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Teología y vida

versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida v.46 n.1-2 Santiago  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492005000100001 

 

Teología y Vida, Vol. XLVI (2005), 3 - 4

PRESENTACIÓN

La hermenéutica y su impacto en la teología

 

Joaquín Silva Soler

Profesor de la Facultad de Teología
Coordinador Seminario Interno


 

A partir del siglo XVII la hermenéutica se comienza a comprender como la ciencia o el arte de la interpretación. Hasta entonces ella estaba conformada por una serie de instrucciones metodológicas específicas, principalmente orientadas a la interpretación de textos bíblicos y de la antigüedad clásica. Estas instrucciones comienzan a ordenarse en un todo más sistemático que, en cuanto ciencia, pretende ser normativo de la interpretación que se realiza al interior de tres campos del saber en los que este se expresa, principalmente, a través de textos y tradiciones: la filosofía, la teología y el derecho. Se produce con ello una ampliación del concepto de hermenéutica, que no se detendría.

En efecto, a fines del siglo XIX Dilthey ya plantea la posibilidad de una hermenéutica universal, cuya función fuera elaborar las reglas generales de la interpretación, que estuvieran a la base ya no solo de la interpretación de textos filosóficos, teológicos o jurídicos, sino que estuvieran a la base de todas las ciencias del espíritu, por cuanto ­según él­ estas se apoyan siempre en un conocimiento interpretativo.

Pero será en el siglo recién pasado donde este proceso de universalización de la hermenéutica llegará a su expresión más definitiva. M. Heidegger sacará la hermenéutica del solo campo de las ciencias del espíritu, para extender su significación también respecto de cuestiones tales como la experiencia del sentido, del fundamento de la existencia o de la cuestión de la verdad. Será esta "hermenéutica de la facticidad" la que inspirará a Hans-Georg Gadamer a extender aún más los alcances de la hermenéutica, hasta reconocerla como un "diálogo interior" en el que se reconoce la propia vitalidad y densidad del lenguaje, en el que hacemos la experiencia de depender unos de otros al hablar, en el que constatamos que en ningún signo disponible nos es posible contener el ser de cuanto es. De este modo, la hermenéutica ha alcanzado para algunos el estatuto de una prima philosophia, por cuanto ella ha postulado la omnipresencia del fenómeno interpretativo, el carácter fundamentalmente interpretativo de nuestra experiencia del mundo.

Y si ello es así, entonces las preguntas que la hermenéutica hace a la teología ya dejan de circunscribirse, en el campo de la exégesis, a las técnicas de interpretación de textos bíblicos. La hermenéutica no solo ofrecerá hoy al exégeta una más efectiva techné para descifrar códigos lingüísticos, además, en su mismo trabajo interpretativo, lo confrontará con la pregunta por la relación entre razón y fe, por la relación entre historia y comprensión teológica, por la relación entre las tradiciones míticas del mundo bíblico y las tradiciones filosóficas que fundan la moderna exégesis bíblica.

Pero el impacto de la hermenéutica, por cierto, ha rebasado el campo de la exégesis. En su proceso de universalización ella lo ha alcanzado todo; al menos, todo aquello que en la teología aspira a ser interpretación de la revelación de Dios en Cristo Jesús. Y en la teología, ¿qué no es interpretación?

¿Qué contesta la teología ante aquella conocida afirmación de Nietzsche, según la cual "no hay hechos sino solo interpretaciones?". ¿No hay para la teología una verdad inmutable, que ella deba buscar y pueda encontrar por medio del ejercicio de la razón? ¿Cómo la teología ha enfrentado el "fenómeno interpretativo" antes de la "edad hermenéutica de la razón", por ejemplo, en la patrística o en el medievo? ¿No constituye la hermenéutica una de las principales condiciones de posibilidad para una teología que busca interpretar los signos de los tiempos, para una teología que, por fidelidad al Señor, quiere escuchar, acoger y responder a su Espíritu presente en la historia? ¿Cómo no reconocer, también, el impacto de la hermenéutica en el campo de la teología moral, en la pregunta por el comportamiento ético, en los dilemas morales en que hoy se encuentran las personas y los pueblos?

En efecto, los profesores de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile consideramos que la hermenéutica y su impacto en la teología seguía constituyendo un importante desafío al pensamiento. Por esta razón, decidimos dedicar el Seminario Interno de Profesores del año 2004 al estudio de esta cuestión. En un primer momento del Seminario, durante las tres primeras sesiones, nos dedicamos a comprender mejor las raíces filosóficas de la hermenéutica, principalmente según esta fue formulada por pensadores como Heidegger, Gadamer y Ricoeur. Junto con reconocer las distintas tradiciones y perspectivas en que se ha colocado la cuestión hermenéutica, nos resultaron aquí particularmente importantes de considerar filosóficamente los conceptos de caridad, sospecha y verdad.

Una vez alcanzada una mayor claridad respecto de las principales propuestas hermenéuticas contemporáneas, como también de las tradiciones desde las cuales ellas se nutren, la segunda parte del Seminario la dedicamos a una reflexión sobre el impacto de la hermenéutica filosófica en el pensamiento teológico. Para ello, en primer lugar, nos preguntamos por la presencia o ausencia de una perspectiva hermenéutica en la teología desarrollada por algunos insignes pensadores de la época patrística y de la época medieval. Luego, en un segundo momento, el Seminario se abocó a considerar tres ámbitos teológicos en los que, según hemos visto, la hermenéutica ha tenido mayores repercusiones: en el campo bíblico, en la teología moral y en el campo de las así llamadas "teologías contextuales". Por último, las dos últimas sesiones del Seminario estuvieron dedicadas a consideraciones de carácter más sistemático: en la primera de ellas se buscó reconocer el impacto de la filosofía hermenéutica en el pensamiento de W. Pannenberg, uno de los principales exponentes contemporáneos de la teología protestante; y en la segunda, se abordó una de las preguntas que había atravesado muchas de las discusiones sostenidas a lo largo del Seminario y que, por cierto, es decisiva tanto para el pensamiento filosófico como teológico: ¿y qué es la verdad?

En este número de la revista Teología y Vida hemos querido reunir los trabajos presentados durante el desarrollo de nuestro Seminario Interno. A través de los diferentes textos el lector podrá acompañar un camino recorrido, pero, sobre todo, podrá escuchar la invitación a seguir pensando.