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Acta literaria

versión On-line ISSN 0717-6848

Acta lit.  n.30 Concepción  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482005000100005 

Acta Literaria Nº 30 (57-65), 2005

Desórdenes gastronómicos: Metáfora literaria compleja en la narrativa de Ana María del Río y Andrea Maturana*

GLORIA GÁLVEZ-CARLISLE


University of California Los Angeles
E-mail: galvezc@ucla.edu


RESUMEN

Este artículo examina las complejas causas, síntomas y consecuencias de la anorexia nervosa y la bulimia y su representación en la narrativa de dos escritoras chilenas contemporáneas: Ana María del Río y Andrea Maturana. Propongo que las manifestaciones físicas y psicológicas de estos trastornos gastronómicos están íntimamente relacionadas con complejos problemas multifactoriales que muestran los diversos modos en que las protagonistas se relacionan con su medio social. La novela Oxido de Carmen y el cuento “Verde en el borde” sirven no sólo para representar la problemática de la mujer en una sociedad cuyos fundamentos socio-culturales e ideológicos se cuestionan, sino también conllevan un importante mensaje subversivo.

Palabras claves: Del Río (Ana María), Maturana (Andrea), anorexia, bulimia, ideología, subversión.


ABSTRACT

This article examines how the complex causes, symptoms and consequences of anorexia nervosa and bulimia are represented in the narratives of two contemporary Chilean writers: Ana María del Río and Andrea Maturana. I propose that the physical and psychological manifestations of these eating disorders are closely related to complex manifold problems reflecting the diverse ways in which the protagonists relate to their social environment. The novel Oxido de Carmen and the short story “Verde en el borde” not only unveil the problems of women in a society whose socio-cultural and ideological foundations are being questioned, but also bring forth an important subversive message.

Keywords: Del Río (Ana María), Maturana (Andrea), anorexia, bulimia, ideology, subversion.


 

La asociacion del cuerpo femenino con la enfermedad ha sido un recurso literario frecuente para representar a la mujer. Sin embargo, la añorada visión de la mujer pálida y débil típica de la época victoriana hoy en día se lee de otro modo y sirve para representar la problemática de la mujer en una sociedad cuyos fundamentos socio-culturales e ideológicos se cuestionan. En este ensayo me referiré, específicamente, a las complejas causas, síntomas y consecuencias de la anorexia nervosa y la bulimia, como asimismo al importante mensaje subversivo codificado en la narrativa de dos escritoras chilenas contemporáneas: Ana María del Río y Andrea Maturana.


La preocupación por estos tipos de desórdenes gastronómicos es evidente en la novela Oxido de Carmen1 y en el cuento “Verde en el borde”2, respectivamente. Me propongo demostrar cómo las manifestaciones físicas y psicológicas de estos trastornos alimenticios que padecen las protagonistas están íntimamente relacionadas no sólo con complejos problemas multifactoriales en los que confluyen aspectos como la estructuración de la personalidad, crianza, organización familiar, red social y creencias, que tienen sus raíces en el contexto socio-cultural operante, sino también con una premeditada respuesta subversiva ante las dificultades ontólogicas femeninas. Lo dicho previamente convierte los mundos inquietantes y sorprendentes de ambas escritoras en un foro vital de discusión y profunda reflexión acerca de la situación de la mujer y consecuente comportamiento femenino3.


Si bien es cierto que la anorexia nervosa y la bulimia sólo se han descrito en términos médicos desde mediados del siglo diecinueve, existen anécdotas de su existencia desde la antigüedad. Una de ellas data del siglo décimo y alude al caso de una santa anoréxica: cuenta la historia el caso de una joven que dejó de comer como rechazo al candidato elegido por su padre como esposo. Eventualmente la joven fue crucificada convirténdose, así, en santa4. Cabría recordar aquí que, posteriormente, la literatura mística está plagada de santas cuyas descripciones tendrían su paralelo en lo que hoy, clínicamente, se denomina anorexia nervosa, excepto que estas prácticas se asociaban con una vida de penitencia y sacrificio. Rudolph M. Bell, en su penetrante estudio Holy Anorexia señala, que tanto el estado de “anorexia santa” como el de “anorexia nervosa” tienen un común denominador: “aversión a la comida”. Ciertamente el síndrome clínico está presente en ambos casos, pero si el primero (el de anorexia santa) es impulsado por el deseo de “alcanzar la perfección espiritual”, el segundo (el de anorexia nervosa) está regido por “la obsesión de ser delgada”5. Referente a la anorexia mirabilis se sabe que Santa Teresa de Avila (1515-1580), una de las figuras más importantes de la Contrarreforma y del misticismo español, en su propósito de fortalecer su fe cimentada en la disciplina, la meditación y el examen de conciencia, “regularmente usaba una ramita de olivo para auto-inducirse el vómito, con el fin de poder recibir la hostia sin el temor de rechazarla” (Bell, op. cit., 18) y que, Santa Catalina de Siena (1347-1380), con similar propósito – robustecer su amor divino y procurar alcanzar la perfección espiritual–, no sólo se obligaba a “subsistir de pan, agua y verduras crudas”, sino también “se imponía el voto de total silencio, excepto en el período de confesión”. Además consta que, durante su rutina de penitencia, “se azotaba con una cadena de hierro tres veces al día, por una hora u hora y media” (Bell, op. cit., 42-3). Como es de suponerse, estas severas prácticas de auteridad y castigo muy pronto la debilitaron enormemente reduciendo su peso a la mitad. El caso de María de Oignies (1177-1213), Juana de Arco (1412-1421) y Clarisa de Assisi (1194-1253), entre otras, también ejemplifican lo anteriormente dicho.


Las teorías científicas modernas para explicar las causas fundamentales de estos desórdenes gastronómicos son también diversas, pero la creciente evidencia tiende a asociarlas, primordialmente, con factores socio-culturales, biológicos o con específicos mecanismos psicológicos. Si la anorexia se asocia con grados de desnutrición, como efecto directo de distintas formas de comportamiento –por ejemplo, dietas extremadamentes restrictivas o ejercicios excesivos–, la bulimia se caracteriza por episodios de incontrolable deseo de comer, seguidos de inapropiados métodos de control de peso, como el vómito auto-inducido, el abuso de purgantes y diuréticos, enemas o ejercicios excesivos. Según las estadísticas de la Organización Nacional de Trastornos Alimenticios (National Eating Disorders Organization) hoy en día, en Norteamérica, alrededor de diez millones de adolescentes y mujeres sufren de uno de estos tipos de desórdenes gastronómicos y la Asociación Psiquiátrica Americana (The American Psychiatric Association) añade que un 90% de los diagnosticados con anorexia o bulimia son mujeres6. La Asociación Chilena contra la Anorexia y Bulimia estima que, en este momento, 70.000 mujeres entre catorce y treinta años sufren anorexia en Chile. Otras 35.000 padecen bulimia. Por ser, la anorexia y la bulimia, un problema universal los innumerables casos no tienen fronteras geográficas, confirmando que éste es un fenómeno global que afecta no solamente a los países del hemisferio occidental, sino (en mayor o menor grado) a todas las culturas del mundo, incluyendo el mundo islámico7.


Entretejiendo un complejo tapiz de biografía, psicología, costumbres y tradiciones culturales, Ana María del Río expone en Oxido de Carmen el dilema de una adolescente en relación al desarrollo y expresión de su sexualidad dentro de un mundo oxidado (de allí la alusión al título) y jerarquizado. Dentro de esta armazón, rígidamente marcada por su origen cultural-religioso, la experiencia de la pubertad se convierte en una amenaza real donde el despertar a la sexualidad se asocia con la noción de pecado. Y es en este mundo familiar cerrado donde aparece Carmen. “La amé en picada –dice el narrador-protagonista– sin detenerme, porque detenerse en ese tiempo era de cobardes” (Oxido, 11). El descubrimiento del diario de Carmen precipita la ira de su abuela y de su tía, imponiéndosele castigos de encierro e incomunicación para “tratar de salvarle el alma” y ver si “esta niñita abandona[ba] de una vez esos malos instintos” (Oxido, 42-3).


En esta “lucha espiritual”, como señala Kim Chernin en su extraordinario estudio The Hungry Self: Women, Eating and Identity, las prácticas ascéticas son obligatorias “en el esfuerzo de controlar y eliminar la parte erótica del ser humano”8. Y es así cómo, en su intento de extirpar todo deseo corporal y en la necesidad de purificarse, Carmen se impone el castigo de no comer. Su actitud, en cierto sentido, nos recuerda a la de la antes mencionada Catalina de Siena con su credo de impuestas sanciones. La relación entre santidad y síndrome clínico del hambre es explícita; la abstinencia alimenticia es parte de la senda hacia la santidad, lo mismo que, significativamente, lo es la relación entre limpieza corporal y pureza mental. Tanto Carmen como Catalina se transforman, gradualmente, de niñas joviales, lozanas y saludables en “niñas hilo”, débiles y sin vida. La experiencia anoréxica de la protagonista ilustra este tipo de purgatorio claramente:

Todo le daba remordimientos (el librito negro de Tía Malva era poderoso), incluso cosas de todos los días, tocar la fruta, caminar por una alfombra mullida. La vi llorar a gritos [reporta el narrador] por haber pasado la mano por un plato de frambuesas, más aún, por recordar haberla pasado. El olor del pan recién hacho le causaba horror. Se lavaba durante horas las manos, con jabón de lavar y escobilla, dejándoselas acangrejadas. … Después intentó bañarse vestida para no mirarse. ...
- No puedo dejar de pensar –decía–, no puedo (Oxido, 55).

En Anorexic Bodies, Morag MacSween explica que “la mujer anoréxica responde al sentido de impotencia controlando la única cosa posible –el comer–”9. Carmen, incapaz de sobreponerse al sistema de valores severo y rígido respecto a la forma de conducta apropiada para el género, “palidísima, y con los ojos de cavernas prendidos a su cara de lágrimas” (Oxido, 58), se deja morir de inanición. El intento fútil de eliminar su naturaleza sensual, culminación catastrófica de este violento proyecto, no se logra; la penitencia y otras prácticas ascéticas no surgen efecto; su mente raya en la locura. En la dicotomía teológica de cuerpo (vicioso) y espíritu (virtuoso), castigando el primero y valorizando el segundo, el sentido de repugnancia y aversión a su cuerpo, en última instancia, la empuja al suicidio. “Nunca, ni en la cocina ni en sobremesas, se me quiso contar cómo fue”, nos dice el narrador (Oxido, 60).


El texto de Ana María del Río pone en evidencia la compleja dicotomía en que se encuentra “el Otro femenino” frente al problema de la expresión de la sexualidad en relación a la búsqueda de la identidad, precisamente porque, en la dialógica interna de lo femenino, como incisivamente Dale M. Bauer ha señalado, se corre el peligro de internalizar “la voz autoritaria del patriarcado”. Por esto, concluye, “we must struggle to refashion inherited social discourses into words which rearticulate intentions (here feminist ones) other than normative or disciplinary ones”10. Bell, por otro lado, al caracterizar la anorexia mirabilis opina que, en el deseo de acercarse a Dios, “la muerte se transforma en algo lógico, dulce y en la total liberación de la carne” (op. cit., 13). El suicidio final de Carmen, nuestra protagonista, constata lo descrito por Bell.

En “Verde en el borde” de Andrea Maturana, el caso se relaciona con las causas y efectos de la bulimia. Como en otros de sus cuentos, esta protagonista comparte el universo urbano de la gran metrópoli, donde los personajes se esfuerzan, sin lograrlo, por alcanzar al “otro”. En el binomio búsqueda / desencuentro11 típico de la relación de pareja predomina la incomunicación, la soledad y el vacío. La tónica predominante en la interacción entre Diego y Francisca es la lucha de poder. Diego se ha acostumbrado a tomar las decisiones y a estar en lo correcto y aunque diga, en varias ocasiones, que quiere salvarla de su compulsión bulímica amenazadora y de su autodestrucción, en verdad, la relación le ha servido para satisfacer su antojo de dominio y poder. “No me jodas, Diego [se le oye decir a Francisca]. Estoy leyendo. Además nada de lo que yo pueda decirte va a cambiar tu opinión” (“Verde”, 22). Francisca se siente exprimida, reducida y rebajada. Similar a la reacción de la anoréxica, pero al revés, como explica Hilde Bruch “ante el sentimiento de incompetencia e incapacidad de dirigir su propia vida… y en un desesperado esfuerzo de no sentirse completamente sin poder o control”12 la bulímica, en este caso Francisca, usa el comportamiento bulímico como compensación. Así, tragando y devorando su angustia y aflicción, “desenvuelve y come, uno tras otro, de manera casi rítmica” los pequeños chocolates, “sin sentir ya el sabor, sin llevar la cuenta de la cantidad, ni del hambre, ni de la angustia” (“Verde”, 24). Es decir, el saciarse es para ella no sólo una forma de rebelarse contra el mundo opresivo que la rodea en un desesperado esfuerzo por asentar su propia identidad, sino también un modo de recuperar el control momentáneamente, aunque después corra al baño a provocarse el vómito. Lo irónico es que si bien, aparentemente, se tienen afecto, Diego (‘el mundo’ de la protagonista) constituye el mayor obstáculo para la expresión de la autonomía de Francisca, aunque la intención de Diego (queremos pensar) sea diametralmente opuesta. El conflicto de género, en el sentido de “lucha de poder”, impide una colaboración satisfactoria. Por lo tanto, las tensiones no disminuyen, la terapia de Francisca nunca se lleva a cabo, Diego no logra salvarla de su compulsión bulímica y tampoco cumple su amenaza de irse. El final del cuento, en el que Diego le pide a Francisca que “sólo lo deje sostener[le] la cabeza” (“Verde”, 28), sugiere su claudicación y aceptación de una relación defectuosa en que ambos son víctimas. El mundo inquietante de este cuento hace posible el cuestionamiento de hasta qué punto los factores culturales impidieron la capacidad de ambos para sobreponerse a su penetrante influencia.


Podemos concluir que las provocativas obras de Ana María del Río y Andrea Maturana son un poderoso comentario sobre las especificidades socio-culturales en el mundo moderno. Al identificar los complejos modos en los cuales se llevan a cabo las prácticas socio-culturales en relación al papel de la mujer, estas obras desafían las nociones prevalentes y en este sentido, del Río y Maturana continúan redefiniendo la labor de la mujer como escritora. También quiero señalar que al hablar de literatura producida por mujeres, lo que llama la atención, aparte del cuestionamiento del papel tradicional de la mujer en una sociedad que la discrimina a la vez que la mitifica, es la incorporación de un corpus de experiencias típicamente femeninas como son el embarazo, la maternidad, el parto, el amamantar, la menstruación, el cáncer del seno con la consecuente mutilación física y psicológica que esta enfermedad significa, y que no pueden ser planteadas desde una perspectiva masculina. Entre las escritoras chilenas contemporáneas que han incorporado alguno de estos temas en su producción artística, podemos mencionar a Diamela Eltit, Pía Barros, Lucía Guerra, Marcela Serrano además de Ana María del Río y Andrea Maturana. De hecho, Maturana en su colección de cuentos (Des)encuentros (des)esperados (op. cit.) incorpora el tópico de la menstruación en “Yo a las mujeres me las imaginaba bonitas” y el del cáncer del seno en “Como en el teatro”.


Oxido de Carmen y “Verde en el borde” añaden el tópico de la anorexia y la bulimia. Según datos científicos recientes, nueve de diez mujeres anoréxicas sufren de pérdida de densidad de los huesos a la par de osteoporosis en años posteriores (Dobson, op. cit., 2). De aquí la urgencia de reconocer el problema con miras de encontrar tratamientos efectivos, ya que, por sus casi inevitables consecuencias, no puede ser descartado o ignorado.
Retomando nuestros relatos, si bien es cierto que en ambos las protagonistas fracasan en su intento de resistencia al sistema imperante, la anorexia y la bulimia funcionan como una efectiva y subversiva táctica de sobrevivencia frente a las interpretaciones tradicionales de género, familia, autoridad y obligaciones, explorando transformaciones de costumbres establecidas. Así, el contradiscurso crítico se impone como un prisma único en su proyecto ideológico de cambio y apertura, en constante cuestionamiento y reevaluación de los heredados cánones histórico-culturales que cargan el discurso patriarcal de la dominación.


 

* Una versión abreviada de este trabajo fue leída en el XV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, celebrado en el Tecnológico de Monterrey, Monterrey, Nuevo León, del 19 al 24 de julio de 2004.

1 Ana María del Río, Oxido de Carmen, 3a ed., Ed. Andrés Bello, Santiago de Chile, 1994. En adelante: Oxido, seguido de número de página.


2 Andrea Maturana, “Verde en el borde”, en Los pecados capitales, Ed. Grijalbo S.A., Santiago de Chile, 1993, 13-28. En adelante: “Verde”, seguido de número de página.


3 Ana María del Río obtuvo su Licenciatura en la Universidad Católica de Chile. Entre los años 1987 y 1991 realizó estudios superiores en la Universidad de Rice y Pittsburgh en Estados Unidos. Su primer libro, Entreparéntesis (1985), es una colección de cuentos. Tres de las cinco novelas que Ana María del Río ha publicado hasta hoy han obtenido importantes galardones. Oxido de Carmen (1986; segunda edición, 1990) mereció el Premio “María Luisa Bombal”; De golpe, Amalia en el umbral (1991), el “Premio Andrés Bello” y Tiempo que ladra (Miami, 1991; Santiago, 1994), el Premio “Letras de Oro” en Miami y el Premio Municipal de Literatura en Santiago. Siete días de la señora K apareció en 1993 y Gato por liebre, su segundo volumen de cuentos, en 1994. Ese mismo año obtuvo la beca Fundación Andes que le permitió escribir su última novela, La esfera media del aire (1998).

Andrea Maturana ha sido catalogada “como la figura revelación de la narrativa joven” (Pedro Alvarez ed., “Andrea Maturana: escribir fue algo natural”. El Mercurio, Santiago de Chile, (enero 1998) : 3). Nació en Santiago de Chile en 1969. Su primer libro, el volumen de cuentos (Des)encuentros (des)esperados, apareció en 1992. En 1991 su cuento “Cita” formó parte de los Nuevos cuentos eróticos, tal como “Verde en el borde” sería uno de Los pecados capitales, 1993. En 1995 su relato “Yo a las mujeres me las imaginaba bonitas” fue incluido en la antología Diecisiete narradoras latinoamericanas y en 1997 fue publicada La isla de las langostas, una narración dirigida a los niños. El daño (Alfaguara, 1997) es la primera novela de Andrea Maturana.


4 Roger Dobson. “Do Models Really Cause Anorexia?”, Independent News (Nov. 23, 2000): 1-3.


5 Rudolph M. Bell, Holy Anorexia, University of Chicago Press, Chicago, 1985, 20.
Aunque, como el mismo autor señala en el prefacio de su libro, su investigación sólo se limita a las santas anoréxicas de la parte central de Italia –Umbría y Toscana–, sospecho que los patrones de comportamiento son similares y podrían aplicarse a otras santas del mundo.


6 Deborah Michel y Susan Willard, When Dieting Becomes Dangerous, Yale University Press, New Haven, 2003, 1-19.


7 Respecto a este último punto, véase el interesantísimo artículo de Amina Al-Korney “Suffering in Secret” en Egypt’s Insight Magazine. 2001, núm 5:7: 52-54.
También es importante notar que la anorexia y la bulimia afectan al sexo masculino, pero el porcentaje es mucho menor. La Organización Nacional de Trastornos Alimenticios (National Eating Disorders Organization) señala que, en Norteamérica, sólo un millón de jóvenes y hombres sufren de uno de estos tipos de desórdenes (en comparación a alrededor de diez millones de adolescentes y mujeres). Lo mismo ocurre en Chile. La Asociación Chilena contra la Anorexia y Bulimia estima que de las 70.000 mujeres entre catorce y treinta años que padecen anorexia, y de las 35.000 con bulimia, sólo cerca de un 1% de estas cifras corresponde a hombres. Para información adicional sobre este tópico, véase el primordial estudio de A.E. Andersen, L. Cohn y T. Holbrook, Making Weight: Healing Men’s Conflicts with Food, Weight and Shape, Gurze Books, Carlsbad, California, 2000.
Finalmente quiero agregar que en los Estados Unidos, aparte de las causas ya señaladas para estos complejos desórdenes gastronómicos (predisposición genético-biológica, estructuración de la personalidad, crianza, organización familiar, red social y creencias), otros factores importantísimos son la influencia social de “la moda” y “la dieta”, exaltadas por la efímera búsqueda del “ideal femenino”. El testimonio del caso anoréxico de Christy, una jovencita de dieciséis años, atestigua lo primero: “Me siento terriblemente influida por las revistas Glamour, Vogue y todas las demás. Miro a todas las mujeres hermosas, super delgadas y pienso ‘quiero ser tan delgadas como ellas’” (Sharlene Hesse-Bieber, Am I thin Enough Yet?, Oxford University Press, Oxford, 1996, 8). Por supuesto los creadores de moda que dominan con gran acierto el campo publicitario y la captación de masas se benefician con ganancias masivas. Respecto al famoso culto de la delgadez, en este momento todas las industrias relacionadas con productos para adelgazar obtienen una ganancia conjunta de 50 billones al año. La economía de mercado agrava este problema, ya que con sus anuncios promueve ponerse a dieta. Así, un 35% de las mujeres que están a dieta piensan que necesitan una cuando, en realidad, tienen un peso normal o están bajo el peso normal y de este 35%, cerca de un 25% terminará teniendo un desorden alimenticio (“Eating Disorders Statistics”, 2002).


8 Kim Chernin, The Hungry Self: Women, Eating and Identity, Virago Press, London, 1986, 187.


9 Morag MacSween, Anorexic Bodies: A Feminist and Sociological Perspective on Anorexia Nervosa, Routledge, London, 1993, 203. Puntos de vista similares se expresan en los estudios de Margot Maine, Father Hunger: Fathers, Daughters and Food, Simon and Schuster, London, 1993, 81-82 y en Roger Dobson, op. cit., 3.


10 Dale M. Bauer, Feminist Dialogics: A Theory of Failed Community, State University of New York Press, Albany, 1988, 2.


11 El vocablo desencuentro forma parte del título de su excelente colección de cuentos (Des)encuentros (des)esperados, Ed. Los Andes, Santiago de Chile, 1992. Como el nombre de la colección lo indica, varios de los cuentos que la forman “Roce 1”, “Roce 2” y “Roce 3” (similar a uno de los problemas aludidos en el cuento en estudio) dicen relación con la imposibilidad de una comunicación auténtica entre parejas.


12 Hilde Bruch se refiere a este concepto en Paul E. Garfinkel y David M. Garner, (eds.) Handbook of Psychotherapy for Anorexia Nervosa and Bulimia. Guilford Press, New York, 1985, 10, Véase también el innovador estudio de Marlene Boskind-White, Bulimia/Anorexia: The Binge/Purge Cycle and Self-Starvation, W.W. Norton & Co., New York, 2000.


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Recibido: 20-10-2004. Aceptado: 11-01-2005.