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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.40 n.1 Santiago jun. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942007000100006 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
HISTORIA N° 40, Vol. I, enero-junio 2007: 165-169
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

MARIO SPATARO, Pinochet. Las "incómodas verdades", Santiago, mayo, 2006, 626 páginas.

 


Este libro, del abogado y periodista italiano Mario Spataro, fue publicado en Italia en el año 2003 y, posteriormente, en Santiago. Su intención, según el mismo, es la de desmitificar al "Buen Allende" y al "Malvado Pinochet", así como develar lo que considera una manipulación de los hechos y pretende corroer las bases de la versión generalizada de los acontecimientos. Esta promesa del autor del libro cautiva al lector, en quien crea la ilusión de no estar al frente de una producción académica impregnada de prejuicios y sustentos ideológicos, si es que en verdad ello es posible.

Pero a poco avanzar en la lectura, quien la ejecuta, se percata que el libro de Mario Spataro, aparte de descalificar y condenar a Salvador Allende y a la UP, sublima la figura de Augusto Pinochet, en unos casos minimiza y en otros relativi-za las acusaciones al gobernante de facto. Justifica sus acciones, por las cometidas por sus antagonistas. No tiene empacho alguno en afirmar que dicho personaje no fue un dictador, sino un gobernante autoritario de menor crueldad, respecto a otros. Le atribuye a Pinochet el haber demostrado que se puede conseguir y obtener el poder, supuestamente, con plena satisfacción popular.

Desde esa perspectiva, su enjundiosa obra se suma al universo bibliográfico que, desde una peculiar comprensión ideologizada, centrada en un patológico antimarxismo, explica, justifica y defiende el golpe de Estado, el ejercicio del poder y el legado del personaje en comento. La obra está dispuesta en catorce capítulos, siete apéndices, la bibliografía, un índice onomástico y la diferencia de la primera versión en italiano, respecto a la segunda en castellano, es que en esta última incorpora la versión pinochetista sobre los orígenes de los bienes del militar, los cuales han sido objeto de investigación judicial.

El primer capítulo está dedicado al contexto geográfico, económico, social, político e histórico desde el siglo XIX, teniendo como base, esencialmente, fuentes secundarias. En el segundo, al ocuparse de los intelectuales comprometidos y de la Teología de la Liberación, se centra en Pablo Neruda a quien, además de impugnarlo por su condición de comunista, lo señala de oportunista, de vivir al mejor estilo capitalista, descalifica parte de su producción poética y literaria en donde dice encontrar "poesías cretinas". Lo sindica de rendirle culto a la personalidad de Stalin.

Según Spataro, en el ambiente de los "intelectuales comprometidos" y de la "cultura comprometida", se realzó el nombre de Salvador Allende creándose un mito y se condenó el de Pinochet. En lo referente a la Teología de la Liberación, adujo la existencia de Iglesia opositora a Pinochet, encabezada inicialmente por el obispo Carlos Camus Larenas y ampliada con una pléyade de clérigos. Para el autor del libro, los "sectores progresistas" representados por una parte del episcopado chileno, apoyaban a los terroristas y a la izquierda marxista, en virtud de lo estipulado en el Concilio Vaticano II.

Entre otros, relaciona los nombres del cardenal Raúl Silva Henríquez y de José Comblin el "equivocado sacerdote belga". Critica los nexos de la Iglesia con la izquierda, la participación de religiosos en política. Desde su perspectiva, el rol de la Iglesia, desde los años sesenta, fue el de favorecer al candidato Allende y, en los años setenta, tras los hechos de 1973, pasó a la oposición. Lo anterior es explicado por Spataro como el resultado de la penetración marxista en la Iglesia chilena, al punto de ser capturados, afirma, religiosos comprometidos en acciones subversivas y alude a la existencia de organizaciones religiosas internacionales contra Pinochet, supuestamente, atendiendo instrucciones del KGB.

El tercer capítulo de la obra está dedicado a la acción del gobierno de Allende. Desde el punto de vista de Spataro, la gestión presidencial del mandatario chileno estuvo en manos de soviéticos y cubanos quienes, utilizando las instituciones de la democracia, experimentaron en Chile, cómo tomarse el poder. Abunda en detalles sobre los intríngulis de la campaña que llevó a Allende a la presidencia, haciendo énfasis en que la experiencia marxista en Chile fue un fracaso, expresada, según el mismo, en la represión política y civil, las reformas económicas y sociales, el adoctrinamiento masivo de la población, el terror oficial, el control de los medios de comunicación, la censura, los desmanes de la policía política, la intimidación a la prensa opositora, el sabotaje económico, el desmantelamiento de la economía a partir de las estatizaciones; la puesta de ministerios, entre ellos el de Trabajo y la CUT, en manos de los comunistas con lo cual se impidieron las huelgas y protestas de los trabajadores no comunistas; la ruina de la minería, la industria, la banca y el comercio por su dirección política y no técnica, el incremento de puestos de trabajo inútiles, la fuga de capitales, el éxodo de chilenos, la reforma agraria y las expropiaciones.

El autor da por cierto la preparación de un autogolpe programado para el 19 de septiembre de 1973, por parte de Allende y, a ello le dedica el cuarto capítulo del libro. Deduce que el plan de Allende era instaurar la dictadura del proletariado y que, ante el caso de abusos de este gobernante, fueron formadas organizaciones armadas para defenderse del mismo, y de las acciones del MIR, destacando entre ellas, la Guardia Blanca, Proteco, Patria y Libertad y Soberanía, Orden y Libertad. Denuncia desenfreno en los gastos por parte de Allende y narra cómo las huelgas y manifestaciones tomaron auge en octubre de 1972, a las que, iniciadas por camio-neros, se les unieron otros gremios. Afirma que para el autogolpe, sus inspirados habían formado el "Comando 16 de julio del ELN", el cual, bien pudo actuar de manera autónoma o, cumplir un probable pacto secreto con Allende. En cualquiera de los dos casos, aclara el autor, el paso inicial era infiltrar las Fuerzas Armadas, realizar purgas y, finalmente el Plan Z. En esas condiciones, asegura, tanto la derecha como la izquierda compitieron en una carrera hacia el golpe de Estado, donde la primera actuó el 11 de septiembre de 1973.

Así como los afectos al régimen de facto se cuidan de no hablar de golpe de Estado, sino de pronunciamiento militar, Spataro, en el quinto capítulo, utiliza la figura de golpe militar, el cual, según él mismo, fue "una sublevación popular que tuvo consenso general", dado que la "democracia había muerto, asesinada por Allende y las bandas paramilitares". Justifica el golpe de Estado, entre otras circunstancias, por el supuesto fraude electoral descubierto por Jaime del Valle, consistente en 200.000 votos fraudulentos. Pese a todas las evidencias en contrario, afirma que "nada puede llevar a atribuir la paternidad del golpe ni a la CÍA ni a Estados Unidos". Le atribuye credibilidad plena a las versiones de la CÍA, donde esta niega su participación en los hechos. Admite sin reservas las versiones de los militares. Le atribuye al general Sergio Arellano Stark haber tomado la iniciativa para el golpe y concluye esta parte de su obra señalando que las frases de Pinochet han sido mal interpretadas o sacadas de contexto.

El capítulo sexto está dedicado a la gestión gubernamental de Pinochet. Las medidas represivas tomadas por la Junta Militar y la sistemática violación de los derechos humanos las justifica a raíz, según Spataro, de la ofensiva terrorista, haciendo eco, de ese modo, de las versiones y explicaciones ofrecidas, sobre los mencionados episodios, por parte de los militares. Se apoya en cifras otorgadas por Manuel Contreras Sepúlveda, director de la DINA, para afirmar que entre 1973 y 1990, hubo 649 víctimas militares y 2.037 guerrilleros o terroristas. Encuentra "normal" las actividades de la DINA, según Spataro, por la "feroz guerra civil", donde el único objetivo era "el aniquilamiento del adversario". Le atribuye a Pinochet haber "limitado los desbordamientos de la DINA", protegido y defendido a las víctimas, y actuado con benevolencia frente a la oposición, mientras las acciones de esta las cataloga como "terrorismo hacia una guerra constante".

En ese mismo horizonte, el atentado a Pinochet, el 7 de septiembre de 1976, lo explica como una obra de la DGI cubana. Reitera en el carácter no dictatorial del régimen de Pinochet, encuentra justa la aplicación del neoliberalismo. Asombra la forma fácil como Spataro argumenta que el Plan Cóndor, el llamado Caso Letelier y las ejecuciones de opositores, dentro y fuera de Chile, supuestamente fueron maniobras dentro de los ataques a Pinochet, a quien desliga de todo tipo de responsabilidades por la violación de los derechos humanos en todas sus expresiones, y las atribuye a "estructuras periféricas de los órganos de la represión estatal".

A los casos de Letelier, Prats y Leighton les dedica el capítulo siete, en el cual, con insistencia, exime de toda responsabilidad a Pinochet como determinante de los ataques a los mismos. Sindica de tales acciones criminales a la Unión Soviética que, a través de Cuba, pretendía desacreditar a Pinochet, con el beneplácito y apoyo de la CIA y del FBI. Para ello dicho autor apela a elucubraciones fantasmagóricas y a aparatosas construcciones narrativas que siembran desconfianza en el lector. Tal hipótesis impacta, no tanto por lo novedosa, sino por lo absurda.

La GDI cubana, el KGB soviético y la izquierda chilena las agrupa en el VIII capítulo, afirmando que hubo entrenamiento militar en Cuba, infiltración extranjera en Chile y apoyo europeo consistente en armas, entrenamiento, contrabando y dinero que, según Spataro, quedó en manos de dirigentes de izquierda. En el capítulo IX, justifica las acciones de la CÍA en Chile desde antes de 1970, relaciona el monto de dólares invertidos para impedir el ascenso de Allende al poder, reivindica el Plan Camelot, afirma que durante el gobierno de Allende dos tercios de los empleados de la embajada de Estados Unidos eran miembros de la CÍA, recuerda el comportamiento de las multinacionales estadounidenses en esa coyuntura y se refiere a la política económica de Nixon para Chile, consistente en la suspensión de los créditos bancarios.

La explicación de por qué el autor del libro no considera a Pinochet un dictador, se encuentra en el capítulo X de su obra, donde sin más, afirma que Pinochet se sometió a tres referendos populares, hecho que según Spataro, hace distinto a Pinochet, respecto a los demás gobernantes militares, tanto de derecha como de izquierda. Lo que ignora o esconde el abogado y periodista italiano es que los dos primeros referendos que ganó, en 1978 y en 1980, se llevaron a cabo sin registros electorales, sin condiciones para la oposición y en ellos primó la corrupción, en todas su manifestaciones. Tampoco menciona que el referendo de 1988, si bien es cierto lo perdió, Pinochet valoró la posibilidad de desconocer los resultados y atornillarse en el poder y, en esa cavilación, primó el sombrío rol gendarme de Estados Unidos a favor de la vuelta a la democracia. El autor, afirma que Pinochet fue un dictador "bueno" porque permitió la transición y concluye este capítulo, descalificando el informe Rettig por su composición y por los resultados adversos al régimen militar.

En el capítulo XI, titulado sugestivamente, La venganza, a pesar del tratamiento dado a las fuentes a lo largo de su libro, se queja de la "manipulación histórica". Compara a Fidel Castro con Pinochet, donde aparte del natural anacronismo, asume posiciones maniqueas cuando denosta del primero y endiosa al segundo. Recrimina la personalidad de Baltasar Garzón, acusa a la prensa europea por el hecho de criticar a Pinochet. En esta misma parte del libro, el autor del mismo, se da a la tarea de ofrecer un perfil de los detenidos-desaparecidos a quienes ubica como miembros de una conspiración internacional, de la cual, según su percepción, hacen parte los laboristas ingleses y la izquierda española y chilena interesadas, afirma, en un "linchamiento moral" contra Pinochet. Acto seguido Spataro le da la palabra a su defendido, quien se encontraba en su lecho de enfermo. Transcribe el acta de acusación presentada por Garzón, en Londres y luego rebate punto por punto.

A la permanencia de Pinochet en Londres le dedica el capítulo XII, narrando minuciosamente el itinerario, desde el 2 de septiembre de 1998, hasta el 2 de marzo de 2000. En ese mismo sentido está dispuesto el capítulo XIII, donde el autor del libro describe los acontecimientos vividos por Pinochet, entre el 3 de marzo de 2000 y el 1 de julio de 2002. Hace énfasis en la lluvia de denuncias contra Pinochet por parte de los familiares de las víctimas de la dictadura militar, el llamado de la Iglesia a la concordia, las decisiones tomadas por el juez Juan Guzmán Tapia, la revocatoria de la inmunidad parlamentaria a Pinochet, los exámenes médicos (no menciona que estos fueron una treta para evadir la acción de la justicia) y el arresto domiciliario.

En el capítulo XIV, a manera de epílogo, llega a cuatro conclusiones que, además de no aportar nada al conocimiento de los hechos, repite las versiones de los militares chilenos. Spataro concluye que el golpe militar salvó a Chile de una dictadura; que las iniciativas judiciales contra Pinochet estuvieron salpicadas de prejuicios ideológicos; que institucionalmente, Allende ya no era el Presidente, desde que la Cámara de Diputados y la Corte Suprema lo habían declarado fuera de la Constitución Política y que, en consecuencia, Pinochet no fue un usurpador del poder, según su punto de vista, la Cámara de Diputados y la magistratura habían llamado a las Fuerzas Armadas a tomar el poder y a poner orden; y que la violación de los derechos humanos debe ser vista en el marco de la existencia de una guerra civil, donde, afirma, tanto Allende como Pinochet son responsables.

La obra, objeto de esta reseña, contiene siete apéndices. En el primero, relaciona las víctimas "de las que nadie habla", y provocadas por "iniciativa soviética y cubana", desde el 6 de febrero de 1970, hasta el 22 de abril de 1996. El segundo apéndice consiste en la carta de Fidel Castro a Salvador Allende, con fecha del 29 de julio de 1973. El tercero, es el Acuerdo de la Cámara de Diputados, del 22 de agosto de 1973, sobre el "Grave quebrantamiento del orden constitucional y legal de la república". El apéndice cuatro contiene las apreciaciones del ex presidente Eduardo Frei Montalva, sobre el golpe de Estado de 1973. El último mensaje radiofónico de Salvador Allende está contenido en el apéndice cinco. Spataro recopila artículos sobre Ernesto Che Guevara, procedentes de la CÍA y de otros autores, para ofrecer "el verdadero rostro" del mencionado personaje y los presenta en el sexto apéndice y, en el apéndice siete, critica a la justicia italiana. Luego aparece la bibliografía, el índice onomástico y culmina su obra con unas consideraciones finales a la edición en castellano, que corresponden a un artículo de Hermógenes Pérez de Arce, titulado, La persecución económica contra Augusto Pinochet, donde se intenta desvirtuar las más recientes acusaciones contra el ex gobernante de facto, por delitos económicos.

EDGAR DE JESÚS VELÁSQUEZ RIVERA
Universidad del Cauca, Colombia