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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.38 n.1 Santiago jun. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942005000100024 

 

RESEÑAS

ENRIQUE FLORESCANO, Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamérica. Santillana Ediciones Generales, Taurus, México 2004, 386 páginas. Ilustraciones. Bibliografía (pp. 349-386)

Para el autor la figura de Quetzalcóatl no es desconocida, ya en 1999 se había preocupado de ella estudiando el mito de la serpiente emplumada en la memoria indígena, pero sin duda que en este libro el autor se encarga de destruir viejas concepciones en torno al papel que juega esta deidad en la mitología mesoamericana. Lo importante es que lo hace apoyándose no solo en textos escritos como el Popol Vuh o el Chilam Balam, sino también en la iconografía, en los códices, el mundo de las crónicas y en numerosas investigaciones arqueológicas. Aquí reside el valor especial de este trabajo. Florescano prueba que la investigación histórica debe tomar en cuenta hoy en día las conclusiones de estas disciplinas.

La obra comienza explicando cómo el dios del maíz se convirtió en símbolo de lo más valioso para el mundo indígena y cómo adquirió su cualidad de numen de la fertilidad, su carácter de símbolo de la creatividad humana y su asociación con el gobernante en cada centro.

Seguidamente el autor se preocupa de aclarar que la ciudad primordial o Tollan fue Teotihuacán y no otras, contradiciendo a un numeroso grupo de especialistas que planteaban que la Tollan primordial era la Tula de Hidalgo, vale decir, la capital tolteca. Sostiene además que fue Tollan-Teotihuacán la que influyó en toda la meseta central del Golfo de México, como también en el mundo maya a partir del siglo III, desterrando la influencia tolteca en la Península de Yucatán y específicamente en la ciudad de Chichén Itzá. Por ende, la diáspora tolteca del siglo XII hacia el mundo maya no se podría haber producido ya que la existencia de Teotihuacán es previa a la capital tolteca Tula, lo que estaría probado por los estudios arqueológicos.

A Quetzalcóatl se lo representa como serpiente emplumada en Teotihuacán, debido a que la serpiente en la tradición mesoamericana está asociada a los poderes reproductores de la tierra y la fertilidad. Es la imagen de la resurrección, ya que cada año cambia de piel y se regenera.

La influencia de Tollan Teotihuacán queda de manifiesto ya que sus templos sirvieron de modelo para numerosas ciudades como Xochicalco, Cholula, Chichén Itzá, Tula y Mayapán, y esto el autor lo prueba, con las numerosas imágenes que ilustran sus capítulos.

La figura mítica de Quetzalcóatl influye en las imágenes y representaciones de los personajes más importantes del mundo tolteca y del mundo maya. Kukulkan, que fundó Chichén Itzá o Topitzin Quetzalcóatl fundador de Tula, no son otra cosa que una prolongación de esta deidad que proviene de la Tollan Teotihuacán.

Finalmente el autor, luego de hacer un análisis por separado de cada una de las deidades del mundo mesoamericano termina explicando el significado de este dios como héroe cultural y emblema real de Tenochtitlán. La capital azteca, México-Tenochtitlán fue el gran conservador de la tradición tolteca que comenzó en Tollan-Teotihuacán.

Quedamos a la espera de la reacción de los especialistas a la tesis planteada por Florescano. No en vano, y él lo menciona en su libro, que en una mesa redonda en 1941, un conjunto de arqueólogos -entre los que sobresalen Alfonso Caso, Georges Vaillant y Jorge R. Acosta- dictaminaron que la verdadera Tollan era la Tula de Hidalgo capital de los toltecas. Esta excelente obra plantea hoy un desafío real a los estudiosos del mundo indígena mesoamericano y obliga a revisar las posturas del pasado.

HUGO ROSATI
Pontificia Universidad Católica de Chile