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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  n.38 Valdivia  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132003003800001 

 

Estudios Filológicos, Nº 38, 2003, pp. 7-17

 

La antropología poética como mutación disciplinaria *

Poetic anthropology as disciplinary mutation

 

Iván Carrasco M.

* Este trabajo forma parte del proyecto Fondecyt 1010747 Interdisciplinariedad, interculturalidad y canon en la poesía chilena e hispanoamericana actual, que estoy realizando con la colaboración de Oscar Galindo y Miguel Alvarado.


 

Este trabajo estudia la antropología poética chilena desde el supuesto que constituye una expresión de la "mutación disciplinaria", es decir, de la modificación de reglas, materias y modalidades de conformación de textos de una disciplina artística, científica o filosófica provocada por su traslado desde una disciplina distinta. Para ello, se hacen diversas observaciones de índole semiótica sobre el corpus de la antropología poética, comparándola con hechos semejantes como la poesía etnocultural, el discurso etnográfico y ejemplificando con el análisis del primer texto de Juan Carlos Olivares.

 

This work studies Chilean poetical anthropology assuming that it constitutes an expression of the "disciplinary mutation", that is to say, the modification of rules, matters and modes of conformation of texts about an artistic, scientific or philosophical discipline produced because of its transfer from a different discipline. Therefore, various observations of semiotic disposition about a poetical anthropology corpus are made comparing with similar facts such as ethnocultural poetry, ethnographic discourse; examples are given from Juan Carlos Olivares first text analysis.


 

1. INTRODUCCION

El objetivo de este trabajo es plantear algunas observaciones críticas desde una perspectiva semiótica sobre la condición de la discursividad que en Chile se ha denominado "antropología poética" (Olivares 1987 y 1995; Actas...1998; González 1995; Alvarado 2000, 2001 y 2002) con la intención de mostrar otra dimensión de este problema fascinante. La hipótesis que orientará mis observaciones es que la antropología poética constituye una textualidad multifacética que desarrolla un tipo de discurso contemporáneo caracterizado por la "mutación disciplinaria" (Carrasco 2002).

Considero que los textos antropológico-poéticos escritos en el ámbito de los estudios sociales en Chile conforman una textualidad multifacética porque no responden a un modelo único predeterminado por una escuela, sino por la relativa libertad y variedad con que cada escritor decide su estilo (voluntarista, vanguardista, posmoderno, continuador de algún modelo o paradigma literario específico como la poesía lárica o la narrativa de Conrad, etc.) en el marco de ciertos parámetros comunes. La mayoría de los autores sigue modelos narrativos y/o ensayísticos (Claudio Mercado y Luis Galdames, Francisco Gallardo, Pedro Mege, Yuri Jeria, Sonia Montecino, quien maneja fluidamente ambos tipos de discurso), mientras que Ivonne Valenzuela se ha decidido abiertamente por un estilo poético con la complementación de la fotografía de Juan Pablo Loo, que también intenta lograr efectos análogos, y Juan Carlos Olivares por una forma mixta donde predomina una especie de prosa poética.

Tal como ha observado Miguel Alvarado, la antropología poética no es específicamente una "nueva forma de literatura, ya que la metalengua explícita e implícita de estos textos tiende a apartarse del canon literario, en tanto no hay la intención de sus autores de moverse en el ámbito literario y menos aún se intenta que los textos sean recepcionados como literarios. En cada texto se reivindica su especificidad como un particular tipo de texto antropológico: "Me refiero a un tipo muy particular de experiencia antropológica que convoca al goce de la aventura dionisíaca y que se resuelve/multiplica en un doble placer: el hacer y el representar" (Gallardo 1995: 105). Tampoco esta metalengua coincide del todo con el canon antropológico científico positivista, en tanto resiente el concepto mismo de ciencia y la posibilidad de acumular verdad desde la reflexión y la escritura presentada. Se asevera en esta metalengua que ha nacido un género textual híbrido, pero este es un género muy particular y rupturista; se trata de una nueva forma de textualidad antropológica y no de alguna forma nueva de literatura, por lo que su hibridez estructural posee su perfil en la antropología y sus contornos y base de articulación son de carácter literario, en tanto la diversidad como tema subsiste, y lo que se intenta es ampliar las posibilidades expresivas del discurso antropológico, llevándolo a terrenos insospechados" (Alvarado 2002: 174; el destacado es mío).

Se trata, por lo tanto, de un tipo distinto de producción textual de carácter híbrido, un nuevo tipo de género discursivo fundado en el artículo científico y en el texto literario. Por ello puede explicarse también en el marco de la "mutación disciplinaria", modalidad textual específica surgida en el conjunto de las posibilidades abiertas por la interdisciplinariedad en el discurso contemporáneo, particularmente visible en el discurso literario donde ha alcanzado un desarrollo mayor.

Para tal efecto, podemos entender la mutación disciplinaria como la modificación de reglas, materias y modalidades de conformación de textos de una disciplina artística, científica o filosófica, provocada por el traslado desde otra u otras disciplinas de la misma o distinta condición. El resultado de esta mutación es la confusión de campos disciplinarios, géneros y tipos discursivos. El tipo de texto producido se caracteriza por la heterogeneidad, confluencia o mezcla de géneros, contenidos y procedimientos de disciplinas distintas que coexisten en él de diferentes modos. Justamente, algunas categorías, estructuras y contenidos tradicionalmente asociados a la literatura usados en la constitución de un texto etnográfico son las que han dado origen a la corriente denominada antropología poética: ésta no es sólo un intento de alteración o cambio de contenidos, sino también de método de trabajo, de producción textual y, en cierta medida, de objeto de estudio, por lo tanto, de disciplina. La antropología poética realiza un tratamiento intencional o presuntamente literario de materias tradicionalmente presentadas como descripción etnográfica o explicación etnológica, mediante un estilo posmoderno que delata la obsesión por el contacto "poético" con el objeto de estudio.

Esta clase de mutación se ha establecido en una doble dirección, desde la literatura a las ciencias, y desde éstas a la literatura, contribuyendo al aumento de discursos interdisciplinarios y a la modificación de géneros tradicionales mediante la incorporación de elementos propios de disciplinas científicas en la literatura (historiografía, sociología, antropología, entre las más visibles) y mediante la ruptura de niveles y normas de género, de estilo y de contenido semántico.

2. LA ANTROPOLOGÍA POÉTICA

La textualidad denominada antropología poética forma parte de un proceso transdisciplinario que pretende la desestructuración de algunos sectores del canon antropológico actual, de las ciencias sociales positivistas y, en general, del discurso de la modernidad. Por tal motivo, se acerca a determinados creadores literarios como Jorge Teillier, escritores mapuches como Elicura Chihuailaf o Leonel Lienlaf, europeos como Joseph Conrad, investigadores como el P. Martín Gusinde o Carlos Castaneda, que han superado o transgredido dicha tradición. Esta tendencia coincide en algunos aspectos con el ademán rupturista de los sectores intelectuales considerados como posmodernos en los países centrales, y posmodernos periféricos en los demás. En un ambiente de disolución de los sistemas ideológicos, científicos y emotivos, avasallados y aplastados en Chile bajo el desfile de las botas, de universidades controladas y vigiladas, los jóvenes antropólogos recibieron también la lluvia de fantasía de la globalización y del libre mercado, supieron que en Europa se había proclamado la crisis total del conocimiento y el término de los racionalismos y la objetividad. También recibieron como herencia el caballo de Troya de la crisis del objeto de estudio de la antropología y las ciencias sociales, junto con la relatividad, el indeterminismo, el constructivismo, el escepticismo.

Al mismo tiempo, se doblegaron ante la atracción permanente de la literatura, forma discursiva que, asumiendo la libertad de no depender del referente, puede explorar variedad de experiencias, mundos y dimensiones misteriosos o enigmáticos de lo humano, lo que abre las puertas a la ficción, la irrealidad, las paradojas, las contradicciones; intuyeron o aprendieron que la literatura también promueve una intensa necesidad de discursos de lo real, de apertura al mundo, el conocimiento y los lenguajes, junto a sus tradicionales recursos retóricos y estilísticos que le otorgan su elevada capacidad de convicción.

En medio de este amplio, confuso y heterogéneo espacio intelectual, un grupo de antropólogos ha experimentado nuevas formas de "discursificar" su experiencia etnográfica usando las cualidades de la poesía y la narrativa para explorar ámbitos difícilmente reductibles a la razón y a la ciencia positivistas (Olivares 1987, 1995 y 1999; Gallardo 1995 y 2000; Mercado y Galdames 1995; Mege 1997; Montecino 1995 y 1999; Jeria 1995; Valenzuela y Loo 1998), siguiendo los pasos de sus precursores Andrés Recassens (1973, 1993 y 1998) y Carlos Piña (1986) y contando con el apoyo de otros profesores (Olivares y Quiroz 1987a y b).

Estos antropólogos se consideran poetas, es decir, escritores de literatura, tal vez porque sienten la necesidad de texto de todo escritor, el texto que no es un mero signo de otra cosa, vehículo o instrumento de comunicación, sino también, y sobre todo, un compañero de búsqueda, un medio de exploración de lo conocido y desconocido de los seres humanos, la cultura y los modos de vivir. El texto literario es un lazarillo que ayuda a desplazarse mejor en medio de las oscuridades del conocimiento, adaptando su mano para jugar con su compañero y superar los límites de la racionalidad, es un lente que ayuda a ver en los otros lo otro y, además, en sí mismo y a sí mismo. Sin el texto literario -o lo literario del texto- la posibilidad de la expansión del conocer antropológico no sería nada más que una virtualidad, la sospecha de algo distinto, un ademán de interés detenido en él mismo (Carrasco 2001).

Pero los antropólogos que pretenden e intentan escribir como poetas, ser autores (Lévi-Strauss 1970; Geertz 1989) ¿son antropólogos, son poetas, son las dos cosas, o ninguna de ellas?... Las respuestas posibles son variadas, porque también los antropólogos-poetas pueden ser peregrinos extraviados entre ambos mundos que recorren la senda de un lado a otro y no se deciden por ninguno, o quieren oscilar entre los dos para cosechar algo de ambos. Se sienten incompletos como antropólogos convencionales y quizás por ello son admiradores de los poetas y la poesía, quieren también ser el hombre o la mujer que expresa lo inexpresable, que encuentra lo humano donde otros no ven más que piedras o vacío, que quieren poseer un lugar propio entre los usuarios de la palabra que los distinga de los antropólogos y poetas anteriores. Por ello adoptan la actitud de antropólogos-poetas, siendo las dos cosas a medias. Para ser poetas, les falta el salto al vacío sin malla de protección, es decir, sin la sujeción del referente obligatorio, pues siguen siendo antropólogos cuando se cimbran en el aire y esa condición les da confianza y estabilidad para aportar conocimiento y no sólo escritura.

Su definición de la actividad que realizan es "antropología" primero, sustantivo esencial, y "poética" después, adjetivo, propiedad, característica, estilo. Pero no tratan de repetir la actitud filosófica tradicional reconociendo una "materia" (contenido, fondo, substancia) antropológica y una expresión (continente, forma, estilo) literario como elementos separados, sino más bien como dos tipos de discurso (antropología y literatura) que usan en forma paralela, pero superpuesta, entrecruzada, a veces intercambiable.

El texto antropológico-poético integra discursos distintos (mítico, médico, costumbrista, confesión, crónica, diario de viaje...) en la unidad mayor del informe etnográfico, y de ahí surge su condición multifacética, pero siempre bajo la vigilancia rigurosa de los dos grandes discursos conductores, el antropológico y el literario, tratando de mantenerse en equilibrio entre ambos, pero inclinándose hacia el lado de la antropología. En relación con la etnografía europea o norteamericana se diferencia en la escritura, en parte en el objeto de estudio que ahora incluye al autor como elemento permanente, y en la metodología, pero no por ello deja de ser antropología, puesto que su objetivo es replantear el trabajo etnográfico y no la poesía, aunque se haya enriquecido con ella.

3. MUTACIÓN DISCIPLINARIA, ANTROPOLOGÍA, LITERATURA

La antropología poética surge de una necesidad análoga a la de los poetas vanguardistas y transgresores, la de crear un lenguaje nuevo para un objeto nuevo, tan patente en Altazor de Huidobro, en Trilce de Vallejo, o en algunos momentos de Rayuela de Cortázar. Este objeto nuevo es el otro diverso (Augé 1996) como en toda antropología, pero el antropólogo-poeta se compromete con su objeto porque se siente parte de él: no describe únicamente a Arcadio Yefi, sino también a Olivares que está investigando el estilo de vida de aquél. Y por eso, en lugar de referirse a una persona y un medio objetivos termina hablando de sí mismo y de sus propias obsesiones a propósito de Arcadio Yefi. También esto lo ha expresado con claridad Francisco Gallardo en el subtítulo de su artículo "Cruzando a través desde el otro lado", que considera "Notas para seguir de cerca ciertas obsesiones mías vistas en las cintas de Juan Downey" (Gallardo 1995: 101; el destacado es mío).

La antropología poética aparece en medio de la crisis del modelo positivista, racionalista y éticamente neutral característico de las ciencias de la naturaleza, que extendieron sus modelos, ideologías y teorías al campo de las humanidades y las ciencias sociales, siendo en alguna medida una de las expresiones de esta crisis. Pero no hay que confundirla con ellas. Aparece como una alternativa a posiciones tradicionalistas o conservadoras, para tener acceso a la academia o manifestar su disconformidad con ella desde una postura distinta y combativa, al mismo tiempo que como parte de una actitud de resistencia cultural a la herencia de la dictadura militar mediante la aceptación de formas de pensamiento e investigación alejadas de posturas economicistas y mantenedoras del stablishment.

Aunque conforman textualidades diferentes, la antropología poética ha sido confundida con la poesía etnocultural (Carrasco 1989 y 1995), con la que confluye en algunos aspectos que no son privativos de ellas sino tal vez de la situación cognitiva de una sociedad en crisis. La antropología poética es ciencia que incorpora elementos propios del arte verbal literario, mientras que la poesía etnocultural es una tendencia nueva de la poesía chilena iniciada en 1963 que trata problemáticas antropológicas, una lírica fundada en la experiencia de la interacción de culturas indígenas, europeas y mestizas. Su enunciado remite a la interculturalidad, el etnocentrismo, la marginalidad, la discriminación, el genocidio, por medio de un lenguaje de codificación doble o plural, que incluye la consecuente presencia de estrategias textuales características, como el doble registro, la intertextualidad transliteraria y el collage etnolingüístico. El nivel de la enunciación está centrado en un sujeto plural heterogéneo, provisto de un saber etnocultural e histórico de carácter sincrético, que se presenta como un investigador, un sujeto mestizo o un participante étnica o históricamente implicado.

Estas dos tendencias, una aparecida en la disciplina antropológica y otra en la disciplina literaria, han surgido desde espacios de inestabilidad, crisis y modificación y ampliación del canon literario y del canon antropológico, obligando a la teoría y la crítica literarias a ampliar su ámbito de trabajo y ser o incluir una crítica cultural, una teoría de frontera y un discurso de la indeterminación, la subordinación o las minorías, y a la etnografía tradicional, a presentarse como una antropología poética mediante el uso de los métodos de la literatura para obtener conocimiento y transmitirlo a la comunidad científica.

En cuanto a la relación entre literatura, específicamente poesía, y etnografía, es necesario considerar que los poemas son textos literarios surgidos de múltiples experiencias, recuerdos, ficciones, reescrituras, etc., objetos semánticamente plurales, variables en el tiempo y el espacio, en que predomina una visión personal de lo expresado o evocado, relatado o mostrado en y por el discurso. La literatura usa también puntos de vista científicos (también religiosos, económicos, sicológicos, filosóficos, etc.), pero no como recursos obligatorios, específicos ni privativos, sino sólo como posibilidades de elección o estrategias para construir el texto y proponer una lectura determinada de él. Por lo tanto, la poesía es un discurso con más libertad que la ciencia o la filosofía, y con menos restricciones constructivas (género, tendencias estéticas o ideológicas), pues el autor puede obedecer, modificar, transgredir o inventar las reglas convencionales de escritura de textos. El texto etnográfico, en cambio, es un texto surgido de la observación participante o alguna metodología distintiva del trabajo antropológico, que tiene un objeto de estudio también definido (el otro diverso, variado, heterogéneo, pero siempre existente y humano), que es analizado desde una perspectiva científica, según las reglas del pensamiento occidental, y que, en cualquier caso, debe ser demostrable como verdadero o falso; en este sentido, la etnografía está unida indefectiblemente a su objeto, con el cual guarda una relación de necesidad recíproca, es siempre ciencia, se entienda lo que se entienda por tal, mientras que la poesía, por muy realista o cientificista que sea, siempre es arte.

No obstante, los textos llamados antropología poética por sus cultores, y caracterizados por el uso de procedimientos, estilos y visiones característicos de la poesía, tratan de aprehender las cualidades propias de la poesía (predominio de la enunciación o del sujeto, libertad de elección de referencias empíricas, imaginarias, emotivas, verbales, etc.), pero sin dejar de ser antropología. Distinto es el caso de antropólogos de oficio que son al mismo tiempo escritores, como Sonia Montecino, Clemente Riedemann, Yanko González, Ivonne Valenzuela y, en parte, Andrés Recassens. Por ello, no es lícito confundir a los antropólogos-poetas con escritores que han asumido temáticas antropológicas, como Juan Pablo Riveros, Gabriela Mistral, Ernesto Cardenal, Elicura Chihuailaf, Alonso de Ercilla, José María Arguedas, Benjamín Subercaseaux, Luis Vulliamy o los ya citados Riedemann y González. Estos últimos son autores que han escrito textos de problemáticas e interés antropológico, como Karra Maw'n y Metales pesados respectivamente p. ej., notables representantes de la poesía etnocultural el primero y de una lírica de expresión de sectores populares marginados y reventados el segundo, ambos desde un enfoque etnográfico, pero cuya formación y obras se han desarrollado en el ámbito de la institución literaria, además de haberse autovalidado por medio de una metalengua literaria. En cambio, Olivares, Jeria, Montecino, Mercado, Gallardo, Mege son antropólogos, su trabajo está fundado en una formación profesional y en una teoría social que les indica qué pueden o no pueden estudiar, cómo hacerlo y para qué, aun cuando buscan renovar su objeto de estudio, sus modalidades de escritura etnográfica y sus técnicas de contacto con sus informantes para renovar el conocimiento del otro. Por ello, sus búsquedas son personales, sus textos distintos entre sí y de los estudios clásicos de la antropología establecida, a pesar de coincidir en escribir textos en mutación entre la ciencia y el arte y, como tales, sin un lugar definido en el estatuto antropológico ni en el literario, textos híbridos y fluctuantes entre diversos modos de conocimiento y expresión.

Ejemplificaré lo antes explicado con El umbral roto. Escritos en Antropología Poética, de Juan Carlos Olivares, texto fundador de esta tendencia. Se trata de una recopilación de cinco artículos, el último de los cuales, "El Umbral roto: la mirada antropológica", fue escrito en colaboración con el profesor Daniel Quiroz.

En el primer ensayo, "El exilio de la fragancia resquebrajada o una reflexión en torno a la Antropología", Olivares expresa la orientación de su trabajo. El título es de carácter mixto, conformado por dos elementos unidos paradojalmente por una partícula disyuntiva. Cada elemento pertenece a un ámbito diferente de la realidad, el primero escrito en lenguaje metafórico, de uso preferentemente poético, remite a un sentido oscuro, hermético. Su alternativa es una frase denotativa propia del lenguaje científico, de índole autorreflexiva. La oscilación entre estos dos polos representa la ambigüedad disciplinaria del trabajo propuesto por Olivares, antropología (pero no científica sino poética), oposición o paradoja, según desde donde se mire.

El discurso de Olivares es eminentemente subjetivo, puesto que el sujeto hablante se refiere más a sí mismo que a un objeto externo, expresa sus estados de ánimo, sus sensaciones, sus preferencias, menciona las medicinas que lo mantienen con salud, sus autores preferidos, su postura filosófica, en fin. Pero también habla de personajes empíricos, de paisajes, objetos, ideas, teorías. Su discurso es heterogéneo, ya que está conformado por variedad de citas literarias, etnográficas, filosóficas, etc., de recuerdos, proposiciones teóricas, autorreferencias, etc., saltando de un párrafo a otro sin ilación aparente. Su tratamiento de las ciencias sociales en Chile es interrogativo y dubitativo: "¿Dónde está la antropología chilena?", "Buscaba la verdad antropológica, no la verdad partidista, del militante, del creyente o del simpatizante, ni siquiera la filosófica, mucho menos la periodística y allá abajo, entre las grietas azules de la realidad descubierta, sólo encontré realidades culturales, una carencia etnográfica y la ausencia de la antropología" (Olivares 1995: 21-2). Su propósito es buscar una manera diferente de escribir el relato etnográfico, preocupación de escritor en vez de teórico o investigador, por lo cual se acerca mucho más al relato testimonial y al poema en prosa, géneros característicos de la literatura. La objetividad del trabajo científico, la investigación y la docencia, nos dice, es efecto de la asunción de los prejuicios y la suspensión de los juicios, lo que conduce al antropólogo al desarraigo. Por lo tanto, su discurso, que se presenta equívocamente como reflexión antropológica, se convierte parcialmente en literario, distorsionando los tipos de discurso, mezclando los estilos, transformando el objeto de estudio y el modo de vincularse con la realidad observada mediante la intuición poética.

Olivares se desplaza desde las Ciencias Sociales a la Literatura sin abandonar la ciencia, y por ello provocando una mutación disciplinaria de intensos efectos emocionales, cognitivos y teóricos. Su modo de escribir es cuidado, lo que demuestra una preocupación por el texto y la escritura y no sólo por los datos obtenidos del mundo. Consecuentemente, define su modalidad de trabajo como Antropología "poética", un intento de agregar la humanidad (tanto del investigador como de los seres y contextos observados) a la ciencia tradicional, fría, imparcial, voluntariamente alejada del objeto de estudio, objetivista en otras palabras. Este deseo de humanizar la ciencia introduce al explorador en el campo de lo literario, pues revela la necesidad del otro y permite no sólo el conocimiento del otro, sino también de sí mismo: "En la soledad no existe el abandono. A ella regresa el hombre. La soledad es su patria 12 /Panoff/, su lar, su estilo original. Ahí, el antropólogo se encuentra lejano, unido a todas las cosas. Entonces, aquella mirada antropológica obtiene la visión más cercana a las cosas del mundo. Es la mirada penetrada por el placer cósmico, la estremecedora experiencia de la eternidad 13 /Gluckman/. Es aquí, el lugar del mundo y nosotros allí" (181).

Esta necesidad de humanizar la ciencia antropológica es lo que le confiere la condición "poética", la que motiva al investigador a dar a conocer lo que siente, experimenta y piensa en el momento de realizar su observación etnográfica y con ello vincularse con la vida misma en mejor forma que mediante metodologías positivistas, lógicas y estadísticas:

...una de las tareas fundamentales del antropólogo es superarse. Superar la historia, su historia. Intentar vencerse a sí mismo. Transformar su espíritu. Esta transformación es una metamorfosis de la libertad, su rescate de la autoalienación y la libre aparición de su carácter de juego 41 /Fink/. Aquí, no existe la quietud, aquí todo fluye, corre insaciable. Es movimiento, juego, azar, voluntad que se reúne para trascender. El ser desea anhelante crecer, crecer para poder regalar su existencia plena. Entonces, una de nuestras tareas es andar los caminos, hasta el final, a pesar de todo dolor. ¡A pesar de tanto dolor! (102-3).
Tal vez este anhelo de humanizar la ciencia es el mérito principal de esta corriente contemporánea del conocimiento social que tiene en la literatura su fuente principal. La admiración por la creación poética, el esfuerzo por dar a conocer los datos etnográficos a través de un estilo literario (poético, narrativo, ensayístico), la mezcla de discursos objetivos, sistemáticos y fuertemente ligados a la tradición central de las ciencias sociales, con discursos emotivos, altamente retorizados, fuertemente expresivos de conflictos, búsquedas y anhelos, pone en crisis el discurso de la antropología clásica, tal como lo habían hecho Malinowski en su diario íntimo y Lévi-Strauss en sus Tristes Trópicos. Los textos de Olivares, más parecidos a una novela testimonial con intervalos de prosa poemática, los de Montecino en que la narración etnográfica surge de un sujeto femenino que relata sus viajes y experiencias del mundo mapuche en el contexto del gobierno militar, de Valenzuela y Loo que poetizan el discurso etnográfico mediante la versificación y las imágenes fotográficas, los de Gallardo que poetizan discretamente el género del diario de viaje presentándolo como fragmentos de prosa poética, etc., constituyen intentos de abrir el canon antropológico confundiéndolo con el de la literatura, para conformar textos oscilantes que manejan la mutación disciplinaria como estrategia central.

4. CONCLUSIÓN

La antropología poética chilena consiste básicamente en enfatizar una dimensión del trabajo etnográfico, la escritura, es decir, la construcción de relatos distintos a los de la tradición antropológica inmediata, europea y norteamericana, representando una reacción sui generis ante la crisis del conocimiento científico racionalista derivado de la fuerte proyección de las ciencias de la naturaleza en otros campos. La preocupación por el texto y su metalengua acerca a los antropólogos chilenos jóvenes a los poetas y novelistas, quienes pasan a constituir modelos de estilo y, en cierta medida, también de forma de vida, es decir, presentándose como héroes intelectuales.

No obstante, la antropología poética no es literatura en sentido estricto, pues sus textos no son únicamente literarios debido a su fuerte componente etnográfico. Pero tampoco es etnografía convencional, ya que la eliminación de sus intensos rasgos literarios la reduciría a un discurso neutro y quizás amorfo. Si la consideramos un tipo específico de discurso antropológico cercano a las teorías relativistas, indeterministas o constructivistas del conocimiento científico, se alejaría de la literatura y en particular de la poesía, y con ello de la expresión emotiva o intuitiva de lo humano, de la imitación de las estrategias retóricas de configuración de textos y del deseo del cientista social contemporáneo de ser reconocido como autor en lugar de desaparecer bajo la inmutabilidad, el peso y la impersonalidad del discurso positivista o racionalista.

En su búsqueda de particularidad, los antropólogos poetas se han encontrado con formas análogas de pensamiento, como la posmodernidad marginal importada e impostada, con algunos antropólogos innovadores como Lévi-Strauss o Geertz, que también sienten la nostalgia o compulsión de ser poetas o escritores, y con determinadas formas de la literatura renovadora de la literatura contemporánea a partir de los movimientos de vanguardia y el descubrimiento de nuevas estructuras en la poesía y la novela. En esta perspectiva, han simplificado su tarea el amplio y flexible concepto de lo estético que se maneja a fines del siglo XX, así como la extrema laxitud del lenguaje empleado por muchos poeta actuales para dejar en desuso las expresiones canónicas de la literatura tradicional y el deseo de anular o ensanchar los límites impuestos entre los textos literarios y los discursos cognitivos o referenciales y otros tipos de discurso.

Entre la variedad de estrategias textuales desarrolladas por la Literatura para ampliar sus límites temáticos, lingüísticos, estructurales y textuales, los antropólogos han podido vislumbrar nuevos modelos que les han ayudado a plasmar sus inquietudes, rebeldías y búsquedas. Como escritura de límites imprecisos, fronteras movibles, zonas de indeterminación genérica, tipológica, temática, la antropología poética ha coincidido con fenómenos radicales de innovación expresiva, entre los que destaca la mutación disciplinaria, de la cual constituye una manifestación textual en el ámbito de las Ciencias Sociales. La mutación disciplinaria es una de las transformaciones más intensas de la discursividad contemporánea derivada de la interdisciplinariedad, la interculturalidad y otras formas de debilitamiento y crisis de la fronteras disciplinarias, una tendencia escritural que forma parte de las Ciencias Sociales al tiempo que de la Literatura, pero que transgrede las formas canónicas de ambas; no es antropología convencional ni literatura en sentido estricto, sino una modalidad nueva y distinta de explorar ciertas dimensiones de los seres humanos y su cultura desde la experiencia del observador, que al entrar a formar parte del objeto estudiado subjetiviza y literaturiza la narración etnográfica mediante la asunción de diversos procedimientos y formas de discurso narrativos o poéticos.

 

Universidad Austral de Chile
Facultad de Filosofía y Humanidades
Instituto de Lingüística y Literatura
Casilla 567, Valdivia, Chile
E-mail: icarrasc@uach.cl

 

OBRAS CITADAS

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