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Revista musical chilena

versión impresa ISSN 0716-2790

Rev. music. chil. v.52 n.190 Santiago jul. 1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-27901998019000026 

IN MEMORIAM

Juan Lémann Cazabón (1928-1998)

Juan Lémann nació el 7 de agosto de 1928 en Vendôme, Francia, y falleció en Santiago de Chile, el 16 de mayo de 1998. Ligado a la Universidad de Chile desde muy temprana edad, realizó sus estudios de piano en el Conservatorio Nacional de Música con Rosita Renard, René Amengual, Germán Berner y Alberto Spikin-Howard y de composición con Pedro Humberto Allende, Juan Orrego-Salas y Gustavo Becerra. Como pianista obtuvo los máximos galardones del Conservatorio, los premios Orrego-Carvallo (1949) y Rosita Renard (1951). En el año académico 1970-71 fue agraciado con una beca Fulbright, para realizar estudios sobre música contemporánea en la Julliard School of Music de Nueva York. En 1996 un nuevo viaje, esta vez a Moscú, le permitió dar a conocer su obra, intercambiar experiencias con compositores y músicos rusos además de divulgar la música de otros compositores chilenos. Fue miembro del directorio de la Asociación Nacional de Compositores, de la que también fue presidente, miembro de número de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile, entre otros cargos, se desempeñó también como profesor de composición y vicedecano de la actual Facultad de Artes. Junto a otros colegas, Juan Lémann desarrolló una encomiable labor como maestro y orientador de la generación de compositores chilenos que se formaron en nuestro país después de 1973, y que inician su presencia creativa tanto en las décadas de 1970 como en la de 1980.
       Durante el período comprendido entre 1948 y 1960 (entre los 20 y los 32 años de edad), Juan Lémann desarrolló en Chile una brillante carrera como pianista solista. Además del piano se destacó como director de coros. Después de 1960 se abocó prioritariamente a la composición y la docencia, siguiendo su fuerte vocación creadora y pedagógica. Su obra creativa es preeminentemente instrumental. Entre sus composiciones instrumentales se puede destacar la partitura de la música para el ballet La leyenda del mar, completada en 1977, el que está basado en la leyenda de la Pincoya, diosa que personifica la fertilidad de la fauna marina, extraída de Chiloé archipiélago mágico del escritor chileno Nicasio Tangol. Junto a las Variables O, I y II para piano, compuestas entre 1977 y 1978, la Obertura de concierto (1986) y la Fantasía concertante para piano y orquesta (1987), demuestran estas obras el dominio acabado del lenguaje contemporáneo a que llegara Juan Lémann, después de haber incursionado en sus composiciones más tempranas en un estilo de fuerte dejo neoclásico stravinskiano. Si bien la música vocal es proporcionalmente menor en número, ella refleja otros de sus rasgos característicos, tales como la profunda religiosidad que vierte en el Aleluya para coro (1958). En este mismo orden de cosas, la Misa Veni Domine (1964) y el Tantum ergo (1964) son pioneras en la música litúrgica con texto en castellano que irrumpe en Chile a raíz del Concilio Vaticano II. En concordancia con la gran parte de los compositores de la generación de los años 50, Juan Lémann manifestó en su música vocal una especial preferencia por los poetas chilenos, tales como Max Jara en Ojitos de pena para coro (1958), Andrés Sabella en Cuatro obras corales (1979), y posteriormente Pablo Neruda en Maestranza de noche para voz femenina y conjunto instrumental (1987).
       Otro de los rasgos característicos de muchos compositores de su generación es el cultivo de la música incidental para teatro y para cine, aprovechando las grandes oportunidades que se abrieron entonces para los creadores chilenos. En el caso de Juan Lémann esta vertiente fructificó en música para las películas El cuerpo y la sangre (1961) y el documental Central Hidroeléctrica El Toro (1970), para obras teatrales como El tony chico de Luis Alberto Heiremans (1964) y Topografía de un desnudo de Jorge Díaz (1968) además de la música incidental para Pierrot, obra para mimos creada por Alejandro Jodorowsky (1952).
       Además de ser un eximio improvisador al piano en géneros tales como el jazz, la bossa nova y la samba Juan Lémann se destacó entre los compositores nacionales por expresar en su música un fino sentido del humor. Afortunadamente éste ha sido preservado en Ironías musicales (1952), que contiene como una de sus partes las variaciones improvisadas sobre el tema La vaca lechera, que sirvieron de base al ballet La vaca Cornelia estrenada en 1970 por el Ballet de Cámara de la Universidad de Chile con coreografía de Gaby Concha. Otra muestra de su talento fue la fotografía, de la que quedan testimonios de excelencia en los retratos de compositores nacionales que ilustran la Historia de la música en Chile escrita por uno de sus amigos el musicólogo Samuel Claro Valdés junto a Jorge Urrutia Blondel.
       Por ello este homenaje postrero ante su inesperada partida debe por fuerza trasuntar un sentimiento de gratitud por su legado y de alegría por el recuerdo imborrable que dejará entre todos los que pudimos compartir con él tantos momentos de camaradería.

Luis Merino

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