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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.129 n.1 Santiago ene. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872001000100016 

 

Conceptos actuales
en hipertensión arterial

New concepts in hypertension

Alexis Lama T, Luis Oliva P1.

The management of arterial hypertension has experienced great changes during the past years, based on the knowledge of its pathophysiology, as well as the development of new antihypertensive drugs. Recent studies show the effect of the dysfunction of the endothelium in hypertension, sleep apnea and a higher prevalence of primary hyperaldosterism. The Sixth report of the Joint Committee makes a new classification of this pathology, including a new concept of the stratification of risk for each stage of the disease, and according to it a new way of treatment. This fact marks a new and a more aggressive behaviour to treat the hypertense patient. With respect to the treatment, the emphasis has been on the non-pharmacological measures, and the development of new antihypertensive drugs of long action and high through/peek rate. Prevention continues to be an important goal and main challenge for the clinician, given the high morbidity and mortality rate caused by hypertension (Rev Méd Chile 2001; 129: 107-114).
(Key Words: Anthypertensive agents; Endothelium, vascular; Hypertension)

Recibido el 17 de julio del 2000. aceptado en versión corregida el 31 de noviembre del 2000.
Escuela de Medicina, Universidad San Sebastián, Concepción - Chile.
1 Interno de la Carrera de Medicina.

La hipertensión arterial es un tema siempre vigente por sus características epidemiológicas, y sobre el cual constantemente aparecen publicaciones1 que reafirman o modifican algunos conceptos sobre ella. En esta revisión se pretende dar a conocer una síntesis de algunos de éstos.

Disfunción endotelial e hipertensión arterial. La disfunción endotelial ha adquirido una importancia creciente en la comprensión de la fisiopatología de la enfermedad y en la dirección de la investigación de nuevos medicamentos antihipertensivos que apuntan a corregir tal disfunción. En la actualidad, el endotelio ya no es considerado más sólo una capa de células que tapiza las cavidades del corazón, de los vasos sanguíneos, linfáticos y cavidades serosas del cuerpo. El conocimiento aportado por la biología molecular ha trasformado al endotelio en un nuevo órgano complejo ubicuo, pluripotencial y plurifuncional. Es la estructura fundamental de la íntima y ejerce una función de control sobre la circulación, al ser responsable del tono vascular, con leve predomino de la vasodilatación, mediante la producción continua y simultánea de diversas sustancias vasoactivas, con efecto constrictor las unas (ej. endotelinas, tromboxano A2, prostaciclina H2, síntesis de angiotensina I y II), con efecto dilatador las otras, tales como oxido nítrico, prostaciclina I2, bradikinina2,3.

La disfunción endotelial se caracteriza por un desbalance en la producción de estas sustancias relajantes y constrictoras, que llevarán a una alteración hemodinámica. Generalmente, y en el caso de la hipertensión, el desbalance es por deterioro en la producción de los factores relajantes, especialmente oxido nítrico.

Muchos de los estudios experimentales y clínicos sugieren que la disfunción endotelial es una consecuencia más que una causa de la hipertensión4,5. Sin embargo, otros datos indican que la disfunción endotelial sea tal vez un fenómeno primario y aún llegue a ser irreversible una vez que se ha establecido la hipertensión.

Primaria o secundaria, es un hecho que en los pacientes hipertensos existe una disfunción endotelial, que tiende a perpetuar la alteración del tono vascular y que emerge como responsable de los cambios estructurales que acompañan la hipertensión complicada con daño en los órganos blanco. Esto ha sido documentado en estudios de pacientes hipertensos que han mostrado una reducida respuesta vasodilatadora a la administración de acetilcolina, sustancia que normalmente induce la liberación endotelial de oxido nítrico sintetizado por la L-arginina6-8.

Se le reconoce a la disfunción endotelial como un componente precoz de una variedad de enfermedades cardiovasculares y de los factores de riesgo de enfermedad coronaria. De ahí la importancia de considerar este concepto, a fin de que nuestras intervenciones terapéuticas, farmacológicas y no farmacológicas apunten también a corregir esta alteración. De hecho, hoy ya existen varias intervenciones (dejar de fumar, entrenamiento físico, uso de antioxidantes, dieta saludable, algunos antihipertensivos) en que parte de su acción terapéutica se puede atribuir a un efecto directo benéfico sobre la función del endotelio deteriorada.

El diagnóstico de la disfunción endotelial, aunque no es de uso clínico rutinario, puede ser realizado en forma no invasiva a través de la medición ultrasonográfica de la respuesta del diámetro de la arteria braquial a la hiperemia reactiva a una compresión distal por 5 min a presión suprasistólica.

Apnea del sueño e hipertensión arterial. La apnea del sueño está siendo reconocida actualmente como una condición responsable de resistencia al tratamiento de la hipertensión9, estableciéndose una prevalencia de 30%, por lo que el clínico debe estar atento a su presencia, especialmente en aquellos pacientes que no responden adecuadamente al tratamiento. La apnea del sueño se define cuando durante éste, se produce el cierre mecánico del orofárinx por 10 s o más. El mecanismo fundamental es el aumento de la actividad simpática, debido a la estimulación de quimiorreceptores y aumento de la presión intra torácica negativa que la apnea desencadena. Se caracteriza por una hipoxemia repetida en ciclos de asfixia y despertar. Por ello, puede determinar diferentes condiciones patológicas, entre las que se cuentan hipertensión pulmonar, arritmias cardíacas, hipertensión arterial sistémica y hematocrito elevado10. Este último índice de laboratorio debe hacer buscar los síntomas de esta patología, que de existir deben motivar un estudio de sueño.

Hiperaldosteronismo primario e hipertensión arterial. Actualmente se ha reconocido que el hiperaldosteronismo puede cursar con normokalemia, elevándose su prevalencia en más de 10 veces. En una publicación reciente11, se demostró la existencia de hiperaldosteronismo primario en alrededor del 10% de hipertensos esenciales, de los cuales ninguno tenía hipokalemia, dejando al descubierto que la kalemia como elemento de detección, aunque relativamente específica, es muy poco sensible. Por lo tanto, parece aconsejable que en hipertensión arterial de difícil manejo y en aquellos que hacen hipokalemia con el uso de diuréticos, el clínico considere esta causa secundaria, aún en presencia de normokalemia y determine sólo en esa población seleccionada y previa consideración de su alto costo, la actividad de renina y aldosterona plasmática, considerándose que una relación aldosterona/renina > 50 es diagnóstica de hiperaldosteronismo primario.

Presión sistólica en hipertensión arterial. Hoy es claro que no sólo la cifra de presión diastólica es importante para el pronóstico, sino que también la hipertensión sistólica aislada se asocia a mal pronóstico, con aumento de eventos por cardiopatía coronaria y cerebrovasculares12. También se ha demostrado claramente, que el tratamiento de la hipertensión sistólica aislada reduce la morbilidad cardíaca y cerebrovascular (estudio SHEP)13. Éste y otros estudios recientes, demuestran que reducir la presión sistólica puede ser aún más importante que reducir la presión diastólica, por lo menos para protección cardiovascular y renal14.

Presión de pulso en hipertensión arterial. La presión de pulso, es decir la diferencia entre presión sistólica y diastólica, ha demostrado recientemente, que cuando está aumentada se asocia a un mayor riesgo de enfermedad coronaria15,16. La presión de pulso tiene un importante valor predictivo de episodios de enfermedad coronaria y puede ser el componente de la presión arterial más confiable –incluso más que la combinación de cifras elevadas sistólica y diastólica– en cuanto a indicador de riesgo de enfermedad coronaria cuando la presión sistólica está acompañada de presión diastólica normal o baja17. Estos datos debieran orientar al clínico a considerar siempre una reducción en la presión de pulso, aún en pacientes mayores.

Monitorización ambulatoria de 24 h en hipertensión arterial. La monitorización ambulatoria de presión arterial de 24 h, es un examen más para el clínico, que puede ser útil para el estudio y evaluación del paciente hipertenso. Sus valores promedio predicen mejor el daño de órgano blanco de la hipertensión. Sin embargo, no se recomienda su uso rutinario en todo paciente hipertenso, y recientemente la Sociedad Chilena de Hipertensión, ha publicado el consenso de sus indicaciones18. La monitorización de 24 h puede ser útil, además, para sospechar pacientes con hipertensión arterial secundaria a apnea del sueño, al observarse una ausencia del descenso normal de la presión arterial durante el sueño y la aparición en su reemplazo, de un aumento de la presión, especialmente sistólica19. Cabe sí señalar, que esta monitorización tiene frecuentemente problemas técnicos y en algunos casos produce estrés al paciente, dificultando la interpretación de sus resultados.

Diagnóstico y clasificación de hipertensión arterial. Éste es un aspecto relevante en el tema. Recientemente ha habido un cambio en relación con las cifras de presión arterial consideradas como normales. El 6º informe del Comité Nacional Conjunto de Estados Unidos, del año 1997 estableció que el valor considerado como normal es de menos de 130 mmHg de sistólica, y menos de 85 mmHg de diastólica20.

Es necesario resaltar que en esta nueva clasificación la presión arterial considerada como óptima es de 120/80 mmHg. Se ha reemplazado la clasificación de hipertensión en leve, moderada y severa por etapas I, II y III, de acuerdo a sus cifras. En esta clasificación, cuando las presiones arteriales sistólica y diastólica caen en categorías diferentes se deberá seleccionar la categoría más alta para catalogar el estado de la presión arterial del individuo.

Sin embargo, el clínico debe tener presente que la hipertensión arterial no es una enfermedad de números, y por lo tanto no debe focalizarse sólo en las cifras de presión, sino tratar al paciente como un todo para prevenir el daño al órgano blanco y reconocer las anormalidades metabólicas, neurohormonales y endoteliales, con las que frecuentemente se asocia. El pronóstico de la hipertensión arterial no depende sólo de sus cifras, sino también del tipo y severidad de anormalidades coexistentes. Por eso, el 6º reporte introdujo un nuevo concepto de estratificación de riesgo, con implicancias para la terapia: Riesgo A, B y C, dependiendo de la presencia o ausencia de daño a órgano blanco y presencia o ausencia de enfermedad cardiovascular clínica y de otros factores de riesgo, especialmente diabetes. Esto se traduce en un cambio importante de actitud que debe tener el clínico frente al paciente hipertenso. Así por ejemplo, un paciente con presión normal alta (130-139/85-89 mmHg) y que tiene diabetes, se estratifica en grupo de riesgo "C", al igual que si tuviera angina de pecho o hipertrofia ventricular izquierda, y se debe tratar farmacológicamente.

Metas del tratamiento de la hipertensión arterial. Las metas del tratamiento de la hipertensión arterial son la reducción de las cifras de presión arterial, la disminución de la morbimortalidad, modificar los factores de riesgo cardiovascular y prevenir la enfermedad.

Cifras meta a conseguir con tratamiento. En la actualidad se considera que la presión arterial debe disminuirse lo más cercano a lo normal. Esto quedó demostrado en el estudio HOT21, que utilizó en 18790 pacientes hipertensos, un régimen basado en felodipino, con adición escalonada de un inhibidor ECA, betabloqueador y diurético, para investigar los efectos de reducir la presión arterial a tres metas distintas. En este estudio se obtuvo una reducción de 30% de los eventos cardiovasculares, al reducir la presión arterial diastólica a niveles aproximados a 83 mmHg. De alguna manera estos estudios han cuestionado la hipótesis de la curva J, que sostenía que la disminución de la presión arterial por debajo de 80-85 diastólica incrementaba el riesgo de eventos cardiovasculares. Adicionalmente este estudio demostró que en pacientes diabéticos este beneficio fue aún mayor. Es interesante también hacer notar que del estudio HOT se desprende además la razonable recomendación de usar aspirina en dosis bajas en pacientes hipertensos a quienes se ha controlado rigurosamente la presión arterial y que se encuentran en alto riego de enfermedad coronaria y que no están particularmente en riesgo de sangrado del tracto gastrointestinal o de otros sitios. También es interesante resaltar que esta disminución de los valores de presión arterial, lejos de producir efectos adversos, produjo una mejoría en la calidad de vida.

Otro estudio (UK-PDS 33)22 realizado en pacientes diabéticos confirmó los buenos resultados en cuanto a disminución de eventos cardiovasculares con descenso de la presión arterial a cifras cercanas a 120/80 mmHg.

Estos estudios indican que el clínico debiera intentar alcanzar las cifras más cercanas al valor normal en el tratamiento de su paciente hipertenso, especialmente si es diabético.

Indice trough/peak e hipertensión arterial. Hace más o menos diez años que la FDA propuso como evaluación de las drogas antihipertensivas la relación trough/peak (efecto máximo/mínimo), debido a la evidencia creciente de que fármacos de corta duración eran propuestos para su uso en dosis única diaria a costa de aumentar la dosis sobre lo deseable23. Esta práctica determina una gran diferencia de presión arterial entre el efecto máximo (peak) y el efecto mínimo (trough) previo a la dosis siguiente. Se plantea que un fármaco tendría una efectividad antihipertensiva útil al final del intervalo dosis, si su acción al momento más bajo es al menos la mitad del peak. Un efecto peak muy alto y un trough muy débil tiene consecuencias fisiopatológicas negativas tales como períodos de hipo perfusión de órganos blanco y por otro lado, período de cobertura terapéutica insuficiente. Se recomienda que el clínico utilice antihipertensivos cuya relación T/P sea superior a 50% o 0,5.

Tratamiento de la hipertensión arterial. Se ha demostrado que el tratamiento antihipertensivo es efectivo en reducir la morbimortalidad cardiovascular y cerebrovascular, aún en personas mayores de 80 años. El tratamiento siempre incluye medidas no farmacológicas y, a veces, terapia medicamentosa.

Tratamiento no farmacológico. Constituye la primera e inexcusable intervención terapéutica para todos los pacientes hipertensos. En muchos, éste será el único tratamiento necesario; en otros, como ya vimos y de acuerdo a su estratificación, acompañará a la terapia farmacológica. El tratamiento no farmacológico incluye fundamentalmente modificaciones del estilo de vida, hacia el llamado estilo de vida saludable, mismo que ha demostrado ser efectivo en reducir la presión arterial. El ejercicio regular (caminar o nadar) 30-40 min, cuatro veces a la semana puede resultar en una reducción de 5-10 mmHg en hipertensos y hasta de 3 mmHg en normotensos24. Similarmente una pequeña reducción en el peso de 5-10 Kg también ha demostrado ser efectiva en reducir la presión arterial25. Del mismo modo, por cada trago de reducción diaria de alcohol hay 1 mmHg de reducción de la presión sanguínea. En relación con la sal, estudios aleatorios controlados realizados en pacientes hipertensos indican que reduciendo la ingesta de sodio unos 4,7-5,8 g por día, a partir de una ingesta inicial de alrededor de 10,5 g se reducirá la presión sistólica en aproximadamente 4-6 mmHg. Sin embargo, hay que hacer notar que los individuos varían considerablemente en sus respuestas a los cambios dietéticos de sal. Aún cuando la recomendación es reducir la sal en todos los hipertensos, hay que reconocer que habrá un grupo menos responsivo26-27. Esta falta o disminución en la respuesta estaría determinada en forma genética, relacionada al genotipo angiotensinógeno28.

Tratamiento farmacológico. En general éste debe obedecer a los siguientes principios: Utilización de dosis bajas iniciales, con monoterapia, en un esfuerzo por reducir los efectos secundarios.

Utilización de las combinaciones apropiadas de medicamentos para magnificar la eficacia y minimizar los efectos colaterales. Con frecuencia es preferible agregar una pequeña dosis de un segundo medicamento, que aumentar la dosis del inicial.

Utilización de medicamentos de acción prolongada, con índice trough/peak cercano a 1, que proporcionen 24 h de protección con sólo una dosis diaria. Esto mejora la adherencia a la terapia y minimiza la variabilidad de la presión, como consecuencia de un control más tenue y constante de ella.

Medicamentos antihipertensivos. Los medicamentos antihipertensivos se agrupan clásicamente en 6 clases de drogas. Por definición todas reducen la presión arterial. La elección del agente debe ser individualizada, considerando las cifras de presión arterial, la comorbilidad, factores socioeconómicos, interacciones con otros medicamentos y factores de riesgo asociados, y basada en la experiencia e información sólida y actualizada del clínico.

Diuréticos. Los diuréticos tiazídicos constituyen una de las clases más valiosas de medicamentos antihipertensivos y muchas veces deberán ser elegidos como terapia inicial, especialmente en pacientes mayores. Han demostrado que previenen eventos cerebrovasculares y enfermedad coronaria. Un estudio muy reciente (ALLHAT)29, vuelve a mostrar la utilidad de los diuréticos específicamente la clortalidona, en reducir los eventos cardiovasculares combinados en pacientes de alto riesgo, al ser comparada con el alfa bloqueador doxazocina. Deben utilizarse en dosis bajas, no más de 25 mg diarios para el caso de la hidroclorotiazida, lo que prácticamente no tiene los efectos adversos que antes se reportaban y mantiene sus beneficios. En relación con los diuréticos en importante señalar la alerta del Dr. Messerli, de Loussiana, en el sentido de que datos recientes indican que el uso crónico de diuréticos aumenta el riesgo de carcinomas renales, especialmente en mujeres30.

Betabloqueadores. Son medicamentos altamente recomendados como fármacos de primera línea; sin embargo se ha señalado que es irónico que después de 30 años del uso de éstos no hay estudios que demuestren que como monoterapia reduzcan la morbimortalidad en pacientes hipertensos comparados con placebo. Aún más, en metaanálisis publicado recientemente, se concluye que los betabloqueadores aunque redujeron la presión arterial, fueron inefectivos en reducir la morbilidad coronaria y cerebral y la mortalidad por todas las causas31.

Antagonistas del calcio. Se deben preferir los antagonistas de acción prolongada, evitando el uso de los de inicio rápido y acción corta. Por lo tanto, el uso amplio y extensivo de nifedipino de acción corta y en dosis alta, para el tratamiento de la hipertensión arterial y urgencia hipertensiva debe ser desalentado. Sin embargo, el nifedipino de acción prolongada, ha demostrado en el estudio STONE32 reducir la ocurrencia de eventos cerebrovasculares y arritmias. Por otra parte un estudio reciente realizado en personas mayores con hipertensión arterial sistólica aislada, demostró que otro antagonista del calcio de acción prolongada, nitrendipino redujo significativamente la mortalidad por infarto en 56% y los accidentes cerebrovasculares mortales y no mortales en 36%14. Lo beneficioso de este efecto motivó la suspensión de este estudio en forma prematura, de parte del comité ético. Por lo cual, los antagonistas del calcio de acción prolongada se presentan para el clínico, como una buena alternativa antihipertensiva. El más recientemente de éstos, aparecido en el mercado nacional, es lercanidipino, molécula extraordinariamente lipofílica, por lo que se le atribuyen menos efectos colaterales que otros medicamentos del mismo grupo33.

Bloqueadores alfa 1 post-sinápticos. Recomendados como drogas de primera línea por el sexto reporte de 1997, por la guía de la OMS 1999, la Sociedad Británica de Hipertensión y la Asociación Médica Canadiense, para el tratamiento combinado con otros antihipertensivos, y en aquellos hipertensos con trastornos metabólicos, muy recientemente han sido cuestionados, a raíz de la decisión del Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre de EEUU, que decidió detener parte del estudio, el brazo doxazosina, de aproximadamente 42 mil pacientes, dado que los pacientes que tomaban ese bloqueador alfa, tuvieron 25% más de problemas cardiovasculares y tuvieron el doble de posibilidades de hospitalizarse por insuficiencia cardíaca que los pacientes que estaban usando el diurético clortalidona (ALLHAT)29. Se recomienda, en general, ser cautos en el uso de doxazocina y no usarla en pacientes hipertensos con falla ventricular.

Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA). Los inhibidores de la ECA son seguros y efectivos para reducir la presión arterial, y parece claro que para algunas subpoblaciones de pacientes hipertensos, como aquellos diabéticos con microalbuminuria serían los de elección. Se debe recordar que los inhibidores ECA pueden producir tos hasta en el 20 % de los pacientes, relacionada con aumento de la bradikinina, producido por la inhibición de la enzima convertidora de angiotensina que impide su catálisis hacia productos inactivos.

Interesantemente, y abriéndole al clínico la posibilidad de considerar un rol protector vascular adicional de esta clase de agentes, un trabajo reciente multicéntrico demostró que un inhibidor de la ECA ramipril, reducía significativamente las tasas de muerte por infarto del miocardio, accidente vascular y en pacientes diabéticos, la tasa de complicaciones34. Asimismo, el estudio QUO VADIS35, y más recientemente el BANFF36, mostraron que otro inhibidor de la ECA, quinapril logró una reducción significativa en los eventos cardiovasculares y de la disfunción endotelial en pacientes coronarios, medida por la respuesta vasodilatadora de la arteria braquial.

Bloqueadores de los receptores de angiotensina II AT1. La angiotensina II es el efector final del sistema renina angiotensina aldosterona. Su producción proviene especialmente de la acción de la ECA sobre la angiotensina I. Actualmente se sabe que una parte de la angiotensina II no es el resultado de ese mecanismo, sino que hay otras formas de producirla a partir de angiotensina I y también directamente desde angiotensinógeno, por lo tanto el bloqueo de la enzima no impide toda su producción. Existen dos tipos de receptores angiotensina II los tipo AT1 y AT2. La activación de los AT1 produce vasocontricción, hipertrofia de células musculares lisas de los cariomiocitos; a nivel renal aumenta la reabsorción de sodio proximal y disminuye la secreción de renina; a nivel del sistema nervioso aumenta la liberación de noradrenalina y disminuye la reparación, aumentando la actividad simpática; en el sistema endocrino libera aldosterona. La estimulación del receptor AT2 tiene efectos contrarios, produce vasodilatación, estimula la antiproliferación celular y participa en la diferenciación y desarrollo del embrión.

De este grupo de medicamentos losartán ha sido el primero y el más extensivamente estudiado. Los estudios han demostrado que una dosis única de 50 mg de losartán han sido tan efectivas en reducir la presión arterial como 20 mg de del inhibidor ECA enalapril37. También, ha demostrado ser útil asociado con dosis bajas de diurético38. Estudios recientes han explorado, además, el uso combinado de losartán y enalapril, demostrándose una mayor reducción de la presión arterial que el uso individual39. A diferencia de los inhibidores de la ECA, el porcentaje de tos con losartán no ha sido distinto que con placebo. Otro aspecto interesante de considerar clínicamente, es el efecto uricosúrico de este medicamento40, lo que puede ser importante en pacientes hipertensos con gota y por la evidencia reciente, que apunta a establecer la hiperuricemia como un factor de riesgo cardiovascular independiente41. Los agentes de este grupo si bien comparten un mecanismo común de acción, y han demostrado disminuir la presión arterial en una sola toma diaria42, difieren en la cinética de su unión a los receptores, biodisponibilidad oral, taza de absorción, metabolismo y ruta de eliminación.

La mayor afinidad por los receptores, de entre este grupo de medicamentos la tiene candesartán. Éste e irbesartan bloquean el receptor AT1 con un antagonismo de tipo irreversible, en cambio losartán y valsartan son competitivos43. Losartán y candesartán son prodrogas. Losartán es convertido en un metabolito activo en el hígado. Candesartán celixitil se transforma completamente en candesartán durante la absorción gastrointestinal, y tiene dos metabolitos activos. Losartán y valsartán son de acción más corta que candesartán e irbesartán (este último con una vida media de 11 a 15 h). Estudios iniciales comparativos sugieren que candesartán e irbesartán son más efectivos que losartán en disminuir la presión diastólica, incluso otros estudios recientes demuestran que irbesartán tiene efectos más prolongados que valsartán y losartán44,45.

El más reciente de los fármacos de este grupo es telmisartán, al cual se le atribuye una acción prolongada con un trough to peak cercano a 146,47.

Queda por determinar el impacto del grupo sobre la morbilidad y mortalidad cardiovascular, y responder cuál será el efecto de aumentar la angiotensina II a 5-6 veces sus valores, de la elevación mantenida de otros bioproductos del angiotensina II como la angiotensina IV, y de la estimulación exclusiva por la angiotensina II sobre los receptores AT2, así como el costo versus beneficio de este grupo de fármacos en relación con los antihipertensivos IECA.

CONCLUSIÓN

La hipertensión arterial es una patología muy frecuente, millonaria por la cantidad de personas que la padecen (60 millones en EEUU) y por los numerosos millones en pesos invertidos por la industria farmacéutica en ofrecer la mejor terapia antihipertensiva.

La prevención de la enfermedad y sus complicaciones parece ser el punto más importante y constituye un desafío, ya que el 35% de la mortalidad del país es causada por enfermedades directamente relacionadas a complicaciones derivadas de la hipertensión arterial. Parte de la prevención incluye la detección, ya que casi el 40% de los hipertensos desconoce su condición48, y el tratamiento precoz de esta enfermedad y de sus complicaciones.

Se ha presentado en forma resumida algunos tópicos actuales sobre la hipertensión arterial. Es papel del médico frente a su enfermo considerar todos estos datos, para la mejor aplicabilidad en el paciente individual en su contexto biopsicosocial.

Correspondencia a: Dr. Alexis Lama T. Av. Pedro de Valdivia 1161, Concepción. E-mail: alama@mater.uss.cl - Fax: (41)33 21 85

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