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Acta literaria

versión On-line ISSN 0717-6848

Acta lit.  n.26 Concepción  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482001002600012 

"Pájaro verde" de Juan Emar:
Un manifiesto vanguardista

Soledad Traverso


Universidad de Chile

El cuento "Pájaro verde" forma parte de un conjunto de narraciones publicadas por el escritor chileno Juan Emar en 1937, con el nombre de Diez. Nos interesa demostrar que "Pájaro verde", al ser la reescritura paródica del cuento "Un corazón simple" ("Un coeur simple") de Gustave Flaubert, puede leerse como un manifiesto vanguardista en contra del arte como copia de la realidad, para adherir a un arte no representacional y autónomo.

En el cuento "Pájaro verde" hay dos núcleos. El primero, a nivel de la anécdota, corresponde al recorrido que el loro hace al pasar de dueño en dueño, hasta llegar a manos de Emar. El segundo núcleo es la evolución de la expresión "Yo he visto un pájaro verde", desde el momento en que se escucha por primera vez en un tango, hasta que ambos, animal y expresión, terminan fusionados al final de la narración.

Los distintos dueños del loro están descritos con cuidadosa formalidad y exactitud. Sin duda, la intención es presentarnos una rancia aristocracia, ridiculizada por medio de nombres que, en francés, significan animales o expresiones que aluden a lo grotesco. Así, por ejemplo, Monsieur le Docteur Guy de la Crotale1 es un sabio naturalista francés que llega a la desembocadura del Amazonas en la goleta La Gosse2, en 1847, trayendo al loro consigo3. El segundo dueño es Mademoiselle Marguerite de la Crotale, "quien dos años más tarde, en 1874, contrae matrimonio con el capitán Henri Silure-Portune de Rascasse4. El hijo de este matrimonio, Henri-Guy-Hégésippe-Désiré-Gaston 5, estudia pintura en la Ecole des Beaux-Arts, donde se especializa en naturalezas muertas; todos los elementos al alcance de su mano le sirven de modelo: el gato, el canario, la gallina, el perro, los útiles de cocina, etc. Hasta que un primero de agosto de 1906 el loro posa para el pintor.

Sin embargo, el 16 del mismo mes, y en el mismo momento en que hay un terremoto devastador en Valparaíso, el loro muere envenenado con las "emanaciones de la pintura y la inmovilidad de la pose" (Diez, 14). Tenía entonces 85 años, 3 meses y 11 días. Para poder continuar con su obra de arte, el pintor lo hace embalsamar. A la muerte de su dueño, en 1915, su viuda viaja al Nuevo Mundo. Pero antes de esto, "envió a remate gran número de sus muebles y objetos. Entre éstos iba el loro de Tabatinga" (Diez, 15). Es así como el animal embalsamado es adquirido por un anticuario de la rue Chaptal, permaneciendo en una vitrina hasta 1924.

A partir de este momento, la narración queda en boca de un personaje autodiegético, Juan Emar, quien relata su llegada a Francia: "En abril de ese año llegaba yo a París y, con varios amigos compatriotas, nos dedicamos, noche a noche, a la más descomunal y alegre juerga" (Diez, 15).

El grupo de amigos se reúne en el "Palermo" de la rue Pigalle a escuchar tangos. Uno de éstos en particular, despierta en el personaje una nueva sensibilidad:

"(...)
nacía en mi interior un elemento psíquico más que, al romper y explayarse dentro ­como el loro rompiendo su huevo y explayándose por entre los gigantes sicomoros­ encontró como materia en donde envolverse, (...) Una coincidencia, una simultaneidad, sin alguna duda" (Diez, 17).

A medida en que la anécdota se desarrolla, tanto el dicho "Yo he visto un pájaro verde" como el loro embalsamado, se transforman en elementos que proponen un orden distinto de las cosas: decir la frase "encerraba una especie de santo y seña", tendiendo entre los amigos un "hilo flexible de entendimiento con cabida para cualquier posibilidad". De este modo la percepción de las cosas adquiere otra dimensión: "Una segunda vida paralela a la otra" (Diez, 17).

En 1928 el personaje protagonista regresa a Chile, llevándose el loro. Este último se transforma en el elemento que cambia la visión cotidiana de la realidad.

El 9 de febrero de 1931 Emar recibe la visita de su tío José Pedro. Esa noche, mientras toman café, el tío descubre la presencia del loro embalsamado. Luego de escuchar la historia del loro y las anécdotas de la vida parisina, "mi tío José Pedro clavóme entonces una mirada austera y luego, posándola sobre el ave, exclamó: (...) ­¡infame bicho! (...)" (Diez, 20).

Exactamente a las 10 y 2 minutos y 48 segundos, de aquel 9 de febrero de 1931, el loro cobra vida: "Abrió sus alas, las agitó con vertiginosa rapidez y, tomando los aires con su pedestal de ébano siempre adherido a las patas, cruzó la habitación y, como un proyectil, cayó sobre el cráneo del pobre tío José Pedro". El loro comienza a darle picotazos al tío y cuando el protagonista se dispone a defenderlo, el loro dice:

¿El señor Juan Emar, si me hace el favor?
Y yo naturalmente, respondí:
­Servidor de Usted (Diez, 21)

En este momento el loro vuelve a atacar al tío con más furia, repitiendo la pregunta anterior. A medida en que el pájaro picotea al tío, tanto la pregunta como el hombre se van desintegrando en diversas figuras geométricas. El cuento termina con la muerte del tío. Es muy probable que esta escena esté inspirada en el "Dibujo a pluma", de Pablo Picasso, publicado en la revista Arte Joven, por el año 1901, cuyo número estaba dedicado justamente a la idea de liberar el arte de las viejas ideas modernistas6.

La lectura de "Pájaro verde" inevitablemente evoca a Loulou, el loro que aparece en "Un corazón simple", de Gustave Flaubert. Vemos que, al igual que en el cuento de Emar, este loro también pasa de mano en mano, hasta llegar a Félicité. En las vísperas de la revolución, la esposa del barón de Larsonnière le deja el loro a Madame Aubin, una señora burguesa, como muestra de recuerdo. Sin embargo, la señora no soporta la manía que tiene el loro de morder el palo y de repartir plumas y, por esta razón, se lo regala a Félicité, la criada. Ella le enseña a repetir: "¡Encantador muchacho!", "Servidor, señor", "¡La saludo, María!"7.

Un buen día el loro se enferma y deja de comer. Paul, el hijo de la señora Aubain, descuidadamente le tira el humo de su cigarro; finalmente una mujer lo golpea con su paraguas y le rompe la abrazadera; el loro escapa y Félicité queda sumida en la soledad. Cuando la empleada comienza a quedar sorda, sólo escucha la voz de su loro y a la hora de la muerte, una especie de vapor azul cubre la pieza de la criada, y al exhalar su último suspiro, cree ver entre las nubes un gigantesco loro volando sobre su cabeza8.

"Un coeur simple"

"Un pájaro verde"

Los amos de Loulou pueden catalogarse en tres tipos: El barón de Larsonnière, ex cónsul de América, un noble rodeado de elementos exóticos. El loro de Tabatinga es traído de las Amazonas por sabios franceses naturalistas. Hay una clara intención de 'aristocratizarlos' por medio de los nombres.
   
La burguesa, madame Aubin, enlace entre el loro y Félicité. El anticuario de la calle Chaptal, como comerciante, corresponde al burgués.
   
Félicité, la criada, una pobre mujer marginada, quien transforma al animal en una especie de hijo. Juan Emar, un artista incomprendido y latinoamericano, adquiere el loro en una noche de bohemia. Lo lleva a Chile.
   

El loro es instruido por la criada y aprende a hablar: "Charmat garçon! Je vous salue, Marie!"

El loro, cuando recobra vida, saluda a Juan Emar con cierta complicidad.

   

Loulou desaparece, después de caer muy enfermo, a raíz del maltrato del torpe e impertinente Bourais. Paul le tira humo de su cigarrillo y la mujer le pega con el paraguas, soltándole la abrazadera.

El loro muere víctima de las emanaciones de la pintura y por la inmovilidad.
El tío José Pedro, inoportuno e impertinente, exclama: "¡Infame bicho!"

   
Se produce un quiebre de la realidad en el texto: Félicité queda sorda, sin embargo, sigue escuchando la voz de Loulou y, cuando ella agoniza, cree ver un gigantesco loro.

El loro cobra vida cuando ya estaba embalsamado y ataca al tío José Pedro. La escena es violenta.

   
El loro tiene, finalmente, un sentido espiritual y religioso para Félicité, lo cual queda claro en el momento de la alucinación. La expresión "Yo he visto un pájaro verde" tiene un poder casi mágico. La resurrección del loro, una vez embalsamado, es como la locura.

Así pues, podemos establecer un paralelo entre ambos cuentos con el fin de mostrar la reescritura paródica que Emar hace del cuento de Flaubert:

"Pájaro verde" se vuelve un instrumento crítico por medio de la parodia, es decir, valora tanto la producción del cuento de Flaubert como la suya propia. Esto es, no sólo hay una parodia a nivel textual, sino también en el ámbito de la escritura misma. Seguramente Emar estaba en conocimiento de lo que nos revela Julian Barnes en su obra Flaubert's Parrot. En Rouen hay un museo donde se conservan los objetos que estuvieron junto al escritor francés. Entre ellos, se encuentra un loro con la siguiente inscripción:

Parrot
borrowed by Gustave Flaubert from the Museum of Rouen and placed on his work-table during the writing of "Un coeur simple", where it is called Loulou, the parrot of Félicité, the principal character in the tale9.

Así como Henri-Guy-Hégésippe-Désiré-Gaston pintaba sus naturalezas muertas con animales vivos como modelos, así también Flaubert se inspiró en el loro del museo para escribir su cuento.

El loro del cuento de Emar, por lo tanto, representa la concepción del arte que fue pasando de mano en mano, hasta llegar a un momento de innovación con las vanguardias. No olvidemos que Huidobro regresó a Chile en 1931, con una manera nueva de crear artísticamente y que justamente es Juan Emar quien lo entrevista, publicando sus impresiones en sus "Notas" en el diario La Nación.

Juan Emar propone romper con el arte como lo entendía Flaubert en "Un corazón simple", es decir, como copia y, en vez, le otorga a Loulou una realidad autónoma en el momento en que el loro revive y mata al tío José Pedro.


1Crotale: crótalo, serpiente cascabel.

2Gosse: una de las acepciones de este término es 'mentira'.

3Silure: siluro, pez, semejante a la angula. Portune: especie de cangrejo. Rascasse: escorpina, un pez bastante feo, cuya carne es poco apreciada y que produce picaduras dolorosas.

4Désiré: deseado. Juan Emar, en Miltin 34,         [ Links ] habla de un tal Henri Désiré Landru y de la gran expectación que hay en París, de que condenen o indulten al criminal. Se espera, además, que lo guillotinen.

5Juan Emar, Diez (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1971), p. 13.         [ Links ] En adelante sólo indicaremos Diez.

6Cirici Pellicer, Picasso antes de Picasso (Joaquín Gil Editores: Barcelona, 1946), p. 74.         [ Links ]

7Gustave Flaubert, Obras inmortales (Gerli Hno.: Uruguay, 1962), p. 1.337.         [ Links ]

8Flaubert (1962:1.347).

9Julian Barnes, Flaubert's Parrot (London: Jonathan Cape, 1984), p. 16.         [ Links ]

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