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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.39 n.1 Santiago jun. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942006000100024 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
Historia No 39, Vol. I, enero-junio 2006: 326-328
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

ALAN ANGELL, Elecciones Presidenciales, Democracia y Partidos Políticos en el Chile Post Pinochet. Santiago Centro de Estudios Bicentenario e Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 2005.

El conjunto de artículos incluidos en este texto constituyen una interesante iniciativa del Centro de Estudios Bicentenario e Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile para dar a conocer en un mismo volumen el trabajo de Alan Angell, profundo conocedor de la historia política de Chile y académico visitante en nuestro país por varias décadas.

Los textos seleccionados fueron publicados entre 1990 y 2005 en distintas revistas académicas y/o libros y nos entregan una visión analítica comprensiva del proceso de redemocratización chileno. A ello contribuye el adecuado ordenamiento cronológico que se hizo de los textos, cada uno de los cuales analiza en profundidad la coyuntura política del momento. Además, en su conjunto ellos nos entregan una visión longitudinal de la dinámica de los cambios políticos ocurridos en los últimos quince años en nuestro país. El foco de atención de A. Angell son las elecciones y los partidos políticos, procesos e instituciones centrales en las democracias contemporáneos y muy por cierto en la nueva democracia chilena.

Los tres primeros artículos, escritos en conjunto con su colega Benny Pollack de la Universidad de Liverpool, analizan las elecciones de 1989, 1993 y 1999-2000. En el primero se resalta la relevancia de las primeras elecciones, que con posterioridad al Plebiscito de 1988 inauguran la nueva democracia chilena. Los autores examinan la naturaleza de la campaña política, el rol de los medios de comunicación y el impacto del sistema electoral binominal. Sin sorprenderse por los resultados de la elección presidencial, analizan la composición política del nuevo congreso y las limitaciones y dilemas que se presentan a los nuevos partidos de gobierno y a los partidos de derecha, ahora en la oposición. Se discuten, además, los condicionamientos que impondrá al futuro gobierno el tan criticado modelo económico y cómo se enfrentará el tema de las reformas constitucionales, la política social y los derechos humanos en un contexto donde la gobernabilidad y la supervivencia democrática aparecen como primera prioridad. Se concluye que las elecciones de 1989, donde participó alrededor del 90% del electorado inscrito, vuelven a colocar a Chile en la senda de una democracia participativa.

La campaña y las elecciones de 1993 marcan, según los autores el "fin de la confrontación política de la década de los sesenta" (p. 43). Si bien la cuestión de los derechos humanos y las relaciones cívico-militares tuvieron un rol protagónico menor en la agenda electoral, esta estuvo más bien orientada a temas vinculados a la economía, las reformas estructurales y las grandes reformas sociales. Por primera vez aflora también una leve preocupación por el tema de la corrupción. Sin embargo, la principal novedad de estas elecciones fue la aparición de focos de tensión en la "contienda intrapartidaria y en las contiendas dentro de una misma coalición" (p. 49) y el surgimiento de una creciente apatía y desencanto con la política en la opinión pública que coincide con el inicio de una menor participación electoral. Los autores plantean ya en ese momento su preocupación por esta tendencia que hoy aqueja a la democracia chilena y por cierto a gran parte de las democracias contemporáneas:

La transición chilena fue un pacto entre elites, y este estilo de hacer política continúa dominando. Podría tener consecuencias negativas en la consolidación de la democracia si grupos importantes continúan sintiéndose marginados de la toma de decisiones en el sistema político general" (p. 60).

En este contexto se realizan las elecciones de 1999, caracterizadas además por una "creciente personalización de la política y [los] crecientes costos de las elecciones" (p. 75). El apoyo al candidato Ricardo Lagos en las primarias de la Concertación generaron, pocos meses antes de la elección presidencial, una "sensación de confianza exagerada" en el triunfo del continuismo, abruptamente interrumpida por el virtual empate que logró el candidato de la alianza opositora, Joaquín Lavín. Sin embargo, en la segunda vuelta, realizada en enero de 2000 y con un limitado margen se impuso finalmente el candidato de la Concertación. A pesar de la competitividad de las elecciones, solo pudo apreciarse una leve recuperación de la participación electoral en ambas vueltas. Para A. Angell estas elecciones habrían contribuido a consolidar definitivamente la democracia, puesto que existió en ese momento una "verdadera posibilidad de alternancia en el poder" (p. 92).

Sin embargo, y a pesar de ello, se mantiene un gran desafío para la democracia chilena. Como lo reconoce A. Angell, nuestra democracia fue siempre elitista. De hecho, la estabilidad política por la que se ha caracterizado Chile se sostuvo siempre sobre este elitismo y el pragmatismo de la clase política dirigente. Pero no hay que olvidar que también este elitismo coexistió con un creciente proceso de movilización e ideologización, participación y polarización, que en el mediano plazo la clase política dirigente no pudo (o no quiso) encauzar. Actualmente, la política sigue siendo tan elitista como antes, pero esta vez acompañada de una creciente apatía y una erosionada participación, que aparecen como irreversibles.

Los dos últimos capítulos del libro colocan la evolución y cambio del sistema de partidos y las percepciones de la ciudadanía en una perspectiva comparada. A pesar de la consolidación del sistema de partidos políticos chilenos y el establecimiento de coaliciones electorales eficientes que mantienen la identidad histórica de los partidos tradicionales, el grado de insatisfacción y falta de confianza pública en ellos aparece como un fenómeno difícil de revertir. Las causas se encontrarían según Angell en la disminución del conflicto ideológico; una clase trabajadora menos organizada; un electorado con mayor educación y mucho más crítico de sus líderes políticos; la personalización de la política y la pérdida de significado de la militancia, junto a una creciente desconfianza en el financiamiento de la política, los políticos y las campañas electorales provocada por numerosas denuncias de corrupción dentro del aparato público.

El capítulo titulado "El factor Pinochet en la política chilena" analiza los distintos componentes del proyecto del régimen militar y su evolución; discute cómo el legado autoritario se democratizó gradualmente; cómo las relaciones cívico-militares adquirieron mayor normalidad y cómo el Poder Judicial finalmente adquirió un rol más protagónico en el tema de los derechos humanos. Si bien el arresto del general Pinochet en Londres tensionó en alguna medida la política nacional, también actuó como un importante catalizador en la implementación de muchas reformas posteriores. Durante el desarrollo de los eventos, sostiene A. Angell, los partidos políticos y los candidatos, demostraron gran pragmatismo para minimizar el impacto de dicho evento en la campaña presidencial.

La lectura del texto de A. Angell nos demuestra el profundo conocimiento que tiene el autor de la realidad política chilena, del cambio de régimen político y de los desafíos que enfrenta la democracia chilena. El detallado y prolijo seguimiento del proceso de transición, la variedad de fuentes de información y por sobre todo las acertadas y ponderadas percepciones acerca del momento político que cubre cada uno de los capítulos que se nos presentan es de encomiar. En este sentido, el trabajo de Alan Angell visto en retrospectiva y a través de los distintos cortes en el tiempo político que analiza, se presenta como un todo coherente, bien integrado y muy bien articulado.

Indudablemente este es un texto que debe mover a estudiantes, académicos y analistas políticos a seguir el ejemplo de Alan Angell. Solidez en la información cualitativa, juicios ponderados y profundidad analítica al evaluar nuestros procesos electorales y la evolución de los partidos políticos chilenos.

Alfredo Rehren

Pontificia Universidad Católica de Chile