SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.28 número85El nuevo modelo de la ciudad latinoamericana: fragmentación y privatizaciónMercado metropolitano de trabajo y desigualdades sociales en el Gran Santiago: ¿Una ciudad dual? índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.28 n.85 Santiago dic. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612002008500003 

Buenos Aires en los años ‘90:
metropolización y desigualdades1

Marie-France Prévôt Schapira2
Abstract

This article analizes the relationships between productive transformations, wich are product of the new economic and social orientations of the 90’s, and those expressed in the socio-spatial organization of Buenos Aires. With this objective, different kinds of economic, urban and social changes, whose sistemic effects crystallize in the metropolitan space, are posed. In a first part, productive and territorial recompositions in relation to the change of the regime of accumulation during the menemista period will be examined. In second place, deep transformations in labor market, wich re-design the social geography of Great Buenos Aires, will be analized. The article ends observing spatialization of the dualization and desintegration process of the society in the metropolitan region, where radicals transformations during the last decade had been expressed into a masive poverty.

Keywords: Buenos Aires, socio-economic transformations, social geography, labor market, marginalization.

Resumen

El interés de este artículo son los vínculos que se pueden establecer entre las transformaciones productivas, resultantes de las nuevas orientaciones económicas y sociales de los años ‘90, y aquellas manifestadas en la organización socio-espacial de Buenos Aires. Con este fin, se presentan los diferentes órdenes de cambios económicos, urbanísticos y sociales cuyos efectos sistémicos cristalizan en el espacio metropolitano. En una primera parte se tratará la cuestión de las recomposiciones productivas y territoriales en relación con el cambio del régimen de acumulación del periodo menemista, enfatizando las ideas que presidieron estas orientaciones. En segundo lugar se analizarán las profundas transformaciones que se sucedieron en el mercado de trabajo, las cuales rediseñan la geografía social del Gran Buenos Aires. Finalmente, se observará la espacialización de los procesos de dualización y desintegración de la sociedad en la región metropolitana, donde las transformaciones radicales del último decenio se han traducido en un proceso de empobrecimiento generalizado.

Palabras clave: Buenos Aires, transformaciones socioeconómicas, geografía social, mercado de trabajo, marginalización.

1. Introducción

El espacio metropolitano, y especialmente la ciudad de Buenos Aires, ha sido el lugar privilegiado de la nueva economía, la puerta de entrada de Argentina al primer mundo. Sin embargo, este espacio es actualmente aquel donde los efectos de la crisis son más visibles y violentos, subrayando tanto la gran vulnerabilidad de la  "ciudad global" y la inconsistencia ¾e inclusive la ausencia ¾de regulaciones estatales que permitirían disminuir su dependencia con respecto de las finanzas y las empresas privadas3.

Los saqueos y estallidos sociales que sacudieron la periferia de Buenos Aires, y en particular la revuelta popular de diciembre de 2001, recuerdan el poder destructor de los procesos de cambio que tuvieron lugar en el espacio metropolitano. En efecto, durante los años del menemismo, el Gran Buenos Aires4 fue un lugar de transformaciones rápidas y espectaculares cambios, que se pueden resumir bajo el término metropolización: terciarización de la economía, privatización de los servicios urbanos, desarrollo del sector inmobiliario ligado a las nuevas formas de consumo y de esparcimiento, así como también aumento de la pobreza y de las desigualdades.

La crisis financiera, social y política por la que atraviesa Argentina en su conjunto permite aclarar la relación entre los procesos de metropolización y las recomposiciones socio-espaciales que acompañaron los años de la convertibilidad (1991-2001). La reconcentración de las actividades y de los habitantes ha dado lugar a un discurso renovado sobre las ventajas de la gran ciudad. Este discurso, altamente influenciado por las reflexiones sobre la "ciudad global" (Sassen, 1991), debe ser resituado en Argentina, en la relación siempre conflictiva entre la ciudad y la Nación, en un momento en que la Capital obtiene la autonomía política (1996). Sin embargo, en Buenos Aires, así como en otras grandes metrópolis latinoamericanas, este proceso se desarrolla en un momento de fuerte penetración de capital extranjero en los sectores claves de la economía y los servicios urbanos, y supone que se implementen nuevas formas de governance. En este contexto, el gobierno de la ciudad es un actor central, pero un actor entre otros (Prévôt Schapira, 2001).

No se trata aquí de hacer un balance de los últimos diez años, dado que es difícil diferenciar los efectos de la coyuntura y la aguda crisis de los cambios estructurales, sino más bien interrogarse sobre los vínculos que se pueden establecer entre las transformaciones productivas, resultantes de las nuevas orientaciones económicas y sociales de los años ‘90, y aquellas que se manifestaron en la organización socio-espacial de la aglomeración de Buenos Aires. El aumento de la pobreza y la pauperización de una gran parte de la clase media, por un lado, y el enriquecimiento de un pequeño grupo por el otro, ¿dibujan una nueva geografía de centros y de márgenes, rompiendo con el modelo que había guiado la extensión de la ciudad desde hace más de un siglo? El rol del Estado había permitido entonces implementar formas de integración de una ciudad que había querido ser la encarnación de la Nación. Sin embargo, en los años ‘90 se entra en una lógica privada que transforma la ciudad por "pedazos". ¿Se puede decir que el modelo de la ciudad más integrador, más democrático de toda América Latina, y que había correspondido a un proyecto político, está siendo deshecho hoy en día por el modelo económico privilegiado durante los años ‘90?

Para responder a estas preguntas, querría presentar los diferentes órdenes de cambios económicos, urbanísticos y sociales cuyos efectos sistémicos cristalizan en el espacio metropolitano. Es evidente que estos cambios, en consonancia con la globalización, se incorporan a procesos endógenos que se inscriben en la historia de una ciudad y una sociedad que ha atravesado, en estos últimos dos decenios, experiencias destructivas ¾la dictadura, el empobrecimiento, el desempleo, la corrupción y hoy en día el "colapso", que marcan para muchos el "fin de las ilusiones". Porque la crisis da mayor visibilidad e intensidad a los procesos de larga duración. Teniendo en cuenta las diferentes temporalidades (económicas, sociales y políticas), conviene analizar las recomposiciones socio-territoriales, algunas de las cuales son "espectaculares" (los grandes proyectos urbanísticos, o aun la llegada masiva al centro de la capital, a la caída de la noche, de los cartoneros que vienen a hurgar en la basura [Legrand, 2002]) y otras más sutiles (microprivatizaciones, lógicas de diferenciación); pero todas, a su manera, participan de los nuevas disposiciones de los territorios de la ciudad.

Primero trataré la cuestión de las recomposiciones productivas y territoriales, en relación con el cambio del régimen de acumulación del periodo menemista, poniendo el acento sobre las ideas que presidieron estas orientaciones (Cicollela (1999) y Torres (2001), proporcionan una serie de datos sobre la aglomeración de Buenos Aires que son retomados en este artículo). En segundo lugar analizaré las profundas transformaciones que se sucedieron en el mercado de trabajo. La violenta reestructuración del mundo salarial, el aumento de la pobreza, del desempleo y de las desigualdades rediseñan la geografía social del Gran Buenos Aires. Finalmente, pondré el acento en la espacialización de los procesos de dualización y de desintegración de la sociedad en la región metropolitana, donde las transformaciones radicales del último decenio se han traducido en un proceso de empobrecimiento generalizado. En prácticamente todos los dominios, las instituciones dejan a grupos enteros de población y a vastas zonas en el desorden y la inestabilidad, sea a nivel de los servicios educativos, de la salud, del transporte, de los servicios urbanos o de la vivienda. En algunos barrios de la periferia, nada o casi nada funciona ahora. La crisis hizo aparecer con gran claridad la tensión entre la metropolización "selectiva", que busca la excelencia y la participación en las redes mundiales de comando, y la metropolización que aumenta las fracturas internas en el seno de los espacios urbanos, y esta tensión evoluciona al compás del renunciamiento a las formas de regulación estatal del pasado en numerosos dominios.

2. Buenos Aires: lugar privilegiado de la nueva economía, caja de resonancia de la crisis

Los trabajos de Sassen (1991) y de Veltz (1996) han mostrado que las grandes metrópolis constituyen lugares estratégicos para la grandes firmas multinacionales, un medio que favorece la innovación, el aprendizaje y la flexibilidad frente a la incertidumbre y lo impredecible de la nueva economía. En el nuevo contexto productivo de los años ‘90, ellas aparecen como el lugar privilegiado de la acumulación flexible, de nuevas formas de producción y de la Inversión Extranjera Directa (IED). Mientras que en los años ‘70 la concentración de actividades y de población había dado lugar a una interpretación negativa ¾incluso catastrófica ¾ de la primacía urbana, ahora se redescubre, en América Latina como en otras partes, las virtudes de las megápolis, pues ellas ven su rol reforzado en una economía globalizada.

Esta clave de lectura ha sido ampliamente adoptada por los investigadores para analizar los cambios que han tenido lugar en estos últimos diez años (Cicollela, 1999). En Buenos Aires, como en Sao Paulo y México, los procesos de globalización han sido factores determinantes de la exacerbación del proceso de re-metropolización.

Sin embargo, los análisis sobre la ciudad global han tratado muy a menudo a la ciudad como un objeto aislado, y han puesto el acento en la dimensión espacial del sistema productivo mundial, que por sí solo haría y desharía los territorios. Pero la globalización no explica todo. Ella no "borra las viejas historias", y viene a incorporarse a procesos endógenos, activando en el caso de Buenos Aires la vieja separación entre la capital y los suburbios. La región metropolitana que reúne 12 millones de habitantes y el 50% del PIB argentino se divide entre dos espacios bien diferenciados: por un lado la capital, ciudad de clases medias, y por otro los suburbios devastados por la pobreza y el desempleo, donde viven 8 millones de habitantes. Evidentemente, la espacialización de las desigualdades es bastante más compleja. Volveremos sobre este tema. Pero la Avenida General Paz constituye un corte radical para entender el funcionamiento de la aglomeración de Buenos Aires.

Además, si la concentración de actividades bancarias y financieras, el boom inmobiliario en la ciudad central y las privatizaciones han sido tan rápidas y espectaculares, es porque ellas resultan ¾también y ante todo- de un proceso político violento y de una amplia empresa de ajuste y desregulación puesta en marcha por el gobierno de Menem, que libera los mecanismos espontáneos y la tendencia natural de los agentes económicos a concentrarse en la gran ciudad. Este movimiento fue ampliamente favorecido por la gestión de Carlos Grosso, primer intendente nombrado en el periodo menemista, quien entrega la ciudad a las grandes operaciones urbanísticas "para sacar a la ciudad de la decadencia" y atraer la inversión. Las profundas disfuncionalidades que sufría la capital después de 20 años de descapitalización (deterioro de los servicios urbanos y de la infraestructura, baja del valor del patrimonio inmobiliario, infraestructuras obsoletas) sirvieron para justificar las nuevas orientaciones. Ellas fueron impulsadas también por el eco que entonces tenía sobre los medios políticos y académicos el discurso sobre la ciudad global, que inquieta y fascina a la vez, y la propaganda del "modelo Barcelona". La operación emblemática de Puerto Madero refleja el clima que reinaba a principios de los años ‘90.

La renovación de las bodegas (docks) de Puerto Madero fue presentada como creadora de centralidad en el seno de espacios antes abandonados, haciendo un llamado a una nueva asociación público-privada bajo la forma jurídica de una corporación, permitiendo así que la ciudad se proyectase al espacio globalizado. La lógica de esta operación era cubrir los gastos de infraestructura y de viabilización del sitio con la venta de terrenos públicos a desarrolladores para viviendas de lujo y oficinas. El muy controvertido acondicionamiento de 170 hectáreas5 en la antigua zona de Puerto Madero bajo el modelo de watertrouts simbolizó, para muchos, el fin de la decadencia y la integración de partes enteras de la ciudad al espacio globalizado y la sociedad en red. La operación anuncia de hecho la puesta en juicio de un urbanismo de reglamentos estrictos, en beneficio de las exigencias del marketing territorial y de los promotores. La rehabilitación de los docks reactiva la construcción (edificios "inteligentes") en la zona cercana a Catalinas Norte que había sido concebida en los años ‘70 para ser nuevo CBD. Puerto Madero, Retiro, el Tren de la Costa, el antiguo mercado central de venta de frutas y verduras El Abasto, el albergue Warnes: todos estos grandes talleres o proyectos tienen en común responder a una lógica privada (venta del patrimonio inmobiliario del Estado), reciclando en un mismo modelo espacios de actividades obsoletas6.

La refuncionalización de baldíos urbanos en posición central desencadenó de forma espectacular el sector inmobiliario (real estate), que se convirtió, después de un largo estancamiento, en uno de los motores de la nueva economía urbana, estimulado por la aparición en Buenos Aires de grandes centros comerciales, pues ¾a diferencia de otros países de América Latina ¾ la revolución comercial es un fenómeno reciente en la Argentina. La aparición, a fines de los años ‘80, de malls (conocidos aquí como shopping centers) se aceleró por el plan de convertibilidad que relanzó la construcción y el mercado inmobiliario. En un primer momento, los shopping centers se instalaron de manera privilegiada en el centro norte de la ciudad y luego en la proximidad de las salidas de las autopistas, en las periferias residenciales, para extenderse hoy en día al conjunto de la aglomeración7. Su rápido desarrollo contribuyó ampliamente a la idea de los "nuevos espacios públicos" de consumo, capaces de responder a una demanda de seguridad. Los trabajos de Capron (1998) muestran que los centros comerciales son un espacio incontestablemente privado desde el punto de vista legal; sin embargo, las disposiciones sobre espacios más o menos públicos hacen de ellos lugares "privados colectivos", de "civilidad tibia", con umbrales poco marcados entre el espacio público y el espacio privado, pero de accesibilidad restringida, controlada por guardias (Capron, 1998). El sector hotelero es la otra área en plena expansión. Desde 1995, con el desarrollo del turismo de negocios, la llegada de grandes cadenas internacionales (Marriott, Caesar Park, Hilton) dobló la capacidad hotelera de lujo en la parte norte de la ciudad.

De estas grandes operaciones recalificadoras de porciones de espacio resultó una profundización de los contrastes ya existentes entre el norte y sur de la ciudad, y entre la capital y los suburbios, pero también la aparición de nuevas rupturas establecidas por el flujo de las inversiones y las lógicas de las empresas. Así, todos los datos muestran que las actividades financieras8 e inmobiliarias, así como las intervenciones públicas, se concentraron sobre todo en la capital y particularmente en la zona del centro (microcentro y nuevo CBD) y en los barrios del norte (Barrio Norte y Belgrano), así como en los municipios cercanos a Vicente López y San Isidro. La gran excepción es evidentemente el desarrollo de los barrios privados y los country clubs en la periferia lejana (Pilar, Ezeiza, Tigre) (mapa 1).

Estos contrastes son tanto más fuertes a medida que la regulación urbana es delegada, en gran medida, a operadores externos del campo político administrativo. Igualmente, se observa con claridad la inserción de un principio diferenciado de gestión del espacio. Por un lado están los stakeholders, término bursátil forjado por los organismos internacionales para designar aquellos que son parte perceptora en la organización de la ciudad: los "accionistas", es decir, los grandes operadores de servicios urbanos privatizados (Aguas Argentinas, Edenor, Edesur, etc.) y los grandes constructores (developers), que tienen un peso considerable en la reorganización territorial. Las negociaciones actuales que llevan a las empresas "privatizadas" de servicios urbanos y al gobierno a la revisión de las tarifas subrayan, si acaso fuese necesario, que las lógicas y los tiempos de las empresas no son los mismos del sector público9. Por otro lado, las autoridades locales, las ONGs, las asociaciones de vecinos y la Iglesia desarrollan, cada una en su propio estilo, políticas sociales territorializadas en las "zonas desfavorecidas" del sur de la Capital y en las periferias. Como lo hemos visto, no se puede reducir la metrópolis a la ciudad-centro que se extiende por algo menos de 200 km2, concentrando el 25% del PIB del país, y donde 3 millones de habitantes tenían ¾hasta diciembre 2001 ¾ un ingreso promedio de más de 20.000 dólares al año (casi el triple que el promedio nacional), mientras que más de un tercio de la población de la periferia vivía por debajo de los umbrales de pobreza. Es en estas zonas donde las autoridades locales, en asociación con los actores emergentes, buscan organizar formas de sinergia –de empowerment, para retomar el término en boga en Estados Unidos ¾ para enfrentar los problemas de pobreza, desempleo y exclusión (Prévôt Schapira, 2000a y 2000b).

3. Un modelo que genera pobreza y desempleo

En junio de 1999, una evaluación del Banco Mundial llamada Argentina Poverty Assessment provocó el escándalo, pues según este documento más del 40% de los 37 millones de argentinos se encuentran debajo del umbral de pobreza. En Buenos Aires, la encuesta de hogares (EPH) del INDEC de mayo de 1991 muestra que los pobres y los indigentes representan respectivamente el 27% y el 7% de la población de la aglomeración (López, 1999). Es en los suburbios, y particularmente en las municipalidades de la segunda corona, donde estas formas de pobreza alcanzan los niveles más altos. En mayo de 2002, la población por debajo del límite de pobreza representaba el 48% de las familias en el Conurbano, y sobrepasa el 60% en los municipios de La Matanza, Florencio Varela, Merlo, Tigre y Moreno, contra un 13,4% de las familias en la Capital. Es sin embargo ahí donde el emprobrecimiento es más rápido: el aumento de personas sin techo, de cuyo alojamiento el gobierno de la ciudad se hace cargo, crece incesantemente, dando lugar a una nueva categoría para denominar a los pobres, típicamente porteña: los "hotelados".

En efecto, el crecimiento económico en los años ‘90 no frenó la pobreza, sino todo lo contrario. Desde hace años asociada a la marginalidad, se extiende ahora a un estrato híbrido, el de los "nuevos pobres". Si en los años ‘80 la "desestabilización de los estables" y "la vulnerabilidad de las masas" estuvieron ligadas a la vertiginosa baja de los ingresos por la hiperinflación, en adelante ellas se asocian al aumento del desempleo: "Conserva los estigmas de una sociedad subdesarrollada y adquiere aquellos de una sociedad moderna [...]. No solamente el crecimiento de la pobreza se debe a una insuficiencia de creación de empleos, sino que la duración del crecimiento es problemática" (Salama, 1998). Luego de casi diez años de crecimiento (1991-1998), "se conjugan en Argentina, a la vez una fuerte alza del ingreso por habitante y una fuerte caída de la inflación desde el inicio de la década, con un desempleo alto y un aumento de la pobreza"10.

Pues aquí, como en numerosos países de América Latina, los efectos de la globalización se incorporan al final del modelo de sustitución de importaciones, transformando radicalmente la organización del mercado de trabajo. La desindustrialización versus la terciarización caracterizan, según Sassen, a la ciudad global. En Argentina, este proceso de desindustrialización que se inicia en los años ‘70 golpea principalmente al Conurbano, donde se encontraban concentradas las industrias. La región metropolitana fue y se conserva como la región industrial más importante de Argentina, pero las políticas monetaristas de la dictadura, el difícil recomienzo de los años ‘80 y la hiperinflación llevaron al cierre masivo de industrias (cristalería, automóvil, textil) y transformó las viejas comunas obreras de la primera corona en verdaderos "cementerios industriales" (Avellaneda, La Matanza, General San Martín). Los pequeños talleres se transformaron en quioscos. Entre 1974 y 1985 la ciudad perdió un tercio de sus empleos industriales. Esta caída se mantuvo entre 1985 y 1994, periodo en que se registra una baja de 23% de obreros, que pasan de 650.000 a 490.000, decapitando al mismo tiempo los grandes grupos sindicales de los suburbios (Borello et al., 2000). En la Capital la caída fue aún más rápida entre 1993 y 1999. Sin embargo, el sector industrial representa aún el 14% de la PEA, cifra no despreciable.

A esto se suman las medidas de ajuste (plan de convertibilidad, apertura económica, privatizaciones masivas, reforma del Estado) que se llevaron a cabo de forma brutal a principios de los años ‘90. Éstas tuvieron su mayor impacto en la aglomeración de Buenos Aires, donde la privatización de las empresas de servicios urbanos se tradujo en el despido masivo de más de la mitad del personal.

De la reestructuración del mundo laboral resulta el desarrollo de la precariedad en el seno mismo del sector asalariado, así como la aparición del desempleo, cuya tasa pasa de 6% en 1991 a 18% en 1995, para el conjunto metropolitano. En un país que había conocido el pleno empleo hasta los años ‘80, la progresión masiva y precipitada de los sin trabajo, en un periodo de recuperación económica, no se explica solamente por los despidos, sino también por la entrada de nuevas categorías al mercado de trabajo (jóvenes y mujeres), y por el hecho que más del 20% de los demandantes de trabajo son trabajadores que buscan un segundo empleo para compensar la baja en sus ingresos, en un contexto de alta flexibilización y externalización de buena parte de las tareas de producción y servicios (Becaría & López, 1996). Precariedad e informalidad son particularmente fuertes en las PYMES de la construcción, del comercio y del sector gastronómico.

No obstante, el desempleo masivo no se tradujo en un crecimiento proporcional del sector informal, sino en su profunda transformación. El sector se "profesionaliza", se "asalariza" y se "masculiniza". Se observa, en efecto, un fuerte avance del sector informal en el seno mismo del sector formal con la multiplicación de contratos precarios ("contratos basuras") y "empleos vacíos" (empleos "truchos"), que no respetan la ley del trabajo, y la integración de los pobres a programas de tipo workfare (Plan Barrios, Plan Trabajar), sin ninguna protección social (Prevôt Schapira, 2000). En 1998, el número de asalariados sin prestaciones sociales representaban el 37% de la PEA.

En fin, la informalidad no concierne solamente a las actividades normalmente consideradas como precarias, sino también a trabajos calificados en relaciones de empleo altamente precarizadas, especialmente para los jóvenes que entran a la vida activa (arquitectos, diseñadores, periodistas, técnicos, etc.). Asimismo, junto a lo que algunos han denominado "la economía popular" ¾hecha de estrategias de supervivencia, de ingenio, de tráficos y de recuperaciones, de pequeños trabajos y de prácticas solidarias ¾ se ve desarrollar una informalidad poderosa en el vasto grupo de los "sin trabajo". Ella se articula con nuevos sectores de la economía avanzada (servicios de mantenimiento a las empresas) dirigida a hogares acomodados ¾las "nuevas elites urbanas" ¾ en relación con las nuevas formas de consumo y de esparcimiento (distribuidores de pizza, paseadores de perros, mensajeros, restauradores, etc).

Esta precariedad ha sido un factor amplificador de la crisis y del fuerte aumento de la pobreza en la región metropolitana, ya que este sector fue brutalmente golpeado por el congelamiento de las cuentas bancarias, por la falta de liquidez que afecta en primer lugar a los trabajadores en el mercado negro así como a aquellos que viven de pequeños trabajos, y sumerge a todo un grupo de trabajadores informales en la indigencia11. En mayo de 2002, en la aglomeración de Buenos Aires, 850.000 personas recibieron el subsidio del nuevo plan de lucha contra la pobreza, llamado "Jefes y Jefas de Hogar", organizado en una situación de urgencia social en abril de 2002. Los jefes de familia sin recursos ¾2 millones en todo el país ¾ reciben una suma de 150 pesos por mes.

Estas cifras subrayan la amplitud de la crisis. Es en el área metropolitana donde la agravación del desempleo fue más sensible. En el 2001 se retornó a las tasas de 1995, posteriores al "efecto tequila", sin excluir ninguna categoría ni ningún espacio. Como en el caso de la pobreza, fue en la Capital donde ese aumento ha sido más vertiginoso. Sin embargo, la tasa se mantiene muy inferior (14%) a la del Conurbano, que sobrepasa hoy en día el 25%, ya que está en relación directa con la destrucción de puestos de trabajo en la Capital: 170.000 puestos desaparecen en el año 2001, de los cuales más de la mitad eran trabajadores residentes en el Conurbano, en general poco calificados, en situación precaria, trabajando en su mayoría en el sector de la construcción y de los servicios domésticos.

En lo que respecta al espacio del Conurbano, un estudio del INDEC de 1994 demostró la fuerte polarización de los primeros efectos de la "nueva economía", arrastrando en su dinámica de terciarización financiera y de servicios avanzados los suburbios del norte ¾los más prósperos ¾, mientras que las municipalidades pobres de la segunda corona veían aumentar brutalmente la precariedad y el desempleo (Morano & Lorenzetti, 1997). Hoy en día el desempleo afecta a más de 1,1 millones de trabajadores, llegando a tasas de 30% (incluso 40%) en los espacios más marginalizados ¾las villas y los asentamientos ¾, pero sin evadir más a los arrabales consolidados de la primera corona (Lanús, Avellaneda) ni a aquellas más ricas del norte. Al contrario, es en esa zona donde estas cifras han aumentado más rápido en el último año (según datos de Consultora Equis para mayo de 2002).

¿Qué debe retenerse de todos estos datos?

Ante todo, que las viejas oposiciones (centro-periferia, norte-sur, primera-segunda corona) se endurecieron, como lo muestran los indicadores de ingresos, salud y mortalidad infantil. En todo caso, a estas oposiciones tradicionales vienen a superponerse nuevas "fronteras" ligadas a la difusión de la pobreza y a la pauperización de partes enteras de la sociedad. En fin, la evolución económica del último decenio demuestra que no se puede asimilar mecánicamente crecimiento de la pobreza y desigualdades, y que es necesario comprender cómo estas dos variables juegan en el tiempo y en el espacio.

La desigualdad radical entre la capital y el Conurbano es un hecho conocido. El "mapa de pobreza" publicado en 1984 por el gobierno de Alfonsín mostraba una clara espacialización de la pobreza en las comunas de la segunda y la tercera corona. A medida que nos alejamos del centro, más empeoran las condiciones de vida. Pero, más allá de la distancia del centro (esquema concéntrico), conviene igualmente recordar el papel mayor de los grandes ejes de circulación en la geografía de la exclusión. El mapa de las zonas de tarificación de Obras Sanitarias de la Nación antes de su privatización, así como el construido por IIED-AL a demanda de la empresa privada Aguas Argentinas ¾por lo tanto, en los límites de su concesión12  ¾, muestran la importancia de estos niveles socioeconómicos en el Conurbano (mapas 2 y 3). Es en las zonas intersticiales de difícil accesibilidad, en las cuales se sitúan las áreas más pobres ¾débilmente pobladas ¾ y en las zonas inundables donde se encuentran numerosos terrenos vacantes. Pero es en estas mismas zonas donde surgieron las urbanizaciones privadas en los últimos años, dando lugar a nuevas formas de segregación.



4. Polarización y fragmentación

La aparición de espacios más fragmentados en la periferia ha dado lugar a numerosos debates, ya que la segregación conlleva dinámicas que modifican las fronteras internas de la ciudad y las relaciones entre territorios urbanos. En Argentina se ha escrito mucho sobre los "nuevos pobres" (Minujin & Kessler, 1995), pero por el contrario, la espacialización de las nuevas formas de pobreza urbana ha sido poco estudiada, como si nos hubiésemos quedado en la ecuación simple del pasado: "villa" = pobreza = ilegalidad. Sin embargo, la observación de la ampliación de las formas de pobreza en la ciudad muestra que la dilución de la pobreza, por el contrario, no significa uniformización.

4.1. Ciudad dual/ciudad fragmentada

Algunos autores (Sassen, 1991; Mollenkopf & Castells, 1992) hacen de la globalización el paradigma explicativo de un proceso mayor de dualización de la estructura social y espacial de las metrópolis. El análisis de la ciudad dual se basa en la siguiente hipótesis: las evoluciones económicas que caracterizan las global cities (financierización, desarrollo de servicios "avanzados" y de comando) desembocan en una polarización creciente entre los pobres y los ricos, en razón de la declinación de las clases medias que habían sido en gran medida el pilar de la ciudad fordista. Hay que recordar que América Latina (más allá de sus especificidades) conoció sus "treinta gloriosos", y que el periodo de gran crecimiento urbano corresponde a los años ‘40 a ‘60, es decir, el periodo de desarrollo de las industrias de sustitución de importaciones, de los asalariados y de la clase media.

A su vez, la fragmentación pone de relieve la complejidad del cambio que se está llevando a cabo hoy en día en las grandes ciudades latinoamericanas. La idea es que la posición social no determina ahora la posición geográfica, que la sociedad en "archipiélago" produce una superposición de diferentes espacios y da una visibilidad acrecentada a las diferencias. También ¾paralelamente al proceso de metropolización y de apertura ligados a la globalización ¾ se desarrollan en el interior de la ciudad lógicas de separación y nuevas "fronteras urbanas" (Smith & Williams, 1986). La materialización cada día más visible de las lógicas de separación, de evitación y de archipielización ¾los muros, las rejas, las barreras, las "aduanas privadas" ¾ han contribuido sustancialmente a la trivialización del término. La idea de fragmentación permite establecer un vínculo entre las dinámicas espaciales ligadas a la metropolización (expansión, movilidad, surgimiento de nuevas centralidades) y el estallido de la unidad, resultante de la agravación de las desigualdades sociales, de las formas de desolidarización y de los reagrupamientos por afinidades (Navez-Bouchanine, 2002).

En Buenos Aires, la crisis primero y luego ¾paradójicamente ¾ los años de crecimiento fueron profundizando las rupturas al interior del amplio abanico de las clases medias y del espacio metropolitano, produciendo una fuerte polarización entre aquellos que fueron arrastrados por las huellas del crecimiento y los "nuevos pobres". En efecto, la "nueva pobreza", que hizo su aparición en los años ‘80, resulta de un doble proceso: la caída generalizada de los ingresos de todas las categorías profesionales y el aumento de las diferencias salariales al interior de cada categoría profesional. Igualmente, la pauperización de una parte de las clases medias, en un país en donde ellas habían sido las creadoras de la idea de Nación y de su modelo histórico cultural, se conjuga con la sedimentación de la pobreza estructural (Kessler, 1998). La "nueva pobreza", más difusa y más escondida que la pobreza estructural, modifica los usos y las prácticas de la ciudad. Estos mecanismos evolucionaron paralelamente al retiro del Estado de varios sectores ¾privatización de los grandes servicios urbanos (agua, gas, luz, metro, trenes suburbanos), deterioro de la escuela pública y de la protección social ¾, lo que se manifiesta a través de un debilitamiento de la cohesión social.

¿Cómo esta gran complejidad de formas de pobreza y su ampliación actúa sobre el desarrollo de los diferentes "pedazos" de la ciudad? ¿Puede hablarse de un nuevo modelo urbano, más excluyente, más fragmentado, de una ciudad dual? En varios casos, la tesis de la dualización espacial es sostenida a partir del estudio que pone el acento en la polarización en dos extremos; por un lado, los barrios cerrados y gentrificados, y por el otro, lo que en Francia se llama los "barrios de la relegación". Esto también ha ocurrido frecuentemente en el caso en Buenos Aires, donde en estos últimos años han florecido los estudios sobre barrios privados, dado el carácter inédito y sintomático de estas nuevas urbanizaciones. De todas maneras, comprender los cambios en la ciudad de Buenos Aires obliga a recordar la singularidad de la urbanización y las formas de integración que ella había significado para las poblaciones migrantes venidas del otro lado del Atlántico, y luego del Interior.

4.2. Las antiguas formas de integración de los barrios populares

En la década de 1880, cuando Buenos Aires se convierte en la capital de la Federación Argentina, el desarrollo de la ciudad como un todo era el resultado de un proyecto público. La cuadrícula que permite a la ciudad extenderse al infinito constituye una matriz en la cual se inscriben el crecimiento urbano y el ascenso social (Gorelik, 1998). La grilla pública disciplina la expansión urbana (urban sprawl) cuando la ciudad, en los años 1930, franquea la Avenida General Paz que contorneaba la capital, y se desarrollan loteos populares en la periferia. En varios aspectos, la urbanización extramuros se parece a los barrios suburbanos pavillonnaires (loteos de casas pequeñas) del periodo entreguerras de la región parisina (Fourcaut, 2000). Mezcla de laisser faire y de intervención pública, entre el orden del plano en damero y el bricolage de la autoconstrucción y la autourbanización, este tipo de crecimiento urbano ha permitido el acceso masivo a la propiedad y a la casa propia.

Este acceso fue posible por una serie de políticas implícitas del Estado (subvenciones al transporte suburbano, créditos baratos y legislación poco restrictiva) y la acción colectiva de los habitantes (Torres, 1993). Durante el periodo de expansión de los loteos económicos entre 1947 y 1967, el número de propietarios en la periferia de Buenos Aires pasó de 27% a 67%, situación comparativamente excepcional con la de otros países de América Latina. Indudablemente, la existencia de villas y de loteos pobres sin infraestructura mostraron los límites de los mecanismos de integración. Existían grandes diferencias en la ciudad ¾incluso fronteras ¾, pero que se creía podían ser franqueadas gracias a la muy alta movilidad social de los años ‘50 a ‘70, en un periodo de pleno empleo. Este proceso fue fundador, más que en cualquier otro lugar de América Latina, de una forma de civilidad y de una adhesión a los valores del "fomentismo" (Clichevsky et al., 1990).

Hemos analizado en otros escritos el fin de este modelo de acceso a la tierra (Clichevsky et al., 1990). A partir de los años ‘70 los promotores dejan de lotear para las poblaciones de ingresos bajos. Esto, porque en los años ‘80, en un contexto de empobrecimiento, las grandes ocupaciones de tierra empiezan a confundir la frontera entre las villas y los barrios.

4.3. Barrios, villas, asentamientos, loteos populares

En los años ‘80 se produjeron cambios importantes en la espacialización de la pobreza, tanto en la Capital como en los suburbios. Por largo tiempo, el término "villas" había sido la forma de designar el problema de la pobreza, dando una lectura dual a toda la ciudad. Sin embargo, hoy en día la pobreza no puede ser pensada más en términos de enclaves, sino más bien en términos de gradientes, como un fenómeno que se extiende y cruza las fronteras entre los barrios e incluso los islotes. En la Capital, a partir de un trabajo cartográfico, los estudios de Torres (1993) revelan que si bien entre el censo de 1947 y el de 1980 se observa una mejoría más fuerte en la Capital que en la periferia, la situación cambia en el decenio de 1980. Los barrios de pequeñas clases medias de un lado y otro de la Avenida Rivadavia se degradan visiblemente. Las "villas miseria", cuyas poblaciones habían sido "deportadas" hacia la periferia lejana durante la última dictadura (1976-1983), se repueblan. Los datos del último censo del 2001 muestran su densificación. Los squatts se multiplicaron (alrededor de 150.000 personas) en los barrios centrales degradados y en el sur de la ciudad.

En el Conurbano, en la medida en que ni el sector privado ni el público toman en cuenta la alta demanda de tierra y de vivienda por parte de los sectores populares y de pequeñas clases medias empobrecidas (cada vez más a menudo desocupados), prosiguen las ocupaciones de tierra (asentamientos), como en todas las grandes ciudades latinoamericanas, por invasiones de terrenos vacantes, numerosos en el espacio de la periferia. Fenómeno inédito en la Argentina, esta nueva forma de acceso a la tierra y a la vivienda se inscribe entre las dos figuras del hábitat popular: la villa y el "barrio". El estudio de Merklen (2001) sobre las ocupaciones de tierra de La Matanza muestra que los ocupantes vienen de horizontes diferentes, de villas y de barrios de loteos pobres de los alrededores. Son en la mayoría de los casos jóvenes en situación de inestabilidad y vulnerabilidad, que quieren entrar en la normalidad; no ser villeros. El carácter estratégico y comunitario de las prácticas colectivas de los ocupantes revela una doble lógica, a la vez instrumental (obtener la tierra) y expresiva (el reconocimiento social). La dinámica de la acción colectiva se centra en la construcción del barrio. Esta estrategia se constituyó, después de veinte años, como una respuesta a las categorías populares de falta de trabajo, y para cubrir los vacíos dejados por las instituciones, dotando a los barrios de guarderías, dispensarios y comedores. En la adversidad, el barrio es el principal lugar de retiro y de inscripción colectiva. El movimiento piquetero hereda estas formas de organización. Es hoy en día a partir de estos territorios donde se organiza la participación para cortar las rutas, y las negociaciones para obtener atribuciones en los planes sociales. Quince años después de la ocupación se ve un progreso notable en la urbanización de estos asentamientos, a los que hasta hace poco nada o casi nada distinguía de los loteos pobres típicos que también buscan convertirse en un barrio. Es en este "entre dos", en las antiguas zonas de loteos populares, entre los "territorios de la pobreza" o percibidos como tales, es decir en las villas y asentamientos y los barrios privados, donde se llevan a cabo los procesos de atomización disolvente que deshacen la ciudad.

4.4. Las lógicas de delimitación

Para las poblaciones empobrecidas, se trata de reafirmar las fronteras entre "ellos" y "nosotros" en situaciones de proximidad, que exacerban las diferencias y la necesidad de "distinción". En las zonas de casitas modestas, el miedo a la exclusión acentúa las "lógicas de delimitación" (Villechaise, 1997). Esto, porque el empobrecimiento y el desempleo rompen el esquema bipolar anterior: de un lado los asalariados y del otro los pobres asistidos, mientras que paradójicamente la relación compleja de situaciones de pobreza exacerba las diferencias. Así, múltiples y nuevas fronteras atraviesan los espacios de la periferia, separando a los pobres de los menos pobres, los villeros de los habitantes de asentamientos, los propietarios de los no propietarios. El destino incierto de los loteos pobres situados en las orillas de la ciudad entre barrio y villa, desencadena lo que se puede calificar como "síndrome de pequeños blancos" en los habitantes urbanos con respecto a los habitantes del campamento vecino, el cual se quiere delimitar a cualquier precio, poniendo fronteras visibles como en los barrios de la periferia norte. Así, a 50 kilómetros del centro de la capital, en el ex-municipio de General Sarmiento, en Cuartel Dos, los vecinos instalaron una pequeña garita de seguridad cuidada por policías en retiro. Luego, la tienda empezó a venderle a sus clientes tras barrotes y varias casas pusieron rejas en sus puertas y ventanas. En cambio, los lazos de vecindad para llevar a cabo acciones colectivas son muy limitados, ya que la solidaridad de un barrio no puede funcionar sin mediaciones institucionales (salud, educación, servicios urbanos). Pero son estas mediaciones que cada vez hacen más falta.

A la antigua división entre propietarios (barrios) y no propietarios (villas) se superponen múltiples fronteras en el seno de espacios muy a menudo considerados como homogéneos, como los asentamientos o villas. Diferencias sutiles en la apariencia del barrio, las casas o el acceso a servicios son presentadas por los habitantes como signos de pertenencia o de exclusión.

4.5. Los barrios privados: ¿una forma de no solidaridad activa?

La evolución de los barrios suburbanos de viviendas individuales, ¿va en el sentido de la tesis de Sassen acerca del declive de la clase media, que caracterizaría a la ciudad dual? Sí, si consideramos que al mismo tiempo y en espacios cercanos se desarrollan con rapidez sorprendente formas residenciales
-clubes de campo, barrios privados, countries en altura o torres-jardín- que se pueden reagrupar bajo el término de "urbanizaciones privadas". Este fenómeno constituye la otra cara de la ciudad global. Los grupos favorecidos por el crecimiento económico ¾los "ganadores" ¾ son, en muchas formas, los productores y consumidores de los nuevos estilos de vida y de ciudad. Estos grupos están compuestos, en su gran mayoría, por profesionales asociados a las nuevas competencias (generadores de conceptos, administradores, los symbolic analysts de los cuales habla Reich, 1993), que trabajan en su gran mayoría en las empresas más implicadas en la globalización. ¿Se corresponde esta suerte de clase media alta (upper middle class) con la "clase de servicios" definida por la sociología anglosajona? En el caso de Argentina, Svampa (2001) enfatiza que esta categoría debe ser repensada a la luz de las fuertes turbulencias que sacuden la sociedad argentina y que fragilizan incluso a los sectores competitivos situados en la cúspide de la pirámide. Sea como sea, en respuesta a la incertidumbre creciente, el nuevo estilo de vida del cual es portadora esta "clase de servicios" se caracteriza por una desafección creciente por la vida pública, así como por un retorno a la esfera privada.

A semejanza de lo que pasa en otras metrópolis latinoamericanas, el decenio de 1990 ha visto el crecimiento rápido de formas privadas de urbanización: clubes de campo, barrios cerrados. Rodeados de muros, protegidos por guardias, los "barrios cerrados" se ubican de manera privilegiada en la periferia lejana, a una cincuentena de kilómetros del centro, a lo largo de tres grandes ejes de autopistas que sirven a la Capital. Con sus 55.000 vehículos por día, la Panamericana ha acelerado la aparición en Pilar de una especie de edge-city (Garreau, 1991) en el suburbio extremo oeste, con sus barrios privados, universidades, salas de cine múltiplex, parque industrial, shopping center y cementerio privado (Thuillier, 1998).

La privatización del espacio público ¾convertido en "necesario" por razones de exclusividad y de seguridad a los ojos de ciertos grupos ¾ plantea la pregunta sobre la nueva legislación que rige estos nuevos territorios. Pues esta forma de suburbanización, a diferencia de la descrita por Hoyt (1939) en las ciudades americanas de los años ‘20, no se hace ¾ya lo hemos dicho ¾ sobre tierras vírgenes, sino en los bordes de una inmensa metrópolis caracterizada por un proceso anterior de urbanización popular, de periferias habitadas por poblaciones empobrecidas, lo que hace necesario cerrar los espacios y vigilar las entradas. Paradójicamente, mientras la inseguridad gangrena la vida de los loteos pobres de los suburbios a merced de la "maldita" bonaerense, y Buenos Aires se mantiene como una de las ciudades más seguras de América Latina, el discurso de la inseguridad ha alimentado este movimiento de partida hacia la periferia13. Pero los countries hacen su propia policía. Todo pasa como si el Estado no respondiera a las expectativas de seguridad de ciertos grupos y hubiese abandonado sobre ciertos espacios ¾las villas, los loteos pobres de la periferia y los barrios privados ¾ el monopolio de la violencia legítima.

Con una rapidez sorprendente, un nuevo imaginario urbano cambia la ciudad. Las urbanizaciones privadas se extienden, hoy en día, sobre una superficie de 300 km2, lo que significa que en casi 10 años la región metropolitana ha visto crecer su superficie en 10% y contempla alrededor 30.000 familias. En la lógica de la expansión urbana comenzada en los años ‘40, los promotores utilizaron las vastas tierras dejadas vacantes en la gran avanzada de loteos populares de los años ‘40-‘60. Estas tierras baratas, que ganaron accesibilidad con la construcción de las autopistas, se constituyeron en el producto inmobiliario más rentable de estos últimos años. Pero a partir de 1999, la oferta pasó a ser ampliamente superior a la demanda, cuando la recesión y luego la crisis paralizan el mercado de estos nuevos productos inmobiliarios, y el suburbio apareció como más y más lejano, pobre y peligroso.

Algunos utilizaron, a propósito de este movimiento de repliegue, el término de "secesión" (Donzelot et al. 1999). La secesión supone un movimiento en cierta forma inverso a aquel de la segregación que significaba relegar a los pobres a ciertos espacios; aquí son los "ricos" los que se retiran, los que se ponen a distancia de los pobres para alejar cualquier tipo de conflicto. Este movimiento puede ser interpretado como la expresión espacial de la voluntad de ciertos grupos de no pagar por otros, de denunciar un cuadro político que se torna restrictivo, tras la idea de desarrollar una solidaridad "entre sí". En la misma lógica, paralelamente a la creación de barrios privados, se observa la expresión de localismos vigorosos en las zonas residenciales de los suburbios, enclavados en municipios pobres que han favorecido la creación de nuevas comunas (Ituzango, Hurlingham). A semejanza de las "regiones que ganan", una suerte de conciencia de clase hizo su aparición en las zonas acomodadas que manifiestan su hostilidad a las políticas llevadas a cabo por algunas municipalidades.

Estas "secesiones" al borde de la ciudad, ¿están en contradicción con el proceso de gentrificación que supuestamente caracterizaría a la "ciudad global"? (Sassen, 1996). A diferencia de otras capitales latinoamericanas, Buenos Aires no conoció una retirada masiva hacia los suburbios residenciales de clases acomodadas, que permanecen aún muy concentradas en el Barrio Norte y su extensión periférica norte. El proceso de gentrificación en los barrios degradados partió lentamente en el sur de la ciudad. No pasa lo mismo en los barrios "típicos" como Palermo Viejo y Palermo Hollywood, donde los restaurantes se multiplicaron y donde se reciclan viejas casas de principio de siglo ("casa chorizo") para una población "de moda", valorizando la idea de "barrio", tomada acá en el sentido antropológico y casi mítico del término: veredas, árboles, comercios de cercanía, vecinos, calma, "café de la esquina". Evidentemente, todas cosas que desaparecen a paso rápido con el surgimiento espectacular estos últimos años de las torres y de los shopping centers ligados a las nuevas formas de consumo y de sociabilidad, pero que se ven "salvaguardadas" ¾incluso revitalizadas en ciertas partes de la ciudad ¾ por la gentrificación.

5. Conclusión

Para retomar la pregunta inicial, a saber, en qué medida la crisis permite avanzar en la reflexión sobre una nueva geografía social de la aglomeración de Buenos Aires, me gustaría concluir con algunas pistas de reflexión.

Primero, la crisis ha golpeado de manera visible y violenta la "cabeza de Goliat", el corazón mismo del sistema. La ciudad de Buenos Aires, durante mucho tiempo protegida de la pobreza, del desempleo y de la inseguridad, donde se había concentrado el crecimiento económico, se ve hoy en día considerablemente fragilizada. La brutalidad de los efectos de la crisis subraya la extrema vulnerabilidad del modelo de los años de la convertibilidad, más especulativo que productivo, sometido a la buena voluntad de los capitales y de las empresas privadas que abandonan el país o ciertos espacios cuando el sistema cae y diminuye la tasa de ganancia. Ella también modera el discurso sobre las virtudes de la gran ciudad, sobre su capacidad de adaptación a la incertidumbre y a la imprevisibilidad de una economía cada vez más volátil, así como su capacidad de zafarse del territorio nacional para proyectarse en el espacio globalizado del "archipiélago megalopolitano mundial".

La crisis mostró que a pesar de la aspiración de algunos de ver la Capital acceder al rango de global city, Buenos Aires es la capital de un país en crisis, un relevo secundario en el sistema financiero globalizado con intercambios limitados, tanto que permitió a los organismos internacionales creer por un tiempo que la crisis argentina no planteaba el riesgo de contagio. Las "grandes" operaciones urbanísticas ¾modestas con respecto a otras grandes metrópolis mundiales ¾ mantuvieron esta ilusión.

Por otro lado, la crisis fue tan brutal que los años de recuperación económica no fueron utilizados para construir políticas públicas "anticíclicas" ¾como dicen los economistas ¾, permitiendo amortiguar los efectos y garantizar un mínimo de solidaridad tanto en vivienda, transporte público, reducción de las desigualdades entre el norte y el sur, fiscalidad, etc. Si bien la aparición de un movimiento ciudadano denunciando las grandes maniobras especulativas en la gestión de Carlos Grosso permitió el surgimiento de una fuerza de oposición, la oposición transformada en gobierno de la ciudad autónoma no ha invertido verdaderamente el curso de las cosas. Las nuevas autoridades han permanecido también embriagadas por el discurso de la ciudad global14, sin otro proyecto que el de atraer, una vez tras otra, a los inversores. No subestimamos la voluntad de reformas ni las dificultades de su aplicación. Se abrieron proyectos como el de la descentralización o de las políticas culturales, pero en conjunto las políticas no estuvieron a la altura de las ambiciones pregonadas ni de las potencialidades de la ciudad de Buenos Aires15. En fin, el gobierno de la ciudad ¾más allá de ciertos discursos acordados ¾ ignoró la realidad metropolitana, o más bien ella fue pensada básicamente en términos de los costos de la centralidad (utilización de las escuelas y los hospitales por parte de los habitantes de los suburbios) y no como una oportunidad para desarrollar equipamientos y nuevas centralidades.

5.1. ¿Se puede pensar Buenos Aires sin los suburbios?

La crisis recordó, a su vez, la radical fractura social entre la Capital y los suburbios, pero también, por defecto, la importancia de la dimensión metropolitana y de las relaciones funcionales entre la ciudad central y el Conurbano. Es un mismo y vasto mercado de trabajo. Los cartoneros que "desembarcan" cada noche en la capital vienen por el tren "Mitre" de villas instaladas a lo largo del río Reconquista16. Más generalmente, es alrededor de un millón de habitantes de los suburbios que llega cada día para trabajar en la ciudad ¾centro. La crisis financiera porteña afectó inmediatamente el empleo en la periferia. Pero aquí, a diferencia de la Capital, la pobreza y el desempleo atacan de forma diferenciada los espacios empobrecidos de los suburbios, donde las tasas de pobreza, incluso en los mejores momentos de la recuperación, no bajaron de 20%; donde barrios enteros no tienen infraestructura, transporte público, redes de agua potable y saneamiento; un espacio confrontado a la desocupación masiva desde 1996. Porque durante la convertibilidad, frente a los cambios económicos y políticos que conoció la ciudad, los suburbios aparecían más lejanos, cogidos en las mallas de una gestión asistencialista y clientelista (Plan Vida, Plan Trabajar, Plan Barrios bonaerense, bolsa de comida). En febrero del 2002, los habitantes de la Capital han visto desfilar estupefactos columnas de piqueteros venidos de las comunas pobres del Gran Buenos Aires (La Matanza, Florencio Varela), enmarcados en fuertes organizaciones, para exigir trabajo y planes de ayuda social.

En fin, la información reciente sobre la crisis permite esclarecer las relaciones entre pobreza y desigualdades, ya que una y otra han evolucionado de manera distinta en estos dos espacios. La recuperación económica fue más lenta en el Conurbano, donde la pobreza llega a su punto más bajo en 1994, para aumentar de nuevo a partir de 1996 y saltar de forma significativa a partir de 1998. Pero incluso cuando la pobreza estuvo en su punto más bajo, ella era claramente superior a la de la Capital, del mismo modo que se observan grandes diferencias entre las municipalidades de la primera y la segunda corona. En cambio, durante los años de crecimiento las desigualdades aumentan, y el motor de las desigualdades territoriales se ubica en el "corredor norte" de la ciudad. Ellas aparecen más como resultado de una concentración de la riqueza en ciertos espacios que como el empobrecimiento en las comunas pobres. Dicho de otra forma, la desigualdad es una de las facetas del desarrollo, y también la recesión afecta más violentamente los espacios más ricos, es decir la capital, que presenta los niveles más altos de riqueza y desigualdades.

En lo que concierne a la geografía de la pobreza, la constatación es doble. Se observa en el tiempo una hiperconcentración de la pobreza en ciertas zonas ¾los bolsones de pobreza ¾, pero en periodo de recesión no es allí donde aumenta con mayor rapidez. La pobreza se difunde en los barrios de las pequeñas clases medias, una pobreza que se esconde, la de los "gasoleros" y de los que frecuentan los clubes de trueque. Ella no se inscribe solamente en perímetros bien circunscriptos de la villa, del asentamiento o aun del loteo con fuerte proporción de NBI. Sin embargo, las políticas asistenciales territorializadas puestas en marcha en el último decenio ¾el Plan Vida y el sistema de control por las manzaneras ¾, cuya meta eran los "territorios de la pobreza", no pueden enfocar esta pobreza más difusa. La ampliación masiva de la pobreza obliga a aplicar nuevos dispositivos. Es en parte así que debe entenderse el vasto plan de ayuda social lanzado con urgencia en abril de 2002 –el plan "Jefes y Jefas de Hogar"–, dirigido a los individuos y ya no a los territorios específicos.

6. Referencias bibliográficas

Borello, J. A., M. Vio y F. Fritzsche (2000). "La geografía de la industria en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Un análisis de los últimos censos económicos (1985-1994)", Serie Informes de Investigación Nº 10, Instituto del Conurbano, UNGS.         [ Links ]

Capron, G. (1998). "Les centres commerciaux à Buenos Aires. Les nouveaux espaces publics de la ville à la fin du XXe siècle", Les Annales de la Recherche Urbaine, 78: 55-63.         [ Links ]

Centro de Estudios para el Desarrollo Económico Metropolitano (CEDEM) (2002). Coyuntura Económica de la Ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires: CEDEM.         [ Links ]

Clichevsky, N., M. F. Prévôt Schapira y G. Schneier (1990). Loteos populares, sector inmobiliario y gestión local en Buenos Aires. El caso del Municipio de Moreno. Buenos Aires: CEUR/CREDAL.         [ Links ]

Cicollela, P. (1999). "Globalización y dualización en la región metropolitana de Buenos Aires. Grandes inversiones y reestructuración socioterritorial en los años 90", Eure, 25, 76: 5-27.         [ Links ]

Donzelot, J., F. Godard, F. Ascher y M. C. Jaillet (1999). "Quand la ville se défait", Esprit, 258.         [ Links ]

Fourcaut, A. (2000). La banlieue en morceaux. La crise des lotissements défectueux en France dans l’entre-deux-guerres. Crest: Ed. Creaphis.         [ Links ]

Garreau, J. (1991). Edge city, life on the new frontier. New York: Anchor Books, Doubleday.         [ Links ]

Gorelik, A. (1998). La grilla y el parque. Espacio público y cultura urbana en Buenos Aires, 1887-1936. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.         [ Links ]

Hoyt, H. (1939). The structure and growth of residential neighbourhoods in American Cities. Washington D.C.: US Federal Housing Administration.         [ Links ]

Kessler, G. (1998). "L’appauvrissement des classes moyennes en Argentine", tesis para optar al grado de Doctor en Sociología. París: EHESS.         [ Links ]

Legrand, C. (2002). "Los Fantasmas de Buenos Aires", Le Monde, 21 de septiembre.         [ Links ]

López, A. (1999). "Pobreza e indigencia en el GBA. Evolución de los años 1998/1999", Equis, agosto.         [ Links ]

Morano, C. & A. C. Lorenzetti (1997). "El Conurbano Bonaerense y sus espacios sociales: Impacto de los cambios en el mercado de trabajo", Informe de Coyuntura, N°69. Buenos Aires: Centro de Estudios Bonaerenses.         [ Links ]

Merklen, D. (2001). "Inscription territoriale et action collective. Les occupations de terres urbaines depuis 1980 en Argentine", tesis para optar al grado de Doctor en Sociología. París: EHESS.         [ Links ]

Minujin, A. & G. Kessler (1995). La nueva pobreza en Argentina. Buenos Aires: Planeta.         [ Links ]

Mollenkopf, J. H. & M. Castells (eds.) (1992). Dual City: restructuring New York. New York: Russel Sage Foundation.         [ Links ]

Navez-Bouchanine, F. (dir.) (2002). La fragmentation en question: des villes entre fragmentation spatiale et fragmentation sociale. París: Ed. de L’Harmattan.         [ Links ]

Prévôt Schapira, M. F. (2000a). "Segregação, fragmentação, secessão: a nova geografía social de Buenos Aires", Novos Estudos, 56: 169-183.         [ Links ]

__________________(2000b). "Du PAN au plan de justice sociale. Les politiques de lutte contre la pauvreté dans les banlieues de Buenos Aires", Les Annales de la Recherche Urbaine, 86: 133-143.         [ Links ]

_________________ (2001). "Buenos Aires: métropolisation et nouvel ordre politique", Hérodote, 101: 122-152.         [ Links ]

Reich, R. (1993). L’économie mondialisée. París: Dunod.         [ Links ]

Salama, P. (1998). "De nouvelles causes de pauvreté en Amérique Latine", Problèmes d’Amérique Latine, 29.         [ Links ]

Sassen, S. (1991). The Global City: New York, London, Tokyo. Princeton: Princeton University Press.         [ Links ]

_________ (1997). Conferencia pronunciada en el Coloquio Internacional Hacia una Estrategia para Buenos Aires. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Bs. As., 28 y 29 de agosto.         [ Links ]

Smith, N. & P. Williams (1986). Gentrification of the City. London: Allen and Unwin Edition.         [ Links ]

Svampa, M. (2001). Los que ganaron. La vida en los countries y barrios privados. Buenos Aires: Biblos.         [ Links ]

Torres, H. (1993). "El mapa social de Buenos Aires (1940-1990)", Serie Difusión N°3. Buenos Aires: SICyT, FADU-UBA.         [ Links ]

_________(2001). "Cambios socioterritoriales en Buenos Aires durante la década de 1990", Eure, 26, 80: 33-57.         [ Links ]

Thuillier, G. (1998). "La ville privée: country clubs et quartiers fermés dans le Grand Buenos Aires", Mémoire de DEA, Université de Paris X-Nanterre.         [ Links ]

Veltz, P. (1996). Mondialisation, villes et territoires. L’économie d’archipel. París: PUF.         [ Links ]

Villechaise, A. (1997). "La banlieue sans qualités. Absence d’identité collective dans des grands ensembles", Revue Française de Sociologie, 38: 351-374.         [ Links ]


1 Traducido por Camila Ronderos. Revisado por Marie-France Prévôt Schapira y Carlos de Mattos.

2 Profesora de la Universidad de París 8 y del Instituto de Altos Estudios para América Latina. Investigadora del Credal (Centro de Investigación y Documentación sobre América Latina). E-mail: Schapira@ivry.cnrs.fr

3El análisis sobre los efectos de la crisis de diciembre 2001 se basa en CEDEM (2002).

4El término "aglomeración" surge en los años ’20, cuando los barrios suburbanos se incorporan a los límites de la capital, cuya superficie se cuadruplicó en 1887 con la integración de Flores y Belgrano (200 km2). No es sino hasta los años ‘30 que el crecimiento de la ciudad sobrepasa la Avenida General Paz, que contornea la ciudad. En el Censo de 1947 se definió un nuevo territorio ¾Gran Buenos Aires ¾, el cual reúne a la capital y a las comunas urbanizadas (24 hoy en día.) El término "conurbano" reúne las 24 comunas de la periferia bajo la jurisdicción de Buenos Aires. Es en este límite que se inscribe este estudio. Según los resultados preliminares del Censo 2002, la población de la aglomeración es actualmente 11,5 millones, repartida en 2.768.772 habitantes en la capital y 8.684.953 en el Conurbano.

5La construcción de un gran programa de tours de lujo frente a la reserva ecológica de la Costanera Sur es denunciado fuertemente por las asociaciones ecologistas y los habitantes de la zona sur. Al respecto véase www.sialaresserva.unlugar.ar

6Los terrenos públicos de Tandor, cerca de los muelles de Puerto Madero, fueron vendidos a precios muy bajos al grupo IRSA (Soros).

7Más de la mitad de los hipermercados del país están localizados en la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA).

8La capital reúne el 20% de las filiales bancarias, concentra el 53% de los depósitos contra 22,5% en la provincia de Buenos Aires, y finalmente, ahí se entregan el 67% de los préstamos del país.

9Al respecto véase "Autorizan a las privatizadas a bajar la calidad de los servicios", Clarín, 25 de agosto de 2002.

10Según informe de CEPAL aparecido en Clarín, 13 de junio 1999. Entre 1988 y 1998 el PIB argentino creció un 4% por año, lo que permite al PIB per cápita alcanzar 9.000 dólares en 1998.

11Es considerada como indigente una familia de tres personas que dispone de un ingreso menor a 199,4 pesos por mes (a mayo del 2002).

12Sobre los casi 12 millones de habitantes de la metrópolis, 9 están integrados a la concesión de la empresa Aguas Argentinas, que cubre la capital y 13 municipios del Conurbano. Seis millones están en la red de agua potable, y cinco millones en la red cloacal.

13Al respecto véase "La crisis de seguridad: radiografía del delito en la provincia de Buenos Aires", La Nación, 13 septiembre 2002.

14"Lo que he dicho es claramente algo que tiene que ver solamente con un número limitado de ciudades. Hay muchos otros discursos sobre ciudades que no tienen que ver nada con lo que he hablado. Pero creo que la Ciudad de Buenos Aires ¾y se me ocurre que esto es parte de lo que impulsa el proyecto de este Congreso ¾ tiene que ver con estas posibilidades estratégicas que afectan solamente a una minoría de ciudades. Creo que Buenos Aires es parte de esa minoría" (Sassen, 1997).

15Los CGP se mantuvieron como antenas de la municipalidad y no verdaderos espacios de participación y discusión. La Corporación Sur no logro atraer inversión al sur.

16Los técnicos de la empresa privada de electricidad Edenor habían denominado a esa zona "la franja de Gaza", ya que cuando entraron en 1997 para regularizar las conexiones clandestinas habían sido recibidos por los habitantes con piedras. Entrevista con el director de Edenor, Marc Riutort, agosto de 1997.