.

En este plano la tesis del León Solís cobra pleno sentido, al situarnos en las acciones concretas de hombres y mujeres que, por medio de sus acciones pasadas, construyen hoy gracias a la tarea del historiador una explicación de orden general, cabal, difícilmente comprensible si no es por medio de la suma de todas aquellas singularidades puestas a contraluz de un plano general. En efecto, Leonardo León logra en su texto dar aquella coherencia al relato, yendo y viniendo, desde lo particular-violento de la Araucanía, hacia la esfera general de las formas laborales del siglo XIX chileno, la consolidación del Estado o el surgimiento de una incipiente modernización regional. En este interjuego, la erudición del historiador, su compromiso ético con la investigación y el estilo con que hace surgir la historia en prosa, cobran real importancia y determinan el éxito o fracaso de la obra. En el caso de Araucanía: La Violencia Mestiza... podemos decir con justificada razón que la tarea ha sido exitosa.

Como ha señalado en otras oportunidades este autor, se ha propuesto realizar una doble tarea historiográfica: reconstituir la memoria de los avatares fronterizos y, al mismo tiempo, comenzar a sentar los fundamentos para una historia de las grandes mayorías. No escapará a la atención de los lectores que ambos objetivos han sido alcanzados introduciendo dos registros (el periodístico y el judicial) que permiten, como señala él mismo, 'democratizar' la memoria. Otra lección que se desprende de la lectura de esta obra es que los problemas en la Araucanía no han variado sustancialmente y que, en la medida que ignoremos su historia real, se continuarán cometiendo los mismos errores que han plagado a la acción del Estado chileno en los últimos cien años.

En el balance general de esta obra, no está de más observar los elementos en los que el autor no ha reparado y que, de alguna manera u otra, pueden atentar contra la comprensión de su obra. Así como Leonardo León le dedica elocuentes párrafos al accionar de sus sujetos, a sus vidas, nombres, apellidos y empleos, falta en su volumen un mapa general que diera cuenta, al menos esquemáticamente, de la ubicación de estos actos, de los pueblos y localidades a los que hace referencia; esta omisión, si bien no es gravitante a la hora de enfrentar la lectura de su texto como un conocedor de la temática, sí puede mermar la cabal comprensión o acercamiento de lectores no especialistas en el campo de la historia de las relaciones fronterizas.

Pensar el espacio como una relación de poder, tampoco es tan desacertado a la hora de imaginar un boceto que permitiera al lector visualizar los borrascosos incidentes relatados en relación con su distancia de los centros administrativos, judiciales, laborales o punitivos existentes en Chile al finalizar el siglo XIX. El hecho histórico, visto desde esta perspectiva, cobraría vida no solamente en la prosa hábil del historiador, sino también en la geografía nacional.

Como miembro de una generación de historiadores que sitúan su atención en la historia de las grandes mayorías, Leonardo León no desmerece las justificadas expectativas que produce la lectura de esta obra que, sin duda, cumple con meritorios elementos para convertirse en un texto de consulta imprescindible.


VÍCTOR QUILAQUEO G.

Universidad de Chile, Chile

Notas

1 Leonardo León et al., Araucanía: la frontera mestiza, siglo XIX, Santiago, UCSH, 2003, 9.        [ Links ]

2 Justo Serna y Anaclet Pons, "En su lugar. Una reflexión sobre la historia local y el microanáli-sis", Contribuciones desde Coatepec, II: 4, Toluca, enero-junio 2003, 47.        [ Links ]