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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.136 n.6 Santiago jun. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872008000600018 

 

Rev Méd Chile 2008; 136: 805-808

Crónica

 

Dr. Esteban Parrochia Beguin, Premio Nacional de Medicina 2008

Chilean National Prize in Medicine, awarded in 2008 to esteban B. Parrochia, M.D.


El 24 de abril de 2008, en el Salón de Honor del Instituto de Chile, se realizó la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Medicina 2008 al Dr. Esteban Parrochia Beguin. Presidió la ceremonia el Presidente del Jurado, Dr. Octavio Enríquez, acompañado por los Presidentes de las instituciones que, en conjunto, otorgan este Premio desde el año 2002: Drs. Alejandro Goic (Academia Chilena de Medicina), Andrés Heerlein (Asociación de Sociedades Científicas-Médicas de Chile), Gonzalo Grebe (Asociación de Facultades de Medicina de Chile) y Juan Luis Castro (Colegio Médico de Chile). Entre otras autoridades, asistieron la Sra. Embajadora de la República de Francia, Elisabeth Betón Delegue; la Sra. Ministra de Salud, Dra. Soledad Barría; el Secretario General del Instituto de Chile, Don Marino Pizarro; Miembros de la Academia Chilena de Medicina, autoridades universitarias y del sector salud, familiares, discípulos y amigos del Dr. Parrochia. El galardonado fue presentado por el Académico de Número Dr. Rodolfo Armas Merino, destacando que las instituciones que instituyeron este Premio lo conceden "en reconocimiento de la trayectoria profesional y académica de excelencia, su creatividad y aporte relevante al desarrollo y prestigio de la medicina nacional".

Hitos destacados en el curriculum vitae del Dr. Esteban Parrochia B.

• Profesor Emérito de la Universidad de Chile, 2008.
• Maestro de la Medicina Chilena, otorgado por la Sociedad Médica de Santiago-Sociedad Chilena de Medicina Interna, 1998.
• Profesor Emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Frontera, Temuco, 1990.
• Miembro de Número de la Academia de Medicina del Instituto de Chile, 1986.
• Profesor Titular de Medicina, Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, 1970.
• Mejor Profesional Ley 15.076 del Hospital San Juan de Dios (1997), otorgado por la Corporación de Ayuda al Hospital San Juan de Dios.
• Director del Departamento Docente de Medicina y Preclínicos, Facultad de Medicina Occidente, Universidad de Chile (1969 a 1981).
• Jefe del Servicio de Medicina, Hospital San Juan de Dios (1970 a 2002).
• Fundador y Presidente de la «Fundación de Investigación y Perfeccionamiento Médico», del Hospital San Juan de Dios (1954 a la fecha).
• Fundador y Director del «Boletín del Hospital San Juan de Dios» (1954 a 2008).
• Jefe del Programa de Atención de Adultos del Área Occidente. (Creación y habilitación de los primeros Consultorios periféricos de atención primaria) (1971-1981).
• Encargado de la regionalización docente-asis-tencial del Hospital Regional de Temuco y de 28 hospitales de Malleco y Cautín (Novena Región) (1964-1978).
• Promotor de la creación de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Frontera, Temuco (1964-1979).
• Presidente de la Comisión de Medicina Interna de la Corporación Nacional Autónoma de Especialidades Médicas (CONACEM) (1983 a 1998).
• Secretario General de la Sociedad Médica de Santiago (1957-1958).
• Encargado de la programación, realización, supervisión y evaluación de la enseñanza de postgrado del Servicio de Medicina del Hospital San Juan de Dios (1970-2003): aproximadamente 250 becarios de Medicina Interna, de especialidades derivadas y pre-clínicas.
• Organizador de un programa de cooperación médica con el Gobierno de Francia y diversos hospitales franceses (Paris, Lyon, Montpellier, Marseille, Bordeaux) que permitió enviar a ese país a 38 profesionales del Servicio de Medicina del Hospital San Juan de Dios e invitar a Chile 22 Profesores y Jefes de Servicios franceses (1978-1984).
• Organizador y Director de 12 Jornadas Bienales de Medicina Interna (1978 a 2000) de 1 semana de duración cada una (presentación de 40 trabajos en cada jornada).
• Organizador y Director (1980 a 1993) de 52 cursos modulares de Medicina Interna y especialidades derivadas, para médicos (25 h docentes cada uno). Creador de las Reuniones diarias de diagnóstico clínico con internos y becarios de Medicina (1986 a 2003).
•  Autor de 350 publicaciones entre las que hay editoriales, política asistencial o docente y revisiones de temas. Participación en 13 libros y monografías.
• Autor de los libros "Esquemas Diagnósticos" (la edición: 1998; 2a edición 2003) y "Manual de Gastroenterología" (2002).
• Miembro de varias sociedades científicas, chilenas y extranjeras.

La Revista Médica de Chile se complace en adherirse a este homenaje a un médico distinguido, que ha sido un protagonista destacado de su progreso institucional. Para ello reproduce una versión abreviada (con autorización del autor) del discurso que pronunció en dicha ceremonia:

DISCURSO DE AGRADECIMIENTO DEL DR. ESTEBAN PARROCHIA B.

"Los diversos premios y homenajes que se otorgan en el campo de la medicina nacional, constituyen, por cierto, valiosos estímulos de superación y progreso que implican, además, el reconocimiento de méritos acumulados a lo largo de prolongadas y exitosas carreras profesionales. La selección de los postulados a estos homenajes es siempre compleja, ya que los candidatos son numerosos y sus méritos indiscutibles.

El premio que hoy se me otorga constituye una distinción absolutamente inesperada y muy probablemente inmerecida, ya que el prestigio del galardón supera los eventuales méritos que yo haya podido exhibir en el curso de mi carrera profesional. No obstante las dudas que me asaltan, recibo el homenaje con sincera gratitud y modestia, en una época muy difícil y dolorosa de mi vida, cuando lamento el reciente fallecimiento de mi esposa, la Dra. Sylvia Segovia.

Por otra parte, esta importante distinción me ha sido otorgada existiendo en la Medicina nacional numerosos profesionales de gran prestigio y renombre, que merecerían ser reconocidos y apreciados por la comunidad.

Tras analizarlo detenida y desapasionadamente, he llegado a la convicción que los méritos que podrían avalar esta asignación del Premio Nacional de Medicina, en realidad, no son propiamente míos sino que ajenos y atribuibles, en su mayoría, a muy diversos factores y consideraciones tales como el acelerado progreso científico y tecnológico experimentado por la Medicina en las últimas décadas del siglo veinte, así como la destacada labor cumplida, en nuestro medio, por prestigiosos equipos humanos. Esto ha desencadenado un conjunto de hechos, condiciones y eventos socioeconómicos y culturales que han provocado profundos y rápidos cambios, tanto en la enseñanza como el ejercicio de la Medicina. Entre estos destaco:

1.  La creciente importancia alcanzada en todos los Sistemas de Salud por una Atención Primaria accesible, expedita, oportuna y resolutiva, basada en el ejercicio de una Medicina General bien definida, actualizada y elevada a la categoría de asignatura clínica de pregrado y de especialidad clínica básica en el postgrado.

En otras palabras, la Medicina General, tanto pediátrica como del adulto, no puede seguir siendo considerada indefinidamente sólo como un escollo o una simple relación burocrática de relevo, interpuesta en la búsqueda de una atención de mayor nivel y complejidad requerida por algunos pacientes.

2.  Necesidad y conveniencia de prolongar el perfeccionamiento médico, tanto teórico como práctico, a fin de evitar o, por lo menos, reducir el inevitable deterioro derivado del desgaste propio del tiempo de ejercicio profesional transcurrido. En efecto, la continuación de la formación y del perfeccionamiento en el postgrado es indispensable por cuanto ni el egreso ni la graduación son objetivos finales que señalen el término del proceso de aprendizaje ni de la adquisición de nuevas destrezas. Por lo demás, la rapidez de los avances médicos y la corta vigencia de los conocimientos en permanente renovación así lo exige.

Para lograr estos objetivos se requiere de programas bien definidos, con objetivos concretos, de duración metodológica bien establecida así como con evaluaciones periódicas.

Lo anterior es esencial para disponer, no tanto de especialistas, los que sin duda son necesarios en la Atención Secundaria y Terciaria, sino que de médicos generales eficientes, poseedores renovados, así como de amplias destrezas semiológicas prácticas y sobre todo, de buen criterio clínico, es decir, de "tripulantes competentes".

En la mayoría de las encuestas de opinión, la población clama por disponer de más especialistas, lo que es comprensible desde su punto de vista. En nuestra opinión, sin embargo, lo realmente indispensable es disponer de médicos generales verdaderamente capacitados en el ejercicio de la Atención Primaria, que sepan "escuchar", "examinar" y "explicar", que dispongan del tiempo suficiente para realizar su trabajo y que no sean sólo aficionados con buenas intenciones (pero en muchos casos frustrados) que no valoran su trabajo. Todo lo anterior es indispensable para lograr un buen rendimiento de los recursos humanos disponibles y una atención de salud satisfactoria tanto para los pacientes como los médicos.

Mi intervención en esta ceremonia es mi despedida definitiva de la Medicina. Luego de un largo recorrido de 58 años, me asiste la obligación de rendir el más sincero homenaje de reconocimiento y gratitud a todos los que participaron, generosa y pacientemente, en mi formación humana y profesional y que me orientaron con sus consejos y, sobre todo, con su ejemplo.

Quiero, en primer lugar, rendir un homenaje a mi esposa, la Dra. Sylvia Segovia, quien fue el más sólido y firme pilar que me acompañó y apoyó, sin vacilaciones, en todas las circunstancias, problemas, vicisitudes y alegrías de la vida. Fue una dueña de casa y una madre de familia ejemplar, eficiente y sacrificada a la vez que optimista, alegre y amistosa, y desarrolló una brillante carrera profesional unánimemente reconocida tanto en Chile como en el extranjero. En su desempeño alcanzó los más altos cargos asistenciales en el campo de la ginecología y cumplió una brillante carrera académica.

En segundo término, deseo mencionar a mis padres: una esforzada y modesta pareja de emigrados europeos, él francés y ella suiza-francesa, llegados a Chile a fines del siglo XIX e instalados en Traiguén, en el corazón mismo de la Arauca-nía. Su ejemplo y sus enseñanzas dejaron trazado un camino que conserva gran parte de su validez, a pesar del largo tiempo transcurrido.

Quiero recordar también a mis Maestros de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, entre todos los cuales destaca la imagen imponente del Profesor Doctor Rodolfo Armas Cruz, probablemente uno de los clínicos nacionales más brillantes del siglo XX. Junto a él debo mencionar también a los Profesores Drs. Amador Neghme Rodríguez y Benjamín Viel Vicuña, con quienes tuve el privilegio de trabajar.

Vayan también mis palabras de reconocimiento y afecto dirigidas a los médicos, profesionales no médicos y funcionarios del Servicio de Medicina del Hospital San Juan de Dios, así como nuestros Becarios, los que en número superior a 300 se formaron con nosotros como especialistas en Medicina Interna y sus especialidades derivadas, durante los 32 años en los cuales tuve el privilegio de ser Jefe de ese Servicio de Medicina.

Especial comentario deseo formular en relación con los irónicamente llamados "Becados Parro-chia". En realidad, me honro de haberlos aceptado por decenas en el Servicio y de haber contribuido a su formación a través de reuniones diagnósticas diarias, discusión de casos clínicos, turnos de residencia y cumpliendo rigurosamente y con sacrificio todas las exigencias del Programa Oficial de Especialización de Postgrado, sin percibir remuneración alguna, por espacio de tres a cinco años. Ellos están ahora distribuidos a lo largo del país, ayudando concreta y eficazmente a superar el déficit de especialistas de adultos que nos aqueja.

Muchos de ellos participaron, además, activamente en el desarrollo del "Programa de Regionalización Docente-Asistencial" de los hospitales de Malleco y Cautín, y en la creación de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Frontera, de la que estamos orgullosos.

Para terminar, un breve pero muy emocionado recuerdo de los fieles y sufridos enfermos, que son, en rigor, el motivo que justifica nuestra existencia como médicos. Ellos han sido un permanente estímulo de superación, a la vez que un verdadero desafío humano y profesional. A todos ellos vaya mi más sincero reconocimiento, ya que estoy convencido de que no existe una mayor demostración de confianza, fe, coraje y entrega, que el acto de poner voluntariamente la vida propia en manos ajenas, como ocurre en muchas de las consultas y actos médicos.".

 

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